jueves, 17 de julio de 2014

Otoño: Capítulo 3

Capítulo 3:

Deber

- Tal vez la señorita sangrienta, podría hacerse cargo de ellos.- Dice uno de los concejales, y me baja de las nubes.
- Como de costumbre estaba pensando en otros asuntos.- Dice Marcus desde el otro lado de la habitación. Lo ignoro.
- No pretendo huir de esto, pero no creo que sea la mejor persona para hacerlo.- Digo con los ojos hacia otra parte.
- Claro, se lo pediremos a la siguiente en la lista de “vampiros sangre pura incapaces de beber sangre humana”.- Me lanza su sonrisa sarcástica. Frunzo el ceño y se por experiencia, que eso los hace dudar.
- Iré.- Digo un poco frustrada. Nada como buscar a un vampiro loco  come niños humanos para variar.


Cuando salgo de la junta alguien alcanza mi hombro, y me volteo algo a la defensiva, pero veo a Esteban.

- Tranquila, vengo en son de paz.- Me dice riendo de mi actitud.
- Lo siento, estaba…
- En las nubes.- Completa mi frase, me molesta que haga eso, se jacta de lo mucho que me ha llegado a conocer.- Me entere que estabas por aquí, y recordé que hay un excelente restaurante cerca, pensé que podíamos cenar allí, lejos de todo.- Me lo dice suavemente, recorriendo la piel de mi cuello con sus dedos. No me molesta, porque nuestra relación no se ha quedado en caricias y besos, pero aún así agradezco tener una excusa.
- Lo siento, debo de ir a Roxqal, hay un nivel E fuera de control.- Le digo quitando su mano de mi cuello, la sostiene. Su sonrisa  desaparece.
- Entonces, supongo que me iré a casa y te esperare allí.- Me dice, y como es costumbre nos despedimos con un beso que despierta mis sentidos. Levanto mi mirada hacia él. ¿Por qué no puedo decidir que quiero con este hombre?

Me giro sin decir más, llevo algunos pasos cuando:

- Sophie.- Me llama, y giro en seco.- Te amo.- Me dice con ternura. Pero no me siento capaz de contestarle como el lo espera, así que sonrió con suavidad y vuelvo a mi paso.


Hace muchos años que conozco a Esteban, más de los que quisiera aceptar que he vivido. Cuando él nació, yo había decidido dormir, así que sus primeros 50 años de vida, estuve ausente, por lo que no puede llegar a ver como una hermana mayor o una madre. A veces lo que me detiene para amarlo, es mi búsqueda, y a veces es más como un “quisiera amarte, pero no”

No puedo simplemente amarlo y ya. Me molesta no poder hacerlo. Cada que decido que lo haré, aparece un cosquilleo en mi mente que frustra mis planes.

Llegando a Roxqal, miró a mí alrededor, hay un montón de arena y piedras, y casas pequeñas hechas de algo que parece lodo seco, hay un olor a sangre en el ambiente, y mis pulmones lo procesan: sangre fresca de niño, un aguijonazo entra en mi garganta, arde y duele como nunca. Me es difícil controlarme durante algunos minutos.

Respiro hondo, y me mentalizo, siento a alguien acercándose por detrás, doy un brinco lejos del lugar donde me encontraba, y rápidamente saco una daga del cinturón escondido en mi pierna, miró recelosa a la persona que está en donde yo estaba, lleva sobre sí una capucha de color rojo oscuro y solo lo reconozco por su olor.

- ¿Qué haces aquí?- Le preguntó mientras me incorporo, guardo la daga donde estaba. Se deshace de su anonimato.
- Son órdenes del protector.- Me dice, mientras evita ver mi mirada feroz.
- Puedo cuidarme sola… a parte aún no soy la líder, ni tú el protector.- Lo trato de mirar a la cara, pero gira el rostro hacia un lado, mostrándome un sensual perfil.
- Soy el único que queda, y seamos sinceros… usted ganará, señorita sangrienta.- Por fin me mira, y deseo que no lo hubiese hecho porque despierta cada nervio de mi cuerpo.
- Si te entrometes en mi camino, te mató.- Mi lengua traiciona a mi mente, por fin logro decir algo que no fuese sincero. Resisto las ganas que tengo de abalanzarme sobre su cuello.

Alzó la daga nuevamente, y antes de pasar el filo por la palma de mi mano, recuerdo que también él podría caer en el olor.

- Si yo fuera tú, aguantaría la respiración.

Parece que sabe lo que haré y me obedece. Sin dolor paso el filo y algunas gotas caen al piso justo antes de que se cierre mi piel, sin dejar ni un solo rastro de que alguna vez hubo cortada. Dos segundos después escucho como se acerca algo violento y hambriento que identifico como el nivel E.

Antes de que parpadee, el corazón latente del ser yace en mi mano, lo estrujo, y tanto el órgano como el cuerpo se hacen cenizas y ya no hay más nivel E.

Limpio mis manos con ayuda de un charco de agua, Alexandro no se ha movido ni un centímetro, y no me ha mirado ni siquiera un poco. Me abstengo de preguntarle qué piensa de lo que he hecho, aunque se perfectamente que se siente extraño con la situación.

Me voy tan rápido como llegué, esta vez aparezco en mi cuarto. La pesadez de los actos que cometí no son lo que me hacen sentir terrible, es el hecho que él me haya mirado de esa manera, tan decepcionada.

- Sophie... ¿Puedo entrar? - Huelo a Leo como si estuviera a mi lado.
Me levanto del descanso de mi ventana, donde las gotas de lluvia buscan una entrada. Giro la manija y lo miro sonriente, castaño, ojos verde esmeralda, de piel Blanca, rasgos finos y duros, cuerpo atleta "mi favorito". Ai me golpeara por lo que pienso hacer.

Entra, y cierra la puerta, me enredo en su cuello y el me sostiene por la cintura, mis pies no tocan el suelo, huelo su cabello, es delicioso, huele a sol y girasoles. Me lleva a la cama se pone sobre mí y me besa, su lengua es ágil y la mueve como le enseñe, lo giro en un movimiento y lo pongo debajo de mí.

Gruñe a lo bajo. No le gusta estar abajo, pero a mí me encanta estar arriba, y el cumple mis caprichos fielmente, no me niega nada. Lamo su cuello y entierro mis colmillos en él. Saboreo cada gota, me encanta su sangre, podría beberla todos los días de mi eternidad.

Retuerce sus dedos dentro de mi melena, recorre cada fibra con cariño, tengo los ojos cerrados después del sexo me gusta dormir, pero en cuanto siento sus labios acercarse a mi cuello, me aparto, me levanto desnuda, como estoy, lo miro a los ojos recelosa. Sabe lo que ha hecho mal, toma su ropa, se viste y se va con todo el silencio posible.

Me meto a la ducha. Seco mi cabellera hasta dejarla aceptable. Me visto con la misma ropa para que nadie se entere, la lluvia se ha ido y ha dejado la frescura del otoño. Soy lo suficientemente valiente para salir con un vestido azul marino, mayas azules con lunares negros, zapatos de piso negros y un ligero suéter azul celeste. Aunque cuando llego al quiosco con un libro, el frío cuece mis huesos, ignoro la sensación y me concentro en el libro.

Poco después una horda furiosa rompe el silencio, está liderada por Ai, la hija menor de Rose y Kael, y la madre de Leo que hacía un mes me había advertido no volviera a tocar a su hijo.

No muevo ni una pestaña, Leo y Esteban se paran frente a mí, preparados para defenderme.

- Eres una mal nacida Sofía.-Detesto que me llamen Sofía.
- Por millonésima vez madre, yo fui a ella. Yo fui.- Dice Leo a la defensiva.
- Ai, mi cielo, calmate por favor- La trata de detener Robert.
- Ai por favor, es la vida de tu hijo.- Trata de calmarla Rose.
- Y se la está tragando una mujer sádica que ni siquiera da su sangre a cambio.- Está llorando a lágrima suelta.
- ¡MADRE!- Interviene Leo. Se le sube el rojo al rostro y lo miro culpándolo. Claro se fue a quejar con Ai, por eso está armando una escenita.
- No puede seguir esto, madre tienes que hacer algo con ella, se está comiendo las almas de mis hijos, y se las terminará si no hago nada, no puede seguir en esta casa.- Le sujeta los brazos a Rose, su hermoso y delicado tono de voz impide que suene furiosa, pero lo está.
- Ai, no podemos hacer eso, ella es… ella.
- Sin ella no existiríamos, se detendría el equilibrio de nuestra raza. ¿Qué pasaría con nosotros?
- Es como nuestra hermana menor Ai.- Me defiende Air, el hijo mayor.
- Dejen de discutirlo, ella no se puede ni debe irse de aquí.- Los calla Kael.
- Madre, por qué no puedes entender que es nuestra vida.- Argumenta Leo.
- Ella es mí prometida, deberías de comportarte más debidamente. Hermano.- Esteban se lo dice a Leo con más que razón, pero su hermano no se siente capaz de sostenerle la mirada.
- Ella me necesita, no la puedo dejar sola, como tú la dejas todo el tiempo.- Cuando le dice lo último alza los verdes ojos y se le entierra la mirada a Esteban.

El estruendoso sonido de las voces sedosas y carismáticas rugiéndose entre ellas, no impide que continúe mi lectura, pueden matarse entre ellos, no me interesaría, no saldré de esta casa, está es mi casa y si vivimos todos amontonados no es por decisión mía.

El hecho de que Esteban y Leo, hayan resultado ser hermanos, es algo que no tenía previsto, y tampoco que haya deseado, ambos me son indispensables, tal vez esté enamorada de Esteban, o lo vaya a estar en algún momento, que siendo realista, es lo que más espero. Tal vez, Leo es una distracción demasiado grande, sin él… ¿podría por fin despejar mi mente?, o tal vez es que yo sola me pongo trabas en el asunto.

De improviso, la mirada vacía de Alexandro, hace que mis ojos suban hacia la vista que tengo encima, mi raza peleando entre ella. ¿Si no puedo controlar a los que se supone son cercanos a mí, cómo controlaré toda una asociación?

Tal vez debería de empezar a ser lo que debo de ser, y hacer lo que se supone que debo de hacer.

- Suficiente.- Encuentro que mi garganta lo ha dicho más firme de lo que hubiese querido. Se hace el silencio. Kael y Rose me miran con el corazón desembocado, mis viejas acciones ante este tipo de situaciones los hace darse una idea de lo que pasará.- Leo, esa fue la última vez que te pedí tu sangre.- Al instante Ai relaja el rostro y abre los ojos, esperan a que diga si es una broma o no.
- Sophie, yo… yo no me volveré a quejar, yo solo soy de ti, por favor pídeme todo lo que quieras, por favor.- Me toma las manos y las sostiene cerca de sus labios. Mi garganta duele, y temo por lo que pueda pasar.
- Esteban tiene razón, Leo. Ya no puedo ser la manzana de la discordia. Vete lejos, viaja como siempre has querido, conoce lugares, gente y sentimientos nuevos. Olvídate de mí.- Baja la mirada, suelta mis manos, y se aleja esperando el resto de mi sentencia.- Les hice una promesa hace mucho tiempo, prometí que si iba a compartir la eternidad con alguien, sería con Esteban.- Les digo a Rose y Kael, están absortos de mi reacción.- Pero fue una promesa en falso. Tengo cosas que hacer, aun así, es una promesa, un deber y un honor.- Sin siquiera pensarlo antes tomó la mano de Esteban, lo miró a los ojos, la mirada de Alexandro me hace temblar, aunque solo la tenga en la mente, me siento fuerte, capaz de hacer lo que estoy a punto de hacer.- Me casaré contigo.


Esto es lo que debo de hacer. 

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