miércoles, 30 de julio de 2014

Otoño: Capítulo 4

Capítulo 4:

Razones

- ¡Hey Sophie!- Naomí viene detrás de mí, con Lyan de la mano. Los veo, ella trae la revista de chismes más conocida, les suelto una sonrisa cansada.

- ¡Todo el mundo lo sabe! Estoy muy feliz por ti. Sangre con sangre.- Me sonríe, veo sus colmillos, son grandes y afilados, mucho más gruesos que los de vampiro.
- Creí que estabas interesada en el mestizo.- Lyan se ríe de la misma forma que su padre.
- Si… tal vez solo era pasajero.- Aún veo la mirada de Alexandro, cada día antes de dormir.
- ¿Cómo le dices así? Es tú amigo…- Naomí mira a Lyan igual de divertida.
- “El ataque de los licántropos”, que buena escena, ¿la estuvieron ensayando mucho? – Les digo soltando una sonrisa más sarcástica de lo que hubiese querido.
- Más o menos, ahora se supone que digas “¿Es tú amigo? ¿Cuéntame, te ha comentado cosas sobre mí?”.- Lyan trata de imitar una voz femenina con sus gruesas cuerdas vocales, mientras parpadea constantemente agitando sus pestañas. Me hace reír a carcajadas tanto como a Naomí.
- Soy una mujer comprometida.- Les enseño mi mano izquierda, en el dedo anular llevo un anillo de plata con piedras brillantes y gigantes incrustadas. Dentro tiene grabado, “hasta encontrarte”. Presumo orgullosa el anillo, pero me siento pesada y el sueño me golpea duro.
- Vaya, ¿no eres algo vieja para tener un anillo así? – Naomí se acerca a mi mano, y se siente envidiosa, lo sé porque mira a Lyan con un berrinche en los ojos.
- ¿De verdad? ¿Uno así?...- Al ver que Naomí lo apuñala con un “tacaño” en la mirada, traga saliva y sonríe.- Pero es de plata…- Le dice tratando de salvar su pellejo.

Mientras pelean con miradas. Me detengo a mirar hacia abajo, me emboscaron en el piso de arriba desde donde se ve el área de entrenamiento. Alexandro sube y baja los fuertes brazos, alzando una y otra vez las pesas gigantes. Cuando termina se sienta y se limpia la cara con la camisa que lleva, veo su abdomen y un vuelco en el corazón hace que me estremezca más de lo que quisiera, me sonrojo, me mira, y nuestros ojos hacen conexión. Bajo la mirada y luego la dirijo hacia los cachorros de lobo que pelean sobre los costes de una relación.

Tardo varios minutos en regular los latidos de mi corazón, me repito a mí misma es un mestizo.


- Los genes no se mandan, concejal Rimers.- Marcus parece algo molesto. Sangre con sangre,  es algo que nosotros los pura sangre nos tomamos muy en serio, y no solo nosotros, las personas esperan conservar la sangre porque es lo más conveniente, y lo más razonable.
- Y el amor tampoco.- Le contesta, es una concejal humana que pelea mucho los derechos de las asociaciones interraciales.- ¿Cuál es el fin de la asociación entonces? No es unirnos como seres hijos de la Tierra.
- El factor destacado no se encuentra en ello.- Hablo por primera vez en media hora de la junta semanal del consejo.- No es un delito que haya amor entre seres de diferente raza. Pero si lo es que haya un producto de ese amor. Creo que debe de saberlo perfectamente, un hijo de vampiro o licántropo es algo que mata a una madre humana, y cuando un vampiro y un licántropo logran crear un producto, las consecuencias genéticas son horrendas, un ser así causa más dolor vivo que muerto. Esas son las razones, concejal. Debemos de prevenir este tipo de asuntos.- Mueve su boca intentando rebotar lo que le acabo de decir, pero no lo hace, y se limita a una mueca.

- Bien hecho hoy en la junta del consejo.- Me dice Marcus después de salir de la sala, nos dirigimos hacia el área de entrenamiento.- Creo que si has mejorado en estos meses.
- Bueno, tenía que pasar.- Le sonrió algo cansada, bostezo lo más discreta posible.
- A propósito, mis cachorros me han hablado de la esperada boda. Siéndote sincero no pensé que realmente lo fueras a hacer.- No me mira, parece que esta algo nervioso.
- Si, bueno, será dentro de unos años.- Confieso… y hacerlo me parece lo más cansado que ha pasado. Quiero llegar a casa y dormir.
- Creo que vas muy bien, apuesto a que pronto te desharás de todos esos inútiles compañeros tuyos.- Me lo dice con un todo confiado y agraciado, me mira y se que lo dice sinceramente.
- Uno de esos inútiles compañeros míos, es tu hijo.- Me río. Entramos al área, los aprendices ya están calentando y Lyan hace payasadas que hacen a Naomí reír a carcajadas alocadas, los demás se ríen discretamente, solo Alexandro aún esta concentrado en correr.
- A veces no quiero creerlo.- Baja la mirada algo decepcionado del comportamiento del muchacho.- Te juro que si no tuviera esos ojos, lo desacreditaría como mi hijo.- Nos reímos.

Cuando la presencia del líder se siente en la sala, todos mantienen la cordura, Naomí se acerca y le da un beso en la mejilla como saludo a su padre, quien le responde con una caricia en el hoyuelo de su mejilla sonriente.

- ¿Puedo quedarme? – Le pide sin mirarlo a los ojos. Una regla de lobos, me parece que solo si quieres una pelea, no debes de mantener el contacto visual mucho tiempo.
- Esta vez no, princesa.- Le dice cariñoso.- Espéranos en casa.- Le ordena, y ella se despide con la mirada y una pequeña reverencia. Sus pasos suenan cuando se aleja de la habitación.

Me le quedo mirando durante unos segundos, los pequeños pasos resuenan en el pasillo, la delgada y blanca silueta se mueve sin elegancia y dulcemente, la melena en rizos dorados revolotea de un lado a otro mostrando su elasticidad. Naomí. El tiempo pasa demasiado rápido, de repente ella es tan mayor, y yo me quedo tan joven.

Nuevamente un repiqueteo suena en mi cráneo, estoy cansada. Marcus advierte que estoy ida, y pasa la mano frente a mi cara para que reaccione, me sonríe cuando ve mi mirada ya concentrada en su sonrisa. Avanzamos hacia los demás.

Alexandro está parado junto a su padre, se ve alto y fuerte aún junto a su progenitor. No sé qué pensar sobre mis venas dilatadas permitiendo el paso a la euforia, y de improviso esa mirada otra vez. Hacemos conexión otra vez, pero veo su mirada bajar hasta mi anular izquierdo, bajo la mirada avergonzada. Siento como si el anillo estuviese quemándome la piel y quiero quitármelo.

- Quiero informarles que el ganador del derecho al título de Protector, ya ha sido escogido y con honores. Alexandro Ryuji.- Pasa al frente con semblante duro y hace un breve saludo con el rostro, hay unos cuantos aplausos y murmullos, Lyan le dedica un pulgar firme y alto, y Wendy una sonrisa temblorosa, detecto un pellizco de enojo, algo me molesta. Marcus golpea la espalda de Alexandro creando un sonido sordo.- Felicidades muchacho. Te lo ganaste.- Sonríe.

El entrenamiento sigue y no hay más anuncios en todo el día. Después de dos horas, Marcus nos deja ir.

Antes de salir de allí Souchirou me atrapa y me saluda con una reverencia, evita el contacto visual como la mayoría de los vampiros, u otros, de hecho la mayoría de las personas evita el contacto visual conmigo.

- Señorita, le pido una disculpa por el malentendido anterior.- Me dice, veo a Alexandro acercarse detrás de su padre.- Solo envié a este niño a que observase un poco su trabajo, no quería incomodarla.- Dice otro par de cosas, pero no las escucho, la mirada de Alexandro otra vez me quema en el fondo.
- No tienes que preocuparte por ello Souchirou, me alegra que tomes buenas decisiones sobre tu hijo.- Desvió la mirada y propongo salir antes de que diga otra cosa.
- Buenos días, señorita sangrienta.- Me dice a modo de despedida. Me paro, pero no digo nada, solo continuo mi camino.


- ¿Qué pasa? – Sostiene mi mejilla en su mano. Uso de almohada el brazo de Esteban tengo sueño pero no me quiero dormir, no estoy lo suficientemente cómoda, y él se está empezando a dar cuenta.
- ¿Qué opinas de Alexandro Ryuji?- Le suelto sin más.
- Es un mestizo, ¿qué puedo pensar sobre él?- Se ríe, sin saberlo me encuentro sonriendo.
- En serio.- Mi mente se aclara, me empiezo a sentir más ligera que hace unos momentos.- Sobre… no lo sé… ya tiene asegurado el puesto de protector.
- Debe de ser bueno.- Me dice enarcando las cejas.- Tendré un par de charlas con él.- Suelta una sonrisa encantadora, baja la mano de mi mejilla a mi hombro.
- Tiene mucho gen demoniaco.- Le confieso, ¿de verdad me he fijado en eso?
- Su abuelo materno mordió a su abuela materna, su madre es mestiza, él es mestizo, sus hijos serán mestizos. Si me lo preguntas, su padre tenía mucho potencial como para estar con una nivel D.- El dulzor de Esteban rasguña mis sentidos.

¿Qué pasaría si una nivel A, como yo, junta sus genes con un nivel D, como él? No lo digo, porque Esteban me daría 80 buenas razones para no volver a decir cosas así. Es mi deber proteger la sangre.

- Sangre con sangre.- Le susurro con nuestros labios a unos centímetros. Me besa y paso mis manos por la piel de su espalda. Cuando muerdo su labio para despertar mi hambre, él se aparta esperando a que ataque a su hombro o a su cuello, pero simplemente me veo en sus ojos.- Enamórame, enamórame hasta el punto en que nunca vuelva a dudar de nada.- Le suelto.


Despertar es una molestia, capto el sol ocultándose detrás del horizonte, miro hacia mi lado donde está Esteban con facciones duras pero suavizadas por el sueño. Me levantó y me visto.

Ya no hay más sol, pero la luz naranja aún no se termina de disipar. Troto por el parque esperando disipar las ideas de mi cabeza, no tengo mucho éxito.

Desesperadamente balaceo mi cabeza con pensamientos que me hagan cambiar de rumbo, cambiar de sentimientos, de solo recordar lo que me convenza.

Trato de darle razones a mi mente para amar a Esteban. HHola amar a Esteban.  mi mente. me convenza. ientos que me hagan cambiar de rumbo, cambiar de sentimientos, de solo


jueves, 17 de julio de 2014

Nostalgia: Capítulo 12

Capítulo 12


- Matt…- Le digo, tomó la mano que cuelga de mi hombro, y entrelazo nuestros dedos, por un momento nos detenemos, agacha la cabeza hacia a mí, y yo estiro el cuello hacia él, el azul lapislázuli de sus ojos parece negro como el agua del mar, sus mejillas está coloradas por embriaguez, y me mira con intensidad. Por un momento, olvido lo que quería decirle.
- Eres hermosa.- Confiesa poniendo su mano libre en mi mejilla, la pasa por mi mejilla.- ¿Ya te pedí que te cases conmigo? – Suelto una sonrisa nerviosa, y agacho la mirada, sé que mi rostro ahora es color tomate.- Jade, no creo haberte dicho lo mucho que adoro el rubor en tu rostro.- Jala mi cara hasta que esta frente a él.- Y el color de tus labios cuando los frunces evitando reír, tu nariz respingona y delgada, tu cabello castaño, y… Oh Dios, esos ojos, ¿por qué tienes ojos tan corrosivos? ¿Por qué se endulzan tanto conmigo?... Mírame a los ojos el resto de nuestras vidas.- Sin quererlo una lagrima se corre de mi ojo, la limpia como todo un caballero.

Me besa, y me hace estremecer, todo mi cuerpo se siente holgado y más que relajado, baja las manos hasta mi cintura, y me empuja contra su cuerpo, mis pies ya no tocan la arena. La boca de Matt, normalmente tiene un sabor agridulce, ahora es completamente ácida por el alcohol ingerido. Paso mis manos hacia su cuello, y me cuelgo de su estructura alta, paso la mano que no carga a mis zapatos por su cabello, adoro su cabello.

De puntas en sus zapatos, sin necesidad de que yo toque la arena, reímos y nos sentimos las personas más felices del mundo, somos un par de tontos riéndonos de la vida.


Siento la suavidad de la sabana contra mi piel desnuda, la habitación esta oscura, y defino que aún es de noche y no he dormido mucho, busco a lado mío con mi mano, porque mi vista aún es borrosa, no encuentro nada, paso mis dedos por mis labios, me parece que están hinchados, y parcialmente adormecidos, me hago el cabello hacia atrás, y no lo veo a mi lado, me estremece el miedo durante unos segundos.

Escucho el tecleo de sus largas manos en su computadora, me flexiono para ver el final de la cama, está sentado en el piso, recargado en el colchón y escribiendo como poseído. Me muevo hacia él, sin dejar al desnudo mi piel, recargo mi cara en su hombro y lo observo concentrado, parece todo un hombre cuando hace ese semblante, apasionado por su arte y enamorado de las letras. Sonríe cuando me descubre admirándolo.

- Me usaste.- Le espetó. Suelta una sonrisa inmensa y me mira.
- Yo nunca haría eso, linda.- Lo dice con sarcasmo. Junta su nariz con mi frente.
- Y entonces ¿por qué no estas dormido? En lugar de estar escribiendo como poseído.- Le dedico una mirada incrédula. Vuelve a reírse.
- Tengo la cabeza llena de ideas, no las puedo dejar allí.- Me besa la frente en manera de disculpa. La acepto.

Me quedo junto a él y admiro su expresión hasta que los ojos se me cansan y me vuelvo a dormir.


Cuando despierto estoy abrazada a su torso, en el mismo lugar donde me quede, y tengo por almohada uno de sus brazos, su cuello está en un ángulo que me permite ver su mentón, siento un impulso de besarlo y lo obedezco. Abraza mi cabeza cuando descubre lo que estoy haciendo. Discretamente respiro profundamente y obtengo su aroma, es delicioso. Su nariz está en mi coronilla, y presiento que está haciendo lo mismo conmigo, que yo con él.

- Muero de hambre.- Dice al rato.
- Yo también…- Afirmo, el estómago me duele.

Alcanza el teléfono y llama para que nos traigan el desayuno. Nuestras pieles están pegadas a causa del calor que generamos, me siento extraña con ello, pero no incomoda, así que no nos separamos hasta que alguien toca la puerta, Miramar se viste rápidamente y yo huyó al baño. Le da la propina al hombre que nos lo trajo, y en cuanto sale de la habitación, yo lo hago del baño.

Miramar me está esperando en la puerta, y me sonríe riéndose de nuestra complicidad, quiero aguantar la risa, pero no puedo.

- Jade, tienes que quitarte la sábana, o prefieres que yo te la quite.- Dice pasando la mano por la tela.
- Puedo hacerlo yo solo, gracias.- Le enseño la lengua.

Me dirijo al armario y tiró la sábana al piso, mi corazón late tan rápido que pienso que moriré de un paro cardiaco, la mirada de Miramar se fija en mí, en mi espalda desnuda y mis piernas, cuando giro el cuello para verlo, descubro que barre mi cuerpo con la mirada. De improviso me siento mujer.

Me meto al armario donde me pongo un vestido color amarillo y salgo totalmente vestida, él ahora está en la mesa que hay del otro lado de la habitación esperándome para poder comenzar a desayunar, me siento, me hago el cabello hacia atrás y mi estómago gruñe cuando huelo el omelette de huevo con champiñones y jamón.

Lo apuñalo con el tenedor, y me llevo un cacho a la boca, Miramar toma un trago de café, y me mira ostentosamente, le sostengo la mirada durante todo el desayuno.

- ¿A dónde quieres ir hoy?- Me dice pasando lentamente sus dedos por el tenedor de su omelette, el suyo solo tiene algo de perejil.
- ¿A dónde me quieres llevar hoy?- Le contesto.

Gira el rostro hacia la pared, y suelta una sonrisa irónica, me gusta su sonrisa. Espera a que despegue la boca del vaso de jugo de naranja del que bebo para dirigirme la palabra otra vez.

- ¿Qué te parece un día de campo?- Me dice y después bebe de su café.
- Querrás decir “un día de playa”
- Un día en mi lugar favorito, con mi persona favorita, haciendo lo que más me gusta hacer: verte a los ojos.- De repente los vellos de mi nuca se erizan y la cabeza me tumba al ritmo de mi corazón.



Quisiera volver a esos días, cuando estaba con Matt, cuando era feliz simplemente por existir en el mismo mundo que él, yo… quisiera volver a esos días de felicidad.

Otoño: Capítulo 3

Capítulo 3:

Deber

- Tal vez la señorita sangrienta, podría hacerse cargo de ellos.- Dice uno de los concejales, y me baja de las nubes.
- Como de costumbre estaba pensando en otros asuntos.- Dice Marcus desde el otro lado de la habitación. Lo ignoro.
- No pretendo huir de esto, pero no creo que sea la mejor persona para hacerlo.- Digo con los ojos hacia otra parte.
- Claro, se lo pediremos a la siguiente en la lista de “vampiros sangre pura incapaces de beber sangre humana”.- Me lanza su sonrisa sarcástica. Frunzo el ceño y se por experiencia, que eso los hace dudar.
- Iré.- Digo un poco frustrada. Nada como buscar a un vampiro loco  come niños humanos para variar.


Cuando salgo de la junta alguien alcanza mi hombro, y me volteo algo a la defensiva, pero veo a Esteban.

- Tranquila, vengo en son de paz.- Me dice riendo de mi actitud.
- Lo siento, estaba…
- En las nubes.- Completa mi frase, me molesta que haga eso, se jacta de lo mucho que me ha llegado a conocer.- Me entere que estabas por aquí, y recordé que hay un excelente restaurante cerca, pensé que podíamos cenar allí, lejos de todo.- Me lo dice suavemente, recorriendo la piel de mi cuello con sus dedos. No me molesta, porque nuestra relación no se ha quedado en caricias y besos, pero aún así agradezco tener una excusa.
- Lo siento, debo de ir a Roxqal, hay un nivel E fuera de control.- Le digo quitando su mano de mi cuello, la sostiene. Su sonrisa  desaparece.
- Entonces, supongo que me iré a casa y te esperare allí.- Me dice, y como es costumbre nos despedimos con un beso que despierta mis sentidos. Levanto mi mirada hacia él. ¿Por qué no puedo decidir que quiero con este hombre?

Me giro sin decir más, llevo algunos pasos cuando:

- Sophie.- Me llama, y giro en seco.- Te amo.- Me dice con ternura. Pero no me siento capaz de contestarle como el lo espera, así que sonrió con suavidad y vuelvo a mi paso.


Hace muchos años que conozco a Esteban, más de los que quisiera aceptar que he vivido. Cuando él nació, yo había decidido dormir, así que sus primeros 50 años de vida, estuve ausente, por lo que no puede llegar a ver como una hermana mayor o una madre. A veces lo que me detiene para amarlo, es mi búsqueda, y a veces es más como un “quisiera amarte, pero no”

No puedo simplemente amarlo y ya. Me molesta no poder hacerlo. Cada que decido que lo haré, aparece un cosquilleo en mi mente que frustra mis planes.

Llegando a Roxqal, miró a mí alrededor, hay un montón de arena y piedras, y casas pequeñas hechas de algo que parece lodo seco, hay un olor a sangre en el ambiente, y mis pulmones lo procesan: sangre fresca de niño, un aguijonazo entra en mi garganta, arde y duele como nunca. Me es difícil controlarme durante algunos minutos.

Respiro hondo, y me mentalizo, siento a alguien acercándose por detrás, doy un brinco lejos del lugar donde me encontraba, y rápidamente saco una daga del cinturón escondido en mi pierna, miró recelosa a la persona que está en donde yo estaba, lleva sobre sí una capucha de color rojo oscuro y solo lo reconozco por su olor.

- ¿Qué haces aquí?- Le preguntó mientras me incorporo, guardo la daga donde estaba. Se deshace de su anonimato.
- Son órdenes del protector.- Me dice, mientras evita ver mi mirada feroz.
- Puedo cuidarme sola… a parte aún no soy la líder, ni tú el protector.- Lo trato de mirar a la cara, pero gira el rostro hacia un lado, mostrándome un sensual perfil.
- Soy el único que queda, y seamos sinceros… usted ganará, señorita sangrienta.- Por fin me mira, y deseo que no lo hubiese hecho porque despierta cada nervio de mi cuerpo.
- Si te entrometes en mi camino, te mató.- Mi lengua traiciona a mi mente, por fin logro decir algo que no fuese sincero. Resisto las ganas que tengo de abalanzarme sobre su cuello.

Alzó la daga nuevamente, y antes de pasar el filo por la palma de mi mano, recuerdo que también él podría caer en el olor.

- Si yo fuera tú, aguantaría la respiración.

Parece que sabe lo que haré y me obedece. Sin dolor paso el filo y algunas gotas caen al piso justo antes de que se cierre mi piel, sin dejar ni un solo rastro de que alguna vez hubo cortada. Dos segundos después escucho como se acerca algo violento y hambriento que identifico como el nivel E.

Antes de que parpadee, el corazón latente del ser yace en mi mano, lo estrujo, y tanto el órgano como el cuerpo se hacen cenizas y ya no hay más nivel E.

Limpio mis manos con ayuda de un charco de agua, Alexandro no se ha movido ni un centímetro, y no me ha mirado ni siquiera un poco. Me abstengo de preguntarle qué piensa de lo que he hecho, aunque se perfectamente que se siente extraño con la situación.

Me voy tan rápido como llegué, esta vez aparezco en mi cuarto. La pesadez de los actos que cometí no son lo que me hacen sentir terrible, es el hecho que él me haya mirado de esa manera, tan decepcionada.

- Sophie... ¿Puedo entrar? - Huelo a Leo como si estuviera a mi lado.
Me levanto del descanso de mi ventana, donde las gotas de lluvia buscan una entrada. Giro la manija y lo miro sonriente, castaño, ojos verde esmeralda, de piel Blanca, rasgos finos y duros, cuerpo atleta "mi favorito". Ai me golpeara por lo que pienso hacer.

Entra, y cierra la puerta, me enredo en su cuello y el me sostiene por la cintura, mis pies no tocan el suelo, huelo su cabello, es delicioso, huele a sol y girasoles. Me lleva a la cama se pone sobre mí y me besa, su lengua es ágil y la mueve como le enseñe, lo giro en un movimiento y lo pongo debajo de mí.

Gruñe a lo bajo. No le gusta estar abajo, pero a mí me encanta estar arriba, y el cumple mis caprichos fielmente, no me niega nada. Lamo su cuello y entierro mis colmillos en él. Saboreo cada gota, me encanta su sangre, podría beberla todos los días de mi eternidad.

Retuerce sus dedos dentro de mi melena, recorre cada fibra con cariño, tengo los ojos cerrados después del sexo me gusta dormir, pero en cuanto siento sus labios acercarse a mi cuello, me aparto, me levanto desnuda, como estoy, lo miro a los ojos recelosa. Sabe lo que ha hecho mal, toma su ropa, se viste y se va con todo el silencio posible.

Me meto a la ducha. Seco mi cabellera hasta dejarla aceptable. Me visto con la misma ropa para que nadie se entere, la lluvia se ha ido y ha dejado la frescura del otoño. Soy lo suficientemente valiente para salir con un vestido azul marino, mayas azules con lunares negros, zapatos de piso negros y un ligero suéter azul celeste. Aunque cuando llego al quiosco con un libro, el frío cuece mis huesos, ignoro la sensación y me concentro en el libro.

Poco después una horda furiosa rompe el silencio, está liderada por Ai, la hija menor de Rose y Kael, y la madre de Leo que hacía un mes me había advertido no volviera a tocar a su hijo.

No muevo ni una pestaña, Leo y Esteban se paran frente a mí, preparados para defenderme.

- Eres una mal nacida Sofía.-Detesto que me llamen Sofía.
- Por millonésima vez madre, yo fui a ella. Yo fui.- Dice Leo a la defensiva.
- Ai, mi cielo, calmate por favor- La trata de detener Robert.
- Ai por favor, es la vida de tu hijo.- Trata de calmarla Rose.
- Y se la está tragando una mujer sádica que ni siquiera da su sangre a cambio.- Está llorando a lágrima suelta.
- ¡MADRE!- Interviene Leo. Se le sube el rojo al rostro y lo miro culpándolo. Claro se fue a quejar con Ai, por eso está armando una escenita.
- No puede seguir esto, madre tienes que hacer algo con ella, se está comiendo las almas de mis hijos, y se las terminará si no hago nada, no puede seguir en esta casa.- Le sujeta los brazos a Rose, su hermoso y delicado tono de voz impide que suene furiosa, pero lo está.
- Ai, no podemos hacer eso, ella es… ella.
- Sin ella no existiríamos, se detendría el equilibrio de nuestra raza. ¿Qué pasaría con nosotros?
- Es como nuestra hermana menor Ai.- Me defiende Air, el hijo mayor.
- Dejen de discutirlo, ella no se puede ni debe irse de aquí.- Los calla Kael.
- Madre, por qué no puedes entender que es nuestra vida.- Argumenta Leo.
- Ella es mí prometida, deberías de comportarte más debidamente. Hermano.- Esteban se lo dice a Leo con más que razón, pero su hermano no se siente capaz de sostenerle la mirada.
- Ella me necesita, no la puedo dejar sola, como tú la dejas todo el tiempo.- Cuando le dice lo último alza los verdes ojos y se le entierra la mirada a Esteban.

El estruendoso sonido de las voces sedosas y carismáticas rugiéndose entre ellas, no impide que continúe mi lectura, pueden matarse entre ellos, no me interesaría, no saldré de esta casa, está es mi casa y si vivimos todos amontonados no es por decisión mía.

El hecho de que Esteban y Leo, hayan resultado ser hermanos, es algo que no tenía previsto, y tampoco que haya deseado, ambos me son indispensables, tal vez esté enamorada de Esteban, o lo vaya a estar en algún momento, que siendo realista, es lo que más espero. Tal vez, Leo es una distracción demasiado grande, sin él… ¿podría por fin despejar mi mente?, o tal vez es que yo sola me pongo trabas en el asunto.

De improviso, la mirada vacía de Alexandro, hace que mis ojos suban hacia la vista que tengo encima, mi raza peleando entre ella. ¿Si no puedo controlar a los que se supone son cercanos a mí, cómo controlaré toda una asociación?

Tal vez debería de empezar a ser lo que debo de ser, y hacer lo que se supone que debo de hacer.

- Suficiente.- Encuentro que mi garganta lo ha dicho más firme de lo que hubiese querido. Se hace el silencio. Kael y Rose me miran con el corazón desembocado, mis viejas acciones ante este tipo de situaciones los hace darse una idea de lo que pasará.- Leo, esa fue la última vez que te pedí tu sangre.- Al instante Ai relaja el rostro y abre los ojos, esperan a que diga si es una broma o no.
- Sophie, yo… yo no me volveré a quejar, yo solo soy de ti, por favor pídeme todo lo que quieras, por favor.- Me toma las manos y las sostiene cerca de sus labios. Mi garganta duele, y temo por lo que pueda pasar.
- Esteban tiene razón, Leo. Ya no puedo ser la manzana de la discordia. Vete lejos, viaja como siempre has querido, conoce lugares, gente y sentimientos nuevos. Olvídate de mí.- Baja la mirada, suelta mis manos, y se aleja esperando el resto de mi sentencia.- Les hice una promesa hace mucho tiempo, prometí que si iba a compartir la eternidad con alguien, sería con Esteban.- Les digo a Rose y Kael, están absortos de mi reacción.- Pero fue una promesa en falso. Tengo cosas que hacer, aun así, es una promesa, un deber y un honor.- Sin siquiera pensarlo antes tomó la mano de Esteban, lo miró a los ojos, la mirada de Alexandro me hace temblar, aunque solo la tenga en la mente, me siento fuerte, capaz de hacer lo que estoy a punto de hacer.- Me casaré contigo.


Esto es lo que debo de hacer. 

¡He resucitado!

Bueno, ahora estoy de vacaciones las que están próximas a terminar en poco menos de un mes, pero como prometí que iba a volver algún día, lo he hecho por ustedes :3 los lectores -que tal vez sean uno o dos- pero son lectores... o tal vez no le este hablando a nadie... grrr~ en fin.

Solo traigo capítulos de Nostalgia y de Otoño. Los demás deberán esperar un poco más. Tengo las ideas en la cabeza pero es difícil encontrarles forma... :$

Bueno, espero y los disfruten. :)