jueves, 30 de enero de 2014

Nostalgia: Capítulo 4

Capítulo 4



Había pasado más de un año desde aquello. Tenia 19 y aun trabajaba en la librería solo que ahora tiempo completo, por que ahora solo era yo y José, a Malora se le había despedido, ella había filtrado la información de la llegada de Miramar. Yo ahora iba a la universidad y estudiaba, Administración de empresas. Era tan exacta y real. Fascinante para mí ser.

Mateo Miramar había anunciado que tomaría un receso, para darse nuevas ideas.

Se anunció que saldría su nueva antología de poemas, junto con su nuevo libro, decían que seria una revolución de su encanto romántico. Seria un día de locos en la librería.
16 de Diciembre. (Sábado)

Sale a la venta en las librerías los nuevos libros. Tenia que llegar temprano para recibir el paquete. Hacia tanto frió que las calles estaban llenas de hielo. Y mis dedos terminarían siendo palillos chinos de hielo.

Llegué y abrí la puerta. Me restregué los pies en el tapete que decía “Bienvenidos” y fui a prender la calefacción. Pronto el aire, calentó mis mejillas. Los repartidores llegaron y me dieron 5 cajas de cada libro. Di el importe a pagar. Y se fueron.

El primero se llamaba.

“Días de soledad”

El segundo que era la antología:

“Palabras de un corazón roto”

Me parecieron dramáticos, y abrí  una caja de cada uno para acomodarlo en la estantería. Estaba acomodándolos. Cuando note que solo teníamos una copia de “Misericordia” se vendía bastante. Lo observe de cerca. Estaba dañado por eso nadie lo quería. Lo quite de la estantería, y fui a la bodega, a ver si había una caja. Y efectivamente, había una caja con 20 copias. La baje y acomode 10 copias en la estantería. Cerré la caja y la deje en la bodega otra vez. Cuando llegara el jefe le preguntaría si lo tiraba o lo regalaba.

Como lo había pronosticado. Había sido un día de locos y se terminaron  casi todos los ejemplares, se hubiesen terminado, si no es que ya tenia que cerrar. Antes de hacerlo, barrí, y trapee, el lodazal que se hizo por que había llovido en la tarde. Solo quedaron unas par de copias de ambos. Llego el jefe para hacerme corte. Le dije que casi se habían terminado los libros, y llamo a la editorial para hacer otro pedido. Esta vez pidió 6 cajas de cada libro, gracias al cielo me tocaba descansar al día siguiente. Le comente sobre el libro dañado.

—¿Por qué no te llevas estos sobrantes y el dañado?- Me los ofreció, guardados en una bolsa con el logo de la librería
—No me gusta el autor.- Me negué haciendo un gesto con las manos
—Llévalos, o acaso ¿vas a rechazar un regalo?- Me lanzo una de esas miradas convincentes
—Esta bien— “Ya que” me dije en mi mente

Me fui directo a casa, después de eso. Tenia receso de invierno.

Me duche al llegar a casa. Papá tenía el turno nocturno. No tenía nada que hacer y me acosté en mi cama con algo más que pereza. Mire mi mochila en la que estaban los libros, los saque y los puse en mi librero, pero me dieron curiosidad todos hablaban de que esto era “Revolucionario” para la escritura de Miramar. Los saque de su lugar asignado, deje “Misericordia” y observe que aun tenia aquella copia que me había regalado, fruncí el ceño.

Le quite las envolturas a los otros dos y los hojeé, me decidí que leería primero la antología, era la más ligera, como unos 20 poemas o poco más.

La dedicatoria decía:

“Para Jade”

Fruncí más el ceño. Demonios que no había entendido??!

Era algo tremendo el primer poema. Era triste a tal grado que me ardieron los ojos. Por alguna razón lo comprendí. Termine los poemas. Y para cuando los termine ya tenia un gran nudo en la garganta. Me sentía mal conmigo misma. Cada uno especificaba sentimientos que solo yo podía haber sentido aquel día, cuando lo rechace de aquella manera. Que cruel había sido.

Ansiosa comencé el otro. Tenia la misma dedicatoria.
Solo alcance a leer los primeros nueve capítulos, antes de que el sueño me pegara. Era deprimente. El realmente me lo estaba dedicando a mi. Por que el libro no hablaba de seres imaginarios. Éramos nosotros, y el predecía nuestro futuro. Fue horrible darme cuenta de lo que estaba pasando y como el narraba parte del dolor que paso todo el año pensando en mi, y hasta me dedica como es que sintió que me engañaba cuando se acostó con una alguien, era devástate para mi conciencia. Y entonces me di cuenta que los dos libros hablaban de los mismo, hablaban sobre sus sentimientos hacia a mi, hablaban sobre el dolor de el, y sobre el futuro que imaginaba tener, hablaba de lo nervioso que estaba aquella tarde, y de cómo quería que fuera esa librería por que sabia que yo trabajaba allí, de cómo espero por meses poder encontrarme y como pensó en mi cada noche antes de dormir, como creyó que yo le sonreiría y le daría gracias por el libro, y como sus esperanzas se desbastaban y yo las hacia añicos. Entonces me di cuenta, de que el no había desarrollado un sentimiento de odio hacia a mi, si no que solo había desarrollado mas amor. Y sobre todo describió las noches en las que lloro en silencio, con pura nostalgia, mirando el cielo, y creyendo fielmente en que un día se las arreglaría para decirme algo. Y que un día yo, estaría con el. Que un día yo le daría el amor que el necesitaba.

Y aun leyendo eso, no pude desarrollar tales sentimientos.

Lo sentí mucho. No poder corresponder sentimientos tan hermosos como aquellos, tan puros y enigmáticos para mi, de verdad que lo lamente mucho.

“Soy una persona horrible” Me dije, allí en lo oscuro de mi habitación.


Ahora que recapacito, Matt esa fue la primera y única de tus obras que comprendí. Y con eso nos basto. Con ello basto para hacer de un infierno seguro, el verdadero paraíso. 

lunes, 27 de enero de 2014

Nostalgia: Capítulo 3

Capítulo 3



—¿Una firma de autógrafos?— Mi semblante estaba torcido en una mueca de extrañes. Y es que nunca, y digo NUNCA por que nunca había habido una sola firma de autógrafos en la librería aún cuando todavía no trabajaba allí.
—Si, Mateo Miramar vendrá aquí a dar autógrafos, y quiero que tu estés aquí!— Mi jefe quiso dar a ver una cara que fuera con su actitud de “autoridad”, no se le daba bien.
—Pero, jefe… ¿Por qué yo? ¿Por que no Malora, o José? – Me enfade… de entre los tres empleados, por que eligió a la que detesta a Mateo Miramar y encima MATEO MIRAMAR!!! Pero que le pasaba por la mente a mi jefe?!
—Por que José esta enfermo y Malora esta obsesionada con Mateo Miramar. Por favor ayúdame Jade… eres la única… te pagare doble ese día… además es Sábado.

Mi jefe era homosexual, pero nunca había creído que los homosexuales, fueran tan buenos convenciendo a la gente.

—Bien…— Dije con el ceño fruncido.

¿Qué demonios haría si me reconocía?
Esto esta mal… muy mal.

La noche del viernes, tuve que acomodar los libros de Mateo Miramar, la editorial había enviado muchas copias para que ese día las vendiéramos, corrección, las vendiera. Los acomode en filas, y a la mañana siguiente tendría que llegar temprano, eran principios de Otoño, y comenzaba a hacer más frió en las mañanas. Que mierda.

Me dormí temprano para despertar bien recargada, y desayunarme antes de irme. Si no, no soportaría todo el día. La firma comenzaba a la 1:00 PM y tenia que estar lista.

Cuando llegué, incrédula, vi la gran fila que había en afuera de la librería. Era verdad que la ciudad no era gran cosa, y que la librería, era una de las más grandes de aquí, pero no sabia que Miramar solo daría autógrafos aquí, talvez debía de haber investigado un poco más por que poco después supe que esa ciudad era su ciudad natal. Y que nunca se movía de allí sin una buena razón.

La gente venia de todas partes del país, y no me la terminaba de creer. ¡¿Por qué esta de todas?!

Yo tenia tanto frió que llevaba unas dos camisas debajo de mi confortable chamarra y también llevaba un gorro tejido, que había comprado en una barata, que también era bastante cálido, si yo tenia frió me imagine el que tenían ellos en las tiendas de campaña. Lastima que no podía dejarlos pasar.

Metí la llave en la cerradura, y abrí la puerta, puse el letrero de abierto, y coloque la lona en el aparador decía: “Hoy gran firma de autógrafos de Mateo Miramar, a las 13 hrs.”

Me quite la chamarra y puse el aire caliente, comenzó a sentirse calido a dentro y los vidrios se empezaron a empañar poco a poco.
En la repisa de anuncios a los empleados, había una nota que decía:

Querida Jade:

Gracias por trabajar duro ayer en la noche y hoy, te veré mañana para el inventario como cada domingo. Que te vaya bien

 P.D.: Mateo Miramar llegara en un auto rojo con su editor, y representante, a las 12 hrs. espero le expliques bien el procedimiento. Déjales pasar por la puerta de atrás.

Te desea suerte. Tu jefe


Gracias, pero me ayudaría más si estuvieras aquí.
Abajo había otra nota.

“P.D.2: Siento no estar allí”

—Pff si que sabes lo que hará la gente— Murmure

Comencé a acomodar la mesa, y le puse el mantel, la lona al frente con el nombre de “Mateo Miramar” coloque una botella de agua y luego leí otra vez el manual para recibir a un autor, era pequeño y fácil de entender, pero aun así lo leí. Nadie entro a la librería antes de que se diera entrada a la firma. Eso estaba bien, que esperaran su turno para la firma. Fui al segundo piso, y revise que todo estuviera en orden. Apenas eran las 11.

Cuando sonó la campana de la puerta. Me asome por el barandal a ver si no era uno de los fans, y solté un “Bienvenidos!”

Eran un hombre que traía una gran gabardina, y un chico con una gorra y una chamarra que el gorro traía pelaje, también llevaba unas botas y unos anteojos negros.

—Señorita usted es la encargada?—El hombre de gabardina se veía malote, y por un momento pensé que me iban a asaltar…
—Amm… soy la empleada en turno.—Dije cuando iba bajando las escaleras cuidadosamente— Quien es usted?
—Soy el editor de Mateo Miramar, nos disculpamos por llegar antes de lo acordado, pero se había filtrado la información de que llegaríamos a las 12 en un auto rojo.

Por eso las chicas esperaban pacientemente…

—Ohhh… ya veo no se preocupe. Entre mas estemos de acuerdo mejor.—El hombre se quito el sombrero de copa que llevaba y al instante vi que era calvo, pero me sonrió sinceramente. Pensé, no es tan malo como parece.
—Jade?...— Al instante reconocí la voz de Mateo Miramar.—Eres tu?
—Ahhh… Así que me recuerdas?—Torcí el rostro al recordar el programa de televisión que arruino mi dignidad
—OH! Así que tu eres la tal Jade… debo de darte las gracias, este chico tenía la cabeza vacía de ideas, hasta que llegaste.

Recordé el libro que me había dado, y como estaba pintarrajeado con notas y lápices de color. Así que estaba leyendo su obra debut para darse ideas… vaya y yo creí que era menos patético.

Volví en mi cuando me di cuenta de que algunas chicas estaban pegadas a las ventanas, husmeando.

—Ahhh… si tenemos gran variedad de Mateo Miramar… Pasen por aquí.

El hombre calvo la tomo rápido. Tomo del hombro a Miramar, y me siguió a donde yo le indicaba y le mostraba algunos libros. Fingiendo que eran clientes, hasta que las chicas perdieron interés.

Los lleve a la sala de estancia de los empleados. Y ofrecí mi brazo para tomar sus abrigos, y ponerlos en el perchero, me los dieron. Miramar se quito la gorra dejando ver su melena negra, y retiro sus anteojos para mostrar sus ojos lapislázuli. Me miro directamente.

—Gracias—Dijo sinceramente.
— No me tienes que dar las gracias— “En cambio yo debería golpearte” pensé decirlo, pero debía ser amable.
—No estas siendo sincera.
Cambie de tema y me dirigí al alto calvo.

—Soy Jade!— Le estire la mano—Hoy trabajaremos juntos, llevémonos bien vale?—“Hagamos de este infierno un poco menos agotante”
—Igualmente— Estrujo mi mano
—Bien primero, no se les ofrece un café o té? Para entrar en calor
—Claro un café estaría bien.

Fui y puse la cafetera.

—Podemos ver el manual ahora?
—Claro.

Les mostré el delgado librillo, una copia a cada uno, y lo revisamos entre los tres. Con las dudas de ellos, nos llevamos mas de una hora, que fue demasiado, el manual yo lo leía en unos 15 minutos.

Pronto fueron las 12 y la fila de fans ya daba la vuelta a la manzana. El teléfono del hombre sonó.

—Con permiso.
—Propio.— Me levante por pura educación.

Miramar me miraba fijamente.

—Y…?— me pregunto, pero yo suspire y lo ignore.—No me ignores.
— ¿Qué sucede señor Miramar?
—No eres tu hoy…— Hizo un gesto triste.
—No sabe quien soy.— Sonreí
—Si lo se…
—Le ruego no diga mentiras.
—Entonces se sincera tú también.
—Estoy en el trabajo y yo soy muy profesional. Señor Miramar.

El suspiro se recargo en el respaldo del sillón, y la música de los audífonos llegaba hasta mis oídos, me puse a repasar el manual.
Poco después al notar que no entraba el hombre calvo, me dispuse a estirarme. Alcé mis brazos y entrelace mis dedos y los jale hacia arriba. Intente no bostezar.

Miramar se paró, y se sentó a mi derecha, me recorrí hacia la izquierda, el también. Hasta que llegué al límite del sillón me dispuse a pararme.

—No se mueva, señorita Jade.

Fruncí el ceño y obedecí. Vilmente se recargó en mi hombro.

—No me vas a decir que no has visto las noticias, o leído reportajes las últimas semanas.

No conteste.

—Te estuve buscando.

No conteste.

—Te extrañe.

Explote.

—No me conoces, no sabes quien soy, deja de molestar. Te detesto —Inconscientemente llore de la furia que me causaba. —Esto no es una de tus novelas, no puedes venir aquí, y decirme que me quieres sin conocerme así no son las cosas, vive la vida.

—Lo siento—Se apartó de mi hombro — No sabía que era así.

Me pregunte a mi misma el por que era tan hostil con el. Era por que escribía cosas que yo no lograba entender, el me hacia desencajar en la sociedad. Era por que me había hecho de carne y hueso, cuando a mi me gustaba ser transparente. Era por que hacia eso conmigo, con sus escritos. ¿Por qué yo tenía que ser la conejita que no encajaba en el rompecabezas? ¿Por qué tenía que ser yo la que tenía que pasar por esto? Todo esto era su culpa… Yo solo no quería existir en la sociedad. ¿Por qué tuvo que existir alguien tan incomprensible para mí? POR QUE?!!

—Eres… detestable…—Me limpie las lagrimas, mientras me paraba.
—Jade… Yo…
—No quiero, no necesito entenderte… no necesito tu misericordia o aun mas, no necesito tus libros, y no necesito que me busques.

Ese día la firma de autógrafos siguió como tenia que seguir. Fue como tenia que ser, se sentó allí, firmo libros se tomo fotos dio sonrisas falsas le dio un beso a la mejilla a algunas chicas. Todo fue normal y a las seis se fueron todos.

Me quede limpiando y poco antes de las nueve me dispuse a ir a casa. Cerré la librería con llave y me fui.

Me repetí: “Hice lo que tenía que hacer”


Iba destrozada sentimentalmente. Pero iba con la frente en alto. Deseando no volverlo a ver. Que lastima/alegría que mi deseo no se cumplió.

sábado, 25 de enero de 2014

Justicia: Capítulo 1

Hacia ya tanto tiempo que Miranda no recordaba aquella experiencia, esa que la había orillado a tantas cosas, esa que había definido tantas cosas de su vida. La que probablemente fuera la razón de su muerte en un futuro.

Se recordaba a ella misma regordeta, pequeña y frágil, como la niña llorona de 4 años, vestida de manera chistosa y con dulces en la boca, escuchando las risas de sus compañeros, ¿de qué se reían? De ella, de su físico, o de sus ojos tras las gafas de fondo de botella, ¿de qué se reían?

Miranda Santiago, salía del agua en la que había estado nadando las ultimas dos horas sin parar, el agua resbalo por su, ahora atractivo cuerpo, una joven de 19 años, con cabello castaño en rizos cubriéndole apenas una porción de cuello, y sus oscuros ojos negros, un par de ojos, tan profundos que solo se ven una vez en la vida. Quería olvidar el dolor de su infancia, la tremenda molestia que le surgió de improviso, la hizo arrugar el ceño y dirigirse a los vestidores, apartándose de la vista de los espectadores de la alberca pública.

Se calmo a ella misma, diciéndose que todo estaba bien, pero estaba más que consiente, que no lo estaba. Su familia había sido brutalmente asesinada, hacia ya 14 años. Su madre Carla embarazada de la pequeña Jenny, su hermano mayor Tómas y su padre Roberto.

A menudo Miranda se preguntaba por que había sido la única que sobrevivió aquella noche, ¿destino? ¿Suerte? ¿Coincidencia? ¿Qué era? Y ¿por qué? ¿Por qué su familia? ¿Por qué sus padres? ¿Por qué la pequeña Jenny? ¿Por qué su hermano? ¿Por qué?, ¿por qué las personas más inocentes, mueren?  Eran incógnitas que seguro Miranda nunca contestaría, porque seguro que toda la gente que a sufrido eso, lo sabe, y lo ha sentido, ha sentido esa oscura soledad en la uno se encuentra con apenas pensar en la muerte. Es que ¿acaso tenían que arrebatarle algo tan preciado a tan pequeña edad? No era justo.

Y ¿por qué después de haber sido abandonada, la tomó esa familia, poderosa y millonaria? ¿Por qué ese sucio padre adoptivo la violo todas las noches, hasta el día de su muerte? Y ¿por qué en el momento en que acuso a esos asquerosos seres, nadie le creyó?

-Miranda Santiago… Hace tanto no verte yo.- La que hablaba, era una rubia, de ojos azules, gringa, que apenas y podía hablar español.
-Tamara.- Miranda la observo con ojos espontáneos, y llenos de incredulidad. Su mejor amiga sin duda, una rubia torpe que no sabia ni como caminar, y bruta en las relaciones, pero la única que había creído en sus palabras. Se apresuraron a abrazarse como un par de hermanas que no se habían visto en años, porque así era.- Santo cielo, ¿qué hace una chica de tu clase en una alberca pública?
-¿De mi clase?.- Repitió confundida.- He venido a buscar a ti.- Dijo aún con los ojos confundidos. Miranda respondió con una suave sonrisa.
-Voy a cambiarme, y ahora vuelvo.- Se dirigió a los vestidores, donde se lavo del cuerpo todo el cloro de la alberca. Se apuró a vestirse y salir en busca de su amiga.

* *  *  *  *

-Me he metido en problemas.- Miranda dejó la taza de café en la mesa, se sorprendió de lo bien que su amiga había pronunciado esa frase, y al mismo tiempo se preocupo. Tamara se puso nerviosa de un momento a otro y el sudor empezó a corromper el maquillaje que llevaba en el rostro. Estiro la mano y deslizo una libreta de notas sobre la mesa, en dirección a Miranda.- Yo necesitar tu ayuda.
-Tamara, ¿qué hiciste?.- Miranda la miro con la misma mirada disciplinaria de siempre, con esos ojos profundos como el mar.
-Recuerdar tu, a Albert italiano, al que yo conocer en un bar?.- Mostró una mirada llena de nostalgia, al mencionar el nombre.
-Claro, estabas muy emocionada por la boda.- Miranda no pensó antes de pronunciar la frase, para cuando se dio cuenta de las consecuencias era demasiado tarde, su amiga ya mostraba indicios de llorar.- ¿Qué pasó?.- Tomo una de las manos blancas y suaves de la rubia.
-Murió. Ya una semana, hombres de otra familia, mataron a Al.- Las lagrimas se desplazaron por las mejillas de Tamara, y las mejillas tomaron un toque rojo que no era por el maquillaje.- Tienes que ayudar a mi. Mir, es ser importante, nuestra vida correr peligro, yo sentir meterte en esto.- Los ojos de Miranda nunca se habían abierto tanto.- Se que podrás hacerlo por mi.- Su amiga no dejaba de desplazar lagrimas por los ojos.- Recuerdas que de niñas, justicia por nuestras manos tomar.- Recuerdos muy distantes llegaron a la mente de Miranda, e ignoro el más importante de ellos.
-¿En qué quieres que te ayude?.- Tomo aún más fuerte la mano de su amiga.
-Todo lo que tener que hacer, esta acá.- Y señalo con los ojos la libreta.- Podrás hacer, lo sé.
-Haría de todo por ti, pero explícame bien, ¿por qué estas tan nerviosa? ¿qué es eso de que a Al lo mató otra familia?.- Miranda aún no terminaba de asimilar el término “familia” para ella una familia eran sus difuntos padres, y hermanos, pero estaba segura que no era a lo que Tamara se refería.

-No hay tiempo. Nuestra vida correr peligro. Tener que irnos ahora.- Tamara la miro con ojos decididos, y al abrir la boca para pronunciar las desliñadas palabras, todo comenzó.

El sonido ronco de un auto a toda velocidad invadió el oído de Miranda, el cuerpo de ella se movió solo, y su cuello volteo automáticamente hacia la calle, a la que daba el café, se escucho el sordo sonido de las balas, como cuetes, el sonido de las tazas de los vasos, de los platos cayendo al piso y rompiéndose al instante, todo sucedió en una milésima de segundo. Y entonces fuertemente el cuerpo de Miranda recibió 2 golpes de bala, uno en la pierna que había colocado firmemente en el piso, y otro en el brazo que utilizó para proteger su pecho, el dolor era tan enorme, tan desgarrador, como si la misma bala llevara fuego, como si llevara dolor y lo inyectara, Miranda cayo al suelo, cubriéndose la cabeza, la libreta voló unos centímetros lejos de donde se encontraba ella, los vidrios no dejaban de romperse, el lugar fue inundado por los gritos de señoras asustadas y el llorar de los pequeños. De repente Miranda la vio, a su amiga muerta en el piso junto ella.

Se olvido del dolor de las balas, fue como ya no sentirlo, porque parecía demasiado débil a diferencia del que sentía su corazón, verla allí con los ojos aún llenos de lagrimas, con los azules ojos aun sorprendidos, apagados, llenos de muerte, las mejillas perdiendo el rubor natural que apenas habían adquirido, el sentir frío que emanaba de aquel cuerpo muerto, de aquel recipiente, de su amiga, el sonido se apago, se mareo, se asqueo, y las lagrimas corrieron por su rostro. ¿Hacia cuanto que Miranda no había soltado una lagrima?. Tomó el cuerpo de su amiga en sus brazos, lo miró, le quito el rubio cabello de la cara, y la lagrimas de las mejillas, y lo abrazo penando su muerte. Y se escucho otro frenón, Miranda miró la libreta tirada en el piso, giró los ojos en un segundo, tomó su mochila, y guardo la libreta. Y recordó las palabras de Tamara “Tener que irnos ahora” se escucho el deslizar de una puerta de camioneta, y el reír de hombres. Miranda soltó la ultima lagrima por Tamara y de un segundo a otro le dio un fugaz beso en la frente, dejando el cuerpo inerte en el piso, sobre los vidrios rotos, apresurándose a correr, escucho disparos tras ella, y sintió la adrenalina subirle hasta la boca, no sabía como podía mover la pierna con un disparo de bala, y no sabia como podía correr tan rápido entre tanta gente. No lo sabía. Nunca había sentido ese fuerte empujón, ese de querer salvar tu pellejo a toda costa.

-La chica que estaba con ella. ¿Quién era?- Pregunto un hombre alto, fuerte de ojos cafés, y de una cabellera profundamente negra, sostenida hacia tras con ayuda de mucho fijador, moreno, con una cicatriz en forma de “X” en la mejilla izquierda, con manos tan enormes como las de un oso, cubiertas por blancos e impecables guantes, en una de ellas sostenía un arma. Se acuclilló junto al cuerpo de Tamara, lo miró con ojos tan fríos como un iceberg, tomó la pequeña y blanca cara en una de sus manos. Trono su lengua.- Mi querida Tami, realmente creíste que podrías escapar de la herencia de tu querido Al. Que pinché desperdicio, estabas muy buena.- Golpeo el cráneo del ya muerto cuerpo, contra el azulejo, y no se detuvo hasta ver los huesos de este destrozados, mientras lo hacia, soltaba una risa macabra. Los otros hombres trataban de ignorar aquella acción, mientras uno entre todos se reía, rubio y de ojos azules, de piel quemada y sonrisa del demonio, sostenía un arma aun más grande que la de todos, y los ojos mostraban un desequilibrio mental poco común.- ¿Qué esperan? ¿A LA PINCHÉ POLICIA?! ¡¡¡PONGANSE A LIMPIAR ESTE DESASTRE!!!- Todos obedecieron a “el diablo” como se le conocía al jefe de la mafia de Guatemala, que por demás resaltaba ser mexicano, Humberto Mararca. Un hombre tan malvado, que hasta el mismo diablo lo regreso del infierno.- No quiero testigos.- La gente que había permanecido en el piso, rogando por que no les pasara nada, fue arremolinada en un rincón del café, y brutalmente asesinada, se escuchaba el llorar de un bebé.
-Jefe, que hacemos con el niño?.- Preguntó un joven.
-Dije, que no quiero testigos. No seas puto y mátalo.- Ordeno con voz seca.
-Pero… jefe es un bebé.- Apenas termino la oración, su cabeza estalló debido a una bala, disparada por su “jefe”. El cuerpo ya muerto cayo al piso.
-¿Alguien más?.- Preguntó el diablo, bajando la pistola.- ¡¡MATEN AL MALDITO CHAMACO!!- Grito en señal de tener el poder.- ¡¡Y ENCUENTREN A LA PERRA QUE ESTABA CON ELLA!!- Con esa ultima orden, salió del café, y le abrieron la puerta de una camioneta, a la que entro impaciente por dejar la escena del crimen.

* *  *  *  *

-Mija despierta.- La señora Inés, una mujer que conocía a Miranda desde hacia unos años, cuando ella había llegado al barrio, tomaba su frente con extremo cariño maternal.
-Doña Inés… ¿qué paso?.- Se sostuvo sobre sus codos, mientras se levantaba lentamente.
-Pus eso es lo que quisiera saber, mijita. Escuche que te metiste en el pleito del centro.- La mujer la miro, y de repente al decir pleito se puso nerviosa, como si hubiese visto a un muerto, palideció, su viejo y arrugado rostro y se mostró claramente preocupada.- Esa gente, no es Dios.- La mujer se levanto y le dio la espalda a Miranda. Quien apenas se daba cuenta que el dolor mortífero que había sentido, se había calmado, observo las vendas.
-Gracias Doña Inés.- Miranda sonrio a la vieja espalda.- No se que hubiese hecho si usted no me hubiera encontrado.- Se sintió segura, en manos de la señora.
-No me agradezcas mija.- Miranda estaba apunto de decir “No, en serio” pero la señora no dejo de hablar.- Dios me perdonara del daño que te voy a provocar, esa gente, me da miedo, saben todo sobre todos, y pus aquí en el barrio hay muchas broncas, creo que ambas preferimos esto, a que se metan con los chamacos.- La señora volteo el rostro a Miranda, y le dedico una mirada entristecida hasta los huesos.- Ya pueden pasar.- Al instante 6 o 7 hombres, enormes en tamaño y de aspecto bastante mexicano, algunos tatuados de los brazos, y otros de aspecto salvaje, rodearon a la Miranda acostada, indefensa.
-Doña…- Apenas alcanzo a pronunciar, mientras la señora abandonaba la habitación, susurrando “Que Dios te tenga en sus manos”. Un hombre aun más grande y mucho más salvaje que todos juntos de los allí presentes, camino haciendo temblar la tierra, mientras todos procuraban no verle a los ojos. “El diablo” Mararca, llevaba sobre los hombros un abrigo de peluche en la gorra, y la cicatriz característica de su cara se hacia notar, esa “X” en la mejilla izquierda. Miranda tembló, se sintió pequeña ante ese hombre, su cuerpo no se movía, ¿Qué iba a hacer ahora? Claro estaba, morir, iba a morir allí porque ya no había nada que pudiese hacer, si, tantos años de defensa personal, de ejercitarse hasta el cansancio para que su vida terminara así. Que demonios, vida tan asquerosa que he tenido, no la pienso acabar así. No quiero.

Una risa ronca y nerviosa se escucho en la habitación, y el foco de luz amarilla se balanceaba de lado a lado.

- Eres la primer persona que se ríe antes de morir.- El diablo apunto su pistola hacia la frente de Miranda.- No es nada personal, solo que tu amiguita y su novio, me sacaron de mis casillas.- El rió fuertemente, alzando el cuello y torciéndolo como el mismísimo demonio.
- Tami, y Al, tienen quien haga justicia por ellos.- Miranda no lo supo hasta que lo pensó, adquirió recuerdos que había enterrado hacia mucho tiempo, y recupero aquella soberbia y aquel sentimiento de justicia. Si nadie viene a salvarte, sálvate tu sola. No, no supo como estiro la lastimada pierna y pateo la mano de aquel hombre, haciéndolo soltar la pistola, y tampoco supo como maniobro para tenerla en sus manos. Si, era la primera vez que sostenía un arma en sus manos, pero la sostenía como si hubiese nacido con ella, se puso de espaldas a la ventana de la habitación, y apunto a todo aquel que se movía.

-No, gueyes, no voy a morir ni aquí ni ahora.- Estiro el brazo hacia su mochila, que estaba sobre un buró, y se lanzo de espaldas hacia la calle. Cayo sobre su espalda, sintió un retortijón de dolor en el cuerpo, un espasmo que recorrió cada célula de su organismo, y después la adrenalina la hizo estirar sus dedos hasta la pistola que se hallaba  a unos centímetros suyos, así como su mochila. Se levanto difícilmente, pero apoyada de las voces y balazos de aquellos hombres. No quería morir, y entonces corrió, como nunca, no le importaba hacia donde, solo quería correr.

Otoño: Sophie

Capítulo 1:

Sophie.


Me he olvidado de lo que es y no es justo, me he convertido en el demonio distinguido de la asociación, la señorita sangrienta.

No soy cualquier vampiro, soy “la vampiro”, a la que todos temen y a la que todos desean, la que ofenden en sus cabezas y piropean en palabras. A veces me canso de esto, a veces no quisiera estar más en este lugar –literal, en este lugar- este gran salón de la cede de la asociación en Meyaware, donde tengo que estar vestida de esta manera tan “bonita” y peinada de esta manera que presiona mi cabeza y evita a mi melena seducir a los humanos.

Pertenezco a un grupo selecto de vampiros, se llaman “nivel A” porque hemos nacido de vientres humanos, y aun así somos vampiros, y yo fui la primera en nacer así. Solo somos 3, 2 mujeres, 1 hombre, por lo que ellos, si ellos los que se alzan en el gran salón de color miel y hermosas cortinas de color sangre, ella: rubia, porte perfecto, facciones finas, ojos castaños, labios rosados, alta, y de una maravillosa actitud amable y maternal, tal vez su único problema es ser inocente, su nombre es Rose. Él: castaño oscuro, ojos verdes, alto, de piel arena, una clara, blanca y hermosa sonrisa, tiene una actitud igual de buena que la de su esposa, pero siempre calcula las cosas demasiado bien, y tiene un fetiche con el cabello rubio, su nombre es Kael.

Soy mayor en edad, pero parezco mucho más joven que ellos, y el único a mi lado es este muchacho, de cabello azabache, ojos miel, piel blanca, alto, delgado y de labios que me llaman a besarlo, su nombre es Esteban, y es nieto de Rose y Kael, un nivel B.

Yo, Rose y Kael, nos hemos dedicado a extender nuestra raza, convirtiendo continuamente a ciertos humanos que aceptan el acuerdo de sangre –como le llamamos-, cuando ellos dos decidieron unirse, llegamos a la conclusión que hay que sostener la raza de otra manera, con la procreación –claro entre ellos dos-, yo tendría que buscar a alguien más, pero ser madre no me llama la atención, y mucho menos con Esteban.

No vemos la vida de un vampiro, como lo peor que nos pudo haber pasado, al menos no ellos.

Hay personas que piensan que la vida es un asco. Yo no, porque he sabido manejarla y porque tengo una razón para vivir, para seguir, porque estoy buscando algo.

Pero… aquí estoy, de la mano de Esteban, con su mirada fija en mí, y en mis acciones, en mis labios flexionando palabras de agradecimiento a las ofensas ocultas en halagos, así es como es mi vida en este momento, estoy aquí porque quiero algo, que ese hombre tiene, un licántropo con sonrisa macabra y fuerza inigualable que presume unos ojos amarillos espectaculares, me ha ofrecido un puesto, su puesto: líder supremo de la asociación, si entre sus aprendices yo soy la mejor –que es obvio- tendré ese puesto y deseo ese puesto.

De entre la muchedumbre capto unos hermosos y vivaces ojos verdes, que… me hacen sentir extrañamente melancólica, me altero. Por primera vez en siglos la piel se me pone de gallina cuando él, me sostiene la mirada, suelto la mano de Esteban.

- Esteban.- Le llamo, y el aún incrédulo por haberlo soltado me mira.- Nunca fuimos en serio ¿verdad? – Lo miro.
- Cuando comenzamos a acostarnos, así lo acordamos.- Las mejillas se le coloran de rojo y traga saliva desesperado.
- Encontré algo más interesante que tus labios.- Veo su tristeza pero no logra que me arrepienta.
- Estaré aquí cuando te aburras de él.- Me dice sonriendo, y me libera de cualquier presión.

Es cierto, siempre vuelvo a él.

Me acerco al dueño de los ojos sensuales, miro su espalda ancha, y su cabellera castaña y bien despeinada, cuando me acerco a él, ya me está mirando.

- Señorita sangrienta…- Dice. Su voz es más sedosa y sensual de lo que parece, rebota y me hace sentir extraña.
- Alexandro Ryuji.- Lo identifico boquiabierta.- Tú…

La voz de un hombre rompe mis palabras y cortamos la conexión que habíamos creado hacia un momento. El nombre rebota en mi cabeza… es imposible, no lo hagas, no trates con él.

- Con ustedes Marcus Lycan, líder absoluto de la asociación.- Muchos aplausos y halagos se alzan el salón.
- Gracias, amigos, gracias. Desde que hace 12 siglos, decidimos ser uno, y no muchos, hemos crecido, no solo en número, si no en cultura, no somos los mismos, gracias a la asociación, vidas han sido salvadas, pero aún no son suficientes. Este tiempo que he estado con ustedes, he visto lo que podemos lograr juntos, como hermanos, con diferencias, sí, pero con más acuerdos. Sin embargo muy a mi pesar, es hora que la generación más joven tome mando de esta asociación. Como cada cierto tiempo, el líder absoluto de nuestra asociación y el protector de este, así como el procurador, deben actualizarse. Pediré que las personas a las que llamamos y han aceptado, suban, por favor.

Cuando me propongo subir, él también lo hace. Expectante lo miró, me deja un mal sabor en la boca, y siento mi estómago enfermo. Cuando llegamos a la tarima me ofrece su mano para subir, trago saliva, y acepto su mano.

Ambos sentimos un cosquilleo eléctrico en nuestras manos, algunas personas murmuran a nuestro alrededor, mi rostro vuelve a la normalidad, subo a la tarima con mi rostro inmaculado de siempre, el líder Lycan me mira con aprecio, le caigo bien, porque nos hemos conocido desde hace mucho tiempo.

Los aprendices del líder nos estamos junto a él, y los de protector junto a Souchirou Ryuji un viejo japonés –que en realidad se ve joven y vivaz- ha estado en el cargo de protector de líder, y que ha molestado a mi raza desde hace más de lo que recuerdo –tal vez no a mi raza, si no a mí en particular-. Y él, los ojos verdes que me estrujaron hace un momento, el dueño de lo que ahora es mi confusión, es su hijo y aprendiz.

Cierro los ojos cansada, la gente no deja de verme, ¡hay más gente en el escenario!, escucho aplausos, y el líder dice algo. Es extraño que yo esté aquí, en específico, he rechazado varias propuestas para ser líder, naturalmente soy parte del consejo, siendo la líder de mi raza, y famosa entre muchos, pero yo sería la primer líder mujer en toda la historia de la asociación.

El líder me toma del hombro y nos lleva detrás de una larga cortina azul marino que está detrás del trono que tanto deseo.

- Lo han hecho muy bien mis cachorros.- Nos dedica con cariño, insensible lo miro. Doy una mirada a los de mi lado, Lyan, un chico de tez morena y cabello casi rubio de ojos amarillos me mira entusiasmado, al otro lado esta Wendy una vampiro que se retuerce de pies a cabeza mirando al otro lado, hacia Alexandro. Me aburro. Hay otros 3 hombres que me parecen descartables.- Sophie, quisiera que me prestaras atención.- Me reprenden.

Observo como empiezan a disolverse los aprendices de protector, Alexandro es abatido en palabras por su padre, no sé qué le dice pero lo hace sentir impotente.

- Porque seas la mejor de mis aprendices, no tienes que hacerte la desinteresada.- Los demás me miran con rabia.
- Él no es sangre pura, no tienen futuro.- Me susurra Lyan al oído.
- El futuro es obsoleto.- Le digo sin mirarlo.
- ¡Basta! Wendy, cámbiate la ropa interior mojada, y quiero verte mañana lúcida en el gimnasio de Celi a primera hora. Y ustedes también, márchense, y duerman bien.

Lyan y yo nos quedamos, sabemos que la orden anterior no aplica a nosotros.

- Señorita sangrienta.- Souchirou me toma la mano en un gesto elegante y besa mis nudillos, lo miro sin cohibirme.- Anhelo su próxima visita al laboratorio.- Este hombre… Solo quiere jugar con mis células. Es verdad que es un caballero, y que es un largo amigo de nosotros –cubriendo apariencias-, pero desde que acepte sus experimentos, me desespero fácilmente.
- Señor protector. Me molesta.- Digo arrebatándole la mano.
- Lo sé.- Se jacta. Le hago una cara que dice todo. Alguien golpea mi cabeza duramente, no me duele, pero me molesta.
- Tenemos un trato.- Marcus está molesto, le prometí que me comportaría más amable, y él me prometió enseñarme todo lo que necesito para ganar. Suspiro para mis adentros. Cierro los ojos.
- Es usted todo un halagador.- Digo sonriendo y poniendo buena cara.
- Increíble.- Dice Lyan, cargué a este tonto en mis brazos cuando era apenas una baba.- Puedes sonreír.- Reimos, rio sinceramente.
- Creo que no le he presentado adecuadamente a mi hijo.- El chico se adelanta y le extiendo la mano, la besa en los nudillos y se me sube la sangre a la cabeza.
- Un placer, señorita sangrienta, Alexandro Ryuji, para lo que se le ofrezca.- Me dice con un tono sedoso de voz. El corazón se me acelera cuando dice “para lo que se le ofrezca”. Lyan se inclina a mi oído otra vez.
- Y… Esteban.- Me susurra. Casi noto el veneno en sus palabras.
- Igualmente señor, me complace que por fin lo conozca formalmente.- Le sonrío, su pulso se acelera.
- ¡Sophie! – No cortamos la conexión que se creó entre nuestros ojos. Pero me obligo a hacerlo, y girar mis ojos a Esteban.
- Esteban…- Le mando una indirecta con la mirada, de la que no se entera.
- Estaba preocupado, el salón ya se vació.- Veo sus labios, y siento un golpe en el estómago, esta vez lo capta como si hubiese sido en el suyo.
- ¡Ah! Señores quisiera presentarles al prometido de la señorita, Esteban Loed.- Lyan se entromete metiendo su veneno en una herida abierta. Se aclara la garganta.- Un sangre pura.

Esteban alcanza las manos de los Ryuji, y siento que quiero golpear a Lyan, hasta sacarle el aire y dejarlo sin poder caminar durante días.

- Me aburro.- Digo y doy la vuelta sin esperar a que Esteban se presente por si mismo. Taconeo hasta la salida desde donde escuchó lo que dicen.
- Es algo franca.- Dice Marcus en tono bromista.
- Yo diría, que es demasiado sincera.- Identifico la voz de Alexandro.- Pero es un rasgo en extremo interesante, para una señorita tan hermosa.

Sonrió mientras Esteban se acerca a mí acompañándome a casa.

- Aunque demasiado caprichosa, y grosera.- Casi lo grita para que pueda escucharlo, lo ignoro.
- Trabajaremos en eso, durante el entrenamiento.- Marcus me defiende. Lo demás ya no lo escuchó, y decido dejar hasta allí mi espionaje.


Vivimos en una mansión, bastante grande diría yo. La familia sangre pura tiene que estar unida, dicen Rose y Kael, yo solo trato de no romper el corazón de los únicos que me mantuvieron con vida, me hacen pasar por la niña pequeña y mimada de la casa, pero todos sabemos que soy la primera.

Pero los necesito, tengo una sed insaciable, y me niego a comer humanos, por lo que la sangre de otros vampiros es vital para mi dieta. Un vampiro no genera células sanguíneas, solo las puede dividir, regenerar y aprovechar, cuando las bebe de alguien más. Somos como pastelillos rellenos, no podemos llenarnos solos, pero somos abundantes cuando alguien nos llena.

Por eso un vampiro no puede vivir sin sangre, porque queramos o no, nos secaríamos y aunque no moriríamos, sería feo secarse.

Aún con eso podemos alimentarnos de la sangre de otros vampiros, y actualmente bebo tres litros por semana, proporcionados por mi familia, se turnan. Ellos beben dos litros de sangre humana cada 15 o 30 días. ¿Qué puedo decir? La sangre humana sacia más que la de vampiro, y yo no estoy dispuesta a tomar vidas humanas.

Muchos me han cuestionado está decisión, y por ello me han apodado “la señorita sangrienta”, soy el vampiro que consume más sangre de los que pertenecen a la asociación.

A parte de todo me he hecho la fama de ser una consentida malcriada. Y muchos aún no llegan a respetarme, aún con todo el miedo que genero a los demás. No hay liderazgo cuando no hay confianza.



Nostalgia: Capítulo 2

Capítulo 2


—¿Quieres escuchar? Pequeña. —Su aterciopelada, y varonil voz recorría mi mente. Me ofrecía un audífono.
—Claro.— Probablemente debí de haberle golpeado, por que me había dicho “pequeña”. A pesar de mi enojo, sonreí hipócritamente.

La música que se escuchaba hablaba de un chico que era un imán para las penas, que no era nadie (sin una alguien). El estribillo decía algo sobre que si se iba, no le iba a quedar nada, que todo iba a provocar que llorara. Matt miraba hacia el techo con los ojos cerrados, disfrutando la música. Su cuello musculoso se alzaba y por alguna razón pensé que era hermoso.

—¿Te gusta?— Abrió los ojos, y se tambaleo antes de acercarse a mi rostro.
—Es muy ruidoso.— Fui bastante sincera. Aparte la mirada, para evitar sentirme aturdida por su mirar tan firme, tan especial y único.
— Es Pignoise, me encanta.— Su rostro tenia una euforia dinámica, como si fuera a saltar de alegría.
— No he escuchado de ellos.— Me recargué en el respaldo de la silla, estaba dura, así que me volví a mi posición original y subí los pies a la silla para sostenerlas en mis brazos y recargar mi barbilla en ellos.
— ¿Cuántos años tienes? Niña.— Su semblante se torció en una rara mueca llena de ironía.
— 15 y ¾ — “Soy grande, a pesar de mi estatura”, me hubiese gustado decirlo.
— Que madura— Eras demasiado sincero y directo, así que cambie de tema.
— ¿Qué libro es?—Pregunte mientras me inclinaba para ver la portada
— “Misericordia” de Mateo Miramar. — Sus ojos estaban llenos de un brillo de orgullo puro.
—Ughh odio a ese autor… es muy dramático. — Hice una mueca para acompañar mi comentario y me volví a mi inclinación fetal.
—Tal vez no has intentado entenderlo— Me miro incrédulo de mi comentario. Me pasaba a menudo. Alzo una ceja.
— He leído dos libros suyos, y nunca termino de entender por que pasan las cosas, y aun más me desespero por llegar al final.— Me explique, tranquila, como siempre.— Siempre dicen que es un genio en eso de los libros, con tan poca edad y ya con un Nóbel, miles de babosadas que dicen de el. Tengo una amiga que esta súper enamorada de el.
— OH ya. — Te limitaste a decirlo. Cambiaste de tema— ¿Por qué estas aquí?
— Mi estúpida apéndice exploto. — Mire nostálgica hacia el infinito. Estúpida apéndice tenias que explotar en medio de un buen concurso de lógica.
—Vaya… lo siento tu apéndice de seguro se canso de estar en un cuerpo tan pequeño. —Río de su propio chiste, hizo una mueca torcida ¿Qué estaría pensando en ese momento?—Pobrecilla, ¿te duele mucho?
—“No necesito misericordia de parte de Dios”— Cite a Mateo Miramar.
—Ohhh, pero yo no soy Dios. — Sonreíste sinceramente, tan lindo que me hiciste soltar una risa a lo bajo.
—Que listo. —Volví a sonreír.

Una doctora anciana, delgada y acabada, con su bata blanca e impecable se asomo por la puerta del consultorio.

— Ya puedes pasar.—Su voz era suave y dulce, me recordó a mi abuela, pensé en ir a visitar su tumba después de esto.

— ¿Cuál es tu nombre pequeña?— Se disponía a pararse, mientras me miraba tan intenso como siempre.
— Ahhh… Jade. — Escribió algo en la portada del libro. Lo jugo en sus manos un rato. Se quedo pensando algo, y después se dirigió en dirección al consultorio.
— Bien nos vemos, Jade. Jugaremos otro día.

Abrí mis ojos más de lo que podía. Por que en el momento en el que levante la mirada, vi lo alto que era, talvez poco más de 180 cm. era horrible la sensación de pensar “Me va a aplastar!!!”

Iba entrando en el consultorio.

—AHH!!! Espera y el tuyo…—Me di cuenta que no me había dado a entender. Cuando el alzo una ceja— Tu nombre ¿Cuál es?
Se rió. Volteo el rostro y aun con una sonrisa torciendo su semblante. Saco un papel y una pluma, escribió algo en la portada del libro.
—Mateo Miramar— Aventó el libro hacia mi y cayó en la silla de a lado mío.

Incrédula me senté en la silla, sin la menor intención de disculparme, por el encuentro tan retorcido que había tenido con Mateo Miramar el famoso y talentoso escritor juvenil.
Y me volví hacia la silla, en el la portada del libro justo tapando la mitad del título, estaba una nota con la leyenda “Para Jade… Ojala lo lea y por fin entienda”.

Muchas palabrotas pasaron por mi mente. Palabrotas que nunca había dicho, por que nunca había tenido la intención.

¡¡¡¿Cómo quiere que entienda?!!!

Algo que solo el y las personas soñadoras, podrían entender.

Días después del encuentro. Salí del hospital, al mismo tiempo que termine el libro. Las enfermeras y los doctores, hasta mis propios compañeros de cuarto, me decía “Ese libro es muy bueno” “Ese autor es muy bueno” Cosas que me hacían desencajar en el rompecabezas de ese mundo.

Papá era laboratorista de ese mismo hospital, baje hacia aquel lugar donde el trabajaba. Y me puse a jugar con la silla girable.

—Ese autor… no decías que lo odiabas. — Miro incrédulo el libro que se asomaba de mi bolsa.
—Lo hago… es tan patético— Gruñí, al recordar nuestro encuentro de la vez pasada.

Papá es un hombre divorciado, de unas 3 señoras. Mamá murió cuando yo tenía 2 años. No se por que murió, pero papá ha terminado todos sus matrimonios gracias a ella. Siempre lo había apoyado a “rehacer” su vida amorosa, el único problema es que el no estaba muy convencido. Pero ahora decía que estaba cansado y que por lo mientras se quedaría así.

—¿Cómo te sientes?
—2,3…A ti te gusta este autor?
—Un poco, no soy tan cerrado como tu.—Le fruncí el ceño.
Papá era flexible ante todo, lo bueno es que nunca le había tocado una persona que se aprovechara de ello.


Vivíamos en un complejo de departamentos, antes en una casa, pero era muy grande para ambos, y ya que los dos somos un desastre, decidimos mudarnos hace un par de meses, después del último divorcio de papá.


El libro “Misericordia” tenia una trama sencilla, talvez por eso siempre me aburría, trataba sobre como un chico conocía a una chica, y este hacia hasta lo imposible por ella. Ella, lo acepta, para luego tirarlo, el chico cae en una depresión dependiente de drogas y adrenalina, pero mientras esta tirado, su mejor amiga, lo ayuda, y al final se da cuenta de que ella fue su verdadero amor desde el principio. El objetivo principal del autor era decir “Los hombres también tiene sentimientos” y muchos chicos lo apoyaban, en silencio.

No solo escribe libros, también cuentos y poemas, y hasta historias infantiles. Sus historias infantiles eran más realistas que sus libros.

Pero por que será que el escribe algo que no puedo entender?... Realmente esto me frustra.



Matt… siempre trate de entenderte… de las muchas maneras que quisiste que te entendiera… pero realmente nunca lo hice del todo. Lo lamento por eso.

Aun después de que han pasado años… aun así… yo realmente sigo lamentándome por ello, la nostalgia no deja de estar conmigo cada día…

Creo que tu llenaste mi ser de algo que era incomprensible para mi… algo que no habría conocido si no te hubiese conocido… un sentimiento que aun me llena de alegría, que aunque ya no estés aquí, el sentimiento sigue estando vivo… por eso sigo siendo fiel a la idea de que nada en el mundo podrá quitarme esta dura melancolía de mi… pero también al consuelo que me crea tu ser, el ser que se unió conmigo, y como sigo viva, el sentimiento no morirá, por que somos dos, por eso esto no puede morir, y no morirá, nunca, ni aunque las miles de estrellas se desvanezcan en el espacio, y aunque el sol deje de dar calor, aunque la tierra deje de girar, se que esto no morirá, por el bien de los dos. De nosotros. Y de nuestro pequeño e insignificante mundo.

                                                                    
Como unos 2 años después de conocerlo, Matt había sacado un nuevo cuento infantil, las librerías se habían abarrotado de gente, era tan excéntrico. Papá me había traído una copia, que aun un había sacado de su envoltura. Mientras veía “Punto de lectura” (uno de mis programas favoritos) comenzó un nuevo capitulo.

—Hoy en punto de lectura… tenemos al gran escritor MATEO MIRAMAR!!!— La comentarista rubia falsa, estaba parada, esperando a Matt, en el estudio, mientras él caminaba estirándole su mano.
—Hola, Jennifer— Su voz recorrió mis oídos.
—Buenas, Mateo ¿Cómo estas?
—Bien… Gracias por haberme invitado…—Matt no pregunto como estaba ella.
— Bueno cuéntanos un poco de tu nuevo cuento “sinceridad”.
—Amm…—Balbucea— Pues es una historia sobre una conejita llamada Jannet que no puede entender los sentimientos de los demás, y por eso siempre dice las cosas con mucha sinceridad, aunque lastime a los otros. Los editores pensaron que no era buena idea decirle a los niños que estaba bien mentir para no lastimar a los demás… pero, yo creo que esta bien comerse algunos comentarios, por que no todos tenemos fortaleza de hierro para las palabras.
—Magnifico… pues como te sientes al saber que este cuento es el numero uno en las listas, en este momento?
—Bueno no es una sensación nueva… pero, creo que se siente mejor, por que este es el primer cuento que le dedico a alguien.
—Oww!! Cierto— La falsa rubia abrió el libro largo y delgado, de pasta dura que estaba en sus estiradas y depiladas piernas.— A una tal, Jade, cierto?
—Si, ella me inspiro a esto.—Miro a la pantalla— Gracias Pequeña.—Las palomitas se me salieron de la boca, “Pero que le sucede?!!!” sentí el rubor en mi cara. Que vergüenza me hizo pasar. Lo bueno es que nadie sabía que me lo decía a mí.
De inmediato me dirigí hacia el estudio donde seguro estaría el libro aun envuelto. Lo vi allí donde lo deje cuando papá me lo trajo.
Lo desenvolví rápidamente, y mire la tercera página. Allí en cursiva estaba la leyenda “Para Jade, por ser tan sincera”
Desde la sala, se escuchaba la televisión, y la voz de la comentarista.

—¿Y quien es? ¿Alguna novia?
— Más bien una conocida… pero ojala lo fuera.

“IMBÉCIL DE MIERDA!!!”

Se escucharon los aplausos en la televisión.

Las semanas siguientes a esas se convirtieron en un mar de publicaciones en los medios de comunicación. Hablando de la conquista de Mateo Miramar, y las chicas comentaban que tenia de buena ella? (es decir yo) como para que Mateo Miramar se fijara en ella. Simplemente, todo estaba de cabeza.

Cuando cumplí dieciocho, poco después de la entrevista en la televisión, comencé a trabajar en una librería, medio tiempo. Aunque no ganaba mucho. Me gustaba sentir el olor de los libros. Y además el dueño había dicho que de vez en cuando podía tomar libros, y que podía leerlos allí mismo, con la condición de que no los dañara.

Lo único malo del trabajo, fue que los libros de Mateo Miramar estaban en una estantería especial. Cada hora llegaba alguien preguntando por ellos. Pero aparte de eso. Era bastante bueno el trabajo. Me pasaba después de la escuela. Y después me iba poco antes de las nueve. Llegaba a casa me daba una ducha y hacia los deberes que no había hecho en mi tiempo libre en la librería.

Todo volvía a la normalidad. Y el comentario de Mateo Miramar había desaparecido de los medios de comunicación, y era raro que se comentara sobre el.

Hasta que…




Nostalgia: Capitulo 1

Capítulo 1



Fue un Miércoles… el sol se estaba poniendo, las nubes no habían tapado todo el cielo, raro para un día de Otoño en aquella ciudad, y estaba caminando, por que el doctor había dicho que mejoraría más rápido si caminaba un poco, mis pies estaban distantes del frió piso gracias a mis queridas pantuflas de orejas de ratón y que tu estabas allí, sentado en la sala de espera, solo estabas tu, raro en un hospital, incline mi cabeza y te observe detenidamente. Estabas sentado justo allí con tu bonito cabello negro, tus ojos lapislázuli, y tu cuerpo de adolescente, pienso que en ese momento, yo no era más que una niña, que pensó que hablarte sería buena idea.

Cuando me fui a sentar cerca de ti, mis pies apenas alcanzaban el piso, y tus largas piernas estaban estiradas, mientras leías ese libro tan grande e incomprensible para mí. El rubor subió por mi cara, confortando mi cuerpo en una calida sensación. Sentí vergüenza, al pensar en hablarte, solo era un poco tímida.

“Hola” ¿Mi infantil y aguda voz, había llegado hasta ti en ese momento? No lo se… por que nunca te quitabas los audífonos de los oídos. Fue cuando me dispuse a tocarte, con apenas la punta de mi pequeño dedo. A través de la yema de mi dedo, se transfirió el calor de tu cuerpo al mió, me conforte.

“¿AH?” Había sido tu primera frase hacia mi, había sido lo primero que me dedicaste, mis ojos rodearon tu hermoso semblante. Deslizaste tu mirada, estudiando a la pequeña extraña criatura que te había tocado. Cuando tus ojos intensos me miraron directamente, me sentí extrañamente relajada, por que pude ver, que eras una buena persona.

No fue allí cuando me enamore, fue mucho después. Pero aun cuando recuerdo ese día, cuando miro el cielo del atardecer, y recuerdo tus ojos, aun me pongo a llorar, como si tu funeral hubiese sido hace un par de horas.

Aún cuando me dicen tu nombre, o cuando a alguien por puro simpatizar te menciona con algo de alegría, cuando veo a alguien con una melena negra, cuando escucho tus miles de lista de reproducción…todavía cuando voy a tu tumba, las lagrimas se escapan de mis ojos en contra de mi voluntad, y siento un fuego intenso en mis ojos.

Tu partida había dejado algo en mí, y se había llevado tanto.

Había dejado, un corazón roto, un sueño desvanecido y un alma vacía.
Cosas que a la mayoría, le importaría un pepino. Cosas que a la mayoría, le parecerían superficiales. Y por sobre todo que les parecerían inútiles y cursis.

La caja de las cartas esta intacta, así como la dejaste, y también tus libros, nadie los ha leído más que yo. Y en gran parte de ellos, más de una vez.

Siempre me escribías poemas, y los pegabas en la puerta de la habitación. Siempre limpiabas mis desastres y me defendías de los profesores, y sobre todos los abusivos. Siempre andabas por allí protegiéndome. Queriendo ser mi “príncipe”. Queriendo jugar al cuento de hadas.

Lo siento mucho… sigo siendo tan inútil, como en aquel entonces.
Perdóname por ello… Solo te causaba problemas. Cuando tú eras más frágil que yo.

¿Por qué gente tan buena, tenia que morir? A veces desearía que estuvieses aquí conmigo, diciendo que tan inútil era la política, y como el mundo estaba podrido, contándome cuentos, escribiéndome cartas, y dedicándome tus libros. Se que nunca pude terminar de entender lo que eran tus libros, que nunca entendí del todo el argumento, y que siempre terminaba desesperándome por leer el final, que siempre te anduve molestando, preguntándote en que terminaba la historia, aunque siempre tuve la impresión que eso te gustaba, recuerdas que me ponías la mano en la cabeza, y me decías “llegara el final, más rápido de lo que crees”.

Siempre que leía tus libros, pensaba en nuestros momentos, y como decías que toda tu inspiración era gracias a mi, me hacia feliz que cada noche nos abrazáramos, compartiéramos calor, me leyeras uno de tus cuentos, hasta que me durmiera, y me encantaba que a la mañana siguiente ya estuviéramos en la cama dormidos, placenteramente uno a lado del otro.

Todo cambio cuando te ingresaron al hospital. Pero de alguna forma seguía siendo tan feliz como podía serlo. No me importaba que los doctores solo me dejaran verte en horarios especiales. No me importaba que tuviera que esterilizarme para entrar contigo. Me aprendí tus cuentos para poder contártelos, ya que no me dejaban meter libros.

Odio recordarte, como el enfermo postrado en una cama, pálido, sin energía, pero siempre lograbas con esfuerzo decirme alguno de tus chistes malos, dedicarme una sonrisa, una palabra y hasta una de tus miradas firmes.

Matt, quiero que sepas que hasta el ultimo momento en el hospital te ame. Quiero que sepas que nunca voy a dejar tu recuerdo atrás. Y aunque todos se aferren a decirme que te deje ir. No lo haré, por que se que a ti te gusta aquí, estar conmigo, compartir nuestro calor. Mirarnos sin decir nada, por que no hay necesidad. Abrazarnos sin razón alguna. Besarnos de esa forma tan tierna. Rozar nuestra piel, en un débil intento de estar juntos en nuestro pequeño mundo, en nuestro compacto, y único mundo en el que solo cabíamos nosotros y nuestros sentimientos. No había lugar para el odio, la envidia, el enojo, solo para el egoísmo mutuo, nuestro amor, nuestra amistad, y solo eso, y nada mas. Sin des motivaciones o sueños rotos, sin forma alguna de corromper nuestro lazo. Sin entrada a alguien externo.

Solo… nosotros dos.


Oye,  Matt, ojala estuvieras aquí, para decirme las razones por las que no debería de llorar.