Capítulo 10
No es fácil que me distraiga, o que me quede baboseando frente un
aparador, pero esta vez mi mirada se desliza hacia ese anillo, no puedo dejar
de verlo y me cuesta trabajo pensar en otra cosa que no sea Miramar.
El pequeño letrero frente al anillo de caballero de plata tenía escrito
“Plata fina, piedra lapislázuli”… Y un precio exorbitante. Ni trabajando 80
años en mi empresa, podría pagar aquella joya, cuando Matt llego juntó a mí,
fingí estar viendo otra cosa.
- ¿Quieres un helado?- Me dijo mientras me enredaba el brazo en mis
hombros. Le enterré el codo en las costillas.
Estábamos en el único centro comercial de la ciudad, la temperatura era
de doce grados bajo cero, y dentro del edificio apenas completaban los dos
grados, lo que para la gente de nuestra ciudad, era una temperatura tropical,
por lo que nos dábamos el lujo de solo usar una capa de ropa, continuamos
caminando, buscábamos algo de ropa que ponernos el día de la boda, que sería en
unos días.
Pero después de varias horas dando vueltas entre las diferentes tiendas
departamentales, nos quedaba claro que no éramos de porte elegante.
En una cafetería de paredes de cristal, nos detuvimos a analizar la
situación, todo es de un blanco brillante, menos el cielo que esta de un azul
celeste increíblemente limpio, mis ojos captaron un avión cruzando el panorama.
- ¿Compraste los boletos?- Me pregunta mientras pone una taza de
chocolate caliente frente a mí.
- Están en casa.- No dejo de mirar por la ventana. Sorbe de su taza de
café negro, como le gusta.
- Sinceramente, no puedo creerlo.- Capta mi atención, y lo miró,
mientras tomo la taza.
- ¿Qué cosa? – Le digo, aunque ya se la respuesta. Adoro el chocolate.
- Que Kale, se vaya a casar. Digo siempre fue del tipo rebelde, solo se
metía con mujeres por un rato… incluso Ria también fue una de ellas.- Mira el
café, antes de beberlo.
- ¿De qué hablas?- Despierta mi curiosidad.
- Se dejaron por unos años, antes de encontrarse otra vez.- ¿Qué?- De pronto Ria se hizo muy popular
entre los hombres, y ella apelo a su libertad, Kale dijo que no le importaba
una niña tonta, fue así un par de años. Luego de eso, se cansaron, y se
volvieron a encontrar.
- Apuesto que es una gran inspiración para ti.- Digo algo distraída de
la mirada, pero igual de atónita que hacia segundos.
- Por supuesto.- Sonríe soberbio antes de tomar de su café.
Es un desastre, es un novelista
famoso por el romance, y detesta las cosas dulces.
Parece que peque de indiscreción, porque me encuentro con el
sosteniéndome la mirada, y me encuentro a mí misma sonriendo como tonta. El
rubor alcanza mi cabeza.
- Tu cabello.- Por un momento me distraigo.
- ¿Qué? – Digo medio ida.
- Esta más largo que lo normal.- Dice al notar que ya no esta alineado
con mi mentón.
- Si, bueno así me da menos frío en el cuello.- Giro mi rostro al
vidrio, y repentinamente me veo sonriendo, lo
ha notado.
Recarga su cuerpo en la silla, y no deja de mirarme mientras termina su
café y yo mi chocolate.
Espero a Matt afuera de la cafetería, mientras él paga, ha sido un día
tranquilo, normalmente cuando salimos la gente se abarrota frente a él
pidiéndole su autógrafo o su foto, tal vez si el no fuera tan vistoso, eso no
pasaría.
Por estar distraída, alguien me golpea por la espalda, escucho las
risas de algunos chicos, y volteo mi mirada.
- No te quedes parada…- Comienza a decir el chico, es uno de los que
trabaja medio tiempo como mensajero de la empresa. Parece que mi típica mirada
lo aniquila, se pone pálido.- Jefa…- Dice tembloroso, una chica se parapeta
detrás de él.
- Buenas tardes.- Mi voz es helada, y la escucho.
- Buenas tardes… bueno con permiso.- Se va lo más rápido posible con
las piernas temblándole.
Si trabajaran seriamente, no me tendrían miedo. Matt llega de tras mío
y toma mi mano, al instante el calor sube a mis mejillas, y entrelazamos los
dedos.
- ¿Me perdí de algo? – Me dice y asumo que vio la pequeña escena.
- Intimide a algunos niños.- Le digo entre seria y bromista.
- ¡Esa es mi chica!- Dice inclinando su cuerpo sobre mí. No puedo
evitar soltar una risita.- Sigamos.- Me dice con una de sus sonrisas
despreocupadas. Comenzamos a caminar.
Miramar se está probando algunos trajes en el vestidor, y yo curioseo
entre los demás, apelo a mi buen juicio en la ropa para elegirle algo elegante
que le siente bien.
Observo un mostrador en el que se exhiben corbatas, solo lo he visto
usar una en su firma de autógrafos hace unos años. Poso mis ojos en una que
parece ser del color de mis ojos, un color que realmente haría lucir los suyos,
tal vez no pueda comprar un caro anillo, pero esto.
El vendedor me muestra algunas más que se encuentran en la misma
tonalidad de verde, finalmente, y antes de que salga Miramar, compró la que
creo se le vera mejor, cuando sale de el vestidor con un traje gris, que
realmente le queda bien, el vendedor me ofrece en una caja fina la corbata, y
la saco, el me mira con curiosidad. Se la pongo al cuello, se atarla porque
papá no sabía y tuve que aprender.
Cuando termino, lo miro, se ve muy guapo, me mira solemnemente y sé que
estaba en lo correcto, el verde hace relucir sus ojos. Siento la necesidad de
decir algo.
- Hoy, hace 8 años y 5 días que te conocí.- Sonrió.
- Que suerte la tuya.- Nos reímos.
- Nos lo llevamos.- Le digo al vendedor, sin cortar la mirada con Matt.
Lo escucho decir “excelente elección”.
Miramar me tiene atrapada.
Estamos sentados en una de las bancas del centro comercial, justo en
frente a una estética que parece un poco abandonada, ambos parecemos
derrotados. El cielo se ha vuelto naranja, y las luces se empiezan a prender.
- El último te sentaba bien.- Me dice con la bolsa entre las piernas y
mirándome con paciencia. Me recargo hacia atrás.
- Para ti todo se me ve bien.- Le digo, casi enojada. Él sonríe.
- ¿Quieres ir al cine? – Me dice después de un rato. Giro mi cabeza y
lo veo unos segundos.
- Esta bien. Ve por las entradas, te esperaré aquí.- Le digo y roza mi
cabello antes de pasar una mano por mi cabeza.
La temperatura ha descendido, siento un sueño fulminante, después de
trabajar, pasó por mí y vinimos aquí a dar un montón de vueltas. Los tacones me
matan, el saco presiona mi cintura, y las medias impiden la buena circulación
en mis piernas, por lo que me pesan. Mañana en la tarde, después de trabajar me
iré junto con Miramar al extranjero, mi permiso es de dos días, y tengo que
estar actualizando los datos desde la computadora o el celular, el miércoles,
tengo que volver.
Pronto la fatiga me abruma, pensar que haré tantas cosas en unos días.
Escucho el celular sonando, me obligo a contestarlo.
- Hola…- Digo casi sin aliento.
- Jadi, hace tanto que no te veo.- Me dice mi padre.- ¿Cómo estas?
- Papá…- Me obligo a poner atención.- Bien. ¿Y tú?
- Tu viejo está bien, algo solo, por lo que se me ocurría, que tú y
Matt vinieran a cenar esta noche. Estoy haciendo espagueti.- Suena como si
estuviera sonriendo. No he visto a mi padre en poco más de un mes, y es verdad
yo también lo extraño. Retiro la fatiga de mi cuerpo y mente.
- Claro papá, cuenta con nosotros. Estaremos allí en unos minutos. Te
quiero. Hasta pronto.
- También te quiero cariño.- Y cuelga.
- ¿Quién era? – Veo los zapatos de Miramar frente a mí. Levanto la
mirada y él está muy sonriente con las manos ocultas detrás de la espalda.
- Mi padre nos invita a cenar… ¿Qué te traes? – Lo miro entre autoritaria
y curiosa.
- Lo encontré.
Es hermoso. Simplemente es perfecto. Es de mi talla, de un color azul
marino, no es ni demasiado corto, ni tiene mucho escote. Retiro mi mirada, y lo
meto a la bolsa nuevamente. Miro hacia arriba, donde Miramar espera mi
sentencia final.
- Gracias.- Le sonrió suavemente. Y él me sonríe.
Siento una punzante presión en mis pies, no puedo más con la dignidad y terquedad en mi garganta, comienzo
quitándome los zapatos, me quedo descalza aunque el piso de azulejo está congelado
y el frío convierte mis pies en bloques de hielo. Aunque me los adormila y el
dolor se disminuye.
- ¿Qué estas…?.- Matt esta incrédulo.
- Lo siento, no pienso seguir usando estas cosas. No sé ni para que los
compre.- Miro los zapatos con odio. Aunque si se porque los compre, es porque
la diferencia de estatura entre Miramar y yo, es demasiada.
- El piso esta helado.- Exclama con clara preocupación. La gente
comienza a mirar hacia nosotros.
- No me importa.- Los estoy metiendo en la bolsa del vestido con la
esperanza que el papel lo proteja de la suciedad.
- Eres tan terca.- Me dice casi enfadado.
Me levanto y comienzo a caminar, me alcanza hasta estar a mi lado.
- ¿Vas a caminar así hasta el estacionamiento? – Me dice aun incrédulo.
- Si es necesario, no pienso volver a ponérmelos.- Sigo terca.
Cuando llegamos a la entrada del centro comercial, me doy cuenta de a
lo que se refería Matt, el estacionamiento está cubierto por la típica capa de
nieve y hielo. Aún no me importa, me dispongo a bajar las escaleras cuando él
se pone frente a mí.
- Súbete.- Me dice, mostrándome su espalda. Por un momento estoy
confundida, el gira levemente su rostro y me mira de la forma autoritaria que
no me suele mostrar.
Enredo mis brazos en su cuello, y soy un saltito para enredar mis
piernas en su cintura, no es difícil porque mi falda es flexible. Siento el
rubor en mis mejillas, y el calor del cuerpo de Matt, el olor de su cabello y
la flexión de sus músculos y huesos, al darme cuenta de lo rápido que corre mi
corazón, escondo el rostro en su hombro.
- ¿Qué pasa? – Por segundos me quedo callada.
- ¿Por qué eres tan alto? – Le miento, evitando la verdadera naturaleza
de mi nerviosismo. Él se ríe, Matt, tiene una bonita risa.
Nos las arreglamos para que mis pies no toquen el suelo mientras subo a
la camioneta, mientras prendo la calefacción Miramar guarda las cosas en la
cajuela, y poco después entra, lo veo frotar sus manos entre sí. Veo que
monitor, la temperatura es de -15°C y bajando. El sol ha caído completamente y
la noche ya cubre a la ciudad.
- Con ese gorro, te ves adorable.- Dice mirándome a los ojos y con una
cálida sonrisa en la cara.
Por un momento me aturde, y me quedo callada, el enciende el auto y
acomodo el gorro en mi cabeza sintiéndome estúpida y rebajada en dignidad, Matt
no lo escucha pero le susurro un “gracias”, muy a lo bajo y casi para mí misma.
Después de haber ido a casa a quitarme de encima las molestas prendas y
ponerme unas 4 capas de ropa muy cómoda y caliente, llegamos a la casa de mi
padre, donde nos esperaba casi en la puerta, y después de abrirla me abraza con
cariño, lo correspondo y después nos miramos. Abraza a Matt con el mismo cariño
con el que me abrazo, él le enseña el vino que trajimos, lo toma y lo mira con
conocimientos en enología.
- Gran elección.- Nos dice mientras entramos, reímos juntos.
El departamento sigue igual que el último día que viví aquí. El día que
me fui, tome mi maleta, me pare en la puerta y lo mire por última vez, mi padre
me dijo que era lo mejor, y teníamos que aceptarlo, desde que Miramar y yo
habíamos tenido sexo por primera vez, mi casa ya no era exactamente el lugar en
donde más estaba, y no porque tuviésemos sexo todas las noches, simplemente la
sensación de dormir juntos nos gusta.
Naturalmente esto nunca se lo dije a mi padre, pero siento que siempre
lo ha sabido. Nos sentamos en la barra de la cocina y comimos el espagueti de
mi padre, que siempre había sido su especialidad, nos platicamos cosas y le
comentamos que viajaríamos al extranjero mañana en la tarde.
- Entonces es una fortuna que esta noche los haya llamado.- Mi padre
sonrió a la pasta.
Parece cansado, no parece el hombre fuerte y joven que me cargaba a la
cama en su espalda todas las noches hasta los nueve años, pero seguía siendo el
hombre sabio y culto que me leyó cada noche de mi infancia, hasta que comenzó a
ser al revés, hasta que como buena adolescente me importo mi espacio. Él
siempre ha sido muy flexible y extremadamente amable.
Después de comer, él y Miramar comenzaron a beber, como suele pasar él
se embriago con tres copas, y comenzó a hablar más de la cuenta.
- Deberían de casarse, ¡PERO YA! – Dice con la copa en la mano y
golpeando el puño en la mesa, me fatiga ver a mi padre así.- Si esperan más, me
haré viejo, y quiero nietos.- Toma a Matt por la camisa.- Quiero muchos nietos,
adoro a los niños, seré un excelente abuelo.
- Claro que lo será.- Volteo a ver a Matt.- Le prometo que será pronto.
- ¡JADI! Estas en buenas manos, que buen muchacho…- Tiene hipo.- Me
preocupaba, hip, porque siempre has sido una niña frágil de sentimientos, hip,
pero este muchacho ¡ES MI MUCHACHO! ¡QUE
GRAN MUCHACHO! ¡Sírveme más! Hip – Le acerca la copa a la botella, derrama
algunas gotas sobre la mesa. Tomo la botella, la cierro y la pongo en la
alacena.
- Papá, si quieres seguir vivo para ver la boda, debes de ir a dormir,
ahora.- Lo levanto de la silla alta y Matt me ayuda a cargarlo hasta su cama,
le quitamos los zapatos y lo tapamos con las cobijas.
- Que buen muchacho.- Sigue susurrando, al rato se queda dormido.
- Hay papá.- Digo algo agraciada de la situación. Miro a Miramar y nos
sonreímos.
Cerramos la habitación.
- Me preocupa que mañana no quiera despertar para ir a trabajar.- Le
digo a Matt algo bajo, para no despertar a mi borracho padre, aunque sé que
nada lo despertara.
- Tú también tienes que ir a trabajar mañana.- Me dice comprensivo de
la situación.
- Mi bolso está en la camioneta. Y creo que deje algo de ropa aquí.-
Analizo la situación.
Camino a mi antigua habitación, todo sigue igual. No me lleve ningún
objeto porque no lo iba a necesitar a donde iba. Me dirijo directo al armario,
y Matt al librero, curioseo en los ganchos, hay un par de prendas que son
suficientemente oficinistas para ir a trabajar mañana en la mañana, creo que
estará bien.
- Lo conservaste.- La voz de Matt detrás de mí, me hace girar en
automático, tiene en las manos la copia de “Misericordia” que me dio la primera
vez que nos conocimos. Esta conmovido.
- Si bueno…- Cierro el ropero, y camino lentamente hasta él.- Habría
sido grosero tirarlo o algo así…- Bajo la mirada porque siento como el rubor
inunda mi cara. Miramar pone el libro en su lugar, desliza una mano en mi
mejilla, y me hace alzar la cara hacia él, aunque no lo miro. Se acerca a mi cara y junta nuestras frentes.
- Te amo.- Siento mi corazón en mi cabeza. Me obligo a mirarlo, pero su
mirada penetrante hace que las rodillas me tiemblen, él causa en mí, la extraña
sensación de estar cayendo. Me sostengo de su sudadera.
- Yo también, te amo.- Me besa, mi mente queda en blanco, y solo puedo
pensar en él, en él y en su mano en mi cintura, acercándonos más y más.- Mi
padre.- Digo, cuando descubro hacia dónde va ese beso. Ríe a lo bajo.
- Nada lo despertara, no puedes escapar de mi.- Su boca comienza a
besar mi cuello. Mi corazón parece querer salir de mi pecho y la piel se me
pone de gallina.