Capítulo 6:
Reto
- Con sus células podremos sintetizar
medicamentos y tratamientos para las enfermedades de los humanos- Cuando
Souchirou aún era joven, era muy guapo e inteligente y fácilmente se podía
confundir con un nivel B. Hasta yo hubiese intentado algo con él, sin embargo
cuando yo lo conocí, yo tenía una imagen algo infantil de puberta, apenas
empezaba a favorecerme la belleza de la pre-adolescencia, aunque ya tenía
algunos siglos encima, además él ya estaba casado con una nivel D –matrimonio
al que todos se opusieron- y habían tenido un niño hacia años, el consejo les
prohibio tener otro hijo, porque durante la gesta la madre había devorado cerca
de 60 litros de sangre humana, el doble que las demás.
- Me alegra que mis células lo
maravillen tanto, y que puedan ser de ayuda.- Le sonrió complacida.
Al fondo de la habitación hacía donde
yo veía, tras la puerta que se abrió un poco apareció una cabellera ligera
castaña que por un momento me pareció gris, unos enormes ojos de color verde
claro, y unas regordetas y sonrojadas mejillas, un niño de menos de medio siglo
de edad.
- ¡Alexandro!- Le grita Souchirou más
enfadado de lo que pensé que podía estar.- ¡Te he dicho mil y una veces que no
bajes aquí! ¡Anda, a con tu madre!
El niño cierra la puerta y obedece
enseguida.
- Perdone la interrupción señorita,
ese era mi hijo, no es muy educado, así que perdón.- Me dice avergonzado.
No le contesto porque me sigo
grabando en la mente la imagen y el nombre Alexandro Ryuji.
Cuando despierto es por el gruñido de
mi estomago, me siento en la cama y descubro algo efusivo dentro de mí, me
siento de maravilla, con sencilla alegría, y pracmatica felicidad, estoy de
buenas, y creo que nunca había dormido mejor en toda mi vida.
Me levanto con enegía y camino
descalza hasta la cocina, veo a Alexandro sentado en un sófa de color rojo
sangre y leyendo un libro, su silueta es atractiva, ya no tiene los cachetes
regordetes como antes, me doy cuenta que sabe que estoy allí, pero lo ignoro y
voy al refrigerador en busca de leche, la encuentro y me llevo la botella a la
boca, me la termino en un segundo.
Cuando me dispongo a cerrar el
refrigerador, me doy cuenta del olor a sangre “industrial”, bolsas de sangre
con anticoagulante apiladas una sobre otra ocupando un rincón del refrigerador,
pocas para un nivel D.
- ¿Sabe que esta no es su casa,
verdad?- Casi me lo susurra, como si el no fuera el dueño.
- Me dijiste que me sintiera como en
ella.- Lo siento detrás de mí, su respiración me produce cosquillas.
- Se ha terminado la leche que uso en
la semana.- Me dice en tono asustado y agraciado.- En un segundo.
- Si… que pena.- Digo agitando
cómicamente el envase. Me doy vuelta encarándolo y le aviento el envase contra
el pecho. Le sonrio y me escabullo de su presencia.
Camino hacia la habitación con la
intención de recoger mis cosas, mientras me grita “Pongase zapatos”
paternalmente.
Regreso a la cocina, donde el sigue
inspeccionando el envase vacio, y me voltea a ver cuando llego al frutero veo
las manzanas y me da más apetito, tomo una la froto contra mi camisa y me la
llevo a la boca, descubro que son dulces y deliciosas.
- Un nivel D necesita menos alimentos
que un nivel A. ¿Por qué tienes tanta comida? –Le preguntó con el bocado en la
boca, la manzana esta jugosa, corre algo de jugo por mi barbilla y lo limpio
con mi manga.
- Me gusta comer, a pesar que no lo
necesite tanto como… usted- Capto que por un momento quiso llamarme “tú” y me
complace la idea de escuchar mi nombre de su sedosa y sensual voz.
- Ya te había dicho que esta bien que
me hables de “tú”.- Trago.- Después de todo tenemos que acostumbrarnos.- Me
acerco a la puerta y le giño el ojo. Salgo.
Mientras camino hacia casa, me siento
como ebria de felicidad tan complacida conmigo misma como nunca lo había
estado, entonces descubró que ese olor dulce a fresas aún sigue en mi cabello,
y me importa un bledo que Esteban se entere, quiero que todos sepan que dormi
en la cama de Alexandro Ryuji.
Cuando llego a casa entro a mis
anchas por la puerta principal, y me ven desde la sala Air y Lily que platican
sobre algo importante. Air me mira algo severo.
- ¿Dónde has estado? Te hemos estado
buscando.- Se que se esta controlando para no gritarme.
- Solo quería estar sola un rato.-
Trato de parecer algo nostálgica o indiferente pero la felicidad me traiciona y
no puedo dejar de sonreír, así que me mira inquiriendo en mí.
- ¿Qué es ese olor?- Dice Lily,
olfateando el aire que lleva mi aroma. Hace una mueca de asco.- Hueles raro.
- Comí algo de camino hacia acá.
- “Algo” ¿cómo qué? - Air se acerca a
mí y me huele, hace el mismo gesto.
- Que te importa.- Borro mi
felicidad. Choco su hombro con fuerza y subo las escaleras hacia mi habitación.
A ellos les parece poco apetitoso el aroma
de Alexandro, pero para mí, es lo más delicioso que he olido.
Cierro la puerta de mi habitación y
me recargo en ella, alzo el antebrazo hasta mi nariz y aspiro el olor de mi
piel. Superficialmente esta el olor de Alexandro pero en el fondo esta el mío,
y me complace la convinación, me resbalo sobre la imitación de madera y caigo
al suelo, me acorruco en posición fetal.
¿Qué demonios estoy haciendo?
El anillo quema en la piel de mi
dedo.
El tronido de la madera me saca de
mis pensamientos, es Esteban que llama apresuradamente, grita mi nombre,
intenta abrir y me desplaza unos centímetros antes de darse cuenta que estoy
obstruyendo el paso.
- Cariño… levántate del suelo.- Me
dice muy dulce y más calmado. Se acuclilla delante de mí, pero no le dirijo la
mirada.- ¿Estas bien?
Levanto la mirada y descubró el
semblante sereno de Esteban convertido en uno apresurado y sudado de la
ansiedad. Tambaleo mi cabeza afirmando que estoy bien. Se deja caer en el
suelo, donde cae elegantemente y lleva sus manos a la nuca y entre sus
rodillas, parece calmarse en el instante.
Abruptamente alza la cara y me mira,
yo hago lo mismo. Toma mi mano y cierra los ojos.
- Te he estado buscando en cada
rincón del mundo. Rose y Kale fueron a buscarte a otros mundos y mis padres por
la ciudad… ¿Dónde, dónde demonios te has metido?
Sin esperar una respuesta me abraza
protectoramente, siento como mi pulso se acelera, pero no puedo evitar comparar
este sentimiento con el que tuve cuando estuve en casa de Alexandro.
Se que Esteban capta el olor extraño
en mi, pero no me dice nada y se limita a rascarse la nariz disimuladamente, y
observarme aliviado.
Cuando Kael y Rose llegan a casa, me
abrazan y sueltan pequeños regaños que no dejan de ser dulces y tiernos, me
siento mal por haberlos preocupado, Rose me prepara un baño y conversa conmigo
durante la ducha.
- Ese olor, antes de venir a casa
quítatelo.- Me dice, no me pide explicación alguna, y no le doy más
contestación que una mirada fugaz.
Me acuesto temprano, pero no tengo
sueño, al rato de dar vueltas Esteban llega a mi lado y se acurruca hasta
dormirse. Pero aún así doy vueltas sobre mis hombros, me reprendo a mi misma,
no debería de volver a ir, no es algo propio de alguien que esta comprometida,
ni de una nivel A, aún con todos los regaños, no me quito las ganas de volver.
Quiero dormir otra vez en su cama.
- Te reto.- Dice uno de los chicos a
los que les soy indiferente.
Hacia un momento Marcus y Souchiro,
nos han dicho que con el fin de entrenarnos en verdaderas luchas a las que nos
enfrentaremos durante el siguiente reinado, podemos permitirnos retarnos entre
nosotros. Como práctica. Pero no hay reglas ni limites en esta una lucha, como
las verdaderas.
Alexandro lo mira, no hay mucha
diferencia entre sus tamaños, de altura y en músculo, aunque Alexandro sigue
siendo más agradable a la vista, aún más a lado de ese vampiro. Tiene el rostro
anguloso y una nariz aguileña, a parte que su cuerpo es difícil de comprender,
entre los músculos no se diferencia cada parte de él, que bien podría ser
guapo, o lo fue.
Parece que Alexandro lo analiza
durante unos segundos y llega a la misma conclusión que yo, porque alza una
ceja casi imperceptiblemente y vuelve a su semblante fijo. Lo mira con desición
y le señala el campo de lucha.
Marcus y Lyan están a mi lado y miran
mi reacción, no les doy nada que estudiar detenidamente. Marcus comienza a
decir:
- Norman, imagina que, la integridad
de la asociación esta en peligro por culpa del hombre que tienes delante de ti,
tu protector no esta, ha sido derrotado por él.- Hace una pausa en la que
Norman piensa dos veces antes de darse cuenta que Marcus no le esta pidiendo
una respuesta, si no una acción. Se coloca en posición y Alexandro se queda
inmóvil, tan quieto que apenas se mueve para respirar.
Un movimiento suelta un sonido, y
ambos están cerca el uno del otro, Alexandro detiene con la mano un puñetazo
que tenía como destino su nariz, de un movimiento limpio gira la mano de Norman
y lo tira con la espalda hacia atrás dando un golpe lo suficientemente duro
como para cuartear el piso de la arena.
Norman parece aturdido por lo rápido
del movimiento, pero no por el dolor que debio significar, Alexandro espera
otra vez. El se levanta de un movimiento agil y se gira para verlo, se abalanza
contra él con la intención de atropellar a Alexandro con su peso, pero el solo
lo esquiva de manera elegante y le propicia una dura patada por la espalda, que
me parece divertida y rio, dejo de hacerlo porque Marcus me mira regañándome. Norman
se enoja, ahora su figura parece la de un toro rabioso al que le presentan una
tela roja, suelta una ráfaga de golpes sin una dirección específica, solo hacia
Alexandro, y él los esquiva como si lo viera todo a cámara lenta, Norman trata
con una patada y nuevamente Alexandro la detiene esta vez con el antebrazo, usa
la misma fuerza del enemigo para hacerlo dar vueltas en el aire antes de caer,
Norman se acuclilla y trata de dar más golpes, pero otra vez es detenido esta
vez, Alexandro lo tira y pone su peso arriba de él, jala su brazo hacia arriba
torciendo el hombro y su pie contra la nuca de Reginal, esta inmóvil con el
rostro en el suelo y las piernas tratando de dar patadas inútilmente.
Alexandro me ve, pero me quita la
mirada de encima en seguida, y me doy cuenta que esa mirada era como si… me
pidiera las siguientes órdenes.
Marcus da la señal del final, y
Alexandro libera a Norman, le ofrece la mano para ayudarlo a levantarlo pero él
lo rechaza con un rostro lúgubre, no es como si hubiese sido una pelea de vida
o muerte, pero tal vez el lo ve así.
- ¿Acaso no es estupendo?- Me dice
Marcus a un lado, giro mis ojos para verlo y lo descubro sonriendo, de la
manera en la que un padre sonríe de orgullo por su hijo.
- Solo debes sonreír así por mí,
papá.- Le dice Lyan con un puchero infantil en el rostro, Marcus le responde
con una mirada cansada, me hacen reír.
Pero en cuanto giro mi mirada a
Alexandro veo como esta con Wendy. Él bebe agua aunque no haya sudado, escucha
lo que le dice Wendy, algo sobre un “gran espectáculo”, me parece una escena
muy natural pero algo en mi hierve, trueno los dientes.
- ¡HEY, WENDY! ¿Una ronda? – Le guiño
un ojo. Cuando me doy cuenta de lo que estoy diciendo es demasiado tarde para
evitarlo. Y en cuanto lo hago la atención de todos se atrae como pajaros a
migajas de pan.
Wendy me mira, y luego a Alexandro,
su mirada me culpa es parecida a la que me propicio aquella vez en Roxqal. Me
acerco al centro de la arena.
- ¡No quiero morir hoy! – Me dice
riendo, pero eso me molesta y la miro insistente. Lyan obstruye mi campo de
visión hacia ella y me dice:
- Si tanto quieres pelear, yo peleare
contigo.- Sonríe de la misma forma en la que lo hace Marcus.
Se pone al otro lado de la arena y
camina en círculos, me hace hacer lo mismo, la gente esta fascinada, pocas
veces se me peleando contra alguien aún cuando sea algún tipo de práctica.
- Te recuerdo que es una pelea cuerpo
a cuerpo, Sophie.- Me grita Marcus de lo más divertido, muchos no entienden a
que se refiere, porque no me han visto nunca hacerlo.
- ¿Por qué no mejor me dices que lo
deje ganar?- Le sonrió.
Lyan no sabe ni que lo golpeo cuando
ya esta en el suelo, se que siente un dolor intenso, se levanta y me suelta
golpes de los cuales esquivo. Logro conectar mi puño con su quijada y mi
rodilla con su estomago escuchó como su aliento sale de sus pulmones.
Se inclina hacia adelante por el
dolor, y entonces le susurro al oído.
- Esto es porque no me dejaste pelear
con Wendy.- E igual de suave que se lo digo me contesta:
- La hubieses matado.
Le doy una patada en el mismo lugar
que la última vez y sale volando tres metros lejos de la línea límite de la
arena. Cuando lo hago estoy de espaldas hacia Alexandro y Wendy, giro un tanto
mi rostro, y la miró el brillo de sus ojos se ha desvanecido, veo el miedo en
sus labios temblorosos, pero sus ojos parecen decididos, ella quiere lo que es
mío y no le daré la satisfacción de permitírselo.
Tardó unos segundos en darme cuenta
que no me refiero al puesto de líder de la asociación, sino a Alexandro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario