jueves, 27 de febrero de 2014

Nostalgia: Capítulo 10

Capítulo 10


No es fácil que me distraiga, o que me quede baboseando frente un aparador, pero esta vez mi mirada se desliza hacia ese anillo, no puedo dejar de verlo y me cuesta trabajo pensar en otra cosa que no sea Miramar.

El pequeño letrero frente al anillo de caballero de plata tenía escrito “Plata fina, piedra lapislázuli”… Y un precio exorbitante. Ni trabajando 80 años en mi empresa, podría pagar aquella joya, cuando Matt llego juntó a mí, fingí estar viendo otra cosa.

- ¿Quieres un helado?- Me dijo mientras me enredaba el brazo en mis hombros. Le enterré el codo en las costillas.

Estábamos en el único centro comercial de la ciudad, la temperatura era de doce grados bajo cero, y dentro del edificio apenas completaban los dos grados, lo que para la gente de nuestra ciudad, era una temperatura tropical, por lo que nos dábamos el lujo de solo usar una capa de ropa, continuamos caminando, buscábamos algo de ropa que ponernos el día de la boda, que sería en unos días.

Pero después de varias horas dando vueltas entre las diferentes tiendas departamentales, nos quedaba claro que no éramos de porte elegante.

En una cafetería de paredes de cristal, nos detuvimos a analizar la situación, todo es de un blanco brillante, menos el cielo que esta de un azul celeste increíblemente limpio, mis ojos captaron un avión cruzando el panorama.

- ¿Compraste los boletos?- Me pregunta mientras pone una taza de chocolate caliente frente a mí.
- Están en casa.- No dejo de mirar por la ventana. Sorbe de su taza de café negro, como le gusta.
- Sinceramente, no puedo creerlo.- Capta mi atención, y lo miró, mientras tomo la taza.
- ¿Qué cosa? – Le digo, aunque ya se la respuesta. Adoro el chocolate.
- Que Kale, se vaya a casar. Digo siempre fue del tipo rebelde, solo se metía con mujeres por un rato… incluso Ria también fue una de ellas.- Mira el café, antes de beberlo.
- ¿De qué hablas?- Despierta mi curiosidad.
- Se dejaron por unos años, antes de encontrarse otra vez.- ¿Qué?- De pronto Ria se hizo muy popular entre los hombres, y ella apelo a su libertad, Kale dijo que no le importaba una niña tonta, fue así un par de años. Luego de eso, se cansaron, y se volvieron a encontrar.
- Apuesto que es una gran inspiración para ti.- Digo algo distraída de la mirada, pero igual de atónita que hacia segundos.
- Por supuesto.- Sonríe soberbio antes de tomar de su café.

Es un desastre, es un novelista famoso por el romance, y detesta las cosas dulces.

Parece que peque de indiscreción, porque me encuentro con el sosteniéndome la mirada, y me encuentro a mí misma sonriendo como tonta. El rubor alcanza mi cabeza.

- Tu cabello.- Por un momento me distraigo.
- ¿Qué? – Digo medio ida.
- Esta más largo que lo normal.- Dice al notar que ya no esta alineado con mi mentón.
- Si, bueno así me da menos frío en el cuello.- Giro mi rostro al vidrio, y repentinamente me veo sonriendo, lo ha notado.

Recarga su cuerpo en la silla, y no deja de mirarme mientras termina su café y yo mi chocolate.


Espero a Matt afuera de la cafetería, mientras él paga, ha sido un día tranquilo, normalmente cuando salimos la gente se abarrota frente a él pidiéndole su autógrafo o su foto, tal vez si el no fuera tan vistoso, eso no pasaría.

Por estar distraída, alguien me golpea por la espalda, escucho las risas de algunos chicos, y volteo mi mirada.

- No te quedes parada…- Comienza a decir el chico, es uno de los que trabaja medio tiempo como mensajero de la empresa. Parece que mi típica mirada lo aniquila, se pone pálido.- Jefa…- Dice tembloroso, una chica se parapeta detrás de él.
- Buenas tardes.- Mi voz es helada, y la escucho.
- Buenas tardes… bueno con permiso.- Se va lo más rápido posible con las piernas temblándole.

Si trabajaran seriamente, no me tendrían miedo. Matt llega de tras mío y toma mi mano, al instante el calor sube a mis mejillas, y entrelazamos los dedos.

- ¿Me perdí de algo? – Me dice y asumo que vio la pequeña escena.
- Intimide a algunos niños.- Le digo entre seria y bromista.
- ¡Esa es mi chica!- Dice inclinando su cuerpo sobre mí. No puedo evitar soltar una risita.- Sigamos.- Me dice con una de sus sonrisas despreocupadas. Comenzamos a caminar.

Miramar se está probando algunos trajes en el vestidor, y yo curioseo entre los demás, apelo a mi buen juicio en la ropa para elegirle algo elegante que le siente bien.

Observo un mostrador en el que se exhiben corbatas, solo lo he visto usar una en su firma de autógrafos hace unos años. Poso mis ojos en una que parece ser del color de mis ojos, un color que realmente haría lucir los suyos, tal vez no pueda comprar un caro anillo, pero esto.

El vendedor me muestra algunas más que se encuentran en la misma tonalidad de verde, finalmente, y antes de que salga Miramar, compró la que creo se le vera mejor, cuando sale de el vestidor con un traje gris, que realmente le queda bien, el vendedor me ofrece en una caja fina la corbata, y la saco, el me mira con curiosidad. Se la pongo al cuello, se atarla porque papá no sabía y tuve que aprender.

Cuando termino, lo miro, se ve muy guapo, me mira solemnemente y sé que estaba en lo correcto, el verde hace relucir sus ojos. Siento la necesidad de decir algo.

- Hoy, hace 8 años y 5 días que te conocí.- Sonrió.
- Que suerte la tuya.- Nos reímos.
- Nos lo llevamos.- Le digo al vendedor, sin cortar la mirada con Matt. Lo escucho decir “excelente elección”.

Miramar me tiene atrapada.

Estamos sentados en una de las bancas del centro comercial, justo en frente a una estética que parece un poco abandonada, ambos parecemos derrotados. El cielo se ha vuelto naranja, y las luces se empiezan a prender.

- El último te sentaba bien.- Me dice con la bolsa entre las piernas y mirándome con paciencia. Me recargo hacia atrás.
- Para ti todo se me ve bien.- Le digo, casi enojada. Él sonríe.
- ¿Quieres ir al cine? – Me dice después de un rato. Giro mi cabeza y lo veo unos segundos.
- Esta bien. Ve por las entradas, te esperaré aquí.- Le digo y roza mi cabello antes de pasar una mano por mi cabeza.

La temperatura ha descendido, siento un sueño fulminante, después de trabajar, pasó por mí y vinimos aquí a dar un montón de vueltas. Los tacones me matan, el saco presiona mi cintura, y las medias impiden la buena circulación en mis piernas, por lo que me pesan. Mañana en la tarde, después de trabajar me iré junto con Miramar al extranjero, mi permiso es de dos días, y tengo que estar actualizando los datos desde la computadora o el celular, el miércoles, tengo que volver.

Pronto la fatiga me abruma, pensar que haré tantas cosas en unos días. Escucho el celular sonando, me obligo a contestarlo.

- Hola…- Digo casi sin aliento.
- Jadi, hace tanto que no te veo.- Me dice mi padre.- ¿Cómo estas?
- Papá…- Me obligo a poner atención.- Bien. ¿Y tú?
- Tu viejo está bien, algo solo, por lo que se me ocurría, que tú y Matt vinieran a cenar esta noche. Estoy haciendo espagueti.- Suena como si estuviera sonriendo. No he visto a mi padre en poco más de un mes, y es verdad yo también lo extraño. Retiro la fatiga de mi cuerpo y mente.
- Claro papá, cuenta con nosotros. Estaremos allí en unos minutos. Te quiero. Hasta pronto.
- También te quiero cariño.- Y cuelga.
- ¿Quién era? – Veo los zapatos de Miramar frente a mí. Levanto la mirada y él está muy sonriente con las manos ocultas detrás de la espalda.
- Mi padre nos invita a cenar… ¿Qué te traes? – Lo miro entre autoritaria y curiosa.
- Lo encontré.

Es hermoso. Simplemente es perfecto. Es de mi talla, de un color azul marino, no es ni demasiado corto, ni tiene mucho escote. Retiro mi mirada, y lo meto a la bolsa nuevamente. Miro hacia arriba, donde Miramar espera mi sentencia final.

- Gracias.- Le sonrió suavemente. Y él me sonríe.

Siento una punzante presión en mis pies, no puedo más con la dignidad y terquedad en mi garganta, comienzo quitándome los zapatos, me quedo descalza aunque el piso de azulejo está congelado y el frío convierte mis pies en bloques de hielo. Aunque me los adormila y el dolor se disminuye.

- ¿Qué estas…?.- Matt esta incrédulo.
- Lo siento, no pienso seguir usando estas cosas. No sé ni para que los compre.- Miro los zapatos con odio. Aunque si se porque los compre, es porque la diferencia de estatura entre Miramar y yo, es demasiada.
- El piso esta helado.- Exclama con clara preocupación. La gente comienza a mirar hacia nosotros.
- No me importa.- Los estoy metiendo en la bolsa del vestido con la esperanza que el papel lo proteja de la suciedad.
- Eres tan terca.- Me dice casi enfadado.

Me levanto y comienzo a caminar, me alcanza hasta estar a mi lado.

- ¿Vas a caminar así hasta el estacionamiento? – Me dice aun incrédulo.
- Si es necesario, no pienso volver a ponérmelos.- Sigo terca.

Cuando llegamos a la entrada del centro comercial, me doy cuenta de a lo que se refería Matt, el estacionamiento está cubierto por la típica capa de nieve y hielo. Aún no me importa, me dispongo a bajar las escaleras cuando él se pone frente a mí.

- Súbete.- Me dice, mostrándome su espalda. Por un momento estoy confundida, el gira levemente su rostro y me mira de la forma autoritaria que no me suele mostrar.

Enredo mis brazos en su cuello, y soy un saltito para enredar mis piernas en su cintura, no es difícil porque mi falda es flexible. Siento el rubor en mis mejillas, y el calor del cuerpo de Matt, el olor de su cabello y la flexión de sus músculos y huesos, al darme cuenta de lo rápido que corre mi corazón, escondo el rostro en su hombro.

- ¿Qué pasa? – Por segundos me quedo callada.
- ¿Por qué eres tan alto? – Le miento, evitando la verdadera naturaleza de mi nerviosismo. Él se ríe, Matt, tiene una bonita risa.

Nos las arreglamos para que mis pies no toquen el suelo mientras subo a la camioneta, mientras prendo la calefacción Miramar guarda las cosas en la cajuela, y poco después entra, lo veo frotar sus manos entre sí. Veo que monitor, la temperatura es de -15°C y bajando. El sol ha caído completamente y la noche ya cubre a la ciudad.

- Con ese gorro, te ves adorable.- Dice mirándome a los ojos y con una cálida sonrisa en la cara.

Por un momento me aturde, y me quedo callada, el enciende el auto y acomodo el gorro en mi cabeza sintiéndome estúpida y rebajada en dignidad, Matt no lo escucha pero le susurro un “gracias”, muy a lo bajo y casi para mí misma.


Después de haber ido a casa a quitarme de encima las molestas prendas y ponerme unas 4 capas de ropa muy cómoda y caliente, llegamos a la casa de mi padre, donde nos esperaba casi en la puerta, y después de abrirla me abraza con cariño, lo correspondo y después nos miramos. Abraza a Matt con el mismo cariño con el que me abrazo, él le enseña el vino que trajimos, lo toma y lo mira con conocimientos en enología.

- Gran elección.- Nos dice mientras entramos, reímos juntos.

El departamento sigue igual que el último día que viví aquí. El día que me fui, tome mi maleta, me pare en la puerta y lo mire por última vez, mi padre me dijo que era lo mejor, y teníamos que aceptarlo, desde que Miramar y yo habíamos tenido sexo por primera vez, mi casa ya no era exactamente el lugar en donde más estaba, y no porque tuviésemos sexo todas las noches, simplemente la sensación de dormir juntos nos gusta.

Naturalmente esto nunca se lo dije a mi padre, pero siento que siempre lo ha sabido. Nos sentamos en la barra de la cocina y comimos el espagueti de mi padre, que siempre había sido su especialidad, nos platicamos cosas y le comentamos que viajaríamos al extranjero mañana en la tarde.

- Entonces es una fortuna que esta noche los haya llamado.- Mi padre sonrió a la pasta.

Parece cansado, no parece el hombre fuerte y joven que me cargaba a la cama en su espalda todas las noches hasta los nueve años, pero seguía siendo el hombre sabio y culto que me leyó cada noche de mi infancia, hasta que comenzó a ser al revés, hasta que como buena adolescente me importo mi espacio. Él siempre ha sido muy flexible y extremadamente amable.

Después de comer, él y Miramar comenzaron a beber, como suele pasar él se embriago con tres copas, y comenzó a hablar más de la cuenta.

- Deberían de casarse, ¡PERO YA! – Dice con la copa en la mano y golpeando el puño en la mesa, me fatiga ver a mi padre así.- Si esperan más, me haré viejo, y quiero nietos.- Toma a Matt por la camisa.- Quiero muchos nietos, adoro a los niños, seré un excelente abuelo.
- Claro que lo será.- Volteo a ver a Matt.- Le prometo que será pronto.
- ¡JADI! Estas en buenas manos, que buen muchacho…- Tiene hipo.- Me preocupaba, hip, porque siempre has sido una niña frágil de sentimientos, hip, pero este muchacho ¡ES MI MUCHACHO!  ¡QUE GRAN MUCHACHO! ¡Sírveme más! Hip – Le acerca la copa a la botella, derrama algunas gotas sobre la mesa. Tomo la botella, la cierro y la pongo en la alacena.
- Papá, si quieres seguir vivo para ver la boda, debes de ir a dormir, ahora.- Lo levanto de la silla alta y Matt me ayuda a cargarlo hasta su cama, le quitamos los zapatos y lo tapamos con las cobijas.
- Que buen muchacho.- Sigue susurrando, al rato se queda dormido.
- Hay papá.- Digo algo agraciada de la situación. Miro a Miramar y nos sonreímos.
Cerramos la habitación.

- Me preocupa que mañana no quiera despertar para ir a trabajar.- Le digo a Matt algo bajo, para no despertar a mi borracho padre, aunque sé que nada lo despertara.
- Tú también tienes que ir a trabajar mañana.- Me dice comprensivo de la situación.
- Mi bolso está en la camioneta. Y creo que deje algo de ropa aquí.- Analizo la situación.

Camino a mi antigua habitación, todo sigue igual. No me lleve ningún objeto porque no lo iba a necesitar a donde iba. Me dirijo directo al armario, y Matt al librero, curioseo en los ganchos, hay un par de prendas que son suficientemente oficinistas para ir a trabajar mañana en la mañana, creo que estará bien.

- Lo conservaste.- La voz de Matt detrás de mí, me hace girar en automático, tiene en las manos la copia de “Misericordia” que me dio la primera vez que nos conocimos. Esta conmovido.
- Si bueno…- Cierro el ropero, y camino lentamente hasta él.- Habría sido grosero tirarlo o algo así…- Bajo la mirada porque siento como el rubor inunda mi cara. Miramar pone el libro en su lugar, desliza una mano en mi mejilla, y me hace alzar la cara hacia él, aunque no lo miro.  Se acerca a mi cara y junta nuestras frentes.
- Te amo.- Siento mi corazón en mi cabeza. Me obligo a mirarlo, pero su mirada penetrante hace que las rodillas me tiemblen, él causa en mí, la extraña sensación de estar cayendo. Me sostengo de su sudadera.
- Yo también, te amo.- Me besa, mi mente queda en blanco, y solo puedo pensar en él, en él y en su mano en mi cintura, acercándonos más y más.- Mi padre.- Digo, cuando descubro hacia dónde va ese beso. Ríe a lo bajo.

- Nada lo despertara, no puedes escapar de mi.- Su boca comienza a besar mi cuello. Mi corazón parece querer salir de mi pecho y la piel se me pone de gallina. 

sábado, 22 de febrero de 2014

Justicia: Capítulo 6

CAPITULO 6.


-Bien.- Todos estaban vestidos negro, Miranda llevaba unas botas blandas negras sobre el pantalón del mismo color, su cabello se alborotaba con el aire de afuera y dejaba salpicar el color negro, parecía hecha para ese color, todos parecían personas diferentes.
Ferdinand llevaba una paleta de caramelo en la boca y miraba a Miranda desde abajo con su oído concentrado en la voz de su líder, y sus manos en el teclado de la computadora.

Miranda tuvo que ir a cada habitación, abrir la puerta y despertarlos a como de lugar, literalmente les aventaba en la cara el pesado y duro uniforme negro que Stephan le había dado, junto con varias armas.

-Fer, necesito un mapa de accesos y salidas del lugar. Es una vieja y abandonada fábrica así que no hay muchas salidas.- Ferdinand movió el caramelo de un lado a otro en su boca, y movió la cabeza, tecleando fuerte y rápidamente el teclado. Algo se imprimió y Ferdinand le dio una hoja a Miranda. Ella se sentía segura y capaz de guiar al equipo.- Bien, observen este edificio.- Encerró con plumón negro un edificio a dos cuadras de la vieja fábrica, entre el edificio y ella había una cuadra de casas y unos 50 metros de arboladas, de un viejo parque.- Se aterrizara el helicóptero allí.
-El espacio es un poco pequeño.- Maya lo murmuro esperando que Miranda la escuchara.
-Pero, podrás ¿cierto? - Miranda la miró con ojos decididos. Maya volteo a ver el negro helicóptero que esperaba ser piloteado, se lamió el labio inferior y mordió el interior de su mejilla. Volteo a ver a Miranda y le dio una sacudida como respuesta. Se sonrieron.
-Maya y Luke cuidaran el helicóptero. Maya serás francotiradora desde allí, nos cubrirás la espalda cuando volvamos con el niño.- Maya y Lucas la miraron en señal de entendimiento.- Fer te quedaras con ellos esperando en el helicóptero monitorearas, nuestros signos vitales, y lugares. Teo, Ted, Kolai, Kouchi, y yo avanzaremos hasta la puerta, Kolai, Ted y Kouchi esperaran allí a nuestra llegada. Teo y yo iremos por el niño.
- ¿Por qué no voy yo por el niño? Soy más fuerte, tengo mejor condición.- Ted miro con furia a Teo y Miranda, parecía arder.
-Por eso te quedaras con Kolai y Kouchi ustedes son fuertes y podrán entretener a los guardias, mientras Teo y yo sacamos al niño.- Ted hizo un puchero, no pareció estar del todo de acuerdo.- ¿Todos bien? ¿De acuerdo? Prometan no matarse.

Al unísono movieron las cabezas para, decir “si” y miraron a Miranda intensamente.

* *  *  *  *

- Hey! Jefa, tenia razón hay algunos sensores y cámaras en la instalación, a pesar de estar bastante vieja.- Ferdinand hablaba con Miranda desde el interior del helicóptero, mientras ella y el otro grupo bajaban por el ascensor del edificio, al parecer no había nadie en la recepción, la familia Giglio era poderosa, solo habían pedido que todos se fueran a sus casas.
- Gracias Fer, puedes ingresar a la computadora central y descomponer un rato las cosas.- Pidió Miranda cuando se dirigían a la puerta del edificio. Se tensaron poniendo las armas en guardia, miraron a todos lados con ojos incrédulos a lo que veían, no podían estar seguros de que el lugar era tranquilo, sus corazones palpitaban con emoción.
-Claro, déme diez minutos.- Dijo Ferdinand desde el intercomunicador. En el techo Maya se ponía en posición junto con su rifle, tenía unos binoculares, y miraba a sus compañeros adentrarse en las arboladas.
- Mira, esta libre, pueden pasar.- Maya, tenia la voz áspera. Y el aire despeinaba sus pequeños y delgados rizos, apretados por una firme liga.
- Gracias, Maya.- Dijo Miranda mirando y apuntando a todas partes, antes de entrar a la arbolada.

Se estaba poniendo el sol, y la noche comenzaría a caer en unos minutos.  Los árboles mostraban sus sombras con figuras irregulares, sin darse cuenta el grupo paso un detector de movimientos y las alarmas dentro de la instalación sonaron.

- ¡JEFA! ¡Son detectores de movimiento! - Grito Ferdinand por el auricular.
- Lo sé.- Miranda pensó rápido ¿Cómo ocultarnos? Si nos ocultamos por el momento, creerán que algún perro activo la alarma, ¿Cómo? De improviso Miranda miro hacia arriba, las altas y fuertes ramas.- ¡Hay que subirnos a las ramas! - Ordenó y todos la obedecieron.
- Ni de broma voy a obedecerte.- Ted se quedo abajo, y se preparo para disparar, el solo y sin ayuda. Pero una mano sobre el, lo jalo por el cuello y lo subió a la rama, tapándole la boca. Miranda hizo una señal para que todos guardaran silencio. Nikolay era quien le tapaba la boca a Ted y hacia un gesto de obediencia a Miranda. Unos hombres altos, fuertes y armados llegaron al lugar donde ellos estaban, mirando a todas partes.

*Conversación en italiano*

-¿Seguros de aquí fue la señal? - Dijo uno con una voz por lo más alta que Miranda nunca antes había escuchado. Un hombre de menor tamaño y más delgado que el, llevaba una pantalla táctil en la que verifico algunas cosas.
-Si, Señor, fue aquí.- Dijo el hombre algo aterrado de lo que le podía pasar. El hombre grande levanto al pequeño por el cuello.
-Seguro y algún sucio animal de mierda.- Lo miró pesadamente.- No me vuelvas a quitar el tiempo.- Lo soltó y cayo duramente en el suelo, todos fueron tras el hombre. Esperaron unos segundos antes de bajar. Nikolay aventó a Ted, y el cayo al piso de una manera grotesca y muy diferente a la liviana en la que cayeron los demás.

*Conversación en ingles*

-¡¡Pero que te pasa maldito ruso!! - Ted estaba rabioso.
-Arriesgabas la misión si te quedabas tu solo.- Se defendió
-Soy más fuerte que todos ustedes, hubiese podido con todos ellos.- Exploto.
-Baja la voz.- Le pidió Kouchi. Mientras discutía con Kouchi y Nikolay Miranda hablo por el auricular con Ferdinand.
-Jefa ya desactive los detectores, pueden caminar libremente.- Afirmó orgulloso Ferdinand, pero con la voz plana que siempre usa. Teo toco el hombro de Miranda para darle a ver lo que pasaba detrás de ella. Ted tomaba a Kouchi por el cuello y lo miraba con ojos enormes y enfadados.
-¡Ted! ¡BASTA! - Por un momento Miranda sintió que perdía la paciencia, con ese hombre. Ted miró a Miranda, mientras ella gruñía, el soltó a Kouchi con una cara algo divertida. Ella se acerco a el, si Miranda no fuese tan pequeña a comparación del metro ochenta y siete de Ted, lo hubiese visto a la cara.- Ese niño esta allí adentro, sin tener nada que ver en ese pleito, lo pueden estar torturando, no es hora de estar jugando al Macho.- Rugió.- Esta misión es mi responsabilidad, y cada uno de ustedes, pero no dudare en matarte yo misma si ese niño pierde la vida, ¿Comprendes? - Por segundos Miranda se escucho como la líder que se suponía que era, y Ted dudo de si mismo, soltó una sonrisa, y vio a Miranda, se inclino para verla a los ojos.
-Claramente, jefa.- Dijo casi sin ganas. Y ella desvió la mirada.
- Hora de continuar la función.- Miranda les dio la espalda y troto en línea recta hacia la puerta de la fábrica, empuñando el arma. A pesar de que Ted siguió con la formación establecida, no estaba aún muy convencido de seguir las órdenes de su líder.
Cuando llegaron a la puerta, Miranda les hizo señas para que Teo se asomase a ver que cuantos guardias había, y el hizo una de regreso indicando que había más del lado de ellos dos. Miranda miro a Ted. Se pegaron a los muros de concreto sólido.

-Ted, cúbrenos a Teo y a mi.- Susurro al auricular. Ted, hizo una mueca y Miranda pateó la puerta con su pierna sana, mientras los guardias se daban cuenta y las alarmas sonaban, ella comenzó a disparar no ha matar, pero parecía que los demás si lo hacían, puesto que ella no había dicho lo contrario. Ted disparaba al pecho, por un momento Miranda se preocupo de la misión, su camino fue despejado y le hecho una mirada a Teo para decirle que era hora de que ellos continuaran, los guardias seguían llegando, Teo corría de espaldas y les disparaba en el pecho o en las piernas, cuando no hubo más que siguieran a Miranda y a Teo, entraron a la fabrica, Ted fue tras ellos.

-¡¡TED!! ¡¡NO!! - Grito Nikolay, mientras peleaba cuerpo a cuerpo con algunos, y a otros les disparaba. Miranda y Teo caminaban por grandes maquinarias hasta llegar a un lugar abierto donde el niño estaba amarrado a una silla. Miranda se apresuro a desamarrarlo, y trato de hablar italiano para que el niño entendiera.
-Jefa…- Ferdinand, llamó a Miranda pero este no contesto.
-¿Estas bien? - Pero algo alertaba a Miranda, porque no había nadie vigilando al niño. El niño movió la cabeza mientras lloraba, lo habían golpeado más de una vez, Teo lo tomó en brazos y Miranda hablo por el auricular.- El niño esta a salvo.
-¡¡JEFA!! ¡¡TED!!...- Nikolay jadeo mientras peleaba.- ¡Ted fue tras ustedes!- No creemos resistir más por acá, las balas se están terminando. No se de donde salen… tantos.- Jadeo otra vez.
-Ted…-Murmuro Miranda.
- ¿Este Ted? - De lo profundo de la oscuridad, un hombre corpulento de saco negro y corbata azul, junto con otros hombres grandes, de los que Miranda identifico a los que estaban en la arbolada. El hombre que llevaba a Ted por el cuello del traje lo lanzó a los pies de Miranda, automáticamente se acuclilló para sentir su pulso, allí estaba aunque débil.- Miranda saco su arma y la sostuvo fuertemente.
- Si no me equivoco eres la chica de los Giglio. Miranda Santiago.- Sonrió malicioso.- Tu equipo logro llegar hasta aquí, debo decir que es sorprendente.- Rió profundamente. Teo le dijo al niño que se sostuviera fuerte de el y el niño enredo sus piernas en su cintura y sus brazos en su cuello, ambos se tensaron.- AHH Francesco, siempre acaparándose a las lindas chicas.- Todos rieron.- A la derecha de Miranda había 5 hombres, a su izquierda 8.- No te importaría pasar una noche conmigo y mis finos amigos ¿verdad? - Se lamió el labio superior y Miranda sintió una capa de agua helada recorrer su cuerpo. Otros 4 hombres llegaron y aventaron a sus pies a Kouchi y Nikolay, ambos estaban medio consientes. Plan B  pensó y comenzó a retroceder. Pero el hombre comenzó a avanzar. Miranda se puso frente a su equipo, ellos son mi responsabilidad  se dijo mientras el hombre la miraba a los ojos.
- No estoy a la venta, lo lamento.- Dijo Miranda gruñendo. Retrocedían lentamente hacia una parte más abierta del suelo de madera.
- OH! Una chica difícil.- Acerco una mano hacia Miranda con ademán de tocarla, ellos retrocedieron un poco más.- Estoy seguro de que no necesitas tener precio, para que te tenga.
- ¡¡Prefiero morir antes de tener sexo con una basura como tu!! - Y literalmente, le escupió al jefe de la familia Caprittio en la cara. Retrocedieron otro paso. El hombre abofeteó a Miranda tan fuerte que la hizo perder el equilibrio pero ella, se mantuvo firme, y con la espalda bien recta, retrocedieron otro paso.
-¡PUTA DE MIERDA!- Le grito el hombre mientras se limpiaba la saliva de la boca.
-¡Jefa! ¡Ahora!- Grito Ferdinand. Y Miranda le soltó un puñetazo a la nariz, Teo tiro a sus lados un par de granadas de luz, mientras Teo y Miranda brincaban fuertemente sobre la madera, y al momento en que el crujir de la madera sonó, las granadas se activaron, Miranda y su equipo cayeron un metro bajo la madera y se inclinaron para no ser afectados por las granadas. Pasaron apenas 10 segundos, para que Miranda saltara otra vez sobre la madera, y ayudara a los demás, el niño lloraba y pedía a su padre una y otra vez. Miranda tomó a Ted sobre su espalda, y sintió el aguijoneo extremo del dolor, se irguió, Kouchi ayudaba a caminar a Nikolay, y Teo cargaba al niño. Comenzaron a correr hacia la salida, Miranda disparo a todo aquel que se interponía en su camino, pero no iban lo suficientemente rápido. Teo le pidió a Nikolay subiera a su espalda, y sudo del esfuerzo al llevar al niño en frente y a un adulto atrás. Ahora iban más rápido.

Al minuto el jefe de la familia Caprittio se despertó junto a sus subordinados mientras la nariz le sangraba, Miranda y su equipo había escapado.

- ¿Y QUÉ ESPERAN? ¡¡VAYAN TRAS ELLOS AHORA!! - Ordenó lleno de ira, y tocándose la nariz, con dolor intenso.- La familia Giglio, me las pagaran, en especial tu, Miranda Santiago.- Iracundo, y lleno de vergüenza con el orgullo dañado, el hombre miró su mano llena de sangre.

* *  *  *  *

Kouchi, caía, ya no podía correr con las heridas que llevaba, Miranda tomó una de sus manos, y se acuclilló frente a el, iban a media arbolada, y pronto llegarían.

-Jefa, no quiero asustarla, pero hay veinte hombres detrás de usted.- Dijo entre espantada y preocupada Maya por el auricular.- Y a menos de que tenga otro As bajo la manga, les sugiero que corran.
-Solo un poco más, Kouchi, vamos.- Le dijo dulce, y tomo su mano. Él la miró con el rostro destrozado por los golpes recibidos, y trato de sonreírle.

Sobre el techo, Maya, veía a los hombres de Caprittio acercarse rápidamente hacia su equipo, se ponía nerviosa, y se calmaba intermitentemente.

- Iré a ayudar.- Dijo Lucas, con el rostro lleno de impotencia.
-¡No! ¡Sigue el plan!- Gritó Maya, al ver a Lucas abriendo la puerta.
-¡¡No puedo quedarme aquí y ver sufrir a mis compañeros!! - Gritó lleno de impotencia.
-Si vas, la jefa tendrá algo más de que preocuparse.- Contesto Ferdinand, sin mirarlo. Lucas desistió de su decisión y se coloco frente a la puerta del ascensor a esperarlos.
-Ya están a mi alcance.- Dijo Maya llena de adrenalina, y con una sonrisa burlona en el rostro.

Apuntaba, disparaba, apuntaba, disparada. Había eliminado a la mitad de ellos en unos minutos, y los demás se habían parado con las armas en alto, inmóviles, sin saber de donde venían los disparos idiotas rió mentalmente girando los ojos. Miranda y los demás llegaron al ascensor, pero al llegar a la azotea, Kouchi se desmayo lleno de rubor en el rostro, Lucas lo tomo en la espalda y lo llevo al helicóptero.

-Uff Suertudos.- Refunfuño Maya mientras se desacomodaba de su posición.
-Toma al niño.- Le pidió Teo a Lucas que estaba sentado junto a Kouchi y Ted, lo tomó, mientras el niño no dejaba de llorar. Ferdinand sostenía a Nikolay, mientras Teo le ayudaba.

Miranda se puso los auriculares con diadema a lado de Maya y despegaron.

- Justicia, a Giglio, cambio.- Miranda estaba sin aliento, y hablaba entre jadeos.
- Giglio a Justicia. Cambio.- Sintió un alivio enorme al escuchar la voz de Stephan.
- Misión cumplida.- Miró a sus compañeros, en los asientos detrás.- Pero que el doctor Alphonse este preparado, tendrá mucho trabajo esta noche.
- Enterados, Justicia. Cambio y Fuera.- Suspiro mientras se quitaba la diadema.
- Creo que necesito un trago.- Confeso Miranda mientras veía a Maya, ambas rieron. Aunque el golpe de la mejilla le causaba dolor, y noto que el hombre se lo había dado tan fuerte que le sangraba, como un rasguño. Miranda estaba segura que le dolería al comer.

* *  *  *  *

- ¡¡¡PAPI!!!- El hombre abrazó a su recién liberado hijo, y vio a Miranda con enorme gratitud.
-¡¡Gracias!! Gracias…- El hombre lloraba con su hijo aún en brazos.- ¿Cómo podría pagártelo? - Miranda sonrío
-Haciendo a ese niño feliz.- Miranda trato de soltar una sonrisa, pero la mejilla se lo impidió. El niño se acerco a Miranda, y ella se puso de cuclillas, el niño beso su mejilla sana. Y ella le dedico una mirada dulce.

Al rato el niño se fue, y el doctor Alphonse, atendió a los heridos, una vez dentro de la mansión, los llevaron a una sala que llaman “enfermería”, la sala había sido ordenada por el jefe para ese tipo de casos. Miranda sostenía una bolsa de hielos en su mejilla, y Maya ayudaba a Nikolay a cenar. El jefe se acerco y se sentó junto a ella en una de las camas.

-Escuche que te hiciste notar como líder. Que te pusiste entre el jefe de los Caprittio y tu equipo.- Francesco le sonrio débilmente. Y Miranda hizo un gesto de felicidad en la cara.- Y que le escupiste en la cara.- Ambos rieron, pero Miranda soltó un “auch” al hacerlo.- Creo que Tami no exageraba cuando dijo que eras una gran persona.- Miranda miró al jefe y este se levanto hiendo a ver a los demás, ¿qué demonios fue eso?


Nostalgia: Capítulo 9

Capítulo 9


Me veía a mi misma con Matt en aquel sillón esquinero, junto al librero, donde Matt me solía leer de vez en cuando, antes de dormir, sostenía mi cabeza en su hombro, y leí en voz alta un libro suyo, o alguno de los que gustábamos, me leía hasta quedarme dormida, después a la mañana siguiente despertaba gracias al olor de los hot cakes o waffle que hacía y que además de huevos cocidos era lo único que sabía hacer. Pero me encantaba, y gustaba de acomodarme una camisa suya, para andar con su olor por la casa, me gustaban mis pantuflas de peluche y que la calefacción estuviese prendida, me gustaba desayunar con el y mirar por la ventana para ver el jardín lleno de nieve, de una capa blanca y fría de nieve.

Cuando llego a casa de trabajar, me gusta poner mi bolsa junto a la caja de notas, que no he abierto en años. Me gusta escuchar las listas de reproducción que Matt siempre escuchaba y me gusta ver nuestro hogar, aun brillante, limpio y hermoso como en aquel entonces. Cerrar los ojos y escuchar tu voz decir “¡Bienvenida!” “¿Qué tal te fue hoy?” y sonreír ante mi nostalgia por ti.


-… “¡¿Marco, no lo hagas, sabes lo que te pueden hacer?!” Le grito desesperadamente a su amado. “Se lo que pueden hacer, pero ¡yo no puedo seguir viviendo así! Esto también es por ti” Marco parecía exageradamente híper-ventilado, y nervioso ante la situación, no podía controlar su mente y estaba confundido, entonces en un instante en el que la adrenalina pareció sustituir la sangre en sus venas. Y antes de tirar del gatillo susurro casi inaudible hacía Carmen “Te amo” y se escucho el fuerte esta…
-¡¡¡Espera!!! ¡¿No entiendo asesina a su mejor amigo, por ella?! ¡Y encima ella lo engaño! Pff ¡que estúpido!
-Vamos, Jady ¡cualquiera haría eso! ¡Él la había secuestrado! Para violarla, yo hubiese hecho lo mismo.- Matt me tenia abrazada por el cuello y me veía emocionado por la lectura, estábamos a 2 escasas paginas de terminar la ultima parte de la trilogía más reciente de Miramar, la historia giraba alrededor de un policía, que estaba enamorado y ella le correspondía, pero había un montón de cosas que evitaban que estuviesen juntos, llevo 3 libros de unas 300 o 400 paginas, para que por fin llegara el final, una boda o un funeral.
-El único problema es que yo no soy guapa como Carmen- Me jacte de la mujer morena y hermosa.
-Pero lo eres para mí, con eso me basta y me sobra.- Beso mi frente y continúo con la lectura. Últimamente los libros de Miramar, eran más interesantes, y mucho más compresibles para mi, aunque no del todo y llegaba al punto de desesperarme por el final, por eso Matt se ofreció a leer para mi.

-Carmen tenía cerrados los ojos, y poco después escucho risas, si risas provenientes de Marco y Víctor, reían estridentes la cabeza de la morena se confundió “Qué esta pasando” Susurro con rostro incrédulo. “Esto es una broma, cariño” los ojos de Marco se escondían tras las mejillas infladas por la risa “Como que una broma?!” Carmen se desespero y agito sus manos de la apretada soga que tenía en las muñecas, para descubrir que el sitio le daba ardor y dolor y sus hombros exigían un descanso. “Todo esto empezó, por que mi mejor amigo te daba miedo, ¿no es así? Arreglamos esto para darte a ver que si el de verdad intentase algo, intentara esto, y que a mi no me importaría ni un comino matarlo, si era por tu seguridad!” Carmen mostró un rostro incrédulo ante todo y poco después rió con ellos, “Cariño desátame” le pidió al rubio y entonces el se acerco aun sonriente para desatarla una vez hecha la acción, sobo sus muñecas para después con la mano derecha dedicarle una cachetada a su futuro esposo, Marco se quedo incrédulo, y detrás de el, Víctor rió y dijo: “Te dije que se enfadaría, nunca le haces caso al buen Víctor”. Carmen abrazo el torso de su pareja “Eres un idiota” Marco sonrio ante la declaración “Y lo peor de todo es que te sigo amando”… Fin.

-¡¿Y ese es el famoso final?! ¡Eres un fraude!- Lo golpeé con el cojín que tenía a la mano
-No quieres escuchar los agradecimientos.- Me impidió levantarme del sillón.
-Solo si prometes que no son tan terribles como ese final.- El me sonrio como con un “si, lo prometo”
-Le agradezco al oficial Daniel que me ayudo en mi investigación de inteligencia policíaca y a mi editor y tío, a mis amigos de la isla que me dieron tan brillante idea de final.- ¿Brillante?- A la escritora Mariana Evans por ayudarme con la reacción de Carmen, y principalmente le agradezco a mi hermosa novia Jade, que me apoyo durante todo el proceso de escritura.- El rubor se me subió a la cabeza.
-Idiota- Lo golpeé con el cojín.
-¡Dilo! ¡Di que aunque sea un idiota me amas!- Sonrió enorme
-No, ¡imbécil!- Lo volví a golpear y me levante
-Jade.- Me llamo tranquilo y gire mis ojos hasta el.- Quiero chocolate caliente.- Gire mi rostro hasta que su mirada choco con la mía, y le sonreí débilmente, dirigiéndome a la cocina.

A él no le gusta lo dulce, pero le gusta mi chocolate.


A la mañana siguiente me desperté y me abrigue antes de salir a la fría calle, y recoger el correo de los Domingos, entre el recibíamos, revistas literarias, cartas, y de vez en cuando paquetes de parte de los admiradores de Matt. Antes de tocar el frío metal del buzón, me puse un guante de cuero, y abrí la pequeña puerta, había una pequeña caja, que definitivamente no era para Matt, la tome, junto a las dos revistas, y a los 4 o 5 sobres. Camine sobre la nieve, con mis botas de hule.

Deje los sobres en la mesita del recibidor y me dirigí a la cocina donde estaría Matt, viendo por la ventana como siempre, con la laptop en la mesa, una taza de café en su mano, y la mirada perdida en los mundos que imaginaba, me miro con vista periférica, y al momento en que puse la caja envuelta en papel café y seco, me volteo a ver, y regreso la mirada a la ventana.

-¿Un paquete?- Dijo aun perdido
-Si, pero para mi. No dice quien lo envía.- Declare aun incrédula de que la etiqueta digiera Miramar, Jade.- La gente suele confundir mi nombre, solo por que vivo aquí.
-Me gusta como se escucha.- Bebió un sorbo de café, y luego dejo la taza sobre la mesa, para escribir con largos y ágiles dedos.
-¿En serio?... Técnicamente aun no estamos casados.- Por un momento sentí ruborizar mis mejillas, a Matt no le gustaban los planes a futuro.
-Deberías revisar tu calendario de vez en cuando.- Lo mire extrañada de lo que decía, el volteo los ojos un rato, para después volver a su tecleo. ¿Mi calendario?

Abrí el papel con cuidado, para no cortar mi piel, y observe que debajo del papel seco y café, estaba un colorido color verde, del color verde de mis ojos, escudriñe de donde se habría el verde, y justo al encontrar la entrada, vi la tarjeta, una tarjeta blanca y pequeña que tenia escrito en letra cursiva, delgada e inclinada la frase “para Jade” mire a Matt, con ojos confundidos, y el se sonrojo de solo una mejilla, aun sin apartar los ojos de la pantalla.

La caja contenía otra caja pero de terciopelo, larga y delgada, antes de abrirla volví mis ojos a mi novio, se veía estresado y un poco avergonzado, lo que me pareció tierno, la caja abría por un seguro automático el cual apreté. Dentro de la aterciopelada caja color negro se encontraba una piedrita verde, con una orilla color dorado, en forma de gota, se me iluminaron los ojos al ver tan hermosa que era, y de repente me ardieron.

Cuando volví mi vista al lugar de Matt advertí que no estaba allí, lo sentí poner una mano sobre mi cabeza, desacomodando mis castaños cabellos.

-Hoy son 8 años desde que te conocí por primera vez.- Lo mire conmovida, y luego a la pequeña esmeralda que alce para ver de cerca, cerré los ojos sin creer lo feliz que era. Matt me quito la joya de mis manos, y la coloco alrededor de mi cuello, la abrocho y beso mi nuca. Para después susurrar un “Gracias” tiernamente. Tape mi rostro con mis manos, y me vi en la penosa situación de llorar de felicidad.


-Dime que nunca me vas a dejar.- Susurre.
-¿Por qué tendría que dejarte? - Acaricio mi mejilla suavemente, casi rozando mi piel, como si me fuera a romper. Suspire.
-Solo… no lo hagas.- Voltee mi rostro para no tener que verlo a los ojos, y verme reducida nuevamente.
-Me haces feliz.- Dijo, y tomo la piedra colgante de mi cuello.- ¿Te ha gustado tu regalo? - Pregunto con la vista centrada en la esmeralda. Me acomode en la almohada de Matt, la que olía a su shampoo.
-Me encanto. Gracias.- Dije sin siquiera voltear mi rostro a el. El teléfono sonó, Matt estiro su largo brazo, para alcanzarlo, tomarlo y acercarlo a su oído.

-Diga.- Dijo serio con voz masculina.- Kale, ¿que hay hermano?...- Después escucho atento, y sonrio tibiamente.- Me has ganado. Si es sábado, entonces estaremos allí. Claro, nos vemos adiós.- Lo próximo fue el sonido del botón de colgar. Matt me miro entusiasmado con el teléfono en mano.- ¿Vamos a la playa? - Lo mire incrédula durante un segundo.
-¿En esta época del año? - Pregunte con el ceño fruncido.- ¿Qué te ha dicho Kale?- Concluí
-Que se van a casar.- Dijo al tiempo en que se estiraba para dejar el teléfono en su lugar. Por un momento me sentí ruborizar.
-Bien por ellos.- Nos sonreímos mutuamente, y me calle el comentario sobre la frase que había dicho Matt “Me has ganado”.


-Matt, a comer.- Grite a lo alto de la escalera, para que en la habitación, él escuchara. Espere su respuesta unos segundos, pero no la escuche, así que subí, pero no estaba allí, y me dirigí al estudio. Lo vi desde la puerta, tumbado en el escritorio, con la laptop frente a el, y la música a todo en los audífonos que tenia en los oídos. Llegué por detrás, y puse mi mano en sus oscuros y suaves cabellos, los frote, como el los hace con los míos, le quite uno de los audífonos, y lo abrace por el pecho, recargando mi barbilla en su hombro.- Hora de comer.
-Iré en unos minutos.- Traducción: “Iré en cuanto pueda” Bese su mejilla, y el abrazo mis manos.- Bien… vamos.- Me respondió dolido de tener que dejar su inspiración para otro momento.

Se sentó en su lugar de siempre y me vio servir un plato de sopa caliente, y un vaso de agua de naranja, se los puse frente a él y me serví, me senté frente a él, se asombró por el plato frente a él y comió como si nunca hubiese probado la sopa de fideo con pollo. Sonreí suavemente, no sabía cuántas veces en mi vida, había pensado, que él en realidad parece un niño, hizo contacto visual conmigo.

- Cariño, sé que me amas, pero si me miras así, no sé si aguantaré no llevarte a la cama.- Soltó una de sus sonrisas despreocupadas y brillo el lapislázuli de sus ojos como si fueran negros.
- Sucio.- Me volví a mi sopa, comencé a comérmela, pero sin romper el contacto de mi mirada furiosa, con la divertida suya. Siempre me volverá loca, con sus ojos clavados en mí, adivinando lo que siento y pienso.

Después de comer, lave ropa y él la doblo. Para cuando cayó la tarde una tormenta de nieve afectó la electricidad, y solo nos permitió hacer cosas a la luz de velas. Nos dignamos a sentarnos en el sofá con las piernas cubiertas por un cobertor de lana, y con las laptop’s para trabajar, él en su libro, yo en cosas de la empresa, esperamos horas a que la luz regresara, pero no lo hizo y las velas se iban consumiendo. Un hombre de la compañía de luz llego tocando las puertas y diciendo que la luz no regresaría hasta mañana, porque los fuertes vientos habían tirado un poste de la luz.
Y entonces sucedió, la calefacción se comenzó a enfriar, y fue el momento en el que lamente no tener una chimenea en casa, mi cuerpo comenzó a temblar poco a poco y mi nariz y mejillas a ponerse rojas, Matt rio al verme y soltó una de sus chuecas sonrisas.

- ¿Frío?- Reímos, cerré la laptop, la deje en la mesa de centro y me acerque a él, subí mis pies al sofá y los puse junto a sus muslos, me paso un brazo sobre mis hombros y froto mi hombro calentándome con la fuerza de la fricción, mientras mis manos las frotaba entre ellas y el colocaba su nariz en mi frente, su respiración cálida rozaba mi cara, el cuerpo de Matt siempre había sido de temperatura alta. Besó mi frente y nos quedamos allí en silencio mientras escuchábamos la nieve golpear las ventanas.



No recuerdo cuando Matt me llevo a la cama y me recostó allí cubierta por 4 cobertores, abrazada a su cuerpo y sin una pizca de frío en mi cuerpo, miré hacia arriba donde su rostro estaba dormido totalmente, con los parpados cubriendo sus hermosos ojos, y los labios entre abiertos, sentí algo que jaló la piel de mi cuello, y admiré la esmeralda tan brillante y limpia, ojala Miramar no me hubiese regalado algo que me recordara mis ojos, si no, a los suyos, los ojos que tanto me encantan ver y apreciar.

domingo, 16 de febrero de 2014

Justicia: Capítulo 5

Capitulo 5.


-Y… ¿Bien?- Miranda se sentía tensa, no sabía como ser “líder” de un montón de gente que eran “peligrosas”, por lo que había leído de ellas en los documentos que le dio Tamara.
-¿Cómo sobreviviste? - Pregunto Ferdinand, con el rostro lleno de curiosidad infantil.- Si recibiste dos impactos de balas como pudiste llegar aquí sin desangrarte, o infectarte alguna de ellas.
-¿Cómo eran los hombres que te atacaron?- Maya no quito los ojos de su rifle.
-El jefe me dijo, que eran de la familia Mararca de Guatemala y al llegar aquí la familia Bianchi ¿no es así?- Teo parecía capaz de disminuir el tamaño de Miranda solo con la mirada tan fría que tenía.
-Algo así.- Miranda pensó que si les contaba la historia, podía ser que ellos, se abrieran a ella.- Cuando estaba con Tamara en un café del centro de la ciu…

* *  *  *  *

*Conversación en Castellano*

-¿Día de locos? - Pregunto Teo desde la puerta del balcón donde Miranda fumaba un cigarrillo.
-No es lindo entrar a la habitación de una chica, sin tocar la puerta primero.- Dijo Miranda sin quitar la vista del bosque que se extendía frente a ella.
-La mayoría de nosotros no te consideramos una chica.- Se rió, Miranda se había entendido con la única persona que era de su mismo país allí. Soltó una risa sorda.
-Ese es un buen punto.- Teo se acerco al balcón junto a su líder. Miranda le ofreció un cigarro de la cajetilla, y el lo tomó amablemente, así como el encendedor. Ambos tomaron bocanadas de humo, y las soltaron.
-Son buenos ¿no? - Durante el rato que Miranda le enseño algunos movimientos a los demás había notado, que si en efecto, eran buenos chicos.
-Pero… Ted, es… algo rígido.- Dijo Miranda fumando otra vez.
-Creo que solo desconfía.- Dijo con una sonrisa, y dejando el cigarro a un lado.- Una vez que te reconozca será como un cachorrito.- Ambos rieron.
-Pues que más quisiera yo. Se supone que soy su líder, si no puedo llevarme bien con ustedes, entonces no sirvo para este trabajo.- Miranda se perdió en el oscuro cielo.
-¿Conoces al jefe de antes? - Teo miró a Miranda con rostro solemne.
-Hace 10 días que lo vi por primera vez, no hay mucho que tenga que decir sobre el.- Ambos rieron.- ¿Tu? Lo conoces de hace mucho.
-Hace dos años, cuando viajo a México.- Miranda creyó que él nunca había viajado, y mucho menos a México.- La familia Giglio tiene un Imperio enorme, tienen fabricas y sucursales en todo el mundo, hacen de todo, desde curitas, hasta autos. Así financia todo el teatrito.- Teo le mostró una sonrisa chueca a Miranda.
-Así que es un riquillo más.- Si lo pensaba bien, encajaba en “multimillonario soberbio y egocéntrico”.- Además de ser mafioso.- Miranda enchueco la boca.
-Pues si, quien sabe a cuanta gente a matado, y a ordenado matar.- Dijo Teo, con los ojos firmes en el cielo. Tomo una fumarola.- ¿Tu has matado alguna vez? - Sin saberlo Teo abrió una puerta en la memoria de Miranda. Al ver que ella no contestaba y fumaba tabaco, prosiguió.- Matar, es como si, se te fuera una parte de tu alma, te sientes Dios, es un sentimiento que te invade y te hace sentir poderoso, y ansioso de más.- Teo bajo la mirada y sonrio.- Como cuando tienes sexo por primera vez.- Ambos rieron.

Aunque la primera vez que Miranda había tenido “sexo” no se sintió así, se sintió pésimo, como si la luz de su mundo se hubiese convertido en oscuridad, como si todo hubiese sido tristeza. Miranda apago su cigarrillo en un cenicero de cristal que había encontrado en la casa cuando la exploro, aunque se había perdido varias veces.

-Creo que es hora de dormir. Entrenaremos mañana otra vez ¿cierto?- Teo también apago su cigarro. Y ella tomo el cenicero hiendo adentro de la habitación junto a él. Dejo el cenicero en la mesa de centro.
-¿Qué tiene planeado para mañana? Líder.- Teo mostraba una sonrisa divertida en el rostro.
-Ya lo verás.- Miranda lo siguió hasta la puerta y la cerro tras el, mientras el decía “Buenas noches”.

Se puso de nuevo la ropa de cama que tenia antes y tocaron su puerta.

*Conversación en ingles*

-Pase.- El doctor Alphonse abrió la puerta con una sonrisa en el rostro.
-Te cambiare los vendajes.- Dejo algunas bolsas, en el piso.
-Claro, gracias.- Miranda mostró una sonrisa sincera, ahora que había fumado se sentía un poco más en confianza. Mientras el doctor le re-vendaba la pierna, le dijo: He visto que te llevaste bien con tu escuadrón esta tarde, hasta en la comida y la cena, se veían más unidos.
-Compartimos tips de costura.- El doctor soltó una larga sonrisa en su cara, y termino el vendaje de la pierna.
-Así que ya te sientes mejor.- Casi afirmo.- Evolucionas muy bien.
-Si, bueno, si ya soy capaz de pelear, entonces ya me estoy recuperando.- Sonrió.
-El brazo es el más dañado ¿qué tal esta? - La miro quitándole el vendaje del brazo.
-Casi y lo puedo mover sin dolor.- Sonrió y observo la roja herida cosida por hilo azul, había un hematoma alrededor de la herida. Miranda miró con curiosidad las bolsas.
-Todos los demás trajeron sus cosas, de su hogar. El jefe pensó que tu necesitarías, más de un par de prendas, y envió a una de las chicas a comprarte algo de ropa.- Miro las bolsas
-Creo que esas no son un par de prendas.- Las bolsas estaban bastantes llenas.
-Bueno, es que vivirás aquí por los siguientes años, con el tiempo compraras tus propias cosas. Pero siendo una de las subordinadas importantes del jefe, no creo que el quiera que te alejes mucho.- Dijo de una manera natural. Pero si, era verdad Miranda estaba destinada a hacerle trabajitos al de ahora su jefe, por el resto de su vida.
-Creo que si. Dale las gracias por mi.- Dijo Miranda atenta a las bolsas, mientras el doctor terminaba el vendaje. Se levanto y guardo sus cosas.
-Díselo tu misma, quiere verte mañana antes del desayuno, en su oficina.- Dijo ya viéndola desde arriba.
-Gracias doctor.
-Bueno me retiro. Buonanotte bambina*.- Se dirigió a la puerta y la cerró tras el.
-Buenas noches.- Se toco el brazo y apago las luces.

* *  *  *  *

Miranda había descubierto un lugar del que nunca se había imaginado existiera en un lugar tan grande, saltaba a la vista que nadie subía al ático, era viejo y estaba lleno de chatarra, la madera se estaba pudriendo, y algo olía demasiado mal. Pero, la ventana daba directo al tejado y podría subir a ver el amanecer desde un lugar increíble, así que hábilmente trepo hacia el tejado azul, y se sentó justo sobre el techito triangular de la pequeña ventana, encontró que era lo suficientemente cómodo para que esperara unos 15 minutos en lo que el Sol se alzaba sobre el bosque. Apenas habían pasado 2 minutos cuando un ruido interrumpió su espera.

Era Maya, subía con un poco de dificultad y se parecía no darse cuenta de la existencia de Miranda, ella la vio con extrema incredulidad, ¿qué hace ella aquí? Se asustara si la llamo.

*Conversación en Ingles*

- ¿Maya?.- Pregunto suavemente para no asustarla. La pelirroja apunto un rifle contra ella.- ¿Qué siempre cargas ese maldito rifle? No sé, si lo sepas, pero ¡¡intimida a la gente!!- Miranda reacciono por instinto, pero no fue hasta que Maya bajo el rifle, que ambas se calmaron.
-Eres tu…- Maya sonó casi decepcionada
-Si, soy yo. ¿Qué haces aquí tan temprano?- Por un lado Miranda se decepcionó que ese lugar no solo fuera de ella.
-Estoy aquí para ver el sol.- Sonrió dulce ante el techo.
-Creí que la única demente aquí era yo.- Ambas rieron suavemente.- ¿Por qué siempre cargas ese rifle? - Miranda era lo suficientemente curiosa para olvidarse si esa pregunta incomodaría a Maya.
-Creo que lo sabes ¿no? - Miro a su líder durante unos segundos y regreso la mirada al techo bajo ella.- Todos aquí somos huérfanos, no tenemos familia de ningún tipo.- La melancolía invadió un poco de voz.- Mi hermano era lo único que me quedaba, ambos estábamos en el ejercito, el era francotirador, yo soy piloto.- Miranda se sorprendió de que Maya tuviese un hermano, y que ese hermano fuese francotirador, y una parte de ella, se dio cuenta de la mirada vacía que mostraba Maya, su hermano había fallecido.
-¿Cómo falleció? - La boca de Miranda se movió automáticamente.
-En la guerra, su escuadrón fue emboscado, y eso, el murió.- Se llevo una mano a las placas de identificación que volaban en su cuello. Miranda no dijo nada, ni hizo un gesto, no quería sentir pena por esa chica, definitivamente no sentía pena por esa chica.- ¿No me vas a decir, que es una gran pérdida? - Escupió Maya.
-¿Para que decirte lo que ya sabes? - Miranda la vio fría.- ¿Necesitas que te lo diga?
-No.- Maya sonrio de una manera peculiar en ella.- ¿De verdad tu familia fue asesinada frente a ti?- También Maya era curiosa.
-Si, cuando tenía 4 años. Mi mamá, mi papá, mi hermano mayor, y el feto que mi madre llevaba.- ¿Cuándo había sido que Miranda había dejado de llamarla “la pequeña Jenny”? Eso ni ella misma lo sabía, pero se sentía vació de una u otra manera.
-¿Por qué el asesino, no te hizo nada? - Los ojos de Maya se agrandaron llenos de curiosidad.
-¡Pues quien sabe! - Miranda se concentro en el Alba, en los rayos que ya se asomaban detrás de los árboles. Y el silencio empapo a ambas. Se quedaron allí viendo hasta que el sol, salió por completo y lo observaron hasta que los ojos se les cansaron, en ese momento, volvieron dentro de la casa, y Miranda recordó que debía hablar con el jefe. Dejo a Maya, bajar sola la pequeña escalera del ático, y se dirigió al despacho.

Toco la puerta una vez, y nadie atendió, toco otra vez, de nuevo nada.

-Jefe…- Intento abrir la puerta aún sin permiso, y asomo la cabeza por la brecha. Vio la cabellera rubia caer sobre el escritorio, Miranda entro a la oficina y se sentó en la silla delante del escritorio, espero a que despertara, pero se desespero.- Fraaan.- Barrio la palabra, haciéndola suave, luego fue hacia su lado y observo que el hombre dormía profundamente. Miro el escritorio, desordenado con muchos papeles regados en todas partes, vio una foto, la observo durante un momento, vio a su amiga junto a Al y el jefe, además de los “colegas” de él. Bajo la mirada y vio al hombre tendido, de improviso quiso golpearlo para que despertara. Se agacho a la altura de su oído, y soplo débilmente, con la esperanza de despertar a su caído jefe. Como ella predijo, el se despertó con una gran desesperación como si le estuvieran apuntando con un arma. Pero, Miranda soltó un ligero coscorrón al hombre, y este reacciono girando la cabeza hacia la cara ceñuda de Miranda.

-¡¿Cómo te atreves a llamarme tan temprano, solo para encontrarte dormido?!- Preguntó ella rabiosa
-¡Bueno, yo no puedo dormir como todos ustedes! - Se quejó con la rabia brotando de sus ojos, tras su cara, Miranda vio lo que estaba bajo la cara de su jefe cuando estaba dormido, una foto de ella, tamaño carta, sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
- Vayamos al punto, ¿para qué me llamabas? - Se sentó en la silla de nuevo.
-¿Qué tal tu escuadrón? - Bostezó, parpadeo y luego se puso unos anteojos cuadrados.
-Nos estamos entendiendo.- Miranda se limpio las uñas mientras hablaba con él. Francesco pareció enfadado de que Miranda no lo tomara en serio. Busco entre los papeles, encontrando un fólder color beige.
-Tu primera misión, alista a tu equipo, parten en 6 horas.- Le lanzó el fólder a Miranda, con la esperanza de golpearla en la cara. Pero el fólder fue detenido por las manos de ella.
-Sería nuestra primera misión… Apenas los conocí ayer.- Reclamó, con los ojos saliéndose de la rabia.
-Había un lapso de 10 días para que los conocieras mejor, preferiste dormir.- El rubio le envió cuchilladas a Miranda.- Tienen que rescatar a un niño, su padre es dueño de Industrias Farré, y el secuestrado es su hijo.- Miranda abrió el fólder, viendo una foto tamaño carta de un niño pecoso, de cabello negro, y de ojos chocolate, parecía no tener más de 8 años.- Los secuestradores son de la familia Caprittio, hace un mes le propusieron al señor Farré comprarle su imperio a una fuerte cantidad, pero el se negó. Secuestraron a su hijo hace dos días, se lo llevaron de la escuela, amenazan matarlo esta noche si el hombre no concede su imperio. La familia Caprittio es famosa por cumplir sus amenazas, haz justicia.

-Entendido, jefe.- Miranda salió del despacho con el rostro decidido ¿Cómo pueden manipular a un hombre de esa manera? pero ¿qué se creen?

viernes, 14 de febrero de 2014

Nostalgia: Capítulo 8

Capítulo 8


-¡¡HEY!! ¡Gran beso!- Volteé la mirada hacia mi derecha de donde salía de entre un montón de arbustos una mata de cabellos oscuros, y un par de ojos color azul celeste. Identifique a Mariana Evans.
-Señorita Evans- Llame por instinto.
-Soy Ria. La señorita Evans es mi hermana… Aunque pronto ya no lo será.- Giro los ojos. Se acerco a mí, y tomo el lugar de Miramar.
-Apuesto que Maty besa bien.- Dijo tomando de una botella de licor. La mire aun con el corazón moviéndose como loco. No dije nada.- No le tengas miedo- Le dijo al aire mientras veía el cielo, y bebía de la botella. Poco después la bajo, y me miro a los ojos.- Yo era como tu, fría en todo momento, pero… me apasionaban las historias de otras personas, de piratas y policías- Sonrió y volvió a tomar un solo trago y bajo nuevamente la botella.- Solo que me di cuenta, de que era hora de que fuera mi momento de vivir esta vida, mi vida, sin tenerle miedo a los sentimientos- Levemente golpeo mi hombro y sonrio- Déjate llevar por lo que dice tu alma.- Tomo un trago, y se levanto de su asiento junto a mi, me volvió a sonreír.- Recuérdalo.- Y se alejo elegantemente de allí.

Ahora todo estaba al revés, hace dos años, odiaba a Mateo Miramar, ahora había un botón en mi, que el podía apretar y hacer que mi corazón sonara al son de un rock rápido.


[Lapso de tiempo]

Poco a poco, más y más, el sentimiento de amor me fue consumiendo, poco a poco, Matt fue haciendo algo en mi, fue creando pequeños interruptores, y botones, que pudiera manejar a su antojo, conmigo de por medio, y poco a poco, llegamos a un punto en el que todo fue felicidad, afortunadamente en esos momentos no teníamos el conocimiento que eso llegaría a su final.

-¡¡Despierta!! Siempre es lo mismo contigo- Me veía obligada a pasar por lo mismo cada mañana por los últimos 2 años, en los que Miramar y yo nos habíamos unido cada vez más y un día sin darnos cuenta, terminamos viviendo juntos en su casa. Acabo de terminar mi carrera, y ahora trabajo en una gran empresa líder de esta ciudad, Miramar que termino sus estudios antes que yo, se dedica a trabajar en sus novelas y en pequeñas historias publicadas quincenalmente en revistas literarias, solo que como trabaja en casa le cuesta ser responsable, y por ello me siento una madre con un niño de cuatro años.- ¡Vamos! Despierta aun tienes trabajo que hacer- Le jale la cobija para que le diera frío, y se levantara, tenía que tener cuidado de no tocarlo, puesto que el muy pervertido quiere tener sexo cada hora del día, desde el maldito día en que me quito mi inocencia.

Y por fin después de mucho pelear, abrió los ojos, y el una vez que abría los ojos, no se volvería a dormir.

-Vamos Matt, levántate, y desayuna me tengo que ir a trabajar.- Le rogué con la mejor amabilidad que conseguí. Se dirigió al baño, y me vestí de los trajes que normalmente tenia que usar, mayas, falda, playeras y sacos, además de los zapatos de tacón. Abrigada, por que en esa ciudad, siempre hacia frío. Escuche su bostezo mientras se acercaba a mi, mientras me ponía la falda, aquí venía el Matt pervertido.
-Vamos, linda, hoy no vayas a trabajar.- Beso mi hombro desnudo. Mientras me abrazaba por la cintura.
-Sabes que tengo que ir a trabajar.- Abroche mi falda a la cintura. Y el se despego de mi, sabiendo bien lo que contestaría a su insinuación. Se puso las pantuflas y se dirigió a la cocina, probablemente a poner café.

Era lo rutinario, y así me gustaba, sin sorpresa alguna, con Matt a mi lado en nuestro pequeño mundo, en nuestra casa, en nuestra vida. Me dirigí a la cocina una vez, que termine de vestirme y arreglar mi cabello, Matt estaba sentado en la barra de la cocina viendo por la ventana de la cocina justo a lado de la cafetera, contemplaba la capa de nieve que cubría el jardín, lo observe durante unos segundos, me pregunte el que me había pasado por la mente cuando acepte esto, y reí.

-¿A que hora sales hoy? Es viernes, pasare por ti.- Sonreí.
- A las 6. Podemos pasar por comida china, y cenaremos aquí en casa.- Propuse mientras tomaba una taza de café- ¿Qué tal va la nueva novela? Es la ultima de una trilogía ¿no?- Matt miraba el café mientras reía y mordía el pan tostado
-Si, va bien, solo que estoy un poco confundido con el final.- Impaciente de saber en que terminaría la historia que había estado leyendo, me acerque a Matt, y me recosté en su hombro.
-¿Y en que terminara?- Le hice ojitos, por que sabía que Matt adoraba que lo hiciera. Me miro dulce y se acercó a mí, rozando nuestros labios.
-No te lo diré.-Beso la punta de mi nariz. Le hice cara y me aparte de el. Mire mi reloj, y termine mi desayuno.
-¿Estas a tiempo?- Me pregunto cuando me levante del asiento junto a el.
-Si. No te preocupes- Tome mi bolso y me acerque a el. Le di un beso fugaz y taconeé hasta la salida.
-Que te vaya bien- Me grito antes de salir.
-Siempre- Grite y llegué a la puerta.-¡Esfuérzate en la novela!
-Jade- Susurro por detrás mío. Volteé los ojos para verlo mejor.-Te amo.- Sonrió débilmente.
-Y yo a ti.- Le correspondí y por un momento deseé no irme de allí. Cubrí mi cuerpo con el abrigo, me envolví en una bufanda, y coloque un gorro tejido en mi cabeza. Abrí la puerta y Salí, sin mirar atrás.

Siempre que abandonaba esa casa, me daba cuenta de lo feliz que era, y al mismo tiempo de sentir felicidad me llegaba un miedo abrumante sobre lo que podría llegar a perder, lo que puedo perder es lo que me hace feliz, y no quiero que mi maldita suerte haga que se vaya.


Tal vez, ese fue el momento en el que comenzó todo, había veces que pensaba que había sido mi culpa el que hubieses enfermado, había veces en las que pensaba que si tal vez no te hubiese conocido, nunca habrías desarrollado tal enfermedad, pero al final siempre me daba cuenta que no era así, que el cáncer se lleva a gente buena y bondadosa como tu o niños inocentes que no tenían por que haber muerto y dejado un hueco en una familia, una familia como la que habíamos hablado tantas veces.


Estábamos Matt y yo sentados en el sofá, viendo series policíacas después del atardecer, con un gran cobertor en los pies, la calefacción encendida, la luz apagada, comiendo comida china, y nuestros cuerpos compartiendo calor el uno al otro. En la solitaria habitación con solo un televisor y monótonos muebles cafés y blancos, el sonido de las manecillas del reloj, y el de la televisión, esa era nuestra definición de una cita, y no estaba nada mal.  Matt comenzaba a quedarse dormido, el era muy perezoso, pero no le gustaba quejarse así que casi siempre se guardaba sus comentarios.

-Matt, despierta, ¿quieres que nos vayamos a dormir?- Lo moví un poco y el reacciono al instante.
-Ahhh!!...-Balbuceo- Se de algo mejor que podemos hacer una noche de viernes- Se acerco a mi en un acto de lujuria y me beso apasionadamente, no lo discutí con mi mente, estaba preparada para aquello, lo habíamos hecho ya tantas veces que casi no importaba ya, solo había amor y lujuria, las dos caras de la misma moneda. Matt me sostuvo entre sus brazos, y advertí que el televisor se quedaría prendido.
-Miramar, la televisión.- Apunte con la mirada el aparato, y el tomo el control remoto para apagarla. Nos fuimos de la mano hacia la habitación, donde nos amamos.


“Es sábado, puedes despertar un poco tarde” me dije acomodándome una vez más en el pecho de mi pareja, Miramar, no era musculoso, pero últimamente, había notado que estaba un poco más delgado de lo que recordaba, de cuando lo conocí, siempre había sido alto, pero no tan delgado, pase mi mano sobre su torso, y observe que efectivamente el estaba más delgado, nuestra alimentación era la misma de siempre, pero… entonces por que.

-Vamos sigue, sigue tocándome que me excitas.- Miramar balbuceo como el buen pervertido que era, y siempre sería.
-MATT!!-Reclame- UHHGG pervertido!- Lo golpeé, y me volteé para levantarme. Me puse la playera de Matt que estaba tirada en el piso, me quedaba extra-grande y extra-larga, me sentía rara, como “aplastable” a su lado. Sonreí al recordar nuestro primer encuentro. Me pare, pero me volví a sentar junto a el, pase la mano por su cabeza, y el cerro los ojos, lo que me indicaba que disfrutaba eso, a mi en especifico me gustaba su cabello, era tan liso y suave como el de un niño pequeño, en concreto el parecía un niño pequeño, tomo mi muñeca con su gran mano, y me miro tierno, pero al hacer contacto su piel con la mía, note que estaba demasiado caliente, y trasladé mi mano a su frente, el estaba hirviendo en fiebre.

-Tienes fiebre.- Lo vi preocupada.- Anda vístete para desayunar e ir al hospital.
-No quiero, me siento mal.- Se escondió en la almohada.
-De seguro tienes gripa, vamos con el doctor. Anda.- Le quite la almohada, y quedo contra el colchón.- Miramar! ¡Levántate!- Lo jale, pero a pesar de ser un delgaducho era fuerte y mucho más alto que yo, así que no lo pude mover.

Me cambie de ropa e hice e desayuno pero el no se levanto, sabía que no estaba dormido solo, no quería levantarse, y pensándolo bien, el nunca diría que se siente mal, si no fuera por que de verdad es así. Desayune, y lleve su parte al dormitorio.

-Matt, traje tu desayuno.- Toque una parte de su frente que estaba expuesta y no sobre el colchón.
-No quiero.
-¡No actúes como niño pequeño y come!-Ordene, y el se levanto, me hinque allí junto a la cama. Su cara estaba roja y sudorosa, tenía los ojos rojos del cansancio y se veía pálido. Comió débilmente, pero se termino todo, y después noto que no le quitaba los ojos de encima, y paso una mano por mi cabeza, le sonreí.


-Señora y Señor Miramar- El doctor nos miro con mirada exhausta de una noche de trabajo- Pasen.- Nos pidió, abriéndonos la puerta del consultorio.

Le pidió a Matt que subiera a la vieja y exacta bascula, el peso, 67 kilos, por lo que yo sabia eso era muy poco para una persona que mide 183 centímetros. El doctor le pidió quitarse la camisa, y me miro antes de hacerlo, sonrio y le correspondí.

-¿A presentado vomito?- Parecía que me preguntaba a mi, así que yo conteste.
-No, pero le dio una fuerte fiebre en la mañana y le di un medicamento para bajársela, doctor…- espere a que me volteara a ver- El esta últimamente muy fatigado, y ha bajado de peso. ¿Puede que sea una infección?- Sabía una que otra cosa sobre enfermedades, pero el solo pensar que Matt estuviese enfermo me hacia estremecerme y que una capa de hielo subiera por mi espalda.
-Haré un par de análisis para que estemos seguros.- El doctor me sonrio fugazmente- Por lo mientras esperen- Garabateo algo en una libreta, la firmo y después arranco la hoja, dándomela.- Si la fiebre vuelve, déle esto. Pasen a laboratorio a que le tomen muestra de sangre.- Matt se puso la camisa.- Y los veré en una semana. Volvió a sonreírme mientras Matt bajaba de la colchoneta, algo me dijo que esa sonrisa era algo malo, que ese doctor trataba de consolarme con la mirada y con la sonrisa débil que me mostraba, como diciendo “esperemos que no sea lo peor”. Matt llego a mi lado y dimos las gracias antes de salir.

Al salir del consultorio, Matt atrajo mi cabeza y la beso. Luego junto su nariz a mi coronilla y me susurro.

-Todo va a estar bien- Frotó mi cabello y lo despeino. Posterior a eso se puso lentes oscuros y el gorro de su chamarra, para que nadie le reconociera, me tomo de la mano y salimos fuera del hospital.- ¿Qué te parece si te invito un helado?- Sonrió mientras señalaba el carrito de congelados.

-¡Sabes muy bien que detesto lo frío!- Lo golpeé. ¡Con esta temperatura, y él quería comer helado!- Sobre todo que tal si te hace daño. Mejor vayamos a casa, que ya tengo hambre.- Miramar me miro como un niño regañado y resignado.- ¡La semana que viene sea bueno o malo lo que diga el doctor, te invitare un helado!- Le sonreí, y el como premio acomodo el gorro tejido que llevaba en la cabeza, mirándome a través de los oscuros lentes, y a pesar de eso, pude diferenciar el color azul lapislázuli de sus ojos. Sonreímos, y subimos al auto.