Capítulo
2.
entrenamiento
- Ya me he negado más veces de las que puedo contar.
¿Cuántas veces más lo tengo que decir? No me interesa.- Mi ceño está cansado de
estar tanto tiempo fruncido.
- La oferta nunca desaparecerá, haz sido miembro del
consejo por más tiempo que cualquiera, has visto gobiernos ir y venir, y la
mayoría de todos ellos, te han ofrecido ser aprendiz. ¿Por qué te niegas? – Me
mira insistente, nunca había conocido a alguien tan insistente como Marcus
Lycan, él es de las únicas personas que pueden controlar mis caprichos.
- ¿Por qué insistes?- Frunzo aún más el ceño. Mis
labios se contraen en un berrinche, me toma de la barbilla y besa mi nariz.
- Si fueras aprendiz podríamos estar juntos durante el
entrenamiento. Romperíamos los estigmas, los tabús, las… reglas.- Me dice al
oído, rozando mi sien con sus labios. Le reboto la mano de mi barbilla, y
aparto mi rostro.
- Los estigmas, tabús y las reglas sirven para algo.-
Lo miró feroz.- Sabes perfectamente lo que pasa cuando genes vampíricos se
juntan con los licántropos.- Lo miró, está destrozado.- Lo nuestro no ha sido
más que probar la fruta prohibida, y creo que estoy satisfecha.- Siento mi
vertebra erguirse sintiendo poder. Me toma el brazo bruscamente.
- Si terminas conmigo, iré a decir lo que has hecho
conmigo.- Me dice enseñándome las muñecas. Corto sus muñecas y bebo su sangre
evitando morderlo. Es apetitosa, dulce y cálida. Lo miró con incredulidad. Lo nuestro nunca fue en serio.- A
menos…- Sonríe. Presiento algo problemático.- Que prometas que cuando yo me
convierta en líder, tú seas mi aprendiz.- Sonríe triunfal. Sé que va en serio.
Sus ojos amarillos y lobunos, parecen más bien los de un zorro astuto.
- Bien.- Jalo mi brazo ignorando el dolor.
- Bien.- Me contesta, tomando mi mano, y estrujándola
en un saludo formal. Lo miro recelosa. Sigue sonriendo.
En su discurso de coronación dijo “Espero que las
personas cumplan sus promesas, en especial esas promesas con amenazas” y me
miró fijamente mientras lo dijo. Naturalmente, se casó con su hermana, como es
la costumbre en su raza, y en la nuestra, regrese con Esteban. Y claro nos
olvidamos de las cosas que vivimos juntos, y el tiempo ayudo a olvidar la
lujuria que hubo entre nosotros. No era más que curiosidad por el fruto
prohibido.
Cuando nació su hijo, me hizo su madrina y desde
entonces somos amigos íntimos. Siempre estuve consiente de que él era el mejor
de los aprendices, y que bien pude haberme hecho la inocente –lo cual todos
creerían- sobre las cortadas y salir ilesa y sin ningún compromiso.
Tal vez una parte de mí, siempre -aunque no lo
aceptara- quiso y deseo ese puesto.
Sin embargo como una garantía de que no solo me
hiciera la vida imposible, lo hice prometer que yo sería la ganadora, y él
acepto, diciéndome que haría su mejor esfuerzo por criarme para ser la mejor
líder de la historia.
Pero nunca pensé que él viera mi actitud como un
obstáculo para ello.
- Eliminatorias.- Dice, los chicos se ven entre ellos,
y Wendy se cuelga de mi brazo, como una chica humana lo haría estando nerviosa,
notó que mueve las piernas como si quisiera ir al baño y mira hacia el otro
lado, donde los aprendices de protector hacen lagartijas con una sola mano.
Estoy ida. Los chicos se murmuran entre ellos asustados.- Al final de estos dos
años de entrenamiento físico y mental, solo me quedaran tres de ustedes. Luego
de 5 años dos. Y el ganador será coronado en 6.- Sonríe, de esa forma divertida
y casi sarcástica que solo él sabe.
- Líder, ¿quiere decir que yo y otro más se quedara y
aprenderá lo que realmente es ser líder? Puesto que hará todo lo imposible para
cansarnos mental y físicamente.- Digo monótona.
- Si.- Solo Wendy y Lyan se dan cuenta. “Yo y otro
más”. Wendy se descuelga de mi brazo y me mira competitiva. Parece que hay algo
más que docilidad dentro de ella. Los otros 3 se enteran segundos después.-
Para calentarnos.- Dice frotándose las manos, como carnívoro ante un botín.-
500 vueltas a la pista de 1000m. El primero que termine podrá venir a comer
conmigo, los demás serán castigados por el ganador.
Dicho esto, todos se apresuran a correr, se pelean por
el primer puesto. Me le quedo mirando, está en lo alto de un taburete, desde
donde se lucen su melena negra y sus ojos relucientes, sigue igual de guapo
como cuando era joven, ahora se le ve más maduro, como el hombre y padre que
es. Dan la primera vuelta pero no me muevo de mi sitio.
- ¿Qué pasa Sophie? – Me mira incrédulo.
- ¿Es una cita? – Le pregunto, mis ideas saliendo de
mi boca. Mi cerebro las procesa, y las envía de inmediato a mi boca. La
sinceridad ante todo.
- Señorita sangrienta.- Me dice enarcando las cejas,
en tono incrédulo.- Soy casado, y usted está comprometida. Más bien una cena
amistosa.- Me sonríe. Le devuelvo la sonrisa.
- Tú pagas.- Lo señalo con el dedo, sonriendo
divertida. Uno de los chicos que corren se tropieza al verla, y varios de los
aprendices a protector babean un poco.
Cuando corro hacia la pista veo a Alexandro, mirándome
sensualmente, me desnuda con la mirada, estira los labios en una sonrisa
acechadora y veo su mentón estirarse, hace que me estremezca y la cara se me ponga
roja, tapo mi rostro con mi melena, y sigo mi camino.
Termino antes porque la mayoría no distribuyo su
fuerza. Antes de correr, estire mis músculos, cuando termine me llevaban 5
vueltas, e iban todos empujándose entre ellos, no podían alcanzar a Lyan. Trote
una vuelta, subí mi velocidad, hasta alcanzar a Lyan, fuimos un rato juntos,
hasta las últimas 100 vueltas, cuando se paró a trotar un rato, terminé antes que
Lyan por 5 vueltas. La mayoría sudados y
cansados, y diciendo “no esperaba que fuera así el primer día”, y cosas así.
Aunque admiro su voluntad, nunca pararon a pesar de
todo, especialmente Wendy, trato de llegar a mí hasta el último segundo, ella
empieza a interesarme.
Yo no sudo, por tan burdo ejercicio.
- Ni con la motivación de ir a comer con su maestro,
pudieron ser más rápidos.- Mueve su cara en forma de decepción. Es un
melodramático.- Sophie elegirá cuanto más tienen que correr.- Me miran
suplicantes.
- ¿Puedo darle a cada uno una cantidad, de acuerdo a
su rendimiento? – Preguntó, sin mover más que los labios.
- Por supuesto.- Me dice cariñoso.
- Todos hagan 250m.- Me miran con aprecio.- Lyan y
Wendy 10000m.- Sonrió. Me mira furiosa. Lyan se ríe a lo bajo.
- P… pero fui el tercer lugar…- Tartamudea, y me hace
divertirme.
- Para que seas segundo a la próxima.- Le enseño la
lengua. Marcus me golpea la nuca.
- Nos vemos mañana. Sabré, si alguien se va sin hacer
su debido castigo.- Los observa con autoridad, se encojen.
- ¡HEY! Souchirou, comamos juntos.- Casi se lo grita
sonriente a Marcus.- Mi esposa cocinara algo delicioso. Vamos Alexandro también
puedes venir.
- Si la señorita sangrienta va, estoy dispuesto.- Nos
sonreímos.
El protector despide a sus aprendices, y nos vamos en
grupo hacia la salida del gimnasio.
- Puedes llamarme Sophie.- Sonrió encantadora, y le
brillan los ojos. Entrelazo nuestros brazos, y caminamos muy juntos a la
salida. El contacto cuerpo-cuerpo, hace que la sangre me hierva y la sienta
extenderse hasta lugares recónditos de mi cuerpo. Me siento viva.
Antes de salir, miro como Wendy sufre de mal de
amores, y le enseño una sonrisa malvada.
- Las calles en la noche, no son seguras, señorita
sangrienta.- Me mira desde arriba, es alto, aún más alto que yo, y sus ojos me
hacen sentir perdida.- Puede haber gente como yo, rondándola.- Me sonríe pícaro.
Por las diosas.
- Puedo cuidarme sola.- De regreso a mi casa de la de
Marcus, hay un pequeño parque, me gusta visitarlo en tiempos de otoño, los árboles
se ponen amarillos y las hojas comienzan a caer sobre la acera, no resisto la
tentación de pisarlas. Aparte tiene un gran mirador y una excelente vista del
atardecer y por supuesto de la ciudad de noche.- Pero de usted, no tengo que
cuidarme.- Le sonrió.
- Eso no lo juzga usted.- Pone rostro serio.
Nos sentamos en una de las banquitas de madera desde
donde se puede ver media ciudad, iluminada por luces blancas y las de los automóviles
giran como luciérnagas.
- Parece que tú y Marcus, se llevan bien.- Me dice,
sin mirarme a los ojos y recargado en sus rodillas. Le noto lo tenso en los
hombros, sus anchos hombros.
- Como líder de la raza debo llevar una buena relación
con los demás líderes.- Le digo calmada pero aún siento como esta tenso. Sé,
porque me molesta que este tenso, y porque quiero asegurarme de que sepa que
Marcus y yo no somos lo que fuimos.- Es un amigo muy íntimo.- Suelto,
finalmente. Dirijo mi mirada a las luces.- ¿No querrás sugerir que fuimos lo
suficientemente tontos para mantener una relación?... El líder Licántropo y la
líder vampiro… Por Dios.- Más que tontos
diría yo… Veo sus hombros perder peso.
Se irgue y apoya su codo en el respaldo sosteniendo su
cabeza en su mano, dedicándome una cálida sonrisa amigable. Tiene enormes
manos, y un picor en las mías me llama a tomarlas, y sentirlas.
- Me disculpo, me deje llevar por los antiguos
rumores. No creo que usted allá hecho semejante cosa.- No me conoces lo suficiente.
- Claro, cualquiera los escucho.- Giro el rostro hacia
él y le sonrió. Me mira a los ojos, siento como la sangre pinta mis mejillas de
rojo.
- Lo siento…- Me dice al notar mi ceño.- No sabía que
te molestara… Tienes, los ojos más oscuros que nunca había visto.- Susurra. Mi
pulso se acelera. Escucho su respiración, se vuelve pesada. Dirijo mi mirada a
la ciudad, esperando que el aire otoñal disperse la sangre de mi cara.
- Lo único que me molesta es que aún no me hayas
besado.- Susurro.
Gira su incrédulo rostro. Se le sube la sangre a la
cara, su corazón se acelera, se por sus ojos que esta desconcertado, abre los
labios como si fuera a decir algo, traga saliva y se calma. Agacha la cabeza.
Me levanto, y emprendo el camino.
- Creí que eras más valiente.- Mis pensamientos salen
de mi boca. Y sigo caminando.
No escucho de más de su parte.
Los aprendices de protector han ido a otro mundo,
donde hay “situaciones adversas” solos, naturalmente su maestro no puede
apartarse del nuestro, y han dejado a la suerte a los muchachos.
Refunfuño cuando bebo café con Naomi, lo más cercano a
una “amiga” que tengo en estos momentos. Es hermana de Lyan y su destinada
esposa, tiene el cabello rubio brillante y los ojos azul celeste, la piel color
arena y todo en ella es pequeño, exceptos los ojos, y las hermosas curvas de su
cuerpo.
- ¿Cómo alguien puede ponerte de cabeza así? – Su
pequeña voz me pregunta, en sus ojos veo a Lyan, esta perdidamente enamorada de
su hermano, y él de ella.
- No…- Refunfuño por millonésima vez en la última
hora.- No… Me gusta, eso es todo.
- Claro que no, esto no es como cuando te gustaba
Thomas, Mien, Robert, Natsu, Gilbert, Shaldy, Xian etc., etc., etc.- Me dice
con toda la intención de joder. Y tú
padre.- ¡Hay y no te olvides de tus amores eternos!, Esteban y Leo, los mal
afortunados hermanos sangre pura. Acéptalo So, a todos ellos, los ves, los
juegas, los pruebas y te los acabas. Y esos son solo los chicos, ¿qué hay de
las chicas dóciles a las que sedujiste para quitarles toda su juventud?
- ¡Lo siento, nací así! – Recuesto mi cabeza en la
mesita. Naomí siempre me hace sentir peor, no sé ni porque le cuento mis
traumas a ella.
- No sé So, tal vez, este es diferente, incluso haz
dejado tu mal hábito de oler a todo quien se te acerque.- Levanto el rostro.
- Culpa de tu padre.- Olores suculentos, deben ser buscados.- El me enseñó a hacerlo,
durante nuestra juventud.- Entre otras
cosas.- Me sorprende que a ustedes no.
- Mi madre no soporta que ande oliendo todo, y le prohibió
enseñarnos.- Refunfuña.
Regreso a mi posición erguida. Le doy un sorbo a mi
café.
El ruidoso aparato de comunicación -Cominet- hace un sonidito en mi bolsillo.
“Reunión de consejo. Cuartel de Azyter.”
- Hay una reunión del consejo.- Digo, frunzo mi ceño.
Me fastidia.
- Yo le aviso a Rose.- Me dice, sabiendo la rutina y
dándole un sorbo a su café.
- Gracias por el café.- Le digo tomando el último
sorbo.
Tomo el deslizador, y me dirijo lo más rápido posible
al cuartel de Azyter.
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