Capítulo 3:
Deber
- Tal vez la señorita
sangrienta, podría hacerse cargo de ellos.- Dice uno de los concejales, y me
baja de las nubes.
- Como de costumbre estaba
pensando en otros asuntos.- Dice Marcus desde el otro lado de la habitación. Lo
ignoro.
- No pretendo huir de esto,
pero no creo que sea la mejor persona para hacerlo.- Digo con los ojos hacia
otra parte.
- Claro, se lo pediremos a la
siguiente en la lista de “vampiros sangre pura incapaces de beber sangre
humana”.- Me lanza su sonrisa sarcástica. Frunzo el ceño y se por experiencia,
que eso los hace dudar.
- Iré.- Digo un poco frustrada.
Nada como buscar a un vampiro loco come
niños humanos para variar.
Cuando salgo de la junta
alguien alcanza mi hombro, y me volteo algo a la defensiva, pero veo a Esteban.
- Tranquila, vengo en son de
paz.- Me dice riendo de mi actitud.
- Lo siento, estaba…
- En las nubes.- Completa mi
frase, me molesta que haga eso, se jacta de lo mucho que me ha llegado a
conocer.- Me entere que estabas por aquí, y recordé que hay un excelente
restaurante cerca, pensé que podíamos cenar allí, lejos de todo.- Me lo dice
suavemente, recorriendo la piel de mi cuello con sus dedos. No me molesta, porque
nuestra relación no se ha quedado en caricias y besos, pero aún así agradezco
tener una excusa.
- Lo siento, debo de ir a
Roxqal, hay un nivel E fuera de control.- Le digo quitando su mano de mi
cuello, la sostiene. Su sonrisa
desaparece.
- Entonces, supongo que me
iré a casa y te esperare allí.- Me dice, y como es costumbre nos despedimos con
un beso que despierta mis sentidos. Levanto mi mirada hacia él. ¿Por qué no puedo decidir que quiero con
este hombre?
Me giro sin decir más, llevo
algunos pasos cuando:
- Sophie.- Me llama, y giro
en seco.- Te amo.- Me dice con ternura. Pero no me siento capaz de contestarle
como el lo espera, así que sonrió con suavidad y vuelvo a mi paso.
Hace muchos años que conozco
a Esteban, más de los que quisiera aceptar que he vivido. Cuando él nació, yo
había decidido dormir, así que sus primeros 50 años de vida, estuve ausente,
por lo que no puede llegar a ver como una hermana mayor o una madre. A veces lo
que me detiene para amarlo, es mi búsqueda, y a veces es más como un “quisiera amarte, pero no”
No puedo simplemente amarlo y
ya. Me molesta no poder hacerlo. Cada que decido que lo haré, aparece un
cosquilleo en mi mente que frustra mis planes.
Llegando a Roxqal, miró a mí
alrededor, hay un montón de arena y piedras, y casas pequeñas hechas de algo
que parece lodo seco, hay un olor a sangre en el ambiente, y mis pulmones lo
procesan: sangre fresca de niño, un aguijonazo entra en mi garganta, arde y
duele como nunca. Me es difícil controlarme durante algunos minutos.
Respiro hondo, y me
mentalizo, siento a alguien acercándose por detrás, doy un brinco lejos del
lugar donde me encontraba, y rápidamente saco una daga del cinturón escondido
en mi pierna, miró recelosa a la persona que está en donde yo estaba, lleva
sobre sí una capucha de color rojo oscuro y solo lo reconozco por su olor.
- ¿Qué haces aquí?- Le
preguntó mientras me incorporo, guardo la daga donde estaba. Se deshace de su
anonimato.
- Son órdenes del protector.-
Me dice, mientras evita ver mi mirada feroz.
- Puedo cuidarme sola… a
parte aún no soy la líder, ni tú el protector.- Lo trato de mirar a la cara,
pero gira el rostro hacia un lado, mostrándome un sensual perfil.
- Soy el único que queda, y
seamos sinceros… usted ganará, señorita sangrienta.- Por fin me mira, y deseo
que no lo hubiese hecho porque despierta cada nervio de mi cuerpo.
- Si te entrometes en mi
camino, te mató.- Mi lengua traiciona a mi mente, por fin logro decir algo que
no fuese sincero. Resisto las ganas que tengo de abalanzarme sobre su cuello.
Alzó la daga nuevamente, y
antes de pasar el filo por la palma de mi mano, recuerdo que también él podría
caer en el olor.
- Si yo fuera tú, aguantaría
la respiración.
Parece que sabe lo que haré y
me obedece. Sin dolor paso el filo y algunas gotas caen al piso justo antes de
que se cierre mi piel, sin dejar ni un solo rastro de que alguna vez hubo
cortada. Dos segundos después escucho como se acerca algo violento y hambriento
que identifico como el nivel E.
Antes de que parpadee, el
corazón latente del ser yace en mi mano, lo estrujo, y tanto el órgano como el
cuerpo se hacen cenizas y ya no hay más nivel E.
Limpio mis manos con ayuda de
un charco de agua, Alexandro no se ha movido ni un centímetro, y no me ha
mirado ni siquiera un poco. Me abstengo de preguntarle qué piensa de lo que he
hecho, aunque se perfectamente que se siente extraño con la situación.
Me voy tan rápido como
llegué, esta vez aparezco en mi cuarto. La pesadez de los actos que cometí no
son lo que me hacen sentir terrible, es el hecho que él me haya mirado de esa
manera, tan decepcionada.
- Sophie... ¿Puedo entrar? - Huelo a Leo como si
estuviera a mi lado.
Me levanto del descanso de mi ventana, donde las
gotas de lluvia buscan una entrada. Giro la manija y lo miro sonriente,
castaño, ojos verde esmeralda, de piel Blanca, rasgos finos y duros, cuerpo
atleta "mi favorito". Ai me golpeara por lo que pienso hacer.
Entra, y cierra la puerta, me enredo en su cuello
y el me sostiene por la cintura, mis pies no tocan el suelo, huelo su cabello,
es delicioso, huele a sol y girasoles. Me lleva a la cama se pone sobre mí y me
besa, su lengua es ágil y la mueve como le enseñe, lo giro en un movimiento y
lo pongo debajo de mí.
Gruñe a lo bajo. No le gusta estar abajo, pero a mí
me encanta estar arriba, y el cumple mis caprichos fielmente, no me niega nada. Lamo su cuello y entierro mis colmillos en él.
Saboreo cada gota, me encanta su sangre, podría beberla todos los días de mi
eternidad.
Retuerce sus dedos dentro de mi melena, recorre
cada fibra con cariño, tengo los ojos cerrados después del sexo me gusta
dormir, pero en cuanto siento sus labios acercarse a mi cuello, me aparto, me
levanto desnuda, como estoy, lo miro a los ojos recelosa. Sabe lo que ha hecho
mal, toma su ropa, se viste y se va con todo el silencio posible.
Me meto a la ducha. Seco mi cabellera hasta
dejarla aceptable. Me visto con la misma ropa para que nadie se entere, la
lluvia se ha ido y ha dejado la frescura del otoño. Soy lo suficientemente
valiente para salir con un vestido azul marino, mayas azules con lunares
negros, zapatos de piso negros y un ligero suéter azul celeste. Aunque cuando
llego al quiosco con un libro, el frío cuece mis huesos, ignoro la sensación y
me concentro en el libro.
Poco después una horda furiosa rompe el silencio,
está liderada por Ai, la hija menor de Rose y Kael, y la madre de Leo que hacía
un mes me había advertido no volviera a tocar a su hijo.
No muevo ni una pestaña, Leo y Esteban se paran
frente a mí, preparados para defenderme.
- Eres una
mal nacida Sofía.-Detesto que me llamen Sofía.
- Por
millonésima vez madre, yo fui a ella. Yo fui.- Dice Leo a la defensiva.
- Ai, mi
cielo, calmate por favor- La trata de detener Robert.
- Ai por
favor, es la vida de tu hijo.- Trata de calmarla Rose.
- Y se la
está tragando una mujer sádica que ni siquiera da su sangre a cambio.- Está
llorando a lágrima suelta.
- ¡MADRE!-
Interviene Leo. Se le sube el rojo al rostro y lo miro culpándolo. Claro se fue
a quejar con Ai, por eso está armando una escenita.
- No puede
seguir esto, madre tienes que hacer algo con ella, se está comiendo las almas
de mis hijos, y se las terminará si no hago nada, no puede seguir en esta casa.-
Le sujeta los brazos a Rose, su hermoso y delicado tono de voz impide que suene
furiosa, pero lo está.
- Ai, no
podemos hacer eso, ella es… ella.
- Sin ella no
existiríamos, se detendría el equilibrio de nuestra raza. ¿Qué pasaría con
nosotros?
- Es como
nuestra hermana menor Ai.- Me defiende Air, el hijo mayor.
- Dejen de
discutirlo, ella no se puede ni debe irse de aquí.- Los calla Kael.
- Madre, por
qué no puedes entender que es nuestra vida.- Argumenta Leo.
- Ella es mí
prometida, deberías de comportarte más debidamente. Hermano.- Esteban se lo
dice a Leo con más que razón, pero su hermano no se siente capaz de sostenerle
la mirada.
- Ella me
necesita, no la puedo dejar sola, como tú la dejas todo el tiempo.- Cuando le
dice lo último alza los verdes ojos y se le entierra la mirada a Esteban.
El
estruendoso sonido de las voces sedosas y carismáticas rugiéndose entre ellas,
no impide que continúe mi lectura, pueden matarse entre ellos, no me
interesaría, no saldré de esta casa, está es mi casa y si vivimos todos
amontonados no es por decisión mía.
El hecho de
que Esteban y Leo, hayan resultado ser hermanos, es algo que no tenía previsto,
y tampoco que haya deseado, ambos me son indispensables, tal vez esté enamorada
de Esteban, o lo vaya a estar en algún momento, que siendo realista, es lo que
más espero. Tal vez, Leo es una distracción demasiado grande, sin él… ¿podría
por fin despejar mi mente?, o tal vez es que yo sola me pongo trabas en el
asunto.
De improviso,
la mirada vacía de Alexandro, hace que mis ojos suban hacia la vista que tengo
encima, mi raza peleando entre ella. ¿Si no puedo controlar a los que se supone
son cercanos a mí, cómo controlaré toda una asociación?
Tal vez
debería de empezar a ser lo que debo de ser, y hacer lo que se supone que debo
de hacer.
- Suficiente.-
Encuentro que mi garganta lo ha dicho más firme de lo que hubiese querido. Se
hace el silencio. Kael y Rose me miran con el corazón desembocado, mis viejas
acciones ante este tipo de situaciones los hace darse una idea de lo que pasará.-
Leo, esa fue la última vez que te pedí tu sangre.- Al instante Ai relaja el
rostro y abre los ojos, esperan a que diga si es una broma o no.
- Sophie, yo…
yo no me volveré a quejar, yo solo soy de ti, por favor pídeme todo lo que
quieras, por favor.- Me toma las manos y las sostiene cerca de sus labios. Mi
garganta duele, y temo por lo que pueda pasar.
- Esteban
tiene razón, Leo. Ya no puedo ser la manzana de la discordia. Vete lejos, viaja
como siempre has querido, conoce lugares, gente y sentimientos nuevos. Olvídate
de mí.- Baja la mirada, suelta mis manos, y se aleja esperando el resto de mi
sentencia.- Les hice una promesa hace mucho tiempo, prometí que si iba a
compartir la eternidad con alguien, sería con Esteban.- Les digo a Rose y Kael,
están absortos de mi reacción.- Pero fue una promesa en falso. Tengo cosas que
hacer, aun así, es una promesa, un deber y un honor.- Sin siquiera pensarlo
antes tomó la mano de Esteban, lo miró a los ojos, la mirada de Alexandro me
hace temblar, aunque solo la tenga en la mente, me siento fuerte, capaz de
hacer lo que estoy a punto de hacer.- Me casaré contigo.
Esto es lo
que debo de hacer.
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