martes, 23 de diciembre de 2014

Otoño: Capítulo 5

Capítulo 5:

Ganas


Troto hasta poco después de que la noche entrara, me siento en mi banca favorita frente al mirador, veo el último vestigio de luz en el horizonte. Tal vez haya sido mala idea después de todo, los síntomas post-sexo me agotan fácilmente y cuando apoyo los codos en las rodillas, no las siento.

Después de haberle propuesto semejante barbaridad a Esteban, me sorprendí por lo mucho que se había entregado, en cuerpo y alma a mí, como si me concediera todo permiso sobre su vida, sobre su cuerpo, su corazón… y todo él. Debo de aceptar que me fascina la idea, al mismo tiempo, no puedo aceptar prometer lo mismo.

Creí que lo haría porque Esteban es perfecto, y aunque ahora solo quedan confirmaciones de su perfección, no puedo evitar ponerme topes.

Paso mis manos por mi rostro, no está sudado ni algo así, pero mis manos nerviosas parecen húmedas y me delatan temblando casi imperceptiblemente. Cuando terminan en mi cara bajan, y coloco la derecha bajo mi mejilla, y la otra la observo fijamente, allí está el anillo brilla inmaculadamente, incluso se puede sentir su peso.

Sangre con sangre.

De manera decepcionada, regreso  a casa caminando, es algo largo el trayecto, pero espero pueda mejorar mi cara antes de ver a todos en el desayuno. Leo se ha ido, como le propuse, eso hace que la transición sea mucho más cómoda para mí, y para todos, pero una parte importante de mí se ha ido con él, y claro una sangre deliciosa, que me mantenía satisfecha, pero creo que tal vez eso me ayude a quitarme el vicio por su sangre.

El bullicio del desayuno es calmado, se escucha solo una conversación en la mesa, Mao la segunda hija de Lili y Air, es una chica adorable que me tiene mucho cariño por no decir admiración, y es simpática, por tener facilidad al hablar. Cuando dice chistes todos reímos. Mi lugar al frente de la mesa con Kael al otro lado, es muy bueno para escuchar la conversación, esta familia no es mía, no contienen mi sangre o algo así, pero ellos me adoptaron y con el tiempo los he ido aceptando, así que puedo decir que soy parte de esta familia.

Después de desayunar me dirijo a mi cuarto con la intención de bañarme, pero cuando llego, Esteban está detrás de mí, lo único que nos separa es un umbral.

- ¿A dónde fuiste después de tan maravilloso día? – Me pregunta poniendo su mano debajo del lóbulo de mi oreja. Siento cosquillas.
- A correr un rato, últimamente siento que lo necesito.- Admito, se que no tiene nada de productivo mentirle respecto a ello. Pongo mi mano sobre la suya.
- Tú no necesitas nada de eso. Eres perfecta.- Alimenta mi ego, y pone sus labios a unos centímetros de mí. Me sorprende que aún no haga declaración alguna, después de la que yo le dí. Cierro los ojos y dejo que su olor dulce me invada los pulmones, mientras me besa lleva sus manos a mi cintura, me alza sobre el suelo, y enredo mis piernas en su cadera. Mis manos revolotean en su cabello.

Su cabello es más oscuro que el mío, y sus intensos ojos azules me petrifican en el instante, son un azul tan claro que juraría parecen de plata fundida. Me tiene contra el muro, cuando cierra la puerta y reacciono.

- Tengo asuntos en el cuartel.- Le digo pero no deja de besarme.- Tengo que irme.- Me desenredo de él, con constantes quejidos de parte suya.

Cuando tengo los pies en la tierra, le doy un beso en la comisura de los labios, y me obligo a ir al baño. Me doy cuenta, que mi cuerpo ya estaba listo, pero yo… si yo, lo hubiese querido… pero no lo quise.


Cuando llego al cuartel, veo como Wendy pavonea  sus rizos naranjas frente a Alexandro, toca uno de sus mechones una y otra vez, y alza los azules ojos luciendo unas pestañas largas y contorneadas, Alexandro parece estarle comentando algo. Doy vuelta en U en dirección a las escaleras y estoy a punto de subir el primero cuando alguien me grita por mi espalda.

Giro en seco, su voz diciendo mi nombre hace que sienta mi corazón en mi pecho, ¿hace cuanto no lo sentía allí?

- El líder me pidió que les avisará: No podrán llegar están atendiendo un asunto en Rawlem. Hoy no hay entrenamiento.- Me dice lo último mirándome a los ojos, siento que algo caliente crece dentro de mi, nace en mi pecho y se riega a todas partes.
- Esta bien, gracias.- De todos modos tengo papeleo. Me dirijo al armario de escobas al que se le puede decir oficina.
- Sophie… - Me llama nuevamente y me quedo quieta. Le presto atención, mi mente imagina que me diga cosas, cosas como las que Esteban me dice.- Cuidate, y felicidades por tu compromiso.- Su tersa voz no tiembla, pero sus parpados caen en picada.
- Gracias.- Le susurro y sigo mi camino.

Al llegar a lo alto de la escalera, veo como se va en acompañamiento de Wendy, me siento cansada, y ya no tengo ganas de mi armario de escobas.

Solo tengo ganas de gritarle a Alexandro Ryuji que no estoy enamorada de Esteban.

Al cabo de unas horas termino con el papeleo que se había estado acomulando debido a mi ausencia causa de los entrenamientos. Deduzco que no habrá mucha gente en el cuartel, sin el líder aquí, hay una pausa temporal y solo los que estamos retrasados con el trabajo nos vemos obligados a venir, los demás lo toman como un día libre.

Sin embargo, a pesar de haber terminado satisfactoriamente mi trabajo, me recargo en el respaldo de la silla y estiro los brazos sobre el diminuto escritorio, observo que estoy sola como hacia tiempo no lo estaba. Siempre había alguien acompañándome, y ahora que no hay nadie, me parece que hay más aire que respirar, pero es pesado y frío.

Me siento incómoda, hasta conmigo misma.

No quiero volver a casa porque se que allí estará Esteban, y tampoco quiero ir al parque, ni a la casa de Marcus, ni a ningún lugar, a ninguna parte, con ninguna persona, nada ni nadie. Suelto un respingo cuando me encuentro pensando en Alexandro.

Los parpados se me cierran y de pronto con su rostro en mi mente, y la imagen de él hiendose con Wendy, me quedo dormida.


En mi sueño, estoy en casa y afuera esta lloviendo, pero ignoro las gotas de agua y me centro en su mirada. Me muerdo el labio, el sonido del anillo cayendo, y Alexandro Ryuji ofreciéndome su alma entera.

Si solo fueras mío.


Cuando despierto, mi piel se tensa y rebotó de la silla, y lo veo allí. Sentando frente a mi escritorio con uno de mis libros en mano, y concentrado en mí, inquiriendo en mi reacción anterior.

- Es peligroso que se quede dormida en un lugar público y sin compañía.- Me lo dice, pero no aparta la mirada del libro.
- ¿Qué hora es?- Ignoro su comentario anterior. No puede ser muy tarde porque si fuera así Esteban ya hubiese movido cielo y mar para encontarme.
- Cerca de la una.- Cambia la hoja, con un gesto elegante y sexy.

Me vuelvo a sentar, un poco más tranquila, pero me enloquece la idea de que este aquí.

- ¿Qué haces aquí? – Le susurro por fin, y me doy cuenta que se lo digo con cierta complicidad.
- Después de ir a almorzar volví por un par de cosas, la descubrí dormida y decidi quedarme, al final de cuentas debo empezar a acostumbrarme a protegerla.- Alza la mirada a mi, pero por alguna razón me siento a la defensiva.
- Cualquiera podría ganar.- Le suelto, un poco más grosera de lo que pretendía.
- No sea modesta, por favor.- Sus parpados caen y observo sus pestañas, gruesas y largas, un chico no debería tener pestañas tan bonitas.

Después de una eternidad –que en realidad son unos minutos- se levanta y deja el libro en su lugar, voltea a verme antes de acercarse a la puerta.

- Perdone si la moleste, solo cumplo con mi deber. Si no necesita algo más, me voy.- Se gira y toca la perilla, pero me levanto antes de que la gire, se gira en seco, abro la boca pero las palabras se me atoran, me obligo a hablar.
- Me puedes hacer un favor.


El olor a dulce de fresa inunda el departamento de color menta y café, es pequeño pero suficiente para una persona, esta más limpio y ordenado de lo que pude haber imaginado.

- De aquí derecho, segunda puerta a la izquierda.- Me dice, y descubro lo emocionada que estoy, el corazón me late fuerte aunque me obligo a calmarme.- Sientase como en su casa.

Detrás de mi, escucho un corazón fuerte y que va acelerado también. Giro mi rostro, sin dejarle de dar la espalda.

- Gracias.- Y me dirijo a donde me dijo.

Cuando llego a la habitación, el olor dulce con algo de hombría entra en mis pulmones, no pensé que me enviara a su habitación, pensé que sería una de huéspedes o algo así, le doy miradas a cada rincón de la habitación, no es la gran cosa, pero es mi primer acercamiento a una habitación que no sea mía.
- Lamento el desorden.- Dice detrás de mí otra vez. Pero me doy cuenta que es modestia, todo tiene su lugar y esta limpio.

Me quito los zapatos y la chamarra, veo la cama antes de meterme en ella y me restriego la cara en el olor de Alexandro, es delicioso y el sueño me pica. He encontrado un gran lugar para pasar mis ratos libres.

- Llameme si necesita algo.- Apaga la luz y se va.

Cuando le pedí que me ofreciera un lugar en donde dormir en donde nadie me encontrara, no esperaba que me trajera a su departamento, pero agradezco que fuera así.

Tengo ganas, de pasar mucho tiempo aquí.

FIN DEL CAPÍTULO 5 

sábado, 20 de septiembre de 2014

La mujer del ojo morado

Todos vimos el moretón fresco y morado en el ojo de la mujer, pero nadie le preguntó si había sido un accidente, dimos por hecho que no lo era. Porque dejaba caer mechones de su cabello teñido sobre él, temblaba cuando descubría que alguien la miraba, y veía a sus hijos pequeños con esperanza y cariño. Parecía que podía romperse si alguien le preguntaba sobre su ojo morado.

miércoles, 30 de julio de 2014

Otoño: Capítulo 4

Capítulo 4:

Razones

- ¡Hey Sophie!- Naomí viene detrás de mí, con Lyan de la mano. Los veo, ella trae la revista de chismes más conocida, les suelto una sonrisa cansada.

- ¡Todo el mundo lo sabe! Estoy muy feliz por ti. Sangre con sangre.- Me sonríe, veo sus colmillos, son grandes y afilados, mucho más gruesos que los de vampiro.
- Creí que estabas interesada en el mestizo.- Lyan se ríe de la misma forma que su padre.
- Si… tal vez solo era pasajero.- Aún veo la mirada de Alexandro, cada día antes de dormir.
- ¿Cómo le dices así? Es tú amigo…- Naomí mira a Lyan igual de divertida.
- “El ataque de los licántropos”, que buena escena, ¿la estuvieron ensayando mucho? – Les digo soltando una sonrisa más sarcástica de lo que hubiese querido.
- Más o menos, ahora se supone que digas “¿Es tú amigo? ¿Cuéntame, te ha comentado cosas sobre mí?”.- Lyan trata de imitar una voz femenina con sus gruesas cuerdas vocales, mientras parpadea constantemente agitando sus pestañas. Me hace reír a carcajadas tanto como a Naomí.
- Soy una mujer comprometida.- Les enseño mi mano izquierda, en el dedo anular llevo un anillo de plata con piedras brillantes y gigantes incrustadas. Dentro tiene grabado, “hasta encontrarte”. Presumo orgullosa el anillo, pero me siento pesada y el sueño me golpea duro.
- Vaya, ¿no eres algo vieja para tener un anillo así? – Naomí se acerca a mi mano, y se siente envidiosa, lo sé porque mira a Lyan con un berrinche en los ojos.
- ¿De verdad? ¿Uno así?...- Al ver que Naomí lo apuñala con un “tacaño” en la mirada, traga saliva y sonríe.- Pero es de plata…- Le dice tratando de salvar su pellejo.

Mientras pelean con miradas. Me detengo a mirar hacia abajo, me emboscaron en el piso de arriba desde donde se ve el área de entrenamiento. Alexandro sube y baja los fuertes brazos, alzando una y otra vez las pesas gigantes. Cuando termina se sienta y se limpia la cara con la camisa que lleva, veo su abdomen y un vuelco en el corazón hace que me estremezca más de lo que quisiera, me sonrojo, me mira, y nuestros ojos hacen conexión. Bajo la mirada y luego la dirijo hacia los cachorros de lobo que pelean sobre los costes de una relación.

Tardo varios minutos en regular los latidos de mi corazón, me repito a mí misma es un mestizo.


- Los genes no se mandan, concejal Rimers.- Marcus parece algo molesto. Sangre con sangre,  es algo que nosotros los pura sangre nos tomamos muy en serio, y no solo nosotros, las personas esperan conservar la sangre porque es lo más conveniente, y lo más razonable.
- Y el amor tampoco.- Le contesta, es una concejal humana que pelea mucho los derechos de las asociaciones interraciales.- ¿Cuál es el fin de la asociación entonces? No es unirnos como seres hijos de la Tierra.
- El factor destacado no se encuentra en ello.- Hablo por primera vez en media hora de la junta semanal del consejo.- No es un delito que haya amor entre seres de diferente raza. Pero si lo es que haya un producto de ese amor. Creo que debe de saberlo perfectamente, un hijo de vampiro o licántropo es algo que mata a una madre humana, y cuando un vampiro y un licántropo logran crear un producto, las consecuencias genéticas son horrendas, un ser así causa más dolor vivo que muerto. Esas son las razones, concejal. Debemos de prevenir este tipo de asuntos.- Mueve su boca intentando rebotar lo que le acabo de decir, pero no lo hace, y se limita a una mueca.

- Bien hecho hoy en la junta del consejo.- Me dice Marcus después de salir de la sala, nos dirigimos hacia el área de entrenamiento.- Creo que si has mejorado en estos meses.
- Bueno, tenía que pasar.- Le sonrió algo cansada, bostezo lo más discreta posible.
- A propósito, mis cachorros me han hablado de la esperada boda. Siéndote sincero no pensé que realmente lo fueras a hacer.- No me mira, parece que esta algo nervioso.
- Si, bueno, será dentro de unos años.- Confieso… y hacerlo me parece lo más cansado que ha pasado. Quiero llegar a casa y dormir.
- Creo que vas muy bien, apuesto a que pronto te desharás de todos esos inútiles compañeros tuyos.- Me lo dice con un todo confiado y agraciado, me mira y se que lo dice sinceramente.
- Uno de esos inútiles compañeros míos, es tu hijo.- Me río. Entramos al área, los aprendices ya están calentando y Lyan hace payasadas que hacen a Naomí reír a carcajadas alocadas, los demás se ríen discretamente, solo Alexandro aún esta concentrado en correr.
- A veces no quiero creerlo.- Baja la mirada algo decepcionado del comportamiento del muchacho.- Te juro que si no tuviera esos ojos, lo desacreditaría como mi hijo.- Nos reímos.

Cuando la presencia del líder se siente en la sala, todos mantienen la cordura, Naomí se acerca y le da un beso en la mejilla como saludo a su padre, quien le responde con una caricia en el hoyuelo de su mejilla sonriente.

- ¿Puedo quedarme? – Le pide sin mirarlo a los ojos. Una regla de lobos, me parece que solo si quieres una pelea, no debes de mantener el contacto visual mucho tiempo.
- Esta vez no, princesa.- Le dice cariñoso.- Espéranos en casa.- Le ordena, y ella se despide con la mirada y una pequeña reverencia. Sus pasos suenan cuando se aleja de la habitación.

Me le quedo mirando durante unos segundos, los pequeños pasos resuenan en el pasillo, la delgada y blanca silueta se mueve sin elegancia y dulcemente, la melena en rizos dorados revolotea de un lado a otro mostrando su elasticidad. Naomí. El tiempo pasa demasiado rápido, de repente ella es tan mayor, y yo me quedo tan joven.

Nuevamente un repiqueteo suena en mi cráneo, estoy cansada. Marcus advierte que estoy ida, y pasa la mano frente a mi cara para que reaccione, me sonríe cuando ve mi mirada ya concentrada en su sonrisa. Avanzamos hacia los demás.

Alexandro está parado junto a su padre, se ve alto y fuerte aún junto a su progenitor. No sé qué pensar sobre mis venas dilatadas permitiendo el paso a la euforia, y de improviso esa mirada otra vez. Hacemos conexión otra vez, pero veo su mirada bajar hasta mi anular izquierdo, bajo la mirada avergonzada. Siento como si el anillo estuviese quemándome la piel y quiero quitármelo.

- Quiero informarles que el ganador del derecho al título de Protector, ya ha sido escogido y con honores. Alexandro Ryuji.- Pasa al frente con semblante duro y hace un breve saludo con el rostro, hay unos cuantos aplausos y murmullos, Lyan le dedica un pulgar firme y alto, y Wendy una sonrisa temblorosa, detecto un pellizco de enojo, algo me molesta. Marcus golpea la espalda de Alexandro creando un sonido sordo.- Felicidades muchacho. Te lo ganaste.- Sonríe.

El entrenamiento sigue y no hay más anuncios en todo el día. Después de dos horas, Marcus nos deja ir.

Antes de salir de allí Souchirou me atrapa y me saluda con una reverencia, evita el contacto visual como la mayoría de los vampiros, u otros, de hecho la mayoría de las personas evita el contacto visual conmigo.

- Señorita, le pido una disculpa por el malentendido anterior.- Me dice, veo a Alexandro acercarse detrás de su padre.- Solo envié a este niño a que observase un poco su trabajo, no quería incomodarla.- Dice otro par de cosas, pero no las escucho, la mirada de Alexandro otra vez me quema en el fondo.
- No tienes que preocuparte por ello Souchirou, me alegra que tomes buenas decisiones sobre tu hijo.- Desvió la mirada y propongo salir antes de que diga otra cosa.
- Buenos días, señorita sangrienta.- Me dice a modo de despedida. Me paro, pero no digo nada, solo continuo mi camino.


- ¿Qué pasa? – Sostiene mi mejilla en su mano. Uso de almohada el brazo de Esteban tengo sueño pero no me quiero dormir, no estoy lo suficientemente cómoda, y él se está empezando a dar cuenta.
- ¿Qué opinas de Alexandro Ryuji?- Le suelto sin más.
- Es un mestizo, ¿qué puedo pensar sobre él?- Se ríe, sin saberlo me encuentro sonriendo.
- En serio.- Mi mente se aclara, me empiezo a sentir más ligera que hace unos momentos.- Sobre… no lo sé… ya tiene asegurado el puesto de protector.
- Debe de ser bueno.- Me dice enarcando las cejas.- Tendré un par de charlas con él.- Suelta una sonrisa encantadora, baja la mano de mi mejilla a mi hombro.
- Tiene mucho gen demoniaco.- Le confieso, ¿de verdad me he fijado en eso?
- Su abuelo materno mordió a su abuela materna, su madre es mestiza, él es mestizo, sus hijos serán mestizos. Si me lo preguntas, su padre tenía mucho potencial como para estar con una nivel D.- El dulzor de Esteban rasguña mis sentidos.

¿Qué pasaría si una nivel A, como yo, junta sus genes con un nivel D, como él? No lo digo, porque Esteban me daría 80 buenas razones para no volver a decir cosas así. Es mi deber proteger la sangre.

- Sangre con sangre.- Le susurro con nuestros labios a unos centímetros. Me besa y paso mis manos por la piel de su espalda. Cuando muerdo su labio para despertar mi hambre, él se aparta esperando a que ataque a su hombro o a su cuello, pero simplemente me veo en sus ojos.- Enamórame, enamórame hasta el punto en que nunca vuelva a dudar de nada.- Le suelto.


Despertar es una molestia, capto el sol ocultándose detrás del horizonte, miro hacia mi lado donde está Esteban con facciones duras pero suavizadas por el sueño. Me levantó y me visto.

Ya no hay más sol, pero la luz naranja aún no se termina de disipar. Troto por el parque esperando disipar las ideas de mi cabeza, no tengo mucho éxito.

Desesperadamente balaceo mi cabeza con pensamientos que me hagan cambiar de rumbo, cambiar de sentimientos, de solo recordar lo que me convenza.

Trato de darle razones a mi mente para amar a Esteban. HHola amar a Esteban.  mi mente. me convenza. ientos que me hagan cambiar de rumbo, cambiar de sentimientos, de solo