jueves, 17 de julio de 2014

Nostalgia: Capítulo 12

Capítulo 12


- Matt…- Le digo, tomó la mano que cuelga de mi hombro, y entrelazo nuestros dedos, por un momento nos detenemos, agacha la cabeza hacia a mí, y yo estiro el cuello hacia él, el azul lapislázuli de sus ojos parece negro como el agua del mar, sus mejillas está coloradas por embriaguez, y me mira con intensidad. Por un momento, olvido lo que quería decirle.
- Eres hermosa.- Confiesa poniendo su mano libre en mi mejilla, la pasa por mi mejilla.- ¿Ya te pedí que te cases conmigo? – Suelto una sonrisa nerviosa, y agacho la mirada, sé que mi rostro ahora es color tomate.- Jade, no creo haberte dicho lo mucho que adoro el rubor en tu rostro.- Jala mi cara hasta que esta frente a él.- Y el color de tus labios cuando los frunces evitando reír, tu nariz respingona y delgada, tu cabello castaño, y… Oh Dios, esos ojos, ¿por qué tienes ojos tan corrosivos? ¿Por qué se endulzan tanto conmigo?... Mírame a los ojos el resto de nuestras vidas.- Sin quererlo una lagrima se corre de mi ojo, la limpia como todo un caballero.

Me besa, y me hace estremecer, todo mi cuerpo se siente holgado y más que relajado, baja las manos hasta mi cintura, y me empuja contra su cuerpo, mis pies ya no tocan la arena. La boca de Matt, normalmente tiene un sabor agridulce, ahora es completamente ácida por el alcohol ingerido. Paso mis manos hacia su cuello, y me cuelgo de su estructura alta, paso la mano que no carga a mis zapatos por su cabello, adoro su cabello.

De puntas en sus zapatos, sin necesidad de que yo toque la arena, reímos y nos sentimos las personas más felices del mundo, somos un par de tontos riéndonos de la vida.


Siento la suavidad de la sabana contra mi piel desnuda, la habitación esta oscura, y defino que aún es de noche y no he dormido mucho, busco a lado mío con mi mano, porque mi vista aún es borrosa, no encuentro nada, paso mis dedos por mis labios, me parece que están hinchados, y parcialmente adormecidos, me hago el cabello hacia atrás, y no lo veo a mi lado, me estremece el miedo durante unos segundos.

Escucho el tecleo de sus largas manos en su computadora, me flexiono para ver el final de la cama, está sentado en el piso, recargado en el colchón y escribiendo como poseído. Me muevo hacia él, sin dejar al desnudo mi piel, recargo mi cara en su hombro y lo observo concentrado, parece todo un hombre cuando hace ese semblante, apasionado por su arte y enamorado de las letras. Sonríe cuando me descubre admirándolo.

- Me usaste.- Le espetó. Suelta una sonrisa inmensa y me mira.
- Yo nunca haría eso, linda.- Lo dice con sarcasmo. Junta su nariz con mi frente.
- Y entonces ¿por qué no estas dormido? En lugar de estar escribiendo como poseído.- Le dedico una mirada incrédula. Vuelve a reírse.
- Tengo la cabeza llena de ideas, no las puedo dejar allí.- Me besa la frente en manera de disculpa. La acepto.

Me quedo junto a él y admiro su expresión hasta que los ojos se me cansan y me vuelvo a dormir.


Cuando despierto estoy abrazada a su torso, en el mismo lugar donde me quede, y tengo por almohada uno de sus brazos, su cuello está en un ángulo que me permite ver su mentón, siento un impulso de besarlo y lo obedezco. Abraza mi cabeza cuando descubre lo que estoy haciendo. Discretamente respiro profundamente y obtengo su aroma, es delicioso. Su nariz está en mi coronilla, y presiento que está haciendo lo mismo conmigo, que yo con él.

- Muero de hambre.- Dice al rato.
- Yo también…- Afirmo, el estómago me duele.

Alcanza el teléfono y llama para que nos traigan el desayuno. Nuestras pieles están pegadas a causa del calor que generamos, me siento extraña con ello, pero no incomoda, así que no nos separamos hasta que alguien toca la puerta, Miramar se viste rápidamente y yo huyó al baño. Le da la propina al hombre que nos lo trajo, y en cuanto sale de la habitación, yo lo hago del baño.

Miramar me está esperando en la puerta, y me sonríe riéndose de nuestra complicidad, quiero aguantar la risa, pero no puedo.

- Jade, tienes que quitarte la sábana, o prefieres que yo te la quite.- Dice pasando la mano por la tela.
- Puedo hacerlo yo solo, gracias.- Le enseño la lengua.

Me dirijo al armario y tiró la sábana al piso, mi corazón late tan rápido que pienso que moriré de un paro cardiaco, la mirada de Miramar se fija en mí, en mi espalda desnuda y mis piernas, cuando giro el cuello para verlo, descubro que barre mi cuerpo con la mirada. De improviso me siento mujer.

Me meto al armario donde me pongo un vestido color amarillo y salgo totalmente vestida, él ahora está en la mesa que hay del otro lado de la habitación esperándome para poder comenzar a desayunar, me siento, me hago el cabello hacia atrás y mi estómago gruñe cuando huelo el omelette de huevo con champiñones y jamón.

Lo apuñalo con el tenedor, y me llevo un cacho a la boca, Miramar toma un trago de café, y me mira ostentosamente, le sostengo la mirada durante todo el desayuno.

- ¿A dónde quieres ir hoy?- Me dice pasando lentamente sus dedos por el tenedor de su omelette, el suyo solo tiene algo de perejil.
- ¿A dónde me quieres llevar hoy?- Le contesto.

Gira el rostro hacia la pared, y suelta una sonrisa irónica, me gusta su sonrisa. Espera a que despegue la boca del vaso de jugo de naranja del que bebo para dirigirme la palabra otra vez.

- ¿Qué te parece un día de campo?- Me dice y después bebe de su café.
- Querrás decir “un día de playa”
- Un día en mi lugar favorito, con mi persona favorita, haciendo lo que más me gusta hacer: verte a los ojos.- De repente los vellos de mi nuca se erizan y la cabeza me tumba al ritmo de mi corazón.



Quisiera volver a esos días, cuando estaba con Matt, cuando era feliz simplemente por existir en el mismo mundo que él, yo… quisiera volver a esos días de felicidad.

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