Capítulo 2
—¿Quieres escuchar? Pequeña. —Su aterciopelada, y varonil voz recorría
mi mente. Me ofrecía un audífono.
—Claro.— Probablemente debí de haberle golpeado, por que me había dicho
“pequeña”. A pesar de mi enojo, sonreí hipócritamente.
La música que se escuchaba hablaba de un chico que era un imán para las
penas, que no era nadie (sin una alguien). El estribillo decía algo sobre que
si se iba, no le iba a quedar nada, que todo iba a provocar que llorara. Matt
miraba hacia el techo con los ojos cerrados, disfrutando la música. Su cuello
musculoso se alzaba y por alguna razón pensé que era hermoso.
—¿Te gusta?— Abrió los ojos, y se tambaleo antes de acercarse a mi
rostro.
—Es muy ruidoso.— Fui bastante sincera. Aparte la mirada, para evitar
sentirme aturdida por su mirar tan firme, tan especial y único.
— Es Pignoise, me encanta.— Su rostro tenia una euforia dinámica, como
si fuera a saltar de alegría.
— No he escuchado de ellos.— Me recargué en el respaldo de la silla,
estaba dura, así que me volví a mi posición original y subí los pies a la silla
para sostenerlas en mis brazos y recargar mi barbilla en ellos.
— ¿Cuántos años tienes? Niña.— Su semblante se torció en una rara mueca
llena de ironía.
— 15 y ¾ — “Soy grande, a pesar de mi estatura”, me hubiese gustado
decirlo.
— Que madura— Eras demasiado sincero y directo, así que cambie de tema.
— ¿Qué libro es?—Pregunte mientras me inclinaba para ver la portada
— “Misericordia” de Mateo Miramar. — Sus ojos estaban llenos de un
brillo de orgullo puro.
—Ughh odio a ese autor… es muy dramático. — Hice una mueca para
acompañar mi comentario y me volví a mi inclinación fetal.
—Tal vez no has intentado entenderlo— Me miro incrédulo de mi
comentario. Me pasaba a menudo. Alzo una ceja.
— He leído dos libros suyos, y nunca termino de entender por que pasan
las cosas, y aun más me desespero por llegar al final.— Me explique, tranquila,
como siempre.— Siempre dicen que es un genio en eso de los libros, con tan poca
edad y ya con un Nóbel, miles de babosadas que dicen de el. Tengo una amiga que
esta súper enamorada de el.
— OH ya. — Te limitaste a decirlo. Cambiaste de tema— ¿Por qué estas
aquí?
— Mi estúpida apéndice exploto. — Mire nostálgica hacia el infinito.
Estúpida apéndice tenias que explotar en medio de un buen concurso de lógica.
—Vaya… lo siento tu apéndice de seguro se canso de estar en un cuerpo
tan pequeño. —Río de su propio chiste, hizo una mueca torcida ¿Qué estaría
pensando en ese momento?—Pobrecilla, ¿te duele mucho?
—“No necesito misericordia de parte de Dios”— Cite a Mateo Miramar.
—Ohhh, pero yo no soy Dios. — Sonreíste sinceramente, tan lindo que me
hiciste soltar una risa a lo bajo.
—Que listo. —Volví a sonreír.
Una doctora anciana, delgada y acabada, con su bata blanca e impecable
se asomo por la puerta del consultorio.
— Ya puedes pasar.—Su voz era suave y dulce, me recordó a mi abuela,
pensé en ir a visitar su tumba después de esto.
— ¿Cuál es tu nombre pequeña?— Se disponía a pararse, mientras me
miraba tan intenso como siempre.
— Ahhh… Jade. — Escribió algo en la portada del libro. Lo jugo en sus
manos un rato. Se quedo pensando algo, y después se dirigió en dirección al
consultorio.
— Bien nos vemos, Jade. Jugaremos otro día.
Abrí mis ojos más de lo que podía. Por que en el momento en el que
levante la mirada, vi lo alto que era, talvez poco más de 180 cm. era horrible
la sensación de pensar “Me va a aplastar!!!”
Iba entrando en el consultorio.
—AHH!!! Espera y el tuyo…—Me di cuenta que no me había dado a entender.
Cuando el alzo una ceja— Tu nombre ¿Cuál es?
Se rió. Volteo el rostro y aun con una sonrisa torciendo su semblante.
Saco un papel y una pluma, escribió algo en la portada del libro.
—Mateo Miramar— Aventó el libro hacia mi y cayó en la silla de a lado
mío.
Incrédula me senté en la silla, sin la menor intención de disculparme,
por el encuentro tan retorcido que había tenido con Mateo Miramar el famoso y
talentoso escritor juvenil.
Y me volví hacia la silla, en el la portada del libro justo tapando la
mitad del título, estaba una nota con la leyenda “Para Jade… Ojala lo lea y por
fin entienda”.
Muchas palabrotas pasaron por mi mente. Palabrotas que nunca había
dicho, por que nunca había tenido la intención.
¡¡¡¿Cómo quiere que entienda?!!!
Algo que solo el y las personas soñadoras, podrían entender.
Días después del encuentro. Salí del hospital, al mismo tiempo que
termine el libro. Las enfermeras y los doctores, hasta mis propios compañeros
de cuarto, me decía “Ese libro es muy bueno” “Ese autor es muy bueno” Cosas que
me hacían desencajar en el rompecabezas de ese mundo.
Papá era laboratorista de ese mismo hospital, baje hacia aquel lugar
donde el trabajaba. Y me puse a jugar con la silla girable.
—Ese autor… no decías que lo odiabas. — Miro incrédulo el libro que se
asomaba de mi bolsa.
—Lo hago… es tan patético— Gruñí, al recordar nuestro encuentro de la
vez pasada.
Papá es un hombre divorciado, de unas 3 señoras. Mamá murió cuando yo tenía
2 años. No se por que murió, pero papá ha terminado todos sus matrimonios
gracias a ella. Siempre lo había apoyado a “rehacer” su vida amorosa, el único
problema es que el no estaba muy convencido. Pero ahora decía que estaba
cansado y que por lo mientras se quedaría así.
—¿Cómo te sientes?
—2,3…A ti te gusta este autor?
—Un poco, no soy tan cerrado como tu.—Le fruncí el ceño.
Papá era flexible ante todo, lo bueno es que nunca le había tocado una
persona que se aprovechara de ello.
Vivíamos en un complejo de departamentos, antes en una casa, pero era
muy grande para ambos, y ya que los dos somos un desastre, decidimos mudarnos
hace un par de meses, después del último divorcio de papá.
El libro “Misericordia” tenia una trama sencilla, talvez por eso
siempre me aburría, trataba sobre como un chico conocía a una chica, y este
hacia hasta lo imposible por ella. Ella, lo acepta, para luego tirarlo, el
chico cae en una depresión dependiente de drogas y adrenalina, pero mientras
esta tirado, su mejor amiga, lo ayuda, y al final se da cuenta de que ella fue
su verdadero amor desde el principio. El objetivo principal del autor era decir
“Los hombres también tiene sentimientos” y muchos chicos lo apoyaban, en
silencio.
No solo escribe libros, también cuentos y poemas, y hasta historias
infantiles. Sus historias infantiles eran más realistas que sus libros.
Pero por que será que el escribe algo que no puedo entender?...
Realmente esto me frustra.
Matt… siempre trate de entenderte… de las muchas maneras que quisiste
que te entendiera… pero realmente nunca lo hice del todo. Lo lamento por eso.
Aun después de que han pasado años… aun así… yo realmente sigo
lamentándome por ello, la nostalgia no deja de estar conmigo cada día…
Creo que tu llenaste mi ser de algo que era incomprensible para mi…
algo que no habría conocido si no te hubiese conocido… un sentimiento que aun
me llena de alegría, que aunque ya no estés aquí, el sentimiento sigue estando
vivo… por eso sigo siendo fiel a la idea de que nada en el mundo podrá quitarme
esta dura melancolía de mi… pero también al consuelo que me crea tu ser, el ser
que se unió conmigo, y como sigo viva, el sentimiento no morirá, por que somos
dos, por eso esto no puede morir, y no morirá, nunca, ni aunque las miles de
estrellas se desvanezcan en el espacio, y aunque el sol deje de dar calor,
aunque la tierra deje de girar, se que esto no morirá, por el bien de los dos.
De nosotros. Y de nuestro pequeño e insignificante mundo.
Como unos 2 años después de conocerlo, Matt había sacado un nuevo
cuento infantil, las librerías se habían abarrotado de gente, era tan
excéntrico. Papá me había traído una copia, que aun un había sacado de su
envoltura. Mientras veía “Punto de lectura” (uno de mis programas favoritos)
comenzó un nuevo capitulo.
—Hoy en punto de lectura… tenemos al gran escritor MATEO MIRAMAR!!!— La
comentarista rubia falsa, estaba parada, esperando a Matt, en el estudio,
mientras él caminaba estirándole su mano.
—Hola, Jennifer— Su voz recorrió mis oídos.
—Buenas, Mateo ¿Cómo estas?
—Bien… Gracias por haberme invitado…—Matt no pregunto como estaba ella.
— Bueno cuéntanos un poco de tu nuevo cuento “sinceridad”.
—Amm…—Balbucea— Pues es una historia sobre una conejita llamada Jannet
que no puede entender los sentimientos de los demás, y por eso siempre dice las
cosas con mucha sinceridad, aunque lastime a los otros. Los editores pensaron
que no era buena idea decirle a los niños que estaba bien mentir para no
lastimar a los demás… pero, yo creo que esta bien comerse algunos comentarios,
por que no todos tenemos fortaleza de hierro para las palabras.
—Magnifico… pues como te sientes al saber que este cuento es el numero
uno en las listas, en este momento?
—Bueno no es una sensación nueva… pero, creo que se siente mejor, por
que este es el primer cuento que le dedico a alguien.
—Oww!! Cierto— La falsa rubia abrió el libro largo y delgado, de pasta
dura que estaba en sus estiradas y depiladas piernas.— A una tal, Jade, cierto?
—Si, ella me inspiro a esto.—Miro a la pantalla— Gracias Pequeña.—Las
palomitas se me salieron de la boca, “Pero que le sucede?!!!” sentí el rubor en
mi cara. Que vergüenza me hizo pasar. Lo bueno es que nadie sabía que me lo
decía a mí.
De inmediato me dirigí hacia el estudio donde seguro estaría el libro
aun envuelto. Lo vi allí donde lo deje cuando papá me lo trajo.
Lo desenvolví rápidamente, y mire la tercera página. Allí en cursiva
estaba la leyenda “Para Jade, por ser tan sincera”
Desde la sala, se escuchaba la televisión, y la voz de la comentarista.
—¿Y quien es? ¿Alguna novia?
— Más bien una conocida… pero ojala lo fuera.
“IMBÉCIL DE MIERDA!!!”
Se escucharon los aplausos en la televisión.
Las semanas siguientes a esas se convirtieron en un mar de
publicaciones en los medios de comunicación. Hablando de la conquista de Mateo
Miramar, y las chicas comentaban que tenia de buena ella? (es decir yo) como
para que Mateo Miramar se fijara en ella. Simplemente, todo estaba de cabeza.
Cuando cumplí dieciocho, poco después de la entrevista en la
televisión, comencé a trabajar en una librería, medio tiempo. Aunque no ganaba
mucho. Me gustaba sentir el olor de los libros. Y además el dueño había dicho
que de vez en cuando podía tomar libros, y que podía leerlos allí mismo, con la
condición de que no los dañara.
Lo único malo del trabajo, fue que los libros de Mateo Miramar estaban
en una estantería especial. Cada hora llegaba alguien preguntando por ellos.
Pero aparte de eso. Era bastante bueno el trabajo. Me pasaba después de la
escuela. Y después me iba poco antes de las nueve. Llegaba a casa me daba una
ducha y hacia los deberes que no había hecho en mi tiempo libre en la librería.
Todo volvía a la normalidad. Y el comentario de Mateo Miramar había
desaparecido de los medios de comunicación, y era raro que se comentara sobre
el.
Hasta que…
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