lunes, 17 de marzo de 2014

Valentía: Capítulo 1

Paréntesis de la autora:

Hola~ Había dicho que este proyecto lo tendría como para Abril, pero me resulto impactante el tiempo que me atrajo esta historia. Finalmente decidí escribirla en tercera persona y que bien, porque había olvidado lo bien que se sentía ser el ojo en el cielo, jaja, bueno, todavía me falta pulirlo, así que tal vez tenga algunos cambios. Háganme saber su opinión sobre este primer capítulo [super-cortisimo]. Por cierto el prologo esta escrito en primera persona, porque fue como originalmente lo escribí, y así me gusto y así se queda >.<

Finalmente, un agradecimiento a quienes leen mis intentos de literatura. Gracias. Buenas tardes.

Fin del paréntesis de la autora.

Capítulo 1.

Fieldmonch, gea. mayo, 2284

Sus piernas recorren el camino hacia lo que puede llamar casa. Parece haberse quedado sin huesos después de su encuentro con ese hombre, los charcos salpican debajo de ella, y cambia el paraguas de mano.

Gira 10 monedas en su mano, mientras pasa el tacto de sus dedos por ellas, se siente orgullosa y satisfecha, sobrevive como puede, y hace lo que debe.

Cuando sus padres murieron en la guerra como dos buenos azules, ella era demasiado pequeña para recordarlo o para obtener algo de la herencia de sus padres, así que el gobierno tomo todo lo que por derecho sería suyo y la dejaron en la calle.

Sola y sin nada en el mundo, más que hambre y frío, un hombre grande y fuerte de aquellos amarillos que se glorifican tanto en la guerra que cuando vuelven a Gea, tienen más dinero que cualquiera; la vio, la llevo a su casa, la alimento, y la baño, para después tomar su virgen cuerpo.

Aquella vez, a pesar de la escasa edad de 9 años, Valeshka, no sentía miedo, sabía que la elección era fácil, si iba con aquel hombre y hacia lo que quería entonces ella viviría, ya no tendría frío, ni hambre. No había porque pensarlo o reflexionarlo.

Ahora han pasado cerca de 10 años, y sigue viva, gracias a aquel hombre. Puede que se sienta mal, y que no se sienta “mágica” después de tener sexo con él, pero eso impide que este como aquella mujer.

Una mujer de edad madura que esta tirada en la calle, todos la pisan y nadie se molesta en moverla, a veces los carniceros toman los cuerpos abandonados, y venden la carne como si fuera de animal. Valeshka se acerca a la mujer y la mueve hacia otra parte donde cree que nadie la pisara, y un carnicero se la podrá llevar. Mira a la mujer durante un momento, una arcada recorre su estómago, y la aguanta, se ha vuelto experta en aguantar.

A lado de donde deja a la mujer hay una panadería, camina hacia ella, y entra, compra dos hogazas de pan, el chico que atiende la mira apreciando su hermosura. Esa hermosura de la que Valeshka es poseedora, es su salvavidas. Paga dos piezas, pero el chico le entrega tres, le sonríe con sensualidad, y recorre sus dedos por el dorso de la mano del chico, él la devora con la mirada, y ella sale antes de que él pueda abrir la boca.

Camina salpicando el agua, esta algo molesta. Porque la choza en la que vive, tiene múltiples goteras. Cuando es Otoño se pudre, en Invierno se hiela, en primavera hay goteras, y en Verano apesta. Pero es donde puede dormir sin miedo.

Llega al callejón de los niños de la guerra. Son niños, como ella lo fue, perdieron a sus padres en la guerra y se quedaron sin nada. No muchos tienen la suerte que ella tuvo, así que cuando puede permitírselo, les compra pan y agua potable. No es suficiente, pero es lo que les puede dar, y ellos lo agradecen. Nunca ha hablado con ellos, pero la toman como una hermana mayor, y le agradecen eternamente con la mirada, el niño más grande tiene cerca de 15 y la más pequeña unos 2, aunque por falta de comida, parecen más pequeños. No pueden robar, porque el collar lo impide, no pueden trabajar porque está en contra de las reglas contratar a niños sin luz.

Han muerto muchos, y luego llegan más niños. Las niñas mueren más que los niños, y no hay mucho que uno pueda hacer, y ellos lo entienden, y a pesar de la impotencia que pueden llegar a sentir por ello, no hay de otra.

Valeshka, le da 2 hogazas de pan al niño más grande, cree que se llama Bruno, o algo así, también le da 2 litros de agua, esta consiente que es poco para 12 niños. A los más pequeños les dan poco, a los más grandes más, la lógica es que si los más pequeños logran sobrevivir, entonces podrán comer más.

Suspira cuando Bruno toma las cosas y se va, reparte las porciones, y la mira cuando se dispone a irse. Aún tiene dinero, iría por manzanas y algo de leche. Mete las monedas en su bolsillo y cambia el paraguas de mano otra vez.

Se detiene frente a un puesto de fruta en el mercado, escoge 7 manzanas y la anciana que atiende, las mete en una bolsa de papel café.

- ¿Por qué la moviste? – Le dice. Valeshka la mira porque no sabe a qué se refiere.- La mujer.
- Si esa fuese yo, me gustaría que alguien hiciera eso por mí.- Le dedica una mirada lastimada. La anciana se ríe de ella, le entrega las manzanas y las aprieta contra su pecho, algo avergonzada. Es cosa de risa preocuparse por otros en estos tiempos.

Un toque recorre su cuerpo, como si fuera electricidad, la siente en cada célula de su cuerpo, la hace estremecerse. Como consecuencia suelta las manzanas y el paraguas, hace que las gotas salpiquen su ropa.


Un picor en su cuello y su luz se enciende.

jueves, 13 de marzo de 2014

Un mensaje de la autora

Estancada.

Esa es la palabra. No creo que muchos visiten este blog, tal vez uno o dos, y tampoco espero que alguien este esperando el nuevo capítulo de Nostalgia [el 12]. El problema es que estoy algo estancada, y no es porque no tenga ni una ligera idea sobre lo que escribiré, si no más bien me falta el tiempo, actualmente estoy en parciales, y me cuesta trabajo sacar algo de tiempo para escribir.

Pero por amor a la literatura, o el ligero y patético intento de literatura que trato de hacer [que Nostalgia es mi orgullo dorado], y claro por cariño a mi auto-proclamación como escritora, tratare de este fin de semana largo [Gracias natalicio de Benito Juarez] de al menos adelantar hasta el capítulo 14 y terminarlos para poder subirlos.

También espero [aunque creo que a Otoño nadie le ladra], poder terminar y subir el capítulo que aún tengo inconcluso.

Y lo mismo con Justicia, que acabo de terminar el 8 y espero también terminar el 9 este fin de semana.

Pido paciencia, [a los pocos que siguen el blog, y mis escritos escuálidos].

También estoy comenzando un nuevo proyecto al que llamo "Valentía" como prototipo, y espero subirlo antes de empezar Abril, creo que promete ser bueno, y estoy indecisa si narrarlo en 1ra o 3ra  persona.

Espero sacar algo de tiempo y comenzar a apurarme :3

Nuevamente, gracias por su paciencia.

Buenas noches. Y hasta luego.


D. N. Cedeño.

Justicia: Capítulo 8

CAPITULO 8.


* * * * *

Miranda llevaba una mochila grande en la espalda, era temprano en la mañana, tanto que ni siquiera había salido el sol, pero el jefe apenas iba saliendo de su despacho, cuando advirtió a Teo ofreciéndose para llevar la mochila de su jefa, ella entre bromas se negó, y ambos rieron como buenos amigos, algo se le estrujo al jefe, sintió que la gravedad era demasiada, que no podía mover sus pies y apenas su boca se abrió soltó un gruñido.

- Mira…- Bajo la mirada y observo el piso de madera. Ella se alejó de Teo y vio a su jefe con curiosidad, inclino su rostro para ver el agachado de él.
- ¿Qué pasa? Fran.- Lo miró a los ojos, pero el trato de no devolverle la mirada.
- ¿Están listos para partir?- Dijo en apenas un susurro, luego diferencio la silueta de su amigo, que parecía una sombra entre la oscuridad de la madrugada que se colaba por la puerta abierta, él esperaba a Miranda.
- Si, ya es hora.- Sonrió amigable. Él alzo la mirada y diferencio la larga línea roja y lila del cuello de Miranda, se veía doloroso, y un escalofrío recorrió su espalda con tan solo pensar en que había sentido ella.
- ¿Te sientes bien para ir?- Ella lo vio durante unos segundos, diferenciando la actitud de su jefe.
- Si, de maravilla.- Sonrío, el alzo el rostro, y noto su cara más cerca de lo que nunca antes había estado. Diferencio sus grandes ojos oscuros, y casi pudo jurar ver un destello café en ese mar negro, observo los labios rosas-beige contraídos en una sonrisa, la nariz tierna y delgada, y noto que la raíz de su cabello ya se veía café, como en la foto que solía ver, de improviso se calmó, despejó su mente y trago saliva.
- ¡Mira!- Grito la voz aguda de la pelirroja.
- Usted debería de dormir un poco más. Debería verse la cara.- Miranda rio a lo bajo, y puso su delgada y larga mano alrededor de la mejilla de su jefe, palpo con uno de sus dedos, las bolsas morada que él tenía debajo de los ojos, y volvió a reír, ella bajo su mano, suavemente, y luego se irguió parpadeo, y soltó una sonrisa, pero una más sincera.- Ciao, Capo*.- Antes de que el pudiera abrir la boca para contestar, Miranda se había ido hasta la camioneta negra que esperaba afuera, elegante y vivaz como siempre, se quedó allí, durante unos segundo intentando jalar aún el olor de ella, pero se había desvanecido, presentía que Teo y ella, fuesen tal para cual.

- ¿Qué fue eso allá con el jefe?- Maya preguntaba mientras mordía un panque rosa.
- ¿Perdón? No sabía que tenía supervisora personal.- Mordió una dona de canela, y trago con ayuda de un café que llevaba en la mano.- No siempre me llevo de a malas con él.- Sonrío un poco. Nikolay y Ted se pasaron dinero el uno al otro, como haciendo una apuesta, se sonrieron mutuamente y luego voltearon a ver el rostro de Teo, riendo y pasándose murmullos, hasta hacer enfadar a Teo, y que él les golpeara con una de las mochilas, Ted tiró su dona por el impacto y comenzó a lloriquear por ella. La escena les causo gracia.

* * * * *

Miranda, Maya , Ted y Ferdinand se habían quedado dormidos después de 4 horas de jugar y platicar entre ellos, llevaban así 2 horas, y faltaban otras 6 para llegar al polo, les habían dicho que era imposible aterrizar que debían brincar a paracaídas, todos se mostraron interesados, menos Ted, que parecía un poco nervioso por las alturas. El avión se movió y la cabeza de Miranda se balanceo hasta caer en el hombro de Teo, y la de Maya en Kouchi, y Nikolay y Lucas se aventaron la de Ted, hasta que el despertó. Miró hacia Teo, y soltó una sonrisa burlona.

- Es lo más cerca que estarás de ella.- Kouchi cerró los ojos, como si se fuera a dormir. Nikolay y Lucas observaron la cara de su líder dormida durante unos segundos.
- Dormida, si parece chica.- Nikolay, lo dijo seriamente, pero miró a todos con la risa en la mirada,  Kouchi soltó una sonrisa, mientras los otros tres rieron a lo alto, de improviso callaron para no despertar a ambas.
- Yo aposte a que te rechazaría.- Ted parecía bastante orgulloso de lo que decía.
- ¿Qué te hace decir que no me acepto ayer en la mañana mientras practicábamos box?- Teo alzo una ceja, y miró complacido a Ted.
- Bonito escenario para confesarte.- Dijo burlón.- ¿No se les ocurrió también jugar a las luchas?- Rieron.
- Estas mintiendo.- Kouchi miró por el rabillo del ojo a Teo, que estaba a dos personas de él.
- Pues sí.- Miró a Kouchi con rostro misterioso, e inocente.- Pero ellos no debieron de haber apostado.
- Vamos, conquístala y ganare 200 dólares del mocoso.- Nikolay lo vio suplicante, y apunto con el pulgar a Ted.- Tienes ventaja, son del mismo país.- Soltó una sonrisa, seguro de sí mismo.- Cada día que pasa la apuesta aumenta 50 dólares.
- No creo que ella me vea así.- Teo la miró, y observo sus finos rasgos.
- No sabes lo que ella piensa. Solo te lo estas imaginando, si dejaras de confundirte a ti mismo tal vez podrías ser feliz con ella.- Lucas lo miró con consuelo.
- ¡Por Dios! ¡Me gusta! ¡No quiero casarme con ella!- Sonrío irónico.- Sé que solo es mi amiga, me voy a rendir con ella.- Le sonrió al dormido rostro. Nikolay miró a Ted.
- ¿Cuánto tiempo crees que duraran así?- Nikolay miraba el interior de su billetera, que apenas había sacado.
- Teo, tal vez toda la semana, el jefe está a punto de explotar.- Rio efusivo y Maya se despertó. Nikolay y él, se pasaron dinero y se sonrieron el uno al otro. No se tocó el tema otra vez.

* * * * *

- ¡¿TENEMOS QUE SALTAR?!- Ted no parecía el mismo, con los ojos caídos y el rostro pálido, gritándole a Miranda mientras el aire impedía que el sonido de su voz llegara a Miranda. Ella lo vio y le sonrío, antes de que lo pudiera consolar Nikolay lo aventó al vacío, aún con el aire en los oídos, se escuchó el crudo sonido del grito desesperado de Ted.
- ¡¡VAMOS MIRA!!- Maya gritó con una sonrisa en la cara y su rifle en la espalda, bien sujeto a la mochila. Se lanzó con los brazos abiertos y gritando de alegría. Miranda vio a Teo con una sonrisa, y se tiró.
- ¡¡¡¡WOHHHHHUUUU!!!!- Gritó con el aire helado entrando en su boca y los googles naranjas tapándole los ojos, ahora podía ver todo, el sol a lo lejos, detrás de hielo, y el agua brillando como si tuviera brillantina. Sonrío pero rápidamente los dientes se le enfriaron y secaron encontró a Maya haciendo maromas en el aire y caras chistosas que hicieron a Miranda sonreír un poco más, imitó a Maya, y cuando vieron el suelo más cerca tiraron del paracaídas, el viento movió el cabello de Miranda y la hizo sentir un terrible dolor de cabeza, crujió los dientes. Aterrizaron y las botas crujieron en la nieve. Miranda llevaba el traje negro debajo de una licra, y la licra debajo de unos pantalones claros, y otras 4 camisas, además de la enorme y pesada chamarra, se puso la mochila en la espalda y miró hacia su lado, estaban todos, mirándola, esperando órdenes, les sonrió. Miró a Ferdinand, y el saco una pantalla táctil del tamaño y largo de su mano, se desenguanto una, y tecleo algunas cosas.
- Según las coordenadas del jefe, debe de haber dos vehículos para transportarnos justo a 10 metros a su izquierda.- Señalo con un dedo donde se suponía que debía estar los vehículos, y se encaminaron a ellos.

El hielo crujía debajo de sus grandes y negras botas, mientras caminaban pesadamente entre la masa de aire frío que los rodeaba. Los dientes de la pelirroja no dejaban de generar un chirrido que molestaba muy superficialmente a Miranda. A lo lejos diferenciaron dos grandes masas negras y blancas en la parte superior, llegaron hasta los grandes vehículos, donde Miranda los aprecio.

-Teo, ve en el de atrás. Ferdinand sube en este conmigo, Nikolay y Ted.- Dijo directa, fría, y sin dedicarle ni una mirada a sus subordinados. Teo hizo afán de querer abrirle la puerta, pero ella se movió más rápido, cuando estaba ya adentro del vehículo, abrió la gran mochila, y saco lo que parecía un suéter grueso, que le aventó a Maya, la pelirroja sonrió contrastando sus grandes ojos verdes, todos subieron a sus respectivos lugares.

Miranda manejaba hacia donde Ferdinand le decía, y Teo la seguía hábilmente, a lo lejos divisaron un pequeño pueblo alumbrado por rojas y naranjas luces parpadeantes por el viento.

-¿Qué no se supone que no debería vivir nadie aquí?- Ted pregunto con la mirada fija en la ventana, hacia el pueblito.
-Debe de ser un asentamiento científico.- Respondió Nikolay con su siempre madura postura.

Después de unos 20 minutos de manejar, Miranda se detuvo poco a poco, para advertir de ello a Teo que estaba detrás suyo, antes de bajar Miranda se preparó para el frío y seco aire que le pegaría en la cara. Apagó el vehículo y abrió la puerta con cierta elegancia, la misma con la que bajo y escuchó crujir sus botas, tras ello, miró a su alrededor hasta divisar una gran estructura picuda, que parecía atrapada en el hielo, el gran barco era de color rojo sangre, y negro, con el nombre de “Reina” en la proa con letras blancas.

Paso sus dedos entre la tela y su cuello, trago saliva y espero no encontrar nada peligroso, desde hacía un momento notaba que Nikolay aún cojeaba, muy levemente, pero lo hacía, y los moretones de Kouchi aún no desaparecían de su blanca y lisa cara, para Miranda ver esos golpes, era una falla más como líder, pero si todo salía bien en esa misión, podrían volver y descansar al menos unos días antes de que el jefe los mandará a otra parte. Caminaban dispersos, Ferdinand a lado de Miranda y al otro Teo, cuidando sus pasos, como si caminaran en hielo muy delgado, por atrás venían Maya y Ted, congelándose y fingiendo no hacerlo, en medio estaban Luke, Nikolay y Kouchi, debatiendo sobre de donde eran los mejores jugadores de soccer del mundo, Luke se defendía ágilmente con el nombre “Messi” que parecía dejar sin argumentos a los demás. Miranda diviso entre la espesa capa de aire frio que impedía la vista de lo más lejano, un animal que se acercaba con intensa furia hacia ellos, no pensó en matarlo, solo esquivarlo, o forcejear con él, de improviso un disparo paso a lado de si mejilla, y el animal cayó al piso, era lo que parecía un lobo enorme y blanco como la nieve, la sangre de aquel hermoso animal se esparció por la blanca nieve, y sintió un retortijón, que la hizo querer llorar, sabía que su equipo no haría nada así, por lo que rápidamente saco su arma de un costado de ella, y pareció que todos tomaron la defensiva ante todo, Miranda los miró a todos con suspicacia y parpadeo varias veces con la esperanza de ver más.

1, 4, 10, 10 eran los hombres que sus ojos alcanzaban a ver, que no sean enemigos, que no sean enemigos, Miranda no se dejaba de repetir en la mente aquella frase, la pedía y rogaba al cielo se hiciera realidad.

*Conversación en Inglés*

-Esos lobos, últimamente, tienen rabia.- Un hombre, el que parecía haber disparado, miró a Miranda mientras se acercaba poco a poco hacia ella.
-No sabía si la tenía o no.- Miranda se puso a la defensiva, intercalando sus miradas al arma del hombre y a sus ojos.
-Es mejor prevenir, que lamentar.- El hombre pareció lamer sus labios durante un segundo, parecía acostumbrado al frío, de una manera poco saludable.- No deberían estar aquí, jóvenes.- Miro hacia atrás de ella, curioseando entre los rostros.
- No es de su incumbencia, viejo.- Ted respondió antes de que Miranda terminara de pasar la vista por todos los hombres. El “viejo” coloreo sus ojos de un rojo vivo que daba a ver su radiante rabia, avanzo un paso amenazante hacia ellos y el equipo se puso a la defensiva con la mano en el costado, listos para disparar.
-Basta.- Casi lo murmuró, pero todos la escucharon. La voz de Miranda no era una voz seca, ni suave, era profunda y pequeña como la de una chica.- Perdone la insensatez de este niño.- Dijo mirando al hombre con un encanto de inocencia femenina y un toque de seriedad profesional.- Verá, la compañía que patrocinaba a los científicos de este barco, nos han enviado para reconocer la situación, le agradecería si nos permitiera continuar con nuestro trabajo.- Sonrió lenta y suavemente.
-Son muchas armas para que vengan de una compañía ecologista.- El hombre rio sarcástico.
-Sí, bueno, los que asaltaron este barco fueron “piratas”, tenemos armas solo como un medio de protección.- Volvió a sonreír pero solo unos instantes.
-El mundo de hoy sí que es un verdadero peligro.- Rió para sus adentros y sus compañeros igual.
- Debe de haber algo realmente importante en ese barco, como para que envíen a personas así, por él. Y pagaran mucho por “eso”.- Mostró una sonrisa que hizo que Miranda sintiera una capa helada en su espalda, y le erizara los bellos de la nuca.
- Si, pero puedo asegurarle, señor, que no le permitiremos entrar a ese barco.- Miranda lo vio con cuchillas en los ojos.- No sugerirá que es usted y sus finos compañeros los que han asaltado este barco hace poco.
- Puede que no…-Miro abajo, subió la mirada y sonrió como si le hubiesen contado un buen chiste.- Puede que sí.- Ella alzo bajo la cabeza, y muy bajo dijo: “No los maten.” En pocos instantes, en los que Miranda no movió ni un dedo, los 10 hombres ya estaban inconscientes en el hielo.
-¿Todos están bien? – Pregunto con la esperanza de que todos dieran un “si” como respuesta, y así fue.- Terminemos con esto y vayamos al punto de reunión- A lo que nuevamente la respuesta fue un motivante “si”.


Continuaron la caminata sobre la suave nieve y el duro hielo que crujía ante sus pesos, Miranda alzo la mirada una vez más, observando como el negro metal se alzaba ante ellos.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Nostalgia: Capítulo 11



Capítulo 11


- Cásate conmigo.- Matt esta delante de mí, entre nuestros rostros hay unos cinco centímetros, y logro ver mi reflejo en sus ojos.
- Si.- Digo sin pensarlo dos veces. Besa mi frente y nos volvemos a dormir.



Matt:

El desayuno está en la cocina.
Ve a casa por las maletas, no olvides los boletos.

Jade


Le deje una nota en la mesa de noche, porque me fue imposible despertarlo en la mañana, de por sí tiene un sueño pesado, y más si tomó una noche antes.

Todo el día eh tenido esta extraña sensación de felicidad en el estómago, técnicamente ahora estoy comprometida con el mismo hombre que odiaba hace 8 años, y eso me hace feliz. Sonrío mientras me siento en la silla girable de mi  oficina, en la puerta hay un letrero dorado que dice “Jefa de finanzas. Jade Jiménez”

Faltan mínimos 10 minutos, para poder retirarme e irme a la boda de Kale y Ria, escuche en la mañana la noticia que la famosa escritora Mariana Evans se casara el Sábado con un hombre del que no se sabe su nombre, alguien habrá filtrado la información, pero no entera.

Antes de irme actualizo algunos datos en la computadora mientras tomo un sorbo de agua. Hago las últimas revisiones para dejar todo listo antes de mi ausencia, la secretaría llama.

- Señorita Jiménez, hay un hombre que quiere verla, él… dice ser su prometido.- Este idiota.
- Déjelo pasar.- Digo con la rabia atorándoseme en la garganta.

Cuando entra, no lo miro y solo se sienta en uno de los sillones frente a mi escritorio, tecleo algunas cifras.

- Tengo una imagen que mantener, no puedes venir aquí a pavonearte como “mi prometido”.- Le digo sin dirigirle la mirada.
- Pero, soy tu prometido.- Se quita las gafas y la gorra.
- Eres un cínico.- Casi se lo escupo, lo volteo a ver a los ojos, y es como si al instante recordara que yo estaba, hasta hace unos minutos eufórica.
- Hace tiempo que quería venir a tu oficina, verte trabajar.- Me mira lívido. Y aparto la mirada.
- Saldré enseguida, puedes esperar en el auto.- Cálculo algunas cifras.
- ¿Por qué me dejaste tan fría nota en la mañana? – Me dice algo berrinchudo.
- ¿Qué esperabas?
- Un “Matt: El desayuno está en la cocina. Ve a casa por las maletas, no olvides los boletos. Te amo. Jade.” Mínimo.- Juega con las gafas oscuras en sus manos.
- Parece que no me conoces.- Rio un poco, porque él hace que la tensión que genero se disperse.

Suena mi teléfono, un recordatorio, de los que suelo poner para que las fechas importantes no se me olviden.

- Mierda.- Susurro con la mirada fija en el celular.
- ¿Qué pasa? – Me dice entre preocupado y distraído.
- Mañana es la cita con el doctor.- Digo mientras cierro las cifras, las guardo y comienzo a apagar la computadora.
- Ya me siento bien, además es sábado… Iremos cuando regresemos.- Le lanzo una mirada fulminante.
- Le llamare al doctor.- Mientras lo hago él juega un poco la silla que es igual que la mía. Suena el tono y una mujer me contesta.
- Buenas tardes habla al Hospital San Martín. Dr. Rodríguez, ¿en qué puedo ayudarla?
- ¿Podría comunicarme con el doctor? Por favor.
- Un momento.- Espero durante dos minutos y luego la voz cansada del doctor me contesta.
- Buenas tardes.- Me dice.
- Buenas tardes, doctor, soy la novia de Mateo Miramar, verá, mañana tiene cita con usted, sobre los resultados de los análisis, pero hoy en la noche salimos de viaje. Me preocupa que tenga algo y viajemos, podría usted…- No tengo que decir el resto porque el doctor ya me está contestando.
- El señor Miramar no presenta ninguna anomalía en sus análisis, todos están bien, tengan un buen viaje.- Y cuelga. Supongo que un doctor siempre tiene prisa.  

- ¿Qué dijo? – Me pregunta recargando su mentón en el filo del escritorio.
- Que todo está bien.- Le digo con una sonrisa.
- Entonces ¿ya nos podemos ir? – Me dice como un niño.
- Si.- Me pongo el saco, la bufanda y el gorro, tomo mi bolso, y Matt se pone el saco que traía en manos, así como su gorra y lentes. Nos tomamos de la mano y se estira para abrir la puerta.

Cuando la abre, dos o tres personas caen debido a que estaban recargadas en la puerta tratando de escuchar lo que decíamos. Los miro furiosa. Dos segundos después ya no hay nadie en el piso. Matt y yo continuamos caminando fuera de mi oficina.

Cierro con fuerza la puerta y nos miramos cuando el enciende el auto.

- No escucharon nada.- Me asegura.
- Eso espero, por tu propio bien.- Le digo algo enfadada, y él me pasa una mano por la cabeza, acomodando el gorro.

Arranca, el camino acaba de ser limpiado de la nieve y aún sigue cayendo, son las seis y cuarto y parece como si ya fuera media noche, esta oscuro. El camino al aeropuerto es algo largo, porque tenemos que pasar por varias ciudades igual de pequeñas que la nuestra para llegar. En todas está nevando.

- Este otoño está muy frío.- Casi lo susurra. No le contesto, estoy cansada y mis ojos se quieren cerrar.

Cabeceo, pero me obligo a seguir despierta porque hay una nevada y no quiero tener un accidente. Finalmente, siento con Matt me acomoda la cabeza hacia atrás y la recarga en el respaldo.

Lo siguiente es Matt despertándome.
- Linda, ya llegamos.- Me dice dulce. Acaba de estacionar la camioneta, y la nieve sigue cayendo. Me despabilo, me quito el cinturón de seguridad y compruebo la hora son las ocho, y nuestro vuelo sale nueve y media. Miramar ya está al lado de mí, abriéndome la puerta y ofreciéndome su mano para bajar, la acepto, porque aún me siento dormida.


Esperamos que llamen al vuelo 09860 a Japón.

Cuando Miramar es obligado a despojarse de su anonimato en el aeropuerto para pasar la revisión, la gente suelta pequeños susurros de conmoción y las chicas suspiros y gritos de alegría. Me ignoran.

Es un fastidio cuando las cámaras llegan y sueltan una lluvia de flash en nuestras caras, Miramar parece estar bien con ello, yo aparto la cara evitando que mi cara se propague como la proclamada novia de Mateo Miramar, Matt no suelta mi mano.


El avión es un somnífero para mí, y caigo dormida en cuanto el avión está en el aire y me acomodo en el hombro de Matt. Siento como me soba la mejilla del dorso de su mano, es suave y lo hace delicadamente, gira la cabeza sobre la mía, y me roba dulcemente un beso.

- Perdón, te desperté.- Me dice algo enfadado consigo mismo y al mismo tiempo conmovido de mi rostro.
- ¿Falta mucho para aterrizar? – Giro mi rostro hacia el suyo, pero no me retiro de su hombro, por lo que veo su mentón definido mientras se gira a su reloj.
- Una hora. ¿Quieres discutir la boda? – Me dice con tono serio, pero no puede evitar soltar una sonrisita, se me colora la piel, pero igual rio. Me quito de su hombro y me recargo en la ventana, todo está silencioso, parece que la mayoría de la gente está dormida.
- ¿Qué boda? – Trato de parecer distraída. No lo logró. Solo me sonríe, se acerca a mí rozando mis piernas con sus grandes y cálidas manos, espero un beso, pero solo me abraza por la cintura, permaneciendo en mi pecho.
- La nuestra.- Me susurra rozando sus labios con mi clavícula.
- ¿Qué tendríamos que discutir? – Le pregunto jugando su cabello. Dios, como me gusta su cabello, respiro su olor.
- ¿Cuándo será? – La pregunta hace que mi corazón vaya deprisa.- Tu corazón… late rápido.
- No es de tu incumbencia el ritmo de mi corazón.- Le digo más agria de lo que quisiera. Se levanta y me mira a los ojos, parece arrancarme el alma.
- Tu corazón me pertenece, es de mi absoluta incumbencia.- Me arrebata otro beso, en la barbilla. Agacho la mirada, con la cara hecha un tomate y apunto de besarlo.

Me toma la cara entre sus manos y me obliga a mirarlo, no soporto más esto, enredo mis dedos en su cabello.

- Y el tuyo a mí.- Me acerco y lo beso, no es, hasta que escucho el taconeo de la azafata que lo corto, y él se irgue en su respaldo, me toma de la mano y la estruja con cariño.


- Para la próxima será en primera clase.- Se queja y se estira de la espalda, es muy alto.
- Te la pasas sentado todo el día, ¿cómo te pudiste cansar? – Le digo mientras caminamos a la salida. Las personas lo miran entusiasmadas.
- Al menos algo salió bien de este avión.- Me dice y lo miró preguntándome el qué. Me contesta.- Puedo decir que te bese en el aire.

Mi piel se colora y su mirada me penetra sin permiso, trato de sostenérsela en nuestros típicos retos de miradas, aunque tenemos que seguir caminando y eso impide que sigamos. Me toma de la mano, y se pone los lentes.


En el mismo hotel donde nos hospedamos la última vez, pero diferente habitación, además de que ahora solo es una. El aire me hace sentir tibia y fresca, es un excelente clima que define la primavera de excelente manera. Me recargo en el barandal y admiro el mar, es precioso, de un color verdoso y limpio.

Miramar llega por detrás y me abraza, sujetando mi cintura y atrayendo mi cuerpo a él, recarga su barbilla en mi coronilla y tomo sus manos que tocan mi abdomen, y mis dedos aprietan sus huesos y venas.

- Me gusta el mar…-Confieso en un murmullo.
- ¿No querrás decir “me gusta Miramar”?.- Suelta una risa que me hace sonreír.
- También.- Contesto entre risas, y me giro para quedar frente a él, mis esplendidos tacones de puente de corcho, me permiten abrazarlo y escuchar el ritmo de su corazón, se acelera al igual que el mío. Desplazo mi mirada hacia arriba y sus ojos me atrapan admirándolo.

Pasa sus manos por mi cabello, son cálidas y sudan cuando están conmigo, las deja en mi cuello, y mueve los pulgares alrededor de él, no aflojo mis manos que se enrollan en su cintura, juntamos nuestras frentes y cierro los ojos, justo antes de que me bese, tan tierno como siempre, y tan delicado como nunca nadie va a ser conmigo.

Nos metemos a la habitación, y nos recostamos uno a lado del otro, y nos quedamos dormidos en unos segundos.

Cuando despierto es por el olor de la comida, son las 8 de la mañana y Miramar me mira desde arriba, alza mi barbilla y me besa la nariz. Que la vida se detenga.

Que nada se mueva de este momento… lamentablemente uno no puede ser tan egoísta como para pedir el tiempo para sí mismo, si siguiéramos en ese momento, nada me mataría y la soledad no me diera tanto miedo como una niña de ocho años temiéndole al monstruo del armario.

Miramar, me a pánica el hecho que ya no estés conmigo, que ya no existas y que solo por tus libros te recuerde, a veces, aún si no lo quiero, lloro.  Escasas fueron las veces que llore junto a ti, pero fueron suficientes para que supiera que no hay nada como tus consuelos silenciosos, y llenos de ternura… ahora no me queda nada de eso.


Mariana Evans viste un vestido blanco que no es largo, y ni un poco elegante, deja ver sus piernas y sus tacones son bajos a comparación con los míos, ahora me ve, y me incomoda, porque es como si me enviara señales que no sé interpretar. Lleva un ramo de flores tan sencillas que uno pensaría que han sido cortadas de la pradera, de aquí cerca de la playa.

No es más que una boda civil, como ahora se acostumbra, hay pocos invitados, y en su mayoría somos jóvenes, cuando el notario les da permiso de besarse después de firmar los papeles, nos levantamos de nuestro asiento y les aplaudimos. Hay algo en mi pecho, algo como orgullo o tal vez estoy muy conmovida, y Matt lo nota y me pasa un brazo por los hombros.

El mar no podría estar más hermoso, con su espuma y es el fondo perfecto para una boda como esta, Kale sonríe todo el tiempo, a todos y por todo, se nota como el hombre más feliz del mundo. Cuando nos acercamos a felicitarlos, abrazamos a ambos.

- Un día te torcerás un pie.- Me regaña Ria, la veo avergonzada, como si mi madre me regañara.
- Le encantan sus zapatos.- Le dice Miramar cuando termina de abrazar y hacer un “saludo” de hombres con Kale.- Y a mí también.- Confiesa después de una pausa.

Después de todo me vería diminuta entre los 170 y 190 centímetros que parece ser el rango en este lugar.

En las mesas redondas hay copas de champaña y pequeños vasos para tequila, nos sentamos junto a unos chicos a los que Miramar conoce bien, y creo reconocer de mi primera visita aquí, más sin embargo llevan como acompañantes otras chicas, se ven obedientes y no hablan nada, ni hacen más que espolearse la nariz, y comprobar su maquillaje en un espejo.
Me ven extraño, cuando entro en la conversación, sigo siendo fría así que no contesto más que con monosílabos y pequeños gestos, en algún momento alguien comienza a atacar nuestra relación, y solo rio, porque Miramar hace chistes sobre todo, y siempre sabe cómo hacerme reír.

La cena se compone de un banquete completo, y para ese momento el sol ya no alumbra el mar y la marea comienza a subir, hay menguante, casi tan lejana que uno no la notaría sin mirar dos veces.  

Después de cenar se hace un brindis, y todos comienzan a platicar libremente de todo. Ria me vuelve a mandar señales, y aprovecho un momento de aburrimiento para irme de allí hacía los sanitarios en la parte del hotel, camino por un sendero de piedras que me incomoda por los zapatos, cuando me estoy lavando las manos, y veo mis ojos, Ria está detrás de mí, se sienta en uno de los lavabos sin temor de ensuciar su vestido, cruza las piernas y me mira. Me seco las manos con una toalla.

- ¿Ya te lo propuso?- Me pregunta sin ningún preámbulo.
- Si.- Contesto, siento un escalofrío recorrer mi espina dorsal.
- ¿Cuándo será?
- Aún no hemos hablado de ello.- Tiro la toalla mojada a la basura y me giro a verla. Hay una larga pausa en la que considero salir de allí.
- Felicidades.- Me dice, con una sonrisa en el rostro, llena de amistad.
- Gracias.- Le contesto tratando de imitar su gesto. Baja del lavabo e increíblemente su vestido no está mojado.

No decimos más y salimos del sanitario hacia la fiesta.


Kale le embarra pastel en la cara a Ria, quien ríe a carcajadas, y le hace lo mismo, estamos conmovidos de la escena, y reímos felices de su felicidad. El pastel es particularmente dulce, lo que hace que Miramar lo pruebe, haga gestos y lo deje en el momento, lo miro es un niño pequeño.  Por debajo del mantel, pone su mano en mi pierna y alzo mi mirada hacia él, su expresión es plana, pero su mano está sudando, pongo la mía sobre la suya, y agacho la mirada hacia el pastel, que ahora me parece amargo.

Nos levantamos de nuestro asiento a socializar con algunos de los conocidos de Matt, y una de las chicas que tiene rasgos finos de asiática, de la cual no conozco su nombre, mira mi cuello, y se le iluminan los ojos.

- Que bonita.- Dice en inglés, pero con un remarcado acento. Señala la esmeralda de Miramar.
- Gracias.- Trato de sonreír. Miramar y yo, intercambiamos miradas, y me hace ruborizarme.

Antes de terminar la noche Kale llama a un brindis. Se levanta de su asiento y obtiene la atención de todos.

- Gracias por acompañarnos, en este día tan significativo.- Toma la mano de Ria con extrema delicadeza.- Nunca espere casarme.- Se alza una risa en la multitud.-Y espero no volver a hacerlo.- La mira.- Esta es nuestra última noche en este país, me han ofrecido un empleo en la NASA e iremos a América.- La conmoción nos hace callar.- Y ha sido magnifica, esta nuestra última vez. Gracias amigos.- Hace una pausa en la que nos mira a todos detenidamente, se detiene en nosotros.- ¡Vayan apartando fecha para la de Matt! – Dice emocionado, y señalándonos. Me ruborizo cuando todos nos ven, y aplauden.- ¡SALUD! – Grita emocionado.- Por la juventud.- Susurra, y bebe de su copa, al mismo tiempo que todos.


Me quito los zapatos, y camino por la arena, el agua esta helada, así que la evito a toda costa. Matt pasa el brazo sobre mis hombros, su aliento huele a alcohol, y sospecho que caerá en cualquier momento.

- ¿Te conté alguna vez, como conocí a Kale? – Me pregunta, aunque no espera mi respuesta.- Teníamos 6 años, su padre es dueño de una importadora.- Me hace un desliz de “mucho dinero”.- Y mi padre hacia negocios con él, por parte de la imprenta. Cuando mi mamá no me podía cuidar por estar en el hospital, iba al trabajo con mi papá, y Kale paso su infancia en la oficina de su padre, “aprendiendo el oficio”, siempre ha sido muy maldoso, así que cuando derramo leche con chocolate sobre papeles importantes de su padre, me acusó a mí.- Se señala con su mano libre y suela una sonrisa irónica.- Aunque después se enteraron que fue él, ¡¿Cómo iba yo a estar tomando leche con chocolate?! – Se ríe, y estoy convencida de los efectos del alcohol sobre él.- Después de pelear, jugamos videojuegos, y nos hicimos amigos, lo enviaron aquí cuando cumplió 15.- Su rostro cambia de expresión.- Me ayudó mucho cuando perdí a mi familia, es mi mejor amigo.- Se dibuja una limpia y conmovedora sonrisa en su rostro.


No sé porque pero pienso que Matt se siente algo solo en estos momentos. 

domingo, 2 de marzo de 2014

Justicia: Capítulo 7

CAPITULO 7.

*Conversación en ingles*

-¿Cómo sigue tu mejilla?- Preguntó el jefe amablemente.
-Ya mejor. Al menos duele menos que un tiro.- Miranda rió.
-¿Y tu equipo? - La miró a los ojos.
- Alphonse dice que estarán bien en unos días. Aunque yo los veo mejor que nunca.- rio.
-¿Ya has hablado con Ted? - Miranda borró su sonrisa de la cara.
-Por ahora no quiere hablar con nadie. La mayor parte del equipo lo trata mal porque fue su culpa de que la misión se complicara.- Miranda bajo la mirada.
-¿Y tú qué piensas? - Francesco recargo los codos sobre la mesa y se inclino interesado por la respuesta de Miranda.
-Que cualquier error de mi equipo, es culpa mía.- Talvez debí de haberle dicho que se quedara en el helicóptero y que Luke fuera con nosotros.- Agitó su cabeza queriendo despejar sus ideas sin ningún logró.
-Ted es un tanto infantil. Como líder deberías de hablar con él sobre su comportamiento. No estarte con sentimentalismos innecesarios.- Francesco se levantó y miró por la ventana, ¿Por qué habré pensado que estaba siendo amable? - Su siguiente trabajo es en tres días. Te sugiero te encargues de unir a tu equipo para ese día.- Miranda observo el fólder beige sobre el escritorio, y lo tomó de mala gana. Observo la espalda de Francesco y se dirigió a la puerta yéndose muy dignamente. Francesco, se alegró de otra vez verla tan llena de ese orgullo que la hacia se quien era.

* *  *  *  *

Miranda se detuvo en seco frente a la habitación de Ted, se preguntaba cual sería la mejor forma de hablar con él, debería de imponerse como líder o ser su amiga, ¿Cuál de ellas, no tomaría como ofensa?

-¿Te quedaras más tiempo parada allí, o hablaras conmigo?.- La voz de Ted atravesó la puerta y llego a los oídos de  Miranda, ella abrió la puerta. Ted estaba sentado en su cama viendo hacia la ventana.
-Lo siento, no es mi intención molestarte.- Miranda puso sus manos detrás de ella, y camino hasta estar a su lado.- ¿Qué tal tus heridas?
- Han pasado dos semanas, es obvio, que ya estoy mejor.- No la miró, Ted tenía la cabeza gacha.
- ¿Bueno que tal tu orgullo? ¿Aún está herido?.  Miranda sabia que preguntar en momentos como ese.
- Un poco. Arruiné la misión, me ordenaste que me calmara, pero no te hice caso, me ordenaste que me quedara con Nikolay y Kouchi y fui tras de ustedes, por que creí que yo debía de estar allí, y por mi culpa ellos quedaron lastimados gravemente, si no me hubiese ido, hubiésemos terminado con los que estaban afuera, y el hombre ese no me hubiese dado una golpiza, los hubiésemos emboscado por atrás, y la misión hubiese sido un éxito, pero lo arruine.- Ted sonaba honesto y débil por primera vez en todo el tiempo que Miranda lo había conocido. Ella se sentó en frente de él, cruzando las piernas, y sosteniendo su cuerpo con sus brazos en el piso, lo miró al rostro.
-Usas mucho las variaciones de hubiera.- Miranda notó que Ted alzaba la mirada poco a poco, y lo miró a los ojos.- Usas mucho algo que no existe. Las cosas pasaron de una u otra manera, lo importante es que todos estamos vivos, y el niño salió ileso, eso es todo lo que importa. ¿Por qué no te disculpas con el equipo? Y te tratas de llevar bien con ellos, a pesar de tus problemas con la autoridad, y el compañerismo. Me encantaría no ser solo su líder, si no también tu amiga. ¿No te gustaría eso? - Miranda usaba una voz dulce y cordial, sus oscuros ojos convencían a Ted un poco más cada segundo.

- ¿Creen que Mira venga? - Nikolay preguntaba mientras jugaba poker en la habitación de Miranda.
-Yo creo que tiene que volver en algún momento a su cuarto… A menos que haya conseguido con quien tener sexo esta noche.- Maya soltaba una maliciosa sonrisa
-¡Estoy presente! - Con su plana voz un poco alzada de tono Ferdinand reclamaba.- Dos.- Mientras cambiaba dos de sus cartas. Teo, estaba recostado en el sofá detrás de él.- ¿Por qué no juega también usted? Señor segundo al mando.- Pregunto monótono.
-Porque son una bola de tramposos, en especial tu, mocoso.- Golpeo ligeramente la nuca de Ferdinand.
-¿Qué hay de ti Kouchi? No juegas.- Maya pregunto mientras ponía una carta en la mesa.- Una.
-No soy bueno en los juegos de cartas.- Contesto amablemente.
-¡Vamos Luke, deja de leer y ven a jugar! - Reclamo fuertemente Nikolay.
-Apostar, no esta en mis principios.- Dice mientras bebe una taza de té. Era increíble como todos cabían en la pequeña salita de la habitación de Miranda.
-¡Ya llegué!.- Anunció Miranda, con Ted detrás de ella.- Y traje al señor “no salgo de mi habitación”.- Miranda sonrio, pero todos pusieron caras largas cuando lo vieron entrar, el aire se espeso.- Tiene algo que decirles.- Empujo hacia delante a Ted.
-Ahh yyooo…-Balbuceo.- Siento haber arruinado la misión…-Ted sentía la abrumante amargura de el desprecio sobre él.- De ahora en adelante tratare de ser un equipo con ustedes.- Bajo la mirada apenado.
-¿Juegas .- Pregunto Maya
-¿Qué? - Dijo incrédulo Ted
- Que si juegas, poker. Vamos ven a jugar un rato con nosotros.- Dijo con una sonrisa en la cara.- ¡Tú también, Mira!
-No… les ganaría a todos.- Mientras Ted se sentaba a lado de Maya, todos rieron ante la declaración de Miranda. Y ella se sintió tranquila por primera vez desde hacia semanas. ¿De qué se tratara el nuevo trabajo?

* *  *  *  *

-Doctor… ¿Podría hablar un momento con usted?- Miranda se acercó lentamente al hombre frente a la chimenea, estaba tomando un café de fuerte olor y leyendo lo que parecía un periódico.
-Mira, claro.- Bajo el periódico y la miró con curiosidad.- ¿Qué sucede?
-Usted creerá que mi equipo está listo para ir a otra misión.
-Así que el jefe opto por enviarlos.- Dijo dando la vista al ardiente y carmesí fuego de la chimenea.
-¿Cómo dice?- Miranda sintió un estrujo lleno de curiosidad y cierto enojo. Aún no podía creer que aquel hombre le hubiese hablado de esa manera en la mañana.
-El jefe me preguntó lo mismo anoche, dijo que si ya estaban en condiciones, entonces los enviaría a un pedido. Aunque él se vea algo rígido de verdad que se preocupa por nosotros.- Miranda lo miró con gran incredulidad.- Tu equipo estará bien, tienen una gran líder.-Le sonrió dulcemente y Miranda trato de alargar sus labios para no parecer grosera.

Se despidió con una reverencia y se fue del recibidor ese maldito jefe, siempre con sus máscaras Miranda llego a la puerta de la oficina del jefe, donde se paró recta y tensa antes de tocar la puerta, trago saliva y sintió como su tráquea se expandía ante la acción, ¿qué es lo que iba a decir o hacer? Le reclamaría sobre algo que supuestamente no sabía, ¿qué responsabilidades tendría que cargar si entrase y abriese la boca como si nada?, bajo la mano, así como la mirada y se recordó a sí misma no hacer estupideces. Al final no tocó la puerta.

* *  *  *  *

En el interior del gimnasio, se escuchaba un ronco sonido, un golpe tras golpe, como si alguien de 80 kilos se callera una y otra vez, sin descansar sobre el piso, o si alguien botase un balón con demasiada fuerza, Teo se sentía constipado por la curiosidad, ¿Quién o qué producía tal ruido? Nunca creyó que alguien además de él, usara los sacos de arena, cuando se asomó para comprobar que tal vez era uno de los de la guardia personal del jefe, se dio cuenta de la pequeña y delgada silueta que se situaba delante de uno de los sacos, la líder de su escuadrón tenía las manos acogidas por una gruesa capas de vendajes que se coloreaban en un tono carmesí, daba patadas, y golpes, su frente estaba llena de sudor y su ligero y negro cabello lucia como recién lavado, soltó una risa inevitable al verla.

*Conversación en castellano*

- Mira… ¿qué haces aquí tan temprano?- Teo observo a su agotada líder, mirar hacia él, con ojos llenos de convicción, como si mientras estuviese golpeando el saco hubiese tomado una decisión, el rio a lo bajo.- ¿Algo de entrenamiento matutino?- Parecía divertirse viéndola de esa manera. Le aventó una de las botellas de bebida energéticas que llevaba en los brazos, ella la tomó habilidosa.
-¿Matutina?- Por un momento pareció olvidarse del mundo. Miro hacia la pared de su derecha y observo el reloj colgando en ella, eran las 5 de la mañana.- Pero… ¿Qué tan loca estoy?- Él la miró atento.- Eh estado aquí desde la una de la madrugada.- Rio nerviosa, como si alguien la fuera a regañar por ello.
- ¿No se dio cuenta del tiempo?- Él la miró divertido y confundido a la vez con ojos compasivos. Pero ella le regreso una mirada furiosa.
-Lo vuelves a hacer… A veces me hablas de tú y a veces de usted. ¿Podrías decidirte?- Miranda lo miró suplicante y autoritaria, como si fuese una orden.
-Bueno, es que no sé cómo tratarte.- Soltó una risa algo nerviosa, se puso la mano en la cara y miró al piso. Se agitó y de improviso se puso nervioso ¿qué pasa? Se preguntó a sí mismo, como si una vocecita en su cabeza le fuera a contestar.
-Puedes hablarme de tú. Los dos somos mexicanos, así que creo que somos “hermanos”.- Dijo con una sonrisa divertida y penosa en la cara.- ¿Vienes todas las mañanas?- Miranda lo miró curiosa, parecía que iba a practicar con el saco, pero no parecía listo para ello, a pesar de tener una gran masa muscular, no parecía que fuese diseñada para el boxeo.
-Es lo único que hay, que no sean maquinas, opte por intentar algo nuevo, y estoy enseñándome a mí mismo.- Sonrió, nuevamente nervioso, sentía que decía estupidez y media. Ella dio una media sonrisa.
-¿Quieres que te enseñe?- Teo levantó la mirada y la cabeza.- Aprendí artes marciales mixtas, pero primero las practique por separado, Esgrima, Kendo, Box, Taekwondo, Jujitsu y un sinfín de cosas.- Volteo la cabeza hacia el saco, y sonrió lentamente mientras estiraba la mano sobre la gruesa y áspera tela, parecía en extremo nostálgica.
- ¿Por qué aprendiste tanto?- Él la miro con clara preocupación.
- “¿Por qué?”… preguntas…- Ella alzo apenas un poco la cabeza mientras cerraba el puño encima de la tela.- Probablemente porque tenía miedo a que alguien me hiciera daño, si sabía cómo defenderme, entonces no habría problema.- Por un momento Teo creyó que vería a aquella chica que la mayoría ve como chico, por su duro carácter, llorar, pero no lo hizo solo soltó un fuerte y largo golpe que tiro el saco de su sostén, y desplazó un largo y fuerte sonido a través de la pequeña sala de box, ella atrajo su puño cerca de su pecho y lo miró, abriéndolo y luego cerrándolo intensamente, sonrió victoriosa.- ¿Te enseño?- La miró con un rostro de asombro más evidente de lo normal, con la boca abierta y los ojos hechos platos, parecía realmente impresionado con la fuerza de Miranda, se puso un recordatorio en mente “nunca molestar a Miranda”, la miró a los ojos, trago saliva y movió la cabeza de arriba para abajo.

* *  *  *  *
*Conversación en Italiano*

- ¿Escolta de un gran empresario?- Marie, parecía asombrada de lo que su jefe le proponía.
- Si no pueden o quieren hacerlo, solo díganlo. No pasara nada.- Sonrió.
- Lo sé Fran, solo que es raro que nos pidas algo como eso.- Estaba sentada, pero ya no de la manera relajada en la que estaba antes, si no estresada y lista para brincar.
- Además el otro equipo está a punto de salir a otra misión, no podemos simplemente irnos y dejarte aquí, solo y con todas esas familias tras nosotros, en este momento.- Stephan parecía ser el más tranquilo, pero también el más sorprendido.
- Normalmente cuidarte seria deber de Tamara.- Dijo Ángelo con rostro sublime
- O Al, siendo así no podemos dejarte aquí solo, aunque signifique negar una de sus órdenes sexto.- Álvaro continuo la oración de su gemelo, como si hubiesen estado coordinados para hacerlo así. La atmosfera de la habitación se puso pesada, por la nostalgia y el hueco causado por la ausencia de dos de sus compañeros. Francesco entrecerró los ojos, mirando a su guardia privada durante unos segundos, preguntándose si sería bueno, dividir a los dos grupos, algunos que se quedaran y los otros fueran a las misiones, pero esa mirada de ellos, de sus amigos, diciéndolo a gritos que no lo dejarían solo, sonrió un poco a la situación y se volteó a la ventana antes de que alguien lo viera hacerlo, puso sus manos atrás, y miró el patio.

- Como ustedes gusten.- Dijo aliviado, y un poco más tranquilo que antes.- Le diré al cliente, que busque otra opción.
- Fran, es la primera vez que estamos todos, después de que llegó la líder del escuadrón de Justicia, la chica tiene mucho tras ella, pareciese que carga mucho desde hace tiempo.- Marie parecía preocupada, de la seguridad de su jefe y de la de Miranda.- ¿Estás seguro que su pasado no le impedirá hacer las cosas?
- Ella ha pasado por más que todos nosotros. Además, su definición de Justicia encaja con la mía, sobre todo… está bien entrenada.- Sonrió nuevamente, esta vez sus mejillas se contrajeron un poco formando pequeños hoyuelos en los extremos.
- Jefe, usted… ¿qué tipo de sentimientos tiene por la chica?- Lo escucho con claridad, y supo que Ángelo, lo preguntaba en el sentido romántico.
- No seas idiota, es obvio que el jefe solo se preocupa por ella, como lo hace por nosotros, después de todo la conoció hace un mes.- Por un momento un flash de recuerdos invadieron la mente de Francesco, cuando Tamara le contaba sus aventuras con una niña terca e inteligente, cuando la vio en una foto por primera vez, cuando vio su historial, si esa noche en la que él estaba leyendo las tantas hojas de la historia de Miranda Santiago, esa noche en la que lloró, en la que deseo haberla protegido ¿qué es lo que se había roto esa noche? Y ¿por qué? ¿Qué era lo que había sentido cuando la vio en Venecia?
- Fran.- La voz de su amigo se abrió paso entre sus pensamientos y lo hizo retornar a la vida en realidad.- ¿Qué pasa? ¿Estás bien?- Miró el rostro de su amigo sintió una preocupación extrema.
- Estoy bien, solo que estas desveladas me mataran pronto.- Rio simpático para no alertar a sus amigos en la habitación.
- Bueno, para empezar lo harán más viejo, jefe.- Todos rieron, menos Marco que siguió atento.

De las sombras en el jardín, hacia donde miraba el jefe, encontró a Miranda caminando haciéndose bromas junto a Teo, y por primera vez los que se acercaron a la ventana como Marie, Marco y el jefe, observaron la brillante sonrisa de la líder del escuadrón de justicia.

Francesco sintió un retortijón entre su pecho y su estómago y su corazón,  la garganta se le hizo nudos, por el rabillo del ojo alcanzo a ver a su amigo Marco, sonrojado hasta el cuello, tanto que creyó ver sus lentes empañados. Francesco miro hacia abajo, mientras ellos iban desapareciendo constante iban hacia adentro de la enorme mansión.

- Parece que se llevan bien ¿no?- Marie sonreía un poco, mientras veía a Stephan por un lado y él le regresaba la mirada con una sonrisa, se atrajo el cabello detrás de una de sus orejas, bajando la mirada.
- Ojala no se lleven demasiado bien. No quiero que sus sentimientos arruinen las misiones.- Francesco lo dijo, pero no pudo evitar no sonar sincero. Ángelo cedió ante la presión que ejercía el jefe en cuanto a querer estar solo.
- Creo que es hora de desayunar, les prepararemos algo.- Dijo, mientras veía, con presión a su hermano.
- ¿Desea algo en especial, jefe?- Se vieron el uno al otro y luego vieron de improviso a su jefe volteando su cuerpo y vista hacia la habitación, por un momento sus subordinados parecieron ver el rostro triste de su jefe, pero al instante regreso la cara firme y decidida de él.
- Waffles con fruta.- Pidió con algo de felicidad en el rostro, por instantes se le quedaron viendo con algo de preocupación.
- Waffles… A la orden jefe.- Álvaro y Ángelo contestaron al unisonó, todos salieron de la oficina, como si la última frase hubiese sido la señal la señal de salida. Se quedó Marco, y veía mientras su amigo se sentaba en la gran silla detrás del escritorio.
- Podrías dejar de ser jefe si tú lo quisieras.- Volteo su cuerpo hacia su amigo y lo vio con preocupación.
- ¿Y quién se hará cargo de la familia? Recuerda, ahora soy el único descendiente de la familia Giglio.- Miro la foto con rostro melancólico.
- Podrías escoger a Stephan, o Marie.- Dijo mientras pensaba rápidamente que decir.
- Ellos están enamorados, no les podría hacer eso. No podría. Por eso me encargue yo de la familia, porque mi hermano menor estaba totalmente enamorado.- Sonrió, con honestidad.
- No puedes privarte de las cosas, solo por esto.
- Y ¿tú? Vi tu rostro viéndola, no me dirás que no quieres algo con ella.- Le dijo con una furia instantánea en la voz.
- No, yo no tengo oportunidad, me gusta como persona, no puedo pedir más que su amistad. En cambio amigo, deberías de saber que ella es lo suficientemente fuerte, como para no correr peligro en ello.- Dijo claro y conciso mientras le tocaba el hombro en señal de apoyo.- Que nada te impida ser feliz Fran.- Con esta última frase. Y dejo la habitación.
- Pero si hago eso, te impediré ser feliz, Marco.- Susurro sin esperar ser escuchado y puso sus manos recargadas en el escritorio y su barbilla recargada en ellas. Lo que ella era para él, un gusto, un enamoramiento, o simplemente un capricho indeseable ¿qué mierdas está pasándome? Condujo su cuerpo hacia atrás apoyándolo en el respaldo y desparramándose en la silla, poniendo sus manos sus ojos, esperando al llamado por el desayuno.

* *  *  *  *
 *Conversación en ingles*

- ¿De qué trata?- Maya estaba recostada en el sofá de una de las muchas salas de estancia de la mansión, jugaba su rifle.
- Hace un mes, un grupo de científicos que trabajan para una compañía en pro- del polo norte, viajaban en un barco cerca de la zona de icebergs, unos “piratas” se subieron a él, noquearon a todos en el barco y lo estrellaron, dejándolo a la deriva, después los aventaron en un lugar cerca de la costa al otro lado de donde estaban…- Miranda leía los papeles en el folder beige.
- Y quieren que los rescatemos.- Afirmo contento Ted, como si le hubiesen dicho que eso iba a incluir golpes y disparos.
- No, es algo más como una misión de bajo nivel. Lo único que tenemos que hacer, es ir al barco y recuperar la investigación de los científicos.- Dijo pasando la vista del folder a su equipo, la miraban aparentemente aburridos.
- ¿Estás de acuerdo en que es algo aburrido ir solo por las hojitas de datos de unos científicos?- Ted era el más desinteresado de todos ellos.- Podría hacerlo con una mano y un pie atados a la espalda.- Sonrió formidable.
- Creo que el jefe nos envía a nosotros porque es algo que solo nosotros podemos hacer.- Miranda miró al infinito, y luego dirigió su mirada a su equipo disperso en la habitación.- Si no fuese así, hubiese enviado a Stephan.- Los vio decidida a ir a la misión, ellos le regresaron la mirada confiando en su decisión.
- Usted es la líder.- Kouchi, no hablaba muy seguido pero lo hacía cuando era necesario. Miranda sonrió, y dirigió su mirada al fuego carmesí de la chimenea.
- Vayan a dormir, mañana hay que partir temprano.- Se levantó de un golpe y camino hacia la salida.
- Mira, debes de ir con Alphonse para que cure tus puños.- Teo parecía preocupado.
- Estaré bien.- Sonrió débil y se fugó hacia su habitación. Si era verdad, si el jefe los había enviado a ellos, era por algo. Entro a su habitación, y encendió la luz, cuando vio la ventana de la terraza abierta, se tensó y se alargó hacia la mesa de noche, de donde saco una pistola, miró la habitación con ojos analíticos.
- Saludos de la familia Caprittio*.- Dijo una voz detrás de ella, y sujeto la soga que la estrangulaba por el cuello, sentía como su respiración se cortaba, y los pulmones luchaban por oxígeno, Miranda abrió la boca con la esperanza de tomar algo de aire pero era inútil, sentía como la sangre se le iba a la cabeza, el arma había caído al suelo voy a morir, voy a morir… se desesperaba un poco más, cada segundo, no quería morir, no así y no cuando ya había conseguido un lugar seguro, agitaba los pies, sin saber qué hacer, golpearlo, pero ¿con qué? la cabeza se fijó en que su cabeza daba a la altura de la barbilla del hombre, mientras sus pies se jaloneaban de un lado a otro y sus pulmones estaban a punto de rendirse, puso sus últimas fuerzas en un movimiento de cabeza el más fuerte que pudo lograr, y al parecer era lo suficientemente fuerte como para hacer que el hombre aflojara la cuerda, y Miranda metiera sus dedos entre la soga y su piel, la jalo, y tomo las manos del hombre, enterrándole las uñas, y se inclinó hacia adelante haciéndolo caer bruscamente al suelo, Miranda se arrodillo junto a la pistola, y el hombre levanto su arma, apunto contra ella aún de rodillas, se miraron a los ojos, Miranda tenía los ojos tan duros como el acero, y hacían dudar al hombre, dejo el arma en el suelo otra vez.

-Levántate*.- El hombre quebró su voz, mientras se levantaba dos segundos antes de que lo hiciera Miranda. Ella levanto los brazos, y miró al suelo, comenzó a reír a lo bajo.
-¿Cómo le ha quedado la nariz a tu jefe?- Pregunto, retadora, alzando la mirada y hundiéndolo en la profundidad de sus ojos. Volvió a reír, el hombre la miro con furia extrema. En el momento en el que el hombre sonrió y tiro del gatillo, el sonido de un balazo se distribuyó por la habitación, Miranda se inclinó, tomo el arma, se acercó automáticamente al hombre, y le dio un gancho derecho en el hígado, y un golpe con la culata del arma en la cara, lo noqueo y cayó al suelo en un par de segundos. Miranda agitó su mano izquierda, para que el dolor se fuera, cinco segundos después llego Teo, abriendo la puerta desesperado con cara de susto y detrás de él llego el resto del equipo, agitados y preocupados, Maya se acercó a Miranda y la abrazo con extenso cariño y alivio, ella sonrió tranquilizadora.

- Mira ¿estás bien? ¿Qué pasó?- El jefe había llegado agitado.
- Si, solo un mal asesino de los Caprittio.- Sonrió relajada ante el hombre caído.- Todo está bien.