Capitulo 5.
-Y… ¿Bien?- Miranda se sentía tensa, no sabía como ser “líder” de un
montón de gente que eran “peligrosas”, por lo que había leído de ellas en los
documentos que le dio Tamara.
-¿Cómo sobreviviste? - Pregunto Ferdinand, con el rostro lleno de
curiosidad infantil.- Si recibiste dos impactos de balas como pudiste llegar
aquí sin desangrarte, o infectarte alguna de ellas.
-¿Cómo eran los hombres que te atacaron?- Maya no quito los ojos de su
rifle.
-El jefe me dijo, que eran de la familia Mararca de Guatemala y al llegar aquí la familia Bianchi ¿no es así?- Teo parecía capaz de disminuir el
tamaño de Miranda solo con la mirada tan fría que tenía.
-Algo así.- Miranda pensó que si les contaba la historia, podía ser que
ellos, se abrieran a ella.- Cuando estaba con Tamara en un café del centro de
la ciu…
* * * * *
*Conversación en Castellano*
-¿Día de locos? - Pregunto Teo desde la puerta del balcón donde Miranda
fumaba un cigarrillo.
-No es lindo entrar a la habitación de una chica, sin tocar la puerta
primero.- Dijo Miranda sin quitar la vista del bosque que se extendía frente a
ella.
-La mayoría de nosotros no te consideramos una chica.- Se rió, Miranda
se había entendido con la única persona que era de su mismo país allí. Soltó
una risa sorda.
-Ese es un buen punto.- Teo se acerco al balcón junto a su líder. Miranda
le ofreció un cigarro de la cajetilla, y el lo tomó amablemente, así como el
encendedor. Ambos tomaron bocanadas de humo, y las soltaron.
-Son buenos ¿no? - Durante el rato que Miranda le enseño algunos
movimientos a los demás había notado, que si en efecto, eran buenos chicos.
-Pero… Ted, es… algo rígido.- Dijo Miranda fumando otra vez.
-Creo que solo desconfía.- Dijo con una sonrisa, y dejando el cigarro a
un lado.- Una vez que te reconozca será como un cachorrito.- Ambos rieron.
-Pues que más quisiera yo. Se supone que soy su líder, si no puedo
llevarme bien con ustedes, entonces no sirvo para este trabajo.- Miranda se
perdió en el oscuro cielo.
-¿Conoces al jefe de antes? - Teo miró a Miranda con rostro solemne.
-Hace 10 días que lo vi por primera vez, no hay mucho que tenga que
decir sobre el.- Ambos rieron.- ¿Tu? Lo conoces de hace mucho.
-Hace dos años, cuando viajo a México.- Miranda creyó que él nunca
había viajado, y mucho menos a México.- La familia Giglio tiene un Imperio
enorme, tienen fabricas y sucursales en todo el mundo, hacen de todo, desde
curitas, hasta autos. Así financia todo el teatrito.- Teo le mostró una sonrisa
chueca a Miranda.
-Así que es un riquillo más.- Si lo pensaba bien, encajaba en
“multimillonario soberbio y egocéntrico”.- Además de ser mafioso.- Miranda
enchueco la boca.
-Pues si, quien sabe a cuanta gente a matado, y a ordenado matar.- Dijo
Teo, con los ojos firmes en el cielo. Tomo una fumarola.- ¿Tu has matado alguna
vez? - Sin saberlo Teo abrió una puerta en la memoria de Miranda. Al ver que
ella no contestaba y fumaba tabaco, prosiguió.- Matar, es como si, se te fuera
una parte de tu alma, te sientes Dios, es un sentimiento que te invade y te
hace sentir poderoso, y ansioso de más.- Teo bajo la mirada y sonrio.- Como cuando
tienes sexo por primera vez.- Ambos rieron.
Aunque la primera vez que Miranda había tenido “sexo” no se sintió así,
se sintió pésimo, como si la luz de su mundo se hubiese convertido en
oscuridad, como si todo hubiese sido tristeza. Miranda apago su cigarrillo en
un cenicero de cristal que había encontrado en la casa cuando la exploro,
aunque se había perdido varias veces.
-Creo que es hora de dormir. Entrenaremos mañana otra vez ¿cierto?- Teo
también apago su cigarro. Y ella tomo el cenicero hiendo adentro de la
habitación junto a él. Dejo el cenicero en la mesa de centro.
-¿Qué tiene planeado para mañana? Líder.- Teo mostraba una sonrisa
divertida en el rostro.
-Ya lo verás.- Miranda lo siguió hasta la puerta y la cerro tras el,
mientras el decía “Buenas noches”.
Se puso de nuevo la ropa de cama que tenia antes y tocaron su puerta.
*Conversación en ingles*
-Pase.- El doctor Alphonse abrió la puerta con una sonrisa en el
rostro.
-Te cambiare los vendajes.- Dejo algunas bolsas, en el piso.
-Claro, gracias.- Miranda mostró una sonrisa sincera, ahora que había
fumado se sentía un poco más en confianza. Mientras el doctor le re-vendaba la
pierna, le dijo: He visto que te llevaste bien con tu escuadrón esta tarde,
hasta en la comida y la cena, se veían más unidos.
-Compartimos tips de costura.- El doctor soltó una larga sonrisa en su
cara, y termino el vendaje de la pierna.
-Así que ya te sientes mejor.- Casi afirmo.- Evolucionas muy bien.
-Si, bueno, si ya soy capaz de pelear, entonces ya me estoy recuperando.-
Sonrió.
-El brazo es el más dañado ¿qué tal esta? - La miro quitándole el
vendaje del brazo.
-Casi y lo puedo mover sin dolor.- Sonrió y observo la roja herida
cosida por hilo azul, había un hematoma alrededor de la herida. Miranda miró
con curiosidad las bolsas.
-Todos los demás trajeron sus cosas, de su hogar. El jefe pensó que tu
necesitarías, más de un par de prendas, y envió a una de las chicas a comprarte
algo de ropa.- Miro las bolsas
-Creo que esas no son un par de prendas.- Las bolsas estaban bastantes
llenas.
-Bueno, es que vivirás aquí por los siguientes años, con el tiempo
compraras tus propias cosas. Pero siendo una de las subordinadas importantes
del jefe, no creo que el quiera que te alejes mucho.- Dijo de una manera
natural. Pero si, era verdad Miranda estaba destinada a hacerle trabajitos al
de ahora su jefe, por el resto de su vida.
-Creo que si. Dale las gracias por mi.- Dijo Miranda atenta a las
bolsas, mientras el doctor terminaba el vendaje. Se levanto y guardo sus cosas.
-Díselo tu misma, quiere verte mañana antes del desayuno, en su
oficina.- Dijo ya viéndola desde arriba.
-Gracias doctor.
-Bueno me retiro. Buonanotte bambina*.- Se dirigió a la puerta y la
cerró tras el.
-Buenas noches.- Se toco el brazo y apago las luces.
* * * * *
Miranda había descubierto un lugar del que nunca se había imaginado
existiera en un lugar tan grande, saltaba a la vista que nadie subía al ático,
era viejo y estaba lleno de chatarra, la madera se estaba pudriendo, y algo
olía demasiado mal. Pero, la ventana daba directo al tejado y podría subir a
ver el amanecer desde un lugar increíble, así que hábilmente trepo hacia el
tejado azul, y se sentó justo sobre el techito triangular de la pequeña
ventana, encontró que era lo suficientemente cómodo para que esperara unos 15
minutos en lo que el Sol se alzaba sobre el bosque. Apenas habían pasado 2
minutos cuando un ruido interrumpió su espera.
Era Maya, subía con un poco de dificultad y se parecía no darse cuenta
de la existencia de Miranda, ella la vio con extrema incredulidad, ¿qué hace ella aquí? Se asustara si la
llamo.
*Conversación en Ingles*
- ¿Maya?.- Pregunto suavemente para no asustarla. La pelirroja apunto
un rifle contra ella.- ¿Qué siempre cargas ese maldito rifle? No sé, si lo
sepas, pero ¡¡intimida a la gente!!- Miranda reacciono por instinto, pero no
fue hasta que Maya bajo el rifle, que ambas se calmaron.
-Eres tu…- Maya sonó casi decepcionada
-Si, soy yo. ¿Qué haces aquí tan temprano?- Por un lado Miranda se
decepcionó que ese lugar no solo fuera de ella.
-Estoy aquí para ver el sol.- Sonrió dulce ante el techo.
-Creí que la única demente aquí era yo.- Ambas rieron suavemente.- ¿Por
qué siempre cargas ese rifle? - Miranda era lo suficientemente curiosa para
olvidarse si esa pregunta incomodaría a Maya.
-Creo que lo sabes ¿no? - Miro a su líder durante unos segundos y
regreso la mirada al techo bajo ella.- Todos aquí somos huérfanos, no tenemos
familia de ningún tipo.- La melancolía invadió un poco de voz.- Mi hermano era
lo único que me quedaba, ambos estábamos en el ejercito, el era francotirador,
yo soy piloto.- Miranda se sorprendió de que Maya tuviese un hermano, y que ese
hermano fuese francotirador, y una parte de ella, se dio cuenta de la mirada
vacía que mostraba Maya, su hermano había fallecido.
-¿Cómo falleció? - La boca de Miranda se movió automáticamente.
-En la guerra, su escuadrón fue emboscado, y eso, el murió.- Se llevo
una mano a las placas de identificación que volaban en su cuello. Miranda no
dijo nada, ni hizo un gesto, no quería sentir pena por esa chica,
definitivamente no sentía pena por esa chica.- ¿No me vas a decir, que es una
gran pérdida? - Escupió Maya.
-¿Para que decirte lo que ya sabes? - Miranda la vio fría.- ¿Necesitas
que te lo diga?
-No.- Maya sonrio de una manera peculiar en ella.- ¿De verdad tu
familia fue asesinada frente a ti?- También Maya era curiosa.
-Si, cuando tenía 4 años. Mi mamá, mi papá, mi hermano mayor, y el feto
que mi madre llevaba.- ¿Cuándo había sido que Miranda había dejado de llamarla
“la pequeña Jenny”? Eso ni ella misma lo sabía, pero se sentía vació de una u
otra manera.
-¿Por qué el asesino, no te hizo nada? - Los ojos de Maya se agrandaron
llenos de curiosidad.
-¡Pues quien sabe! - Miranda se concentro en el Alba, en los rayos que
ya se asomaban detrás de los árboles. Y el silencio empapo a ambas. Se quedaron
allí viendo hasta que el sol, salió por completo y lo observaron hasta que los
ojos se les cansaron, en ese momento, volvieron dentro de la casa, y Miranda
recordó que debía hablar con el jefe. Dejo a Maya, bajar sola la pequeña
escalera del ático, y se dirigió al despacho.
Toco la puerta una vez, y nadie atendió, toco otra vez, de nuevo nada.
-Jefe…- Intento abrir la puerta aún sin permiso, y asomo la cabeza por
la brecha. Vio la cabellera rubia caer sobre el escritorio, Miranda entro a la
oficina y se sentó en la silla delante del escritorio, espero a que despertara,
pero se desespero.- Fraaan.- Barrio la palabra, haciéndola suave, luego fue
hacia su lado y observo que el hombre dormía profundamente. Miro el escritorio,
desordenado con muchos papeles regados en todas partes, vio una foto, la
observo durante un momento, vio a su amiga junto a Al y el jefe, además de los
“colegas” de él. Bajo la mirada y vio al hombre tendido, de improviso quiso
golpearlo para que despertara. Se agacho a la altura de su oído, y soplo
débilmente, con la esperanza de despertar a su caído jefe. Como ella predijo,
el se despertó con una gran desesperación como si le estuvieran apuntando con un
arma. Pero, Miranda soltó un ligero coscorrón al hombre, y este reacciono
girando la cabeza hacia la cara ceñuda de Miranda.
-¡¿Cómo te atreves a llamarme tan temprano, solo para encontrarte
dormido?!- Preguntó ella rabiosa
-¡Bueno, yo no puedo dormir como todos ustedes! - Se quejó con la rabia
brotando de sus ojos, tras su cara, Miranda vio lo que estaba bajo la cara de
su jefe cuando estaba dormido, una foto de ella, tamaño carta, sintió un
escalofrío recorrerle la espalda.
- Vayamos al punto, ¿para qué me llamabas? - Se sentó en la silla de
nuevo.
-¿Qué tal tu escuadrón? - Bostezó, parpadeo y luego se puso unos
anteojos cuadrados.
-Nos estamos entendiendo.- Miranda se limpio las uñas mientras hablaba
con él. Francesco pareció enfadado de que Miranda no lo tomara en serio. Busco
entre los papeles, encontrando un fólder color beige.
-Tu primera misión, alista a tu equipo, parten en 6 horas.- Le lanzó el
fólder a Miranda, con la esperanza de golpearla en la cara. Pero el fólder fue
detenido por las manos de ella.
-Sería nuestra primera misión… Apenas los conocí ayer.- Reclamó, con
los ojos saliéndose de la rabia.
-Había un lapso de 10 días para que los conocieras mejor, preferiste
dormir.- El rubio le envió cuchilladas a Miranda.- Tienen que rescatar a un niño,
su padre es dueño de Industrias Farré, y el secuestrado es su hijo.- Miranda
abrió el fólder, viendo una foto tamaño carta de un niño pecoso, de cabello negro,
y de ojos chocolate, parecía no tener más de 8 años.- Los secuestradores son de
la familia Caprittio, hace un mes le propusieron al señor Farré comprarle su
imperio a una fuerte cantidad, pero el se negó. Secuestraron a su hijo hace dos
días, se lo llevaron de la escuela, amenazan matarlo esta noche si el hombre no
concede su imperio. La familia Caprittio es famosa por cumplir sus amenazas,
haz justicia.
-Entendido, jefe.- Miranda salió del despacho con el rostro decidido ¿Cómo pueden manipular a un hombre de esa
manera? pero ¿qué se creen?
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