miércoles, 30 de julio de 2014

Otoño: Capítulo 4

Capítulo 4:

Razones

- ¡Hey Sophie!- Naomí viene detrás de mí, con Lyan de la mano. Los veo, ella trae la revista de chismes más conocida, les suelto una sonrisa cansada.

- ¡Todo el mundo lo sabe! Estoy muy feliz por ti. Sangre con sangre.- Me sonríe, veo sus colmillos, son grandes y afilados, mucho más gruesos que los de vampiro.
- Creí que estabas interesada en el mestizo.- Lyan se ríe de la misma forma que su padre.
- Si… tal vez solo era pasajero.- Aún veo la mirada de Alexandro, cada día antes de dormir.
- ¿Cómo le dices así? Es tú amigo…- Naomí mira a Lyan igual de divertida.
- “El ataque de los licántropos”, que buena escena, ¿la estuvieron ensayando mucho? – Les digo soltando una sonrisa más sarcástica de lo que hubiese querido.
- Más o menos, ahora se supone que digas “¿Es tú amigo? ¿Cuéntame, te ha comentado cosas sobre mí?”.- Lyan trata de imitar una voz femenina con sus gruesas cuerdas vocales, mientras parpadea constantemente agitando sus pestañas. Me hace reír a carcajadas tanto como a Naomí.
- Soy una mujer comprometida.- Les enseño mi mano izquierda, en el dedo anular llevo un anillo de plata con piedras brillantes y gigantes incrustadas. Dentro tiene grabado, “hasta encontrarte”. Presumo orgullosa el anillo, pero me siento pesada y el sueño me golpea duro.
- Vaya, ¿no eres algo vieja para tener un anillo así? – Naomí se acerca a mi mano, y se siente envidiosa, lo sé porque mira a Lyan con un berrinche en los ojos.
- ¿De verdad? ¿Uno así?...- Al ver que Naomí lo apuñala con un “tacaño” en la mirada, traga saliva y sonríe.- Pero es de plata…- Le dice tratando de salvar su pellejo.

Mientras pelean con miradas. Me detengo a mirar hacia abajo, me emboscaron en el piso de arriba desde donde se ve el área de entrenamiento. Alexandro sube y baja los fuertes brazos, alzando una y otra vez las pesas gigantes. Cuando termina se sienta y se limpia la cara con la camisa que lleva, veo su abdomen y un vuelco en el corazón hace que me estremezca más de lo que quisiera, me sonrojo, me mira, y nuestros ojos hacen conexión. Bajo la mirada y luego la dirijo hacia los cachorros de lobo que pelean sobre los costes de una relación.

Tardo varios minutos en regular los latidos de mi corazón, me repito a mí misma es un mestizo.


- Los genes no se mandan, concejal Rimers.- Marcus parece algo molesto. Sangre con sangre,  es algo que nosotros los pura sangre nos tomamos muy en serio, y no solo nosotros, las personas esperan conservar la sangre porque es lo más conveniente, y lo más razonable.
- Y el amor tampoco.- Le contesta, es una concejal humana que pelea mucho los derechos de las asociaciones interraciales.- ¿Cuál es el fin de la asociación entonces? No es unirnos como seres hijos de la Tierra.
- El factor destacado no se encuentra en ello.- Hablo por primera vez en media hora de la junta semanal del consejo.- No es un delito que haya amor entre seres de diferente raza. Pero si lo es que haya un producto de ese amor. Creo que debe de saberlo perfectamente, un hijo de vampiro o licántropo es algo que mata a una madre humana, y cuando un vampiro y un licántropo logran crear un producto, las consecuencias genéticas son horrendas, un ser así causa más dolor vivo que muerto. Esas son las razones, concejal. Debemos de prevenir este tipo de asuntos.- Mueve su boca intentando rebotar lo que le acabo de decir, pero no lo hace, y se limita a una mueca.

- Bien hecho hoy en la junta del consejo.- Me dice Marcus después de salir de la sala, nos dirigimos hacia el área de entrenamiento.- Creo que si has mejorado en estos meses.
- Bueno, tenía que pasar.- Le sonrió algo cansada, bostezo lo más discreta posible.
- A propósito, mis cachorros me han hablado de la esperada boda. Siéndote sincero no pensé que realmente lo fueras a hacer.- No me mira, parece que esta algo nervioso.
- Si, bueno, será dentro de unos años.- Confieso… y hacerlo me parece lo más cansado que ha pasado. Quiero llegar a casa y dormir.
- Creo que vas muy bien, apuesto a que pronto te desharás de todos esos inútiles compañeros tuyos.- Me lo dice con un todo confiado y agraciado, me mira y se que lo dice sinceramente.
- Uno de esos inútiles compañeros míos, es tu hijo.- Me río. Entramos al área, los aprendices ya están calentando y Lyan hace payasadas que hacen a Naomí reír a carcajadas alocadas, los demás se ríen discretamente, solo Alexandro aún esta concentrado en correr.
- A veces no quiero creerlo.- Baja la mirada algo decepcionado del comportamiento del muchacho.- Te juro que si no tuviera esos ojos, lo desacreditaría como mi hijo.- Nos reímos.

Cuando la presencia del líder se siente en la sala, todos mantienen la cordura, Naomí se acerca y le da un beso en la mejilla como saludo a su padre, quien le responde con una caricia en el hoyuelo de su mejilla sonriente.

- ¿Puedo quedarme? – Le pide sin mirarlo a los ojos. Una regla de lobos, me parece que solo si quieres una pelea, no debes de mantener el contacto visual mucho tiempo.
- Esta vez no, princesa.- Le dice cariñoso.- Espéranos en casa.- Le ordena, y ella se despide con la mirada y una pequeña reverencia. Sus pasos suenan cuando se aleja de la habitación.

Me le quedo mirando durante unos segundos, los pequeños pasos resuenan en el pasillo, la delgada y blanca silueta se mueve sin elegancia y dulcemente, la melena en rizos dorados revolotea de un lado a otro mostrando su elasticidad. Naomí. El tiempo pasa demasiado rápido, de repente ella es tan mayor, y yo me quedo tan joven.

Nuevamente un repiqueteo suena en mi cráneo, estoy cansada. Marcus advierte que estoy ida, y pasa la mano frente a mi cara para que reaccione, me sonríe cuando ve mi mirada ya concentrada en su sonrisa. Avanzamos hacia los demás.

Alexandro está parado junto a su padre, se ve alto y fuerte aún junto a su progenitor. No sé qué pensar sobre mis venas dilatadas permitiendo el paso a la euforia, y de improviso esa mirada otra vez. Hacemos conexión otra vez, pero veo su mirada bajar hasta mi anular izquierdo, bajo la mirada avergonzada. Siento como si el anillo estuviese quemándome la piel y quiero quitármelo.

- Quiero informarles que el ganador del derecho al título de Protector, ya ha sido escogido y con honores. Alexandro Ryuji.- Pasa al frente con semblante duro y hace un breve saludo con el rostro, hay unos cuantos aplausos y murmullos, Lyan le dedica un pulgar firme y alto, y Wendy una sonrisa temblorosa, detecto un pellizco de enojo, algo me molesta. Marcus golpea la espalda de Alexandro creando un sonido sordo.- Felicidades muchacho. Te lo ganaste.- Sonríe.

El entrenamiento sigue y no hay más anuncios en todo el día. Después de dos horas, Marcus nos deja ir.

Antes de salir de allí Souchirou me atrapa y me saluda con una reverencia, evita el contacto visual como la mayoría de los vampiros, u otros, de hecho la mayoría de las personas evita el contacto visual conmigo.

- Señorita, le pido una disculpa por el malentendido anterior.- Me dice, veo a Alexandro acercarse detrás de su padre.- Solo envié a este niño a que observase un poco su trabajo, no quería incomodarla.- Dice otro par de cosas, pero no las escucho, la mirada de Alexandro otra vez me quema en el fondo.
- No tienes que preocuparte por ello Souchirou, me alegra que tomes buenas decisiones sobre tu hijo.- Desvió la mirada y propongo salir antes de que diga otra cosa.
- Buenos días, señorita sangrienta.- Me dice a modo de despedida. Me paro, pero no digo nada, solo continuo mi camino.


- ¿Qué pasa? – Sostiene mi mejilla en su mano. Uso de almohada el brazo de Esteban tengo sueño pero no me quiero dormir, no estoy lo suficientemente cómoda, y él se está empezando a dar cuenta.
- ¿Qué opinas de Alexandro Ryuji?- Le suelto sin más.
- Es un mestizo, ¿qué puedo pensar sobre él?- Se ríe, sin saberlo me encuentro sonriendo.
- En serio.- Mi mente se aclara, me empiezo a sentir más ligera que hace unos momentos.- Sobre… no lo sé… ya tiene asegurado el puesto de protector.
- Debe de ser bueno.- Me dice enarcando las cejas.- Tendré un par de charlas con él.- Suelta una sonrisa encantadora, baja la mano de mi mejilla a mi hombro.
- Tiene mucho gen demoniaco.- Le confieso, ¿de verdad me he fijado en eso?
- Su abuelo materno mordió a su abuela materna, su madre es mestiza, él es mestizo, sus hijos serán mestizos. Si me lo preguntas, su padre tenía mucho potencial como para estar con una nivel D.- El dulzor de Esteban rasguña mis sentidos.

¿Qué pasaría si una nivel A, como yo, junta sus genes con un nivel D, como él? No lo digo, porque Esteban me daría 80 buenas razones para no volver a decir cosas así. Es mi deber proteger la sangre.

- Sangre con sangre.- Le susurro con nuestros labios a unos centímetros. Me besa y paso mis manos por la piel de su espalda. Cuando muerdo su labio para despertar mi hambre, él se aparta esperando a que ataque a su hombro o a su cuello, pero simplemente me veo en sus ojos.- Enamórame, enamórame hasta el punto en que nunca vuelva a dudar de nada.- Le suelto.


Despertar es una molestia, capto el sol ocultándose detrás del horizonte, miro hacia mi lado donde está Esteban con facciones duras pero suavizadas por el sueño. Me levantó y me visto.

Ya no hay más sol, pero la luz naranja aún no se termina de disipar. Troto por el parque esperando disipar las ideas de mi cabeza, no tengo mucho éxito.

Desesperadamente balaceo mi cabeza con pensamientos que me hagan cambiar de rumbo, cambiar de sentimientos, de solo recordar lo que me convenza.

Trato de darle razones a mi mente para amar a Esteban. HHola amar a Esteban.  mi mente. me convenza. ientos que me hagan cambiar de rumbo, cambiar de sentimientos, de solo


No hay comentarios:

Publicar un comentario