martes, 30 de diciembre de 2014

Nostalgia: Capítulo 12 -actualización-

Para los que digan "este capítulo ya lo habías subido". Si, ya lo había publicado, pero me faltaron algunas cosas, así que antes de comenzar el treceavo lo alargue un poco :3 Espero que lo disfruten.

Capítulo 12


- Matt…- Le digo, tomó la mano que cuelga de mi hombro, y entrelazo nuestros dedos, por un momento nos detenemos, agacha la cabeza hacia a mí, y yo estiro el cuello hacia él, el azul lapislázuli de sus ojos parece negro como el agua del mar, sus mejillas está coloradas por embriaguez, y me mira con intensidad. Por un momento, olvido lo que quería decirle.
- Eres hermosa.- Confiesa poniendo su mano libre en mi mejilla, la pasa por mi mejilla.- ¿Ya te pedí que te cases conmigo? – Suelto una sonrisa nerviosa, y agacho la mirada, sé que mi rostro ahora es color tomate.- Jade, no creo haberte dicho lo mucho que adoro el rubor en tu rostro.- Jala mi cara hasta que esta frente a él.- Y el color de tus labios cuando los frunces evitando reír, tu nariz respingona y delgada, tu cabello castaño, y… Oh Dios, esos ojos, ¿por qué tienes ojos tan corrosivos? ¿Por qué se endulzan tanto conmigo?... Mírame a los ojos el resto de nuestras vidas.- Sin quererlo una lagrima se corre de mi ojo, la limpia como todo un caballero.

Me besa, y me hace estremecer, todo mi cuerpo se siente holgado y más que relajado, baja las manos hasta mi cintura, y me empuja contra su cuerpo, mis pies ya no tocan la arena. La boca de Matt, normalmente tiene un sabor agridulce, ahora es completamente ácida por el alcohol ingerido. Paso mis manos hacia su cuello, y me cuelgo de su estructura alta, paso la mano que no carga a mis zapatos por su cabello, adoro su cabello.

De puntas en sus zapatos, sin necesidad de que yo toque la arena, reímos y nos sentimos las personas más felices del mundo, somos un par de tontos riéndonos de la vida.


Siento la suavidad de la sabana contra mi piel desnuda, la habitación esta oscura, y defino que aún es de noche y no he dormido mucho, busco a lado mío con mi mano, porque mi vista aún es borrosa, no encuentro nada, paso mis dedos por mis labios, me parece que están hinchados, y parcialmente adormecidos, me hago el cabello hacia atrás, y no lo veo a mi lado, me estremece el miedo durante unos segundos.

Escucho el tecleo de sus largas manos en su computadora, me flexiono para ver el final de la cama, está sentado en el piso, recargado en el colchón y escribiendo como poseído. Me muevo hacia él, sin dejar al desnudo mi piel, recargo mi cara en su hombro y lo observo concentrado, parece todo un hombre cuando hace ese semblante, apasionado por su arte y enamorado de las letras. Sonríe cuando me descubre admirándolo.

- Me usaste.- Le espetó. Suelta una sonrisa inmensa y me mira.
- Yo nunca haría eso, linda.- Lo dice con sarcasmo. Junta su nariz con mi frente.
- Y entonces ¿por qué no estas dormido? En lugar de estar escribiendo como poseído.- Le dedico una mirada incrédula. Vuelve a reírse.
- Tengo la cabeza llena de ideas, no las puedo dejar allí.- Me besa la frente en manera de disculpa. La acepto.

Me quedo junto a él y admiro su expresión hasta que los ojos se me cansan y me vuelvo a dormir.


Cuando despierto estoy abrazada a su torso, en el mismo lugar donde me quede, y tengo por almohada uno de sus brazos, su cuello está en un ángulo que me permite ver su mentón, siento un impulso de besarlo y lo obedezco. Abraza mi cabeza cuando descubre lo que estoy haciendo. Discretamente respiro profundamente y obtengo su aroma, es delicioso. Su nariz está en mi coronilla, y presiento que está haciendo lo mismo conmigo, que yo con él.

- Muero de hambre.- Dice al rato.
- Yo también…- Afirmo, el estómago me duele.

Alcanza el teléfono y llama para que nos traigan el desayuno. Nuestras pieles están pegadas a causa del calor que generamos, me siento extraña con ello, pero no incomoda, así que no nos separamos hasta que alguien toca la puerta, Miramar se viste rápidamente y yo huyó al baño. Le da la propina al hombre que nos lo trajo, y en cuanto sale de la habitación, yo lo hago del baño.

Miramar me está esperando en la puerta, y me sonríe riéndose de nuestra complicidad, quiero aguantar la risa, pero no puedo.

- Jade, tienes que quitarte la sábana, o prefieres que yo te la quite.- Dice pasando la mano por la tela.
- Puedo hacerlo yo sola, gracias.- Le enseño la lengua.

Me dirijo al armario y tiró la sábana al piso, mi corazón late tan rápido que pienso que moriré de un paro cardiaco, la mirada de Miramar se fija en mí, en mi espalda desnuda y mis piernas, cuando giro el cuello para verlo, descubro que barre mi cuerpo con la mirada. De improviso me siento mujer.

Me meto al armario donde me pongo un vestido color amarillo y salgo totalmente vestida, él ahora está en la mesa que hay del otro lado de la habitación esperándome para poder comenzar a desayunar, me siento, me hago el cabello hacia atrás y mi estómago gruñe cuando huelo el omelette de huevo con champiñones y jamón.

Lo apuñalo con el tenedor, y me llevo un cacho a la boca, Miramar toma un trago de café, y me mira ostentosamente, le sostengo la mirada durante todo el desayuno.

- ¿A dónde quieres ir hoy?- Me dice pasando lentamente sus dedos por el tenedor de su omelette, el suyo solo tiene algo de perejil.
- ¿A dónde me quieres llevar hoy?- Le contesto.

Gira el rostro hacia la pared, y suelta una sonrisa irónica, me gusta su sonrisa. Espera a que despegue la boca del vaso de jugo de naranja del que bebo para dirigirme la palabra otra vez.

- ¿Qué te parece un día de campo?- Me dice y después bebe de su café.
- Querrás decir “un día de playa”
- Un día en mi lugar favorito, con mi persona favorita, haciendo lo que más me gusta hacer: verte a los ojos.- De repente los vellos de mi nuca se erizan y la cabeza me tumba al ritmo de mi corazón.


Quisiera volver a esos días, cuando estaba con Matt, cuando era feliz simplemente por existir en el mismo mundo que él, yo… quisiera volver a esos días de felicidad.



- Jade…- Me ofrece su mano para poder subir a la pequeña colina con pasto y flores en la que estuvimos la última vez, donde fue nuestro primer beso. Lo sostengo y me jala lo suficientemente fuerte para que sienta como se separan mis huesos.- Perdón, lo hice muy rápido.- Se disculpa y me mira como un niño disculpándose.
- No te apures,...- Rozo mi mano con su brazo, cuando su mirada comienza a aliviarse le espeto: Solo me rompiste el brazo. Pero nada importante.

Nos reímos y me abraza por la cintura, trato de escapar pero me sujeta fuertemente, me da un beso largo en la mejilla.

Extendemos una manta que tomamos “prestada” del hotel y nos acomodamos sobre ella. No es ningún dia de campo, porque no tenemos comida ni bebida, ni estamos en un campo, pero estamos sentados en la sabana mirándonos fuertemente y sin decirnos palabra, hay que ver quien gana.

Quien sabe quién hubiese ganado si no hubiese sido porque jóvenes adolescentes comienzan a hacer ruido, Miramar gira el torso para verlos y yo solo veo la escena detrás de él.

- Por la juventud, eh…- Susurro.
- Somos jóvenes, dentro de nosotros.- Me dice inclinándose hacia mí, para decirlo débilmente pero que lo escuche.
- Tal vez yo, pero tú eres realmente un anciano.- Me rió.
- Acaso ¿tienes Gerontofilia?
- O tal vez tu eres Pederasta…- Alzo mis cejas.
- Ya eres mayor de edad. No te tengo secuestrada.- Sonríe.
- Me estas amenazando a muerte si no me caso contigo.- Ambos nos reímos.
- Di que no es cierto.- Hace una imitación de una pistola con su mano y me la pone en la frente. Nos soltamos en risas de nuevo.

Después de la playa vamos al pueblo más cercano que está a media hora, caminamos por las calles y curioseamos entre los mercados. Nos detenemos a comer en un local donde algo olía demasiado bien para no ser comido, Miramar le pregunta al hombre que atiende –en un fluido japonés- ¿qué es lo que huele tan bien? El hombre nos contesta con dos tazones gigantes de algo que parece sopa de fideo muy largo en caldo de res. Cuando lo probamos nos miramos y sonreímos. El “ramen” esta delicioso.

Nos quedamos en el pueblo porque nos dicen que habrá algo parecido a un festival, paseamos por allí, y probamos toda la comida que se nos pone en frente, todo está demasiado delicioso.

Al final del festival, el cielo se llena de fuegos artificiales, se ve hermoso.


Hay cosas que aún no olvido, que siento que aún estamos allí en el lugar donde pasaron. Con Matt tomando fuertemente mi mano y mirando como estúpidos las luces en el cielo.


La escena pasa por mi cabeza mil veces a la semana. He pensado varias veces en volver a visitar Japón, para alegrarme la vida, pero simplemente no eh encontrado el valor de volver allí sin ti, y me acobardo diciendo cosas como “Yo no se hablar japonés” “¿qué tal si me pierdo sin ti?” “No sé si las cosas realmente son así de perfectas o solo las eran porque tú estabas allí”. Mi vida es un montón de “no sé” e incredulidades sin ti. Pero sigo los consejos y levanto la mirada, e irgo la espalda. Aunque sin ti todo parece más pesado. 

domingo, 28 de diciembre de 2014

Otoño: Capítulo 7

Capítulo 7:

Anónima

- ¿Cuánto tiempo se van esta vez?- Me pregunta cuando me ve en la puerta de su casa, solo lleva unos pantalones sueltos y una camisa que deja ver su piel bajo ella.
- Unos cuantos meses.- Froto mi nariz para calentarla.

Desde que nos conocemos no hemos estado mucho tiempo juntos como la familia que Rose desea que seamos, a veces vienen un tiempo y luego se van por años. El tiempo en los diferentes mundos no corre igual de rápido que aquí, así que para ellos son meses, para mí años. Como miembro del consejo y aprendiz de líder no puedo moverme mucho de aquí, pero ellos tienen “negocios”, Esteban tiene una empresa de abogados, y Lily y Air suelen ir a lugares devastados buscando vidas que salvar, Ai y Robert residen en un lugar acogedor con pocos humanos a la vista intentando tener una niña, y todos los demás… ¿dónde están todos los demás?

Cuando me dejan aquí sola, no me gusta estar en casa, una casa demasiado grande para mi sola me hace sentir horriblemente vacía, así que desde hace mucho huyo a la casa de Marcus donde siempre me han alojado, pero…

- No puedes quedarte aquí. Los otros aprendices pueden verlo mal.- Me regaña, aún cuando me ve en su portal congelándome. Nunca ha sucumbido a mis caprichos.
- Solo este día, prometo irme al atardecer.- Le sonrío
- ¿Tienes los dedos cruzados en la espalda?.- Me dice, detesto que me conozca tan bien.- Tienes una casa, si quieres puede ir Naomí a quedarse contigo.- Ahora trata de ablandarse y consolarme.
- No querrá ir, si no va Lyan.- Le digo.
- Te lo presto también.- Me sonríe, ¿cómo puedes ser tan tú?

Afortunadamente escucho los tacones de la siempre bien vista Anabelle la esposa de Marcus, que por si fuera poco me adora.

- Por favor.- Le pido en tono sincero y un poco patético, Anabelle me escucha y abre la puerta más para que la pueda ver.
- ¡So! – Me abraza dulcemente y la saludo.- ¿Por qué estas afuera con tanto frío? Pasa, adelante.
- Gracias Annie.
- Llegas justamente a tiempo para la cena.- Me sonríe y me toma de la mano.- ¡Nao, Sophie esta aquí! – Grita a lo alto de la escalera.- Cariño lleva su mochila a su habitación.- Le avienta la mochila a Marcus y me lleva a rastras al comedor. Marcus sonríe irónico y yo le enseño la lengua pavoneándome.
- ¡So!- Naomí me salta encima.- ¿Cuánto tiempo será? – Me dice cuando me tiene cara a cara.
- No sé, no me han dicho.- Me encojo de hombros, y vemos a Lyan bajar las escaleras pesadamente.
- Espero que te sientas mal y me hayas hecho algunas galletas.- Me dice desde lo alto.
- He traído, pero no para ti.- Le digo enseñándole una caja de galletas, que en realidad yo no hice.

Los licántropos suelen basar su dieta en carne animal, la humana esta en contra de la ley a menos de que se tenga un permiso especial del líder de la asociación y sean órganos creados artificialmente a los que llamamos “carne industrial”. Por suerte, cuando vengo a cenar, Anabelle me coce la carne, pues ellos la comen cruda o muy poco cocida.

El comedor de los Lycan se llena de un olor a sangre animal todas las madrugadas.

- Escuchen.- Dice Marcus al término de la cena.- Sophie no se puede quedar, estaría mal respecto a los demás aprendices.
- Yo soy tu hijo, y no se ve mal.- Le dice Lyan, pero al instante se arrepiente, Marcus saca chispas.
- Esta bien, me iré a casa.- Le digo, se cuando aceptar un no.
- ¿Así nada más? ¿No vas a hacer berrinche ni nada parecido?
- ¿Quieres que lo haga?
- No, definitivamente no.
- Entonces iré a tu casa.- Dice Naomí.
- Entonces yo también.- Reafirma Lyan.
- Para nada, no quiero que hagan cachorritos en mi casa.- Les sonrío, pero Marcus y Anabelle los ven firmes.- Me las arreglare yo sola.

La familia Lycan, siempre han sido aliados míos, desde Magnus, el primer licántropo en la tierra y al que conocí. Los roces entre nuestras razas nunca han sido cosas de nosotros. Aún cuando fui amante de Marcus, Anabelle que en ese entonces era una niña tal vez demasiado pequeña para saber las razones por las que su hermano desaparecía largas horas conmigo, siempre fue amable y me trato como una hermana mayor a la que le pidió consejos respecto a su futuro esposo. Me cuesta trabajo comprender la dulzura de esta mujer, pero no la razón por la que al final Marcus supo lo que tenía que hacer.

Paso el día con ellos en la habitación de Naomí, tiempo en el que hablamos de cosas banales, como mi horrendo armario de escobas y el vestido celeste que llevaba anteriormente, comentamos sobre la noche roja que se acerca –una vez cada diez años se permite que los vampiros y licántropos nivel A y B, hagan contratos de sangre con humanos codiciosos de belleza y eternidad - como cada década me pregunta si participare, y como cada década le dedico un rotundo “no”. No se cuando exactamente nos quedamos dormidas, pero lo que me despierta es el sonido del piso crujiendo y el colchón quejándose de un peso más, Lyan entró en la habitación y se acostó a un lado de Naomí, de reojo y sin buenas razones para abrir los ojos, veo la silueta de dos cuerpos convertidos en uno, en un solo abrazo sin la necesidad de la lujuría, les basta conectar sus pieles para estar bien consigo mismos. 

Por la tarde y como prometí vuelvo a casa y esta todo solo, me siento como cascarón vacío. Al rato comienza a llover y a relampaguear, me acuesto y decido dormir, pero solo logro dar vueltas de un lado a otro por horas, y me pongo a pensar ¿Cuándo fue la última vez que dormí bien? La respuesta llega en automático, en casa de Alexandro. Con la intención de liberar tensión y despejar mi mente, me cubro lo mejor posible, tomo un paraguas y salgo a caminar.

Me paso la escena por la cabeza una y otra vez, y no encuentro la forma en la que vine a parar aquí. Estoy mojada y friolenta bajo un paraguas en frente del complejo de apartamentos de Alexandro, pensando ¿qué diablos estoy haciendo aquí?

Escuchó pisadas detrás de mí.

- Señorita.- Me dice.- ¿Qué hace aquí?

Esta totalmente empapado en ropa deportiva y se ve que viene de una carrera nocturna.

Me deja pasar sin mucha explicación y el olor a fresas inunda mis pulmones otra vez.

- Puede bañarse si quiere, secare su ropa.- Mi mira a los ojos, esta totalmente empapado y sus pestañas se han unido entre ellas.
- Sophie.- Se gira y pienso que es la primera vez que me presta atención de verdad.- Llámame Sophie, por favor.- Su semblante no cambia, por un momento pienso que me echara.
- El baño esta por aquí, Sophie.- Siento como si mi corazón hubiese estado en un coma un largo tiempo hasta que con su voz diciendo mi nombre, hace que vuelva a latir fuertemente.

Mientras estoy en la ducha examino el baño, un lugar de blanco inmaculado, por alguna extraña y desconocida razón me emociona ver el shampoo que usa, y usarlo en mi cabello. Cuando abro la puerta veo que ha puesto un par de prendas afuera, a los pies de la puerta, me la pongo aunque me queda extremadamente grande.

Mi corazón se pone como loco y mi estómago se emociona tanto que estruja mis demás órganos. Camino hacia la pequeña sala que tiene y lo miró sentado como la primera vez que estuve aquí, en el sófa rojo que arruina la consistencia de su departamento leyendo un libro y con la mirada fija y concentrada en las palabras, entrecierra los ojos, no quiere voltear.

- Gracias por el baño.- Le digo, llevo el cabello mojado cayendo por mi espalda y lo seco poco a poco con una toalla que llevo en manos.
- No fue nada.- Me doy cuenta que sigue empapado.
- Tal vez deberías de tomar uno también.- Le digo con la voz queriéndoseme cortar. Mírame.
- No se preocupe por mí…- Deja las palabras al aire, como si fuera a decir algo más.

Camino hacia él. Me siento a su lado y subo los pies al sofá.

- Supongo que ya no tienes más de esa deliciosa leche.- Inclino algunos grados mi rostro para poder verlo a la cara, pero se remueve y gira el rostro.
- Compre unos litros más, están en el refrigerador.- Me toma por sorpresa y la boca se me seca.

Una eternidad de silencio.

- ¿Qué estas leyendo? – Decido romper el hielo otra vez, pero su rostro no se mueve ni nada. Estiro mi brazo para arrebatarle el libro, pero lo único que hace es levantarse y evadir el contacto.
- Creo que es hora de que vaya a tomar ese baño.- Huye hacia el baño y me quedo en silencio el resto del tiempo.

Veo el libro tirado en la alfombra y lo levanto, no es un libro de literatura es una recopilación de personas de la asociación, el volumen de “vampiros”.

Voy directo a la R y esculcó hasta encontrarlo “Ryuji, Alexandro”

La leyenda “Mestizo nivel D”, se encuentra junto a una foto suya, en la que no pasa de los 200 años y mira fría y firmemente hacia la cámara.

Después al querer dejar el libro en la mesa, tiró un recorte y me doy cuenta que soy yo, cuando tenía muchos menos años y apenas Rose se atrevía a presentarme ante la sociedad, estoy sentada en una silla que me queda enorme, vestida de blanco inmaculado y con Kael y Rose a mi lado, recuerdo esta foto, la tomaron poco después de ser creada la asociación y fue publicada en una revista con el título “la joven princesa de la noche”.

Rebuscó hasta llegar a mi nombre donde la colocó, junto a una foto más actualizada mía, ¿dónde quedo la niña pequeña? “Donde nadie la pueda encontrar” me pregunto y contesto a mi misma.

Leó toda la información que se recopilo mía, pero el campo de “procedencia” esta en blanco. Una vez alguien me dijo que se puede saber mucho de alguien por el lugar de donde proviene, por su hogar.

Entonces llego a la conclusión de que soy anónima. No vengo de ninguna parte, ni voy a ninguna.



viernes, 26 de diciembre de 2014

Otoño: Capítulo 6

Capítulo 6:

Reto


- Con sus células podremos sintetizar medicamentos y tratamientos para las enfermedades de los humanos- Cuando Souchirou aún era joven, era muy guapo e inteligente y fácilmente se podía confundir con un nivel B. Hasta yo hubiese intentado algo con él, sin embargo cuando yo lo conocí, yo tenía una imagen algo infantil de puberta, apenas empezaba a favorecerme la belleza de la pre-adolescencia, aunque ya tenía algunos siglos encima, además él ya estaba casado con una nivel D –matrimonio al que todos se opusieron- y habían tenido un niño hacia años, el consejo les prohibio tener otro hijo, porque durante la gesta la madre había devorado cerca de 60 litros de sangre humana, el doble que las demás.

- Me alegra que mis células lo maravillen tanto, y que puedan ser de ayuda.- Le sonrió complacida.

Al fondo de la habitación hacía donde yo veía, tras la puerta que se abrió un poco apareció una cabellera ligera castaña que por un momento me pareció gris, unos enormes ojos de color verde claro, y unas regordetas y sonrojadas mejillas, un niño de menos de medio siglo de edad.

- ¡Alexandro!- Le grita Souchirou más enfadado de lo que pensé que podía estar.- ¡Te he dicho mil y una veces que no bajes aquí! ¡Anda, a con tu madre!

El niño cierra la puerta y obedece enseguida.

- Perdone la interrupción señorita, ese era mi hijo, no es muy educado, así que perdón.- Me dice avergonzado.

No le contesto porque me sigo grabando en la mente la imagen y el nombre Alexandro Ryuji.


Cuando despierto es por el gruñido de mi estomago, me siento en la cama y descubro algo efusivo dentro de mí, me siento de maravilla, con sencilla alegría, y pracmatica felicidad, estoy de buenas, y creo que nunca había dormido mejor en toda mi vida.

Me levanto con enegía y camino descalza hasta la cocina, veo a Alexandro sentado en un sófa de color rojo sangre y leyendo un libro, su silueta es atractiva, ya no tiene los cachetes regordetes como antes, me doy cuenta que sabe que estoy allí, pero lo ignoro y voy al refrigerador en busca de leche, la encuentro y me llevo la botella a la boca, me la termino en un segundo.

Cuando me dispongo a cerrar el refrigerador, me doy cuenta del olor a sangre “industrial”, bolsas de sangre con anticoagulante apiladas una sobre otra ocupando un rincón del refrigerador, pocas para un nivel D.

- ¿Sabe que esta no es su casa, verdad?- Casi me lo susurra, como si el no fuera el dueño.
- Me dijiste que me sintiera como en ella.- Lo siento detrás de mí, su respiración me produce cosquillas.
- Se ha terminado la leche que uso en la semana.- Me dice en tono asustado y agraciado.- En un segundo.
- Si… que pena.- Digo agitando cómicamente el envase. Me doy vuelta encarándolo y le aviento el envase contra el pecho. Le sonrio y me escabullo de su presencia.

Camino hacia la habitación con la intención de recoger mis cosas, mientras me grita “Pongase zapatos” paternalmente.

Regreso a la cocina, donde el sigue inspeccionando el envase vacio, y me voltea a ver cuando llego al frutero veo las manzanas y me da más apetito, tomo una la froto contra mi camisa y me la llevo a la boca, descubro que son dulces y deliciosas.

- Un nivel D necesita menos alimentos que un nivel A. ¿Por qué tienes tanta comida? –Le preguntó con el bocado en la boca, la manzana esta jugosa, corre algo de jugo por mi barbilla y lo limpio con mi manga.
- Me gusta comer, a pesar que no lo necesite tanto como… usted- Capto que por un momento quiso llamarme “tú” y me complace la idea de escuchar mi nombre de su sedosa y sensual voz.
- Ya te había dicho que esta bien que me hables de “tú”.- Trago.- Después de todo tenemos que acostumbrarnos.- Me acerco a la puerta y le giño el ojo. Salgo.

Mientras camino hacia casa, me siento como ebria de felicidad tan complacida conmigo misma como nunca lo había estado, entonces descubró que ese olor dulce a fresas aún sigue en mi cabello, y me importa un bledo que Esteban se entere, quiero que todos sepan que dormi en la cama de Alexandro Ryuji.


Cuando llego a casa entro a mis anchas por la puerta principal, y me ven desde la sala Air y Lily que platican sobre algo importante. Air me mira algo severo.

- ¿Dónde has estado? Te hemos estado buscando.- Se que se esta controlando para no gritarme.
- Solo quería estar sola un rato.- Trato de parecer algo nostálgica o indiferente pero la felicidad me traiciona y no puedo dejar de sonreír, así que me mira inquiriendo en mí.
- ¿Qué es ese olor?- Dice Lily, olfateando el aire que lleva mi aroma. Hace una mueca de asco.- Hueles raro.
- Comí algo de camino hacia acá.
- “Algo” ¿cómo qué? - Air se acerca a mí y me huele, hace el mismo gesto.
- Que te importa.- Borro mi felicidad. Choco su hombro con fuerza y subo las escaleras hacia mi habitación.

A ellos les parece poco apetitoso el aroma de Alexandro, pero para mí, es lo más delicioso que he olido.

Cierro la puerta de mi habitación y me recargo en ella, alzo el antebrazo hasta mi nariz y aspiro el olor de mi piel. Superficialmente esta el olor de Alexandro pero en el fondo esta el mío, y me complace la convinación, me resbalo sobre la imitación de madera y caigo al suelo, me acorruco en posición fetal.

¿Qué demonios estoy haciendo?

El anillo quema en la piel de mi dedo.

El tronido de la madera me saca de mis pensamientos, es Esteban que llama apresuradamente, grita mi nombre, intenta abrir y me desplaza unos centímetros antes de darse cuenta que estoy obstruyendo el paso.

- Cariño… levántate del suelo.- Me dice muy dulce y más calmado. Se acuclilla delante de mí, pero no le dirijo la mirada.- ¿Estas bien?

Levanto la mirada y descubró el semblante sereno de Esteban convertido en uno apresurado y sudado de la ansiedad. Tambaleo mi cabeza afirmando que estoy bien. Se deja caer en el suelo, donde cae elegantemente y lleva sus manos a la nuca y entre sus rodillas, parece calmarse en el instante.

Abruptamente alza la cara y me mira, yo hago lo mismo. Toma mi mano y cierra los ojos.

- Te he estado buscando en cada rincón del mundo. Rose y Kale fueron a buscarte a otros mundos y mis padres por la ciudad… ¿Dónde, dónde demonios te has metido?

Sin esperar una respuesta me abraza protectoramente, siento como mi pulso se acelera, pero no puedo evitar comparar este sentimiento con el que tuve cuando estuve en casa de Alexandro.

Se que Esteban capta el olor extraño en mi, pero no me dice nada y se limita a rascarse la nariz disimuladamente, y observarme aliviado.

Cuando Kael y Rose llegan a casa, me abrazan y sueltan pequeños regaños que no dejan de ser dulces y tiernos, me siento mal por haberlos preocupado, Rose me prepara un baño y conversa conmigo durante la ducha.

- Ese olor, antes de venir a casa quítatelo.- Me dice, no me pide explicación alguna, y no le doy más contestación que una mirada fugaz.

Me acuesto temprano, pero no tengo sueño, al rato de dar vueltas Esteban llega a mi lado y se acurruca hasta dormirse. Pero aún así doy vueltas sobre mis hombros, me reprendo a mi misma, no debería de volver a ir, no es algo propio de alguien que esta comprometida, ni de una nivel A, aún con todos los regaños, no me quito las ganas de volver.

Quiero dormir otra vez en su cama.


- Te reto.- Dice uno de los chicos a los que les soy indiferente.

Hacia un momento Marcus y Souchiro, nos han dicho que con el fin de entrenarnos en verdaderas luchas a las que nos enfrentaremos durante el siguiente reinado, podemos permitirnos retarnos entre nosotros. Como práctica. Pero no hay reglas ni limites en esta una lucha, como las verdaderas.

Alexandro lo mira, no hay mucha diferencia entre sus tamaños, de altura y en músculo, aunque Alexandro sigue siendo más agradable a la vista, aún más a lado de ese vampiro. Tiene el rostro anguloso y una nariz aguileña, a parte que su cuerpo es difícil de comprender, entre los músculos no se diferencia cada parte de él, que bien podría ser guapo, o lo fue.

Parece que Alexandro lo analiza durante unos segundos y llega a la misma conclusión que yo, porque alza una ceja casi imperceptiblemente y vuelve a su semblante fijo. Lo mira con desición y le señala el campo de lucha.

Marcus y Lyan están a mi lado y miran mi reacción, no les doy nada que estudiar detenidamente. Marcus comienza a decir:

- Norman, imagina que, la integridad de la asociación esta en peligro por culpa del hombre que tienes delante de ti, tu protector no esta, ha sido derrotado por él.- Hace una pausa en la que Norman piensa dos veces antes de darse cuenta que Marcus no le esta pidiendo una respuesta, si no una acción. Se coloca en posición y Alexandro se queda inmóvil, tan quieto que apenas se mueve para respirar.

Un movimiento suelta un sonido, y ambos están cerca el uno del otro, Alexandro detiene con la mano un puñetazo que tenía como destino su nariz, de un movimiento limpio gira la mano de Norman y lo tira con la espalda hacia atrás dando un golpe lo suficientemente duro como para cuartear el piso de la arena.

Norman parece aturdido por lo rápido del movimiento, pero no por el dolor que debio significar, Alexandro espera otra vez. El se levanta de un movimiento agil y se gira para verlo, se abalanza contra él con la intención de atropellar a Alexandro con su peso, pero el solo lo esquiva de manera elegante y le propicia una dura patada por la espalda, que me parece divertida y rio, dejo de hacerlo porque Marcus me mira regañándome. Norman se enoja, ahora su figura parece la de un toro rabioso al que le presentan una tela roja, suelta una ráfaga de golpes sin una dirección específica, solo hacia Alexandro, y él los esquiva como si lo viera todo a cámara lenta, Norman trata con una patada y nuevamente Alexandro la detiene esta vez con el antebrazo, usa la misma fuerza del enemigo para hacerlo dar vueltas en el aire antes de caer, Norman se acuclilla y trata de dar más golpes, pero otra vez es detenido esta vez, Alexandro lo tira y pone su peso arriba de él, jala su brazo hacia arriba torciendo el hombro y su pie contra la nuca de Reginal, esta inmóvil con el rostro en el suelo y las piernas tratando de dar patadas inútilmente.

Alexandro me ve, pero me quita la mirada de encima en seguida, y me doy cuenta que esa mirada era como si… me pidiera las siguientes órdenes.

Marcus da la señal del final, y Alexandro libera a Norman, le ofrece la mano para ayudarlo a levantarlo pero él lo rechaza con un rostro lúgubre, no es como si hubiese sido una pelea de vida o muerte, pero tal vez el lo ve así.

- ¿Acaso no es estupendo?- Me dice Marcus a un lado, giro mis ojos para verlo y lo descubro sonriendo, de la manera en la que un padre sonríe de orgullo por su hijo.
- Solo debes sonreír así por mí, papá.- Le dice Lyan con un puchero infantil en el rostro, Marcus le responde con una mirada cansada, me hacen reír.

Pero en cuanto giro mi mirada a Alexandro veo como esta con Wendy. Él bebe agua aunque no haya sudado, escucha lo que le dice Wendy, algo sobre un “gran espectáculo”, me parece una escena muy natural pero algo en mi hierve, trueno los dientes.

- ¡HEY, WENDY! ¿Una ronda? – Le guiño un ojo. Cuando me doy cuenta de lo que estoy diciendo es demasiado tarde para evitarlo. Y en cuanto lo hago la atención de todos se atrae como pajaros a migajas de pan.

Wendy me mira, y luego a Alexandro, su mirada me culpa es parecida a la que me propicio aquella vez en Roxqal. Me acerco al centro de la arena.

- ¡No quiero morir hoy! – Me dice riendo, pero eso me molesta y la miro insistente. Lyan obstruye mi campo de visión hacia ella y me dice:
- Si tanto quieres pelear, yo peleare contigo.- Sonríe de la misma forma en la que lo hace Marcus.

Se pone al otro lado de la arena y camina en círculos, me hace hacer lo mismo, la gente esta fascinada, pocas veces se me peleando contra alguien aún cuando sea algún tipo de práctica.

- Te recuerdo que es una pelea cuerpo a cuerpo, Sophie.- Me grita Marcus de lo más divertido, muchos no entienden a que se refiere, porque no me han visto nunca hacerlo.
- ¿Por qué no mejor me dices que lo deje ganar?- Le sonrió.

Lyan no sabe ni que lo golpeo cuando ya esta en el suelo, se que siente un dolor intenso, se levanta y me suelta golpes de los cuales esquivo. Logro conectar mi puño con su quijada y mi rodilla con su estomago escuchó como su aliento sale de sus pulmones.

Se inclina hacia adelante por el dolor, y entonces le susurro al oído.

- Esto es porque no me dejaste pelear con Wendy.- E igual de suave que se lo digo me contesta:
- La hubieses matado.

Le doy una patada en el mismo lugar que la última vez y sale volando tres metros lejos de la línea límite de la arena. Cuando lo hago estoy de espaldas hacia Alexandro y Wendy, giro un tanto mi rostro, y la miró el brillo de sus ojos se ha desvanecido, veo el miedo en sus labios temblorosos, pero sus ojos parecen decididos, ella quiere lo que es mío y no le daré la satisfacción de permitírselo.


Tardó unos segundos en darme cuenta que no me refiero al puesto de líder de la asociación, sino a Alexandro. 

martes, 23 de diciembre de 2014

Otoño: Capítulo 5

Capítulo 5:

Ganas


Troto hasta poco después de que la noche entrara, me siento en mi banca favorita frente al mirador, veo el último vestigio de luz en el horizonte. Tal vez haya sido mala idea después de todo, los síntomas post-sexo me agotan fácilmente y cuando apoyo los codos en las rodillas, no las siento.

Después de haberle propuesto semejante barbaridad a Esteban, me sorprendí por lo mucho que se había entregado, en cuerpo y alma a mí, como si me concediera todo permiso sobre su vida, sobre su cuerpo, su corazón… y todo él. Debo de aceptar que me fascina la idea, al mismo tiempo, no puedo aceptar prometer lo mismo.

Creí que lo haría porque Esteban es perfecto, y aunque ahora solo quedan confirmaciones de su perfección, no puedo evitar ponerme topes.

Paso mis manos por mi rostro, no está sudado ni algo así, pero mis manos nerviosas parecen húmedas y me delatan temblando casi imperceptiblemente. Cuando terminan en mi cara bajan, y coloco la derecha bajo mi mejilla, y la otra la observo fijamente, allí está el anillo brilla inmaculadamente, incluso se puede sentir su peso.

Sangre con sangre.

De manera decepcionada, regreso  a casa caminando, es algo largo el trayecto, pero espero pueda mejorar mi cara antes de ver a todos en el desayuno. Leo se ha ido, como le propuse, eso hace que la transición sea mucho más cómoda para mí, y para todos, pero una parte importante de mí se ha ido con él, y claro una sangre deliciosa, que me mantenía satisfecha, pero creo que tal vez eso me ayude a quitarme el vicio por su sangre.

El bullicio del desayuno es calmado, se escucha solo una conversación en la mesa, Mao la segunda hija de Lili y Air, es una chica adorable que me tiene mucho cariño por no decir admiración, y es simpática, por tener facilidad al hablar. Cuando dice chistes todos reímos. Mi lugar al frente de la mesa con Kael al otro lado, es muy bueno para escuchar la conversación, esta familia no es mía, no contienen mi sangre o algo así, pero ellos me adoptaron y con el tiempo los he ido aceptando, así que puedo decir que soy parte de esta familia.

Después de desayunar me dirijo a mi cuarto con la intención de bañarme, pero cuando llego, Esteban está detrás de mí, lo único que nos separa es un umbral.

- ¿A dónde fuiste después de tan maravilloso día? – Me pregunta poniendo su mano debajo del lóbulo de mi oreja. Siento cosquillas.
- A correr un rato, últimamente siento que lo necesito.- Admito, se que no tiene nada de productivo mentirle respecto a ello. Pongo mi mano sobre la suya.
- Tú no necesitas nada de eso. Eres perfecta.- Alimenta mi ego, y pone sus labios a unos centímetros de mí. Me sorprende que aún no haga declaración alguna, después de la que yo le dí. Cierro los ojos y dejo que su olor dulce me invada los pulmones, mientras me besa lleva sus manos a mi cintura, me alza sobre el suelo, y enredo mis piernas en su cadera. Mis manos revolotean en su cabello.

Su cabello es más oscuro que el mío, y sus intensos ojos azules me petrifican en el instante, son un azul tan claro que juraría parecen de plata fundida. Me tiene contra el muro, cuando cierra la puerta y reacciono.

- Tengo asuntos en el cuartel.- Le digo pero no deja de besarme.- Tengo que irme.- Me desenredo de él, con constantes quejidos de parte suya.

Cuando tengo los pies en la tierra, le doy un beso en la comisura de los labios, y me obligo a ir al baño. Me doy cuenta, que mi cuerpo ya estaba listo, pero yo… si yo, lo hubiese querido… pero no lo quise.


Cuando llego al cuartel, veo como Wendy pavonea  sus rizos naranjas frente a Alexandro, toca uno de sus mechones una y otra vez, y alza los azules ojos luciendo unas pestañas largas y contorneadas, Alexandro parece estarle comentando algo. Doy vuelta en U en dirección a las escaleras y estoy a punto de subir el primero cuando alguien me grita por mi espalda.

Giro en seco, su voz diciendo mi nombre hace que sienta mi corazón en mi pecho, ¿hace cuanto no lo sentía allí?

- El líder me pidió que les avisará: No podrán llegar están atendiendo un asunto en Rawlem. Hoy no hay entrenamiento.- Me dice lo último mirándome a los ojos, siento que algo caliente crece dentro de mi, nace en mi pecho y se riega a todas partes.
- Esta bien, gracias.- De todos modos tengo papeleo. Me dirijo al armario de escobas al que se le puede decir oficina.
- Sophie… - Me llama nuevamente y me quedo quieta. Le presto atención, mi mente imagina que me diga cosas, cosas como las que Esteban me dice.- Cuidate, y felicidades por tu compromiso.- Su tersa voz no tiembla, pero sus parpados caen en picada.
- Gracias.- Le susurro y sigo mi camino.

Al llegar a lo alto de la escalera, veo como se va en acompañamiento de Wendy, me siento cansada, y ya no tengo ganas de mi armario de escobas.

Solo tengo ganas de gritarle a Alexandro Ryuji que no estoy enamorada de Esteban.

Al cabo de unas horas termino con el papeleo que se había estado acomulando debido a mi ausencia causa de los entrenamientos. Deduzco que no habrá mucha gente en el cuartel, sin el líder aquí, hay una pausa temporal y solo los que estamos retrasados con el trabajo nos vemos obligados a venir, los demás lo toman como un día libre.

Sin embargo, a pesar de haber terminado satisfactoriamente mi trabajo, me recargo en el respaldo de la silla y estiro los brazos sobre el diminuto escritorio, observo que estoy sola como hacia tiempo no lo estaba. Siempre había alguien acompañándome, y ahora que no hay nadie, me parece que hay más aire que respirar, pero es pesado y frío.

Me siento incómoda, hasta conmigo misma.

No quiero volver a casa porque se que allí estará Esteban, y tampoco quiero ir al parque, ni a la casa de Marcus, ni a ningún lugar, a ninguna parte, con ninguna persona, nada ni nadie. Suelto un respingo cuando me encuentro pensando en Alexandro.

Los parpados se me cierran y de pronto con su rostro en mi mente, y la imagen de él hiendose con Wendy, me quedo dormida.


En mi sueño, estoy en casa y afuera esta lloviendo, pero ignoro las gotas de agua y me centro en su mirada. Me muerdo el labio, el sonido del anillo cayendo, y Alexandro Ryuji ofreciéndome su alma entera.

Si solo fueras mío.


Cuando despierto, mi piel se tensa y rebotó de la silla, y lo veo allí. Sentando frente a mi escritorio con uno de mis libros en mano, y concentrado en mí, inquiriendo en mi reacción anterior.

- Es peligroso que se quede dormida en un lugar público y sin compañía.- Me lo dice, pero no aparta la mirada del libro.
- ¿Qué hora es?- Ignoro su comentario anterior. No puede ser muy tarde porque si fuera así Esteban ya hubiese movido cielo y mar para encontarme.
- Cerca de la una.- Cambia la hoja, con un gesto elegante y sexy.

Me vuelvo a sentar, un poco más tranquila, pero me enloquece la idea de que este aquí.

- ¿Qué haces aquí? – Le susurro por fin, y me doy cuenta que se lo digo con cierta complicidad.
- Después de ir a almorzar volví por un par de cosas, la descubrí dormida y decidi quedarme, al final de cuentas debo empezar a acostumbrarme a protegerla.- Alza la mirada a mi, pero por alguna razón me siento a la defensiva.
- Cualquiera podría ganar.- Le suelto, un poco más grosera de lo que pretendía.
- No sea modesta, por favor.- Sus parpados caen y observo sus pestañas, gruesas y largas, un chico no debería tener pestañas tan bonitas.

Después de una eternidad –que en realidad son unos minutos- se levanta y deja el libro en su lugar, voltea a verme antes de acercarse a la puerta.

- Perdone si la moleste, solo cumplo con mi deber. Si no necesita algo más, me voy.- Se gira y toca la perilla, pero me levanto antes de que la gire, se gira en seco, abro la boca pero las palabras se me atoran, me obligo a hablar.
- Me puedes hacer un favor.


El olor a dulce de fresa inunda el departamento de color menta y café, es pequeño pero suficiente para una persona, esta más limpio y ordenado de lo que pude haber imaginado.

- De aquí derecho, segunda puerta a la izquierda.- Me dice, y descubro lo emocionada que estoy, el corazón me late fuerte aunque me obligo a calmarme.- Sientase como en su casa.

Detrás de mi, escucho un corazón fuerte y que va acelerado también. Giro mi rostro, sin dejarle de dar la espalda.

- Gracias.- Y me dirijo a donde me dijo.

Cuando llego a la habitación, el olor dulce con algo de hombría entra en mis pulmones, no pensé que me enviara a su habitación, pensé que sería una de huéspedes o algo así, le doy miradas a cada rincón de la habitación, no es la gran cosa, pero es mi primer acercamiento a una habitación que no sea mía.
- Lamento el desorden.- Dice detrás de mí otra vez. Pero me doy cuenta que es modestia, todo tiene su lugar y esta limpio.

Me quito los zapatos y la chamarra, veo la cama antes de meterme en ella y me restriego la cara en el olor de Alexandro, es delicioso y el sueño me pica. He encontrado un gran lugar para pasar mis ratos libres.

- Llameme si necesita algo.- Apaga la luz y se va.

Cuando le pedí que me ofreciera un lugar en donde dormir en donde nadie me encontrara, no esperaba que me trajera a su departamento, pero agradezco que fuera así.

Tengo ganas, de pasar mucho tiempo aquí.

FIN DEL CAPÍTULO 5