CAPITULO 7.
*Conversación en
ingles*
-¿Cómo sigue tu
mejilla?- Preguntó el jefe amablemente.
-Ya mejor. Al menos
duele menos que un tiro.- Miranda rió.
-¿Y tu equipo? - La
miró a los ojos.
- Alphonse dice que
estarán bien en unos días. Aunque yo los veo mejor que nunca.- rio.
-¿Ya has hablado con
Ted? - Miranda borró su sonrisa de la cara.
-Por ahora no quiere
hablar con nadie. La mayor parte del equipo lo trata mal porque fue su culpa de
que la misión se complicara.- Miranda bajo la mirada.
-¿Y tú qué piensas? -
Francesco recargo los codos sobre la mesa y se inclino interesado por la
respuesta de Miranda.
-Que cualquier error
de mi equipo, es culpa mía.- Talvez debí de haberle dicho que se quedara en el
helicóptero y que Luke fuera con nosotros.- Agitó su cabeza queriendo despejar
sus ideas sin ningún logró.
-Ted es un tanto
infantil. Como líder deberías de hablar con él sobre su comportamiento. No
estarte con sentimentalismos innecesarios.- Francesco se levantó y miró por la
ventana, ¿Por qué habré pensado que
estaba siendo amable? - Su siguiente trabajo es en tres días. Te sugiero te
encargues de unir a tu equipo para ese día.- Miranda observo el fólder beige
sobre el escritorio, y lo tomó de mala gana. Observo la espalda de Francesco y
se dirigió a la puerta yéndose muy dignamente. Francesco, se alegró de otra vez
verla tan llena de ese orgullo que la hacia se quien era.
* * * * *
Miranda se detuvo en
seco frente a la habitación de Ted, se preguntaba cual sería la mejor forma de
hablar con él, debería de imponerse como líder o ser su amiga, ¿Cuál de ellas,
no tomaría como ofensa?
-¿Te quedaras más
tiempo parada allí, o hablaras conmigo?.- La voz de Ted atravesó la puerta y
llego a los oídos de Miranda, ella abrió
la puerta. Ted estaba sentado en su cama viendo hacia la ventana.
-Lo siento, no es mi
intención molestarte.- Miranda puso sus manos detrás de ella, y camino hasta estar
a su lado.- ¿Qué tal tus heridas?
- Han pasado dos semanas,
es obvio, que ya estoy mejor.- No la miró, Ted tenía la cabeza gacha.
- ¿Bueno que tal tu
orgullo? ¿Aún está herido?. Miranda
sabia que preguntar en momentos como ese.
- Un poco. Arruiné la
misión, me ordenaste que me calmara, pero no te hice caso, me ordenaste que me
quedara con Nikolay y Kouchi y fui tras de ustedes, por que creí que yo debía
de estar allí, y por mi culpa ellos quedaron lastimados gravemente, si no me
hubiese ido, hubiésemos terminado con los que estaban afuera, y el hombre ese
no me hubiese dado una golpiza, los hubiésemos emboscado por atrás, y la misión
hubiese sido un éxito, pero lo arruine.- Ted sonaba honesto y débil por primera
vez en todo el tiempo que Miranda lo había conocido. Ella se sentó en frente de
él, cruzando las piernas, y sosteniendo su cuerpo con sus brazos en el piso, lo
miró al rostro.
-Usas mucho las
variaciones de hubiera.- Miranda notó que Ted alzaba la mirada poco a poco, y
lo miró a los ojos.- Usas mucho algo que no existe. Las cosas pasaron de una u
otra manera, lo importante es que todos estamos vivos, y el niño salió ileso,
eso es todo lo que importa. ¿Por qué no te disculpas con el equipo? Y te tratas
de llevar bien con ellos, a pesar de tus problemas con la autoridad, y el
compañerismo. Me encantaría no ser solo su líder, si no también tu amiga. ¿No
te gustaría eso? - Miranda usaba una voz dulce y cordial, sus oscuros ojos
convencían a Ted un poco más cada segundo.
- ¿Creen que Mira venga? - Nikolay preguntaba mientras jugaba poker en
la habitación de Miranda.
-Yo creo que tiene que volver en algún momento a su cuarto… A menos que
haya conseguido con quien tener sexo esta noche.- Maya soltaba una maliciosa
sonrisa
-¡Estoy presente! - Con su plana voz un poco alzada de tono Ferdinand
reclamaba.- Dos.- Mientras cambiaba dos de sus cartas. Teo, estaba recostado en
el sofá detrás de él.- ¿Por qué no juega también usted? Señor segundo al
mando.- Pregunto monótono.
-Porque son una bola de tramposos, en especial tu, mocoso.- Golpeo
ligeramente la nuca de Ferdinand.
-¿Qué hay de ti Kouchi? No juegas.- Maya pregunto mientras ponía una
carta en la mesa.- Una.
-No soy bueno en los juegos de cartas.- Contesto amablemente.
-¡Vamos Luke, deja de leer y ven a jugar! - Reclamo fuertemente
Nikolay.
-Apostar, no esta en mis principios.- Dice mientras bebe una taza de
té. Era increíble como todos cabían en la pequeña salita de la habitación de
Miranda.
-¡Ya llegué!.- Anunció Miranda, con Ted detrás de ella.- Y traje al
señor “no salgo de mi habitación”.- Miranda sonrio, pero todos pusieron caras
largas cuando lo vieron entrar, el aire se espeso.- Tiene algo que decirles.-
Empujo hacia delante a Ted.
-Ahh yyooo…-Balbuceo.- Siento haber arruinado la misión…-Ted sentía la
abrumante amargura de el desprecio sobre él.- De ahora en adelante tratare de
ser un equipo con ustedes.- Bajo la mirada apenado.
-¿Juegas .- Pregunto Maya
-¿Qué? - Dijo incrédulo Ted
- Que si juegas, poker. Vamos ven a jugar un rato con nosotros.- Dijo con
una sonrisa en la cara.- ¡Tú también, Mira!
-No… les ganaría a todos.- Mientras Ted se sentaba a lado de Maya,
todos rieron ante la declaración de Miranda. Y ella se sintió tranquila por
primera vez desde hacia semanas. ¿De qué
se tratara el nuevo trabajo?
* * * * *
-Doctor… ¿Podría hablar un momento con usted?- Miranda se acercó
lentamente al hombre frente a la chimenea, estaba tomando un café de fuerte
olor y leyendo lo que parecía un periódico.
-Mira, claro.- Bajo el periódico y la miró con curiosidad.- ¿Qué
sucede?
-Usted creerá que mi equipo está listo para ir a otra misión.
-Así que el jefe opto por enviarlos.- Dijo dando la vista al ardiente y
carmesí fuego de la chimenea.
-¿Cómo dice?- Miranda sintió un estrujo lleno de curiosidad y cierto enojo.
Aún no podía creer que aquel hombre le hubiese hablado de esa manera en la
mañana.
-El jefe me preguntó lo mismo anoche, dijo que si ya estaban en
condiciones, entonces los enviaría a un pedido. Aunque él se vea algo rígido de
verdad que se preocupa por nosotros.- Miranda lo miró con gran incredulidad.-
Tu equipo estará bien, tienen una gran líder.-Le sonrió dulcemente y Miranda
trato de alargar sus labios para no parecer grosera.
Se despidió con una reverencia y se fue del recibidor ese maldito jefe, siempre con sus máscaras Miranda
llego a la puerta de la oficina del jefe, donde se paró recta y tensa antes de
tocar la puerta, trago saliva y sintió como su tráquea se expandía ante la
acción, ¿qué es lo que iba a decir o hacer? Le reclamaría sobre algo que
supuestamente no sabía, ¿qué responsabilidades tendría que cargar si entrase y
abriese la boca como si nada?, bajo la mano, así como la mirada y se recordó a
sí misma no hacer estupideces. Al final no tocó la puerta.
* * * * *
En el interior del gimnasio, se escuchaba un ronco sonido, un golpe
tras golpe, como si alguien de 80 kilos se callera una y otra vez, sin
descansar sobre el piso, o si alguien botase un balón con demasiada fuerza, Teo
se sentía constipado por la curiosidad, ¿Quién o qué producía tal ruido? Nunca
creyó que alguien además de él, usara los sacos de arena, cuando se asomó para
comprobar que tal vez era uno de los de la guardia personal del jefe, se dio
cuenta de la pequeña y delgada silueta que se situaba delante de uno de los sacos,
la líder de su escuadrón tenía las manos acogidas por una gruesa capas de
vendajes que se coloreaban en un tono carmesí, daba patadas, y golpes, su
frente estaba llena de sudor y su ligero y negro cabello lucia como recién
lavado, soltó una risa inevitable al verla.
*Conversación en castellano*
- Mira… ¿qué haces aquí tan temprano?- Teo observo a su agotada líder,
mirar hacia él, con ojos llenos de convicción, como si mientras estuviese
golpeando el saco hubiese tomado una decisión, el rio a lo bajo.- ¿Algo de
entrenamiento matutino?- Parecía divertirse viéndola de esa manera. Le aventó
una de las botellas de bebida energéticas que llevaba en los brazos, ella la
tomó habilidosa.
-¿Matutina?- Por un momento pareció olvidarse del mundo. Miro hacia la pared
de su derecha y observo el reloj colgando en ella, eran las 5 de la mañana.-
Pero… ¿Qué tan loca estoy?- Él la miró atento.- Eh estado aquí desde la una de
la madrugada.- Rio nerviosa, como si alguien la fuera a regañar por ello.
- ¿No se dio cuenta del tiempo?- Él la miró divertido y confundido a la
vez con ojos compasivos. Pero ella le regreso una mirada furiosa.
-Lo vuelves a hacer… A veces me hablas de tú y a veces de usted.
¿Podrías decidirte?- Miranda lo miró suplicante y autoritaria, como si fuese
una orden.
-Bueno, es que no sé cómo tratarte.- Soltó una risa algo nerviosa, se
puso la mano en la cara y miró al piso. Se agitó y de improviso se puso
nervioso ¿qué pasa? Se preguntó a sí
mismo, como si una vocecita en su cabeza le fuera a contestar.
-Puedes hablarme de tú. Los dos somos mexicanos, así que creo que somos
“hermanos”.- Dijo con una sonrisa divertida y penosa en la cara.- ¿Vienes todas
las mañanas?- Miranda lo miró curiosa, parecía que iba a practicar con el saco,
pero no parecía listo para ello, a pesar de tener una gran masa muscular, no
parecía que fuese diseñada para el boxeo.
-Es lo único que hay, que no sean maquinas, opte por intentar algo
nuevo, y estoy enseñándome a mí mismo.- Sonrió, nuevamente nervioso, sentía que
decía estupidez y media. Ella dio una media sonrisa.
-¿Quieres que te enseñe?- Teo levantó la mirada y la cabeza.- Aprendí
artes marciales mixtas, pero primero las practique por separado, Esgrima,
Kendo, Box, Taekwondo, Jujitsu y un sinfín de cosas.- Volteo la cabeza hacia el
saco, y sonrió lentamente mientras estiraba la mano sobre la gruesa y áspera
tela, parecía en extremo nostálgica.
- ¿Por qué aprendiste tanto?- Él la miro con clara preocupación.
- “¿Por qué?”… preguntas…- Ella alzo apenas un poco la cabeza mientras
cerraba el puño encima de la tela.- Probablemente porque tenía miedo a que
alguien me hiciera daño, si sabía cómo defenderme, entonces no habría
problema.- Por un momento Teo creyó que vería a aquella chica que la mayoría ve
como chico, por su duro carácter, llorar, pero no lo hizo solo soltó un fuerte
y largo golpe que tiro el saco de su sostén, y desplazó un largo y fuerte
sonido a través de la pequeña sala de box, ella atrajo su puño cerca de su
pecho y lo miró, abriéndolo y luego cerrándolo intensamente, sonrió
victoriosa.- ¿Te enseño?- La miró con un rostro de asombro más evidente de lo
normal, con la boca abierta y los ojos hechos platos, parecía realmente
impresionado con la fuerza de Miranda, se puso un recordatorio en mente “nunca
molestar a Miranda”, la miró a los ojos, trago saliva y movió la cabeza de
arriba para abajo.
* * * * *
*Conversación en Italiano*
- ¿Escolta de un gran empresario?- Marie, parecía asombrada de lo que
su jefe le proponía.
- Si no pueden o quieren hacerlo, solo díganlo. No pasara nada.-
Sonrió.
- Lo sé Fran, solo que es raro que nos pidas algo como eso.- Estaba
sentada, pero ya no de la manera relajada en la que estaba antes, si no
estresada y lista para brincar.
- Además el otro equipo está a punto de salir a otra misión, no podemos
simplemente irnos y dejarte aquí, solo y con todas esas familias tras nosotros,
en este momento.- Stephan parecía ser el más tranquilo, pero también el más
sorprendido.
- Normalmente cuidarte seria deber de Tamara.- Dijo Ángelo con rostro sublime
- O Al, siendo así no podemos dejarte aquí solo, aunque signifique
negar una de sus órdenes sexto.- Álvaro continuo la oración de su gemelo, como
si hubiesen estado coordinados para hacerlo así. La atmosfera de la habitación
se puso pesada, por la nostalgia y el hueco causado por la ausencia de dos de
sus compañeros. Francesco entrecerró los ojos, mirando a su guardia privada
durante unos segundos, preguntándose si sería bueno, dividir a los dos grupos,
algunos que se quedaran y los otros fueran a las misiones, pero esa mirada de
ellos, de sus amigos, diciéndolo a gritos que no lo dejarían solo, sonrió un
poco a la situación y se volteó a la ventana antes de que alguien lo viera
hacerlo, puso sus manos atrás, y miró el patio.
- Como ustedes gusten.- Dijo aliviado, y un poco más tranquilo que
antes.- Le diré al cliente, que busque otra opción.
- Fran, es la primera vez que estamos todos, después de que llegó la
líder del escuadrón de Justicia, la chica tiene mucho tras ella, pareciese que
carga mucho desde hace tiempo.- Marie parecía preocupada, de la seguridad de su
jefe y de la de Miranda.- ¿Estás seguro que su pasado no le impedirá hacer las
cosas?
- Ella ha pasado por más que todos nosotros. Además, su definición de
Justicia encaja con la mía, sobre todo… está bien entrenada.- Sonrió
nuevamente, esta vez sus mejillas se contrajeron un poco formando pequeños
hoyuelos en los extremos.
- Jefe, usted… ¿qué tipo de sentimientos tiene por la chica?- Lo
escucho con claridad, y supo que Ángelo, lo preguntaba en el sentido romántico.
- No seas idiota, es obvio que el jefe solo se preocupa por ella, como
lo hace por nosotros, después de todo la conoció hace un mes.- Por un momento
un flash de recuerdos invadieron la mente de Francesco, cuando Tamara le
contaba sus aventuras con una niña terca e inteligente, cuando la vio en una
foto por primera vez, cuando vio su historial, si esa noche en la que él estaba
leyendo las tantas hojas de la historia de Miranda Santiago, esa noche en la
que lloró, en la que deseo haberla protegido ¿qué es lo que se había roto esa
noche? Y ¿por qué? ¿Qué era lo que había sentido cuando la vio en Venecia?
- Fran.- La voz de su amigo se abrió paso entre sus pensamientos y lo
hizo retornar a la vida en realidad.- ¿Qué pasa? ¿Estás bien?- Miró el rostro
de su amigo sintió una preocupación extrema.
- Estoy bien, solo que estas desveladas me mataran pronto.- Rio
simpático para no alertar a sus amigos en la habitación.
- Bueno, para empezar lo harán más viejo, jefe.- Todos rieron, menos
Marco que siguió atento.
De las sombras en el jardín, hacia donde miraba el jefe, encontró a
Miranda caminando haciéndose bromas junto a Teo, y por primera vez los que se
acercaron a la ventana como Marie, Marco y el jefe, observaron la brillante
sonrisa de la líder del escuadrón de justicia.
Francesco sintió un retortijón entre su pecho y su estómago y su
corazón, la garganta se le hizo nudos,
por el rabillo del ojo alcanzo a ver a su amigo Marco, sonrojado hasta el
cuello, tanto que creyó ver sus lentes empañados. Francesco miro hacia abajo,
mientras ellos iban desapareciendo constante iban hacia adentro de la enorme
mansión.
- Parece que se llevan bien ¿no?- Marie sonreía un poco, mientras veía
a Stephan por un lado y él le regresaba la mirada con una sonrisa, se atrajo el
cabello detrás de una de sus orejas, bajando la mirada.
- Ojala no se lleven demasiado bien. No quiero que sus sentimientos
arruinen las misiones.- Francesco lo dijo, pero no pudo evitar no sonar
sincero. Ángelo cedió ante la presión que ejercía el jefe en cuanto a querer
estar solo.
- Creo que es hora de desayunar, les prepararemos algo.- Dijo, mientras
veía, con presión a su hermano.
- ¿Desea algo en especial, jefe?- Se vieron el uno al otro y luego
vieron de improviso a su jefe volteando su cuerpo y vista hacia la habitación,
por un momento sus subordinados parecieron ver el rostro triste de su jefe,
pero al instante regreso la cara firme y decidida de él.
- Waffles con fruta.- Pidió con algo de felicidad en el rostro, por
instantes se le quedaron viendo con algo de preocupación.
- Waffles… A la orden jefe.- Álvaro y Ángelo contestaron al unisonó,
todos salieron de la oficina, como si la última frase hubiese sido la señal la
señal de salida. Se quedó Marco, y veía mientras su amigo se sentaba en la gran
silla detrás del escritorio.
- Podrías dejar de ser jefe si tú lo quisieras.- Volteo su cuerpo hacia
su amigo y lo vio con preocupación.
- ¿Y quién se hará cargo de la familia? Recuerda, ahora soy el único
descendiente de la familia Giglio.- Miro la foto con rostro melancólico.
- Podrías escoger a Stephan, o Marie.- Dijo mientras pensaba
rápidamente que decir.
- Ellos están enamorados, no les podría hacer eso. No podría. Por eso
me encargue yo de la familia, porque mi hermano menor estaba totalmente
enamorado.- Sonrió, con honestidad.
- No puedes privarte de las cosas, solo por esto.
- Y ¿tú? Vi tu rostro viéndola, no me dirás que no quieres algo con
ella.- Le dijo con una furia instantánea en la voz.
- No, yo no tengo oportunidad, me gusta como persona, no puedo pedir
más que su amistad. En cambio amigo, deberías de saber que ella es lo
suficientemente fuerte, como para no correr peligro en ello.- Dijo claro y
conciso mientras le tocaba el hombro en señal de apoyo.- Que nada te impida ser
feliz Fran.- Con esta última frase. Y dejo la habitación.
- Pero si hago eso, te impediré ser feliz, Marco.- Susurro sin esperar
ser escuchado y puso sus manos recargadas en el escritorio y su barbilla
recargada en ellas. Lo que ella era para él, un gusto, un enamoramiento, o
simplemente un capricho indeseable ¿qué
mierdas está pasándome? Condujo su cuerpo hacia atrás apoyándolo en el
respaldo y desparramándose en la silla, poniendo sus manos sus ojos, esperando
al llamado por el desayuno.
* * * * *
*Conversación en ingles*
- ¿De qué trata?- Maya estaba recostada en el sofá de una de las muchas
salas de estancia de la mansión, jugaba su rifle.
- Hace un mes, un grupo de científicos que trabajan para una compañía
en pro- del polo norte, viajaban en un barco cerca de la zona de icebergs, unos
“piratas” se subieron a él, noquearon a todos en el barco y lo estrellaron,
dejándolo a la deriva, después los aventaron en un lugar cerca de la costa al
otro lado de donde estaban…- Miranda leía los papeles en el folder beige.
- Y quieren que los rescatemos.- Afirmo contento Ted, como si le
hubiesen dicho que eso iba a incluir golpes y disparos.
- No, es algo más como una misión de bajo nivel. Lo único que tenemos
que hacer, es ir al barco y recuperar la investigación de los científicos.-
Dijo pasando la vista del folder a su equipo, la miraban aparentemente
aburridos.
- ¿Estás de acuerdo en que es algo aburrido ir solo por las hojitas de
datos de unos científicos?- Ted era el más desinteresado de todos ellos.- Podría
hacerlo con una mano y un pie atados a la espalda.- Sonrió formidable.
- Creo que el jefe nos envía a nosotros porque es algo que solo
nosotros podemos hacer.- Miranda miró al infinito, y luego dirigió su mirada a
su equipo disperso en la habitación.- Si no fuese así, hubiese enviado a
Stephan.- Los vio decidida a ir a la misión, ellos le regresaron la mirada
confiando en su decisión.
- Usted es la líder.- Kouchi, no hablaba muy seguido pero lo hacía
cuando era necesario. Miranda sonrió, y dirigió su mirada al fuego carmesí de
la chimenea.
- Vayan a dormir, mañana hay que partir temprano.- Se levantó de un
golpe y camino hacia la salida.
- Mira, debes de ir con Alphonse para que cure tus puños.- Teo parecía
preocupado.
- Estaré bien.- Sonrió débil y se fugó hacia su habitación. Si era
verdad, si el jefe los había enviado a ellos, era por algo. Entro a su
habitación, y encendió la luz, cuando vio la ventana de la terraza abierta, se
tensó y se alargó hacia la mesa de noche, de donde saco una pistola, miró la
habitación con ojos analíticos.
- Saludos de la familia Caprittio*.- Dijo una voz detrás de ella, y
sujeto la soga que la estrangulaba por el cuello, sentía como su respiración se
cortaba, y los pulmones luchaban por oxígeno, Miranda abrió la boca con la
esperanza de tomar algo de aire pero era inútil, sentía como la sangre se le
iba a la cabeza, el arma había caído al suelo voy a morir, voy a morir… se desesperaba un poco más, cada segundo,
no quería morir, no así y no cuando ya había conseguido un lugar seguro,
agitaba los pies, sin saber qué hacer, golpearlo, pero ¿con qué? la cabeza se fijó en que su cabeza daba
a la altura de la barbilla del hombre, mientras sus pies se jaloneaban de un
lado a otro y sus pulmones estaban a punto de rendirse, puso sus últimas
fuerzas en un movimiento de cabeza el más fuerte que pudo lograr, y al parecer
era lo suficientemente fuerte como para hacer que el hombre aflojara la cuerda,
y Miranda metiera sus dedos entre la soga y su piel, la jalo, y tomo las manos
del hombre, enterrándole las uñas, y se inclinó hacia adelante haciéndolo caer
bruscamente al suelo, Miranda se arrodillo junto a la pistola, y el hombre
levanto su arma, apunto contra ella aún de rodillas, se miraron a los ojos,
Miranda tenía los ojos tan duros como el acero, y hacían dudar al hombre, dejo
el arma en el suelo otra vez.
-Levántate*.- El hombre quebró su voz, mientras se levantaba dos
segundos antes de que lo hiciera Miranda. Ella levanto los brazos, y miró al
suelo, comenzó a reír a lo bajo.
-¿Cómo le ha quedado la nariz a tu jefe?- Pregunto, retadora, alzando
la mirada y hundiéndolo en la profundidad de sus ojos. Volvió a reír, el hombre
la miro con furia extrema. En el momento en el que el hombre sonrió y tiro del
gatillo, el sonido de un balazo se distribuyó por la habitación, Miranda se
inclinó, tomo el arma, se acercó automáticamente al hombre, y le dio un gancho
derecho en el hígado, y un golpe con la culata del arma en la cara, lo noqueo y
cayó al suelo en un par de segundos. Miranda agitó su mano izquierda, para que
el dolor se fuera, cinco segundos después llego Teo, abriendo la puerta
desesperado con cara de susto y detrás de él llego el resto del equipo,
agitados y preocupados, Maya se acercó a Miranda y la abrazo con extenso cariño
y alivio, ella sonrió tranquilizadora.
- Mira ¿estás bien? ¿Qué pasó?- El jefe había llegado agitado.
- Si, solo un mal asesino de los Caprittio.- Sonrió relajada ante el
hombre caído.- Todo está bien.