sábado, 1 de febrero de 2014

Otoño: Capítulo 2

Capítulo 2.

entrenamiento

- Ya me he negado más veces de las que puedo contar. ¿Cuántas veces más lo tengo que decir? No me interesa.- Mi ceño está cansado de estar tanto tiempo fruncido.
- La oferta nunca desaparecerá, haz sido miembro del consejo por más tiempo que cualquiera, has visto gobiernos ir y venir, y la mayoría de todos ellos, te han ofrecido ser aprendiz. ¿Por qué te niegas? – Me mira insistente, nunca había conocido a alguien tan insistente como Marcus Lycan, él es de las únicas personas que pueden controlar mis caprichos.
- ¿Por qué insistes?- Frunzo aún más el ceño. Mis labios se contraen en un berrinche, me toma de la barbilla y besa mi nariz.
- Si fueras aprendiz podríamos estar juntos durante el entrenamiento. Romperíamos los estigmas, los tabús, las… reglas.- Me dice al oído, rozando mi sien con sus labios. Le reboto la mano de mi barbilla, y aparto mi rostro.
- Los estigmas, tabús y las reglas sirven para algo.- Lo miró feroz.- Sabes perfectamente lo que pasa cuando genes vampíricos se juntan con los licántropos.- Lo miró, está destrozado.- Lo nuestro no ha sido más que probar la fruta prohibida, y creo que estoy satisfecha.- Siento mi vertebra erguirse sintiendo poder. Me toma el brazo bruscamente.
- Si terminas conmigo, iré a decir lo que has hecho conmigo.- Me dice enseñándome las muñecas. Corto sus muñecas y bebo su sangre evitando morderlo. Es apetitosa, dulce y cálida. Lo miró con incredulidad. Lo nuestro nunca fue en serio.- A menos…- Sonríe. Presiento algo problemático.- Que prometas que cuando yo me convierta en líder, tú seas mi aprendiz.- Sonríe triunfal. Sé que va en serio. Sus ojos amarillos y lobunos, parecen más bien los de un zorro astuto.
- Bien.- Jalo mi brazo ignorando el dolor.
- Bien.- Me contesta, tomando mi mano, y estrujándola en un saludo formal. Lo miro recelosa. Sigue sonriendo.


En su discurso de coronación dijo “Espero que las personas cumplan sus promesas, en especial esas promesas con amenazas” y me miró fijamente mientras lo dijo. Naturalmente, se casó con su hermana, como es la costumbre en su raza, y en la nuestra, regrese con Esteban. Y claro nos olvidamos de las cosas que vivimos juntos, y el tiempo ayudo a olvidar la lujuria que hubo entre nosotros. No era más que curiosidad por el fruto prohibido.

Cuando nació su hijo, me hizo su madrina y desde entonces somos amigos íntimos. Siempre estuve consiente de que él era el mejor de los aprendices, y que bien pude haberme hecho la inocente –lo cual todos creerían- sobre las cortadas y salir ilesa y sin ningún compromiso.

Tal vez una parte de mí, siempre -aunque no lo aceptara- quiso y deseo ese puesto.

Sin embargo como una garantía de que no solo me hiciera la vida imposible, lo hice prometer que yo sería la ganadora, y él acepto, diciéndome que haría su mejor esfuerzo por criarme para ser la mejor líder de la historia.

Pero nunca pensé que él viera mi actitud como un obstáculo para ello.


- Eliminatorias.- Dice, los chicos se ven entre ellos, y Wendy se cuelga de mi brazo, como una chica humana lo haría estando nerviosa, notó que mueve las piernas como si quisiera ir al baño y mira hacia el otro lado, donde los aprendices de protector hacen lagartijas con una sola mano. Estoy ida. Los chicos se murmuran entre ellos asustados.- Al final de estos dos años de entrenamiento físico y mental, solo me quedaran tres de ustedes. Luego de 5 años dos. Y el ganador será coronado en 6.- Sonríe, de esa forma divertida y casi sarcástica que solo él sabe.
- Líder, ¿quiere decir que yo y otro más se quedara y aprenderá lo que realmente es ser líder? Puesto que hará todo lo imposible para cansarnos mental y físicamente.- Digo monótona.
- Si.- Solo Wendy y Lyan se dan cuenta. “Yo y otro más”. Wendy se descuelga de mi brazo y me mira competitiva. Parece que hay algo más que docilidad dentro de ella. Los otros 3 se enteran segundos después.- Para calentarnos.- Dice frotándose las manos, como carnívoro ante un botín.- 500 vueltas a la pista de 1000m. El primero que termine podrá venir a comer conmigo, los demás serán castigados por el ganador.

Dicho esto, todos se apresuran a correr, se pelean por el primer puesto. Me le quedo mirando, está en lo alto de un taburete, desde donde se lucen su melena negra y sus ojos relucientes, sigue igual de guapo como cuando era joven, ahora se le ve más maduro, como el hombre y padre que es. Dan la primera vuelta pero no me muevo de mi sitio.

- ¿Qué pasa Sophie? – Me mira incrédulo.
- ¿Es una cita? – Le pregunto, mis ideas saliendo de mi boca. Mi cerebro las procesa, y las envía de inmediato a mi boca. La sinceridad ante todo.
- Señorita sangrienta.- Me dice enarcando las cejas, en tono incrédulo.- Soy casado, y usted está comprometida. Más bien una cena amistosa.- Me sonríe. Le devuelvo la sonrisa.
- Tú pagas.- Lo señalo con el dedo, sonriendo divertida. Uno de los chicos que corren se tropieza al verla, y varios de los aprendices a protector babean un poco.

Cuando corro hacia la pista veo a Alexandro, mirándome sensualmente, me desnuda con la mirada, estira los labios en una sonrisa acechadora y veo su mentón estirarse, hace que me estremezca y la cara se me ponga roja, tapo mi rostro con mi melena, y sigo mi camino.

Termino antes porque la mayoría no distribuyo su fuerza. Antes de correr, estire mis músculos, cuando termine me llevaban 5 vueltas, e iban todos empujándose entre ellos, no podían alcanzar a Lyan. Trote una vuelta, subí mi velocidad, hasta alcanzar a Lyan, fuimos un rato juntos, hasta las últimas 100 vueltas, cuando se paró a trotar un rato, terminé antes que Lyan por  5 vueltas. La mayoría sudados y cansados, y diciendo “no esperaba que fuera así el primer día”, y cosas así.

Aunque admiro su voluntad, nunca pararon a pesar de todo, especialmente Wendy, trato de llegar a mí hasta el último segundo, ella empieza a interesarme.

Yo no sudo, por tan burdo ejercicio.

- Ni con la motivación de ir a comer con su maestro, pudieron ser más rápidos.- Mueve su cara en forma de decepción. Es un melodramático.- Sophie elegirá cuanto más tienen que correr.- Me miran suplicantes.
- ¿Puedo darle a cada uno una cantidad, de acuerdo a su rendimiento? – Preguntó, sin mover más que los labios.
- Por supuesto.- Me dice cariñoso.
- Todos hagan 250m.- Me miran con aprecio.- Lyan y Wendy 10000m.- Sonrió. Me mira furiosa. Lyan se ríe a lo bajo.
- P… pero fui el tercer lugar…- Tartamudea, y me hace divertirme.
- Para que seas segundo a la próxima.- Le enseño la lengua. Marcus me golpea la nuca.
- Nos vemos mañana. Sabré, si alguien se va sin hacer su debido castigo.- Los observa con autoridad, se encojen.

- ¡HEY! Souchirou, comamos juntos.- Casi se lo grita sonriente a Marcus.- Mi esposa cocinara algo delicioso. Vamos Alexandro también puedes venir.
- Si la señorita sangrienta va, estoy dispuesto.- Nos sonreímos.

El protector despide a sus aprendices, y nos vamos en grupo hacia la salida del gimnasio.

- Puedes llamarme Sophie.- Sonrió encantadora, y le brillan los ojos. Entrelazo nuestros brazos, y caminamos muy juntos a la salida. El contacto cuerpo-cuerpo, hace que la sangre me hierva y la sienta extenderse hasta lugares recónditos de mi cuerpo. Me siento viva.

Antes de salir, miro como Wendy sufre de mal de amores, y le enseño una sonrisa malvada.


- Las calles en la noche, no son seguras, señorita sangrienta.- Me mira desde arriba, es alto, aún más alto que yo, y sus ojos me hacen sentir perdida.- Puede haber gente como yo, rondándola.- Me sonríe pícaro. Por las diosas.
- Puedo cuidarme sola.- De regreso a mi casa de la de Marcus, hay un pequeño parque, me gusta visitarlo en tiempos de otoño, los árboles se ponen amarillos y las hojas comienzan a caer sobre la acera, no resisto la tentación de pisarlas. Aparte tiene un gran mirador y una excelente vista del atardecer y por supuesto de la ciudad de noche.- Pero de usted, no tengo que cuidarme.- Le sonrió.
- Eso no lo juzga usted.- Pone rostro serio.

Nos sentamos en una de las banquitas de madera desde donde se puede ver media ciudad, iluminada por luces blancas y las de los automóviles giran como luciérnagas.

- Parece que tú y Marcus, se llevan bien.- Me dice, sin mirarme a los ojos y recargado en sus rodillas. Le noto lo tenso en los hombros, sus anchos hombros.
- Como líder de la raza debo llevar una buena relación con los demás líderes.- Le digo calmada pero aún siento como esta tenso. Sé, porque me molesta que este tenso, y porque quiero asegurarme de que sepa que Marcus y yo no somos lo que fuimos.- Es un amigo muy íntimo.- Suelto, finalmente. Dirijo mi mirada a las luces.- ¿No querrás sugerir que fuimos lo suficientemente tontos para mantener una relación?... El líder Licántropo y la líder vampiro… Por Dios.- Más que tontos diría yo… Veo sus hombros perder peso.

Se irgue y apoya su codo en el respaldo sosteniendo su cabeza en su mano, dedicándome una cálida sonrisa amigable. Tiene enormes manos, y un picor en las mías me llama a tomarlas, y sentirlas.

- Me disculpo, me deje llevar por los antiguos rumores. No creo que usted allá hecho semejante cosa.- No me conoces lo suficiente.
- Claro, cualquiera los escucho.- Giro el rostro hacia él y le sonrió. Me mira a los ojos, siento como la sangre pinta mis mejillas de rojo.
- Lo siento…- Me dice al notar mi ceño.- No sabía que te molestara… Tienes, los ojos más oscuros que nunca había visto.- Susurra. Mi pulso se acelera. Escucho su respiración, se vuelve pesada. Dirijo mi mirada a la ciudad, esperando que el aire otoñal disperse la sangre de mi cara.
- Lo único que me molesta es que aún no me hayas besado.- Susurro.

Gira su incrédulo rostro. Se le sube la sangre a la cara, su corazón se acelera, se por sus ojos que esta desconcertado, abre los labios como si fuera a decir algo, traga saliva y se calma. Agacha la cabeza.

Me levanto, y emprendo el camino.

- Creí que eras más valiente.- Mis pensamientos salen de mi boca. Y sigo caminando.

No escucho de más de su parte.

Los aprendices de protector han ido a otro mundo, donde hay “situaciones adversas” solos, naturalmente su maestro no puede apartarse del nuestro, y han dejado a la suerte a los muchachos.


Refunfuño cuando bebo café con Naomi, lo más cercano a una “amiga” que tengo en estos momentos. Es hermana de Lyan y su destinada esposa, tiene el cabello rubio brillante y los ojos azul celeste, la piel color arena y todo en ella es pequeño, exceptos los ojos, y las hermosas curvas de su cuerpo.

- ¿Cómo alguien puede ponerte de cabeza así? – Su pequeña voz me pregunta, en sus ojos veo a Lyan, esta perdidamente enamorada de su hermano, y él de ella.
- No…- Refunfuño por millonésima vez en la última hora.- No… Me gusta, eso es todo.
- Claro que no, esto no es como cuando te gustaba Thomas, Mien, Robert, Natsu, Gilbert, Shaldy, Xian etc., etc., etc.- Me dice con toda la intención de joder. Y tú padre.- ¡Hay y no te olvides de tus amores eternos!, Esteban y Leo, los mal afortunados hermanos sangre pura. Acéptalo So, a todos ellos, los ves, los juegas, los pruebas y te los acabas. Y esos son solo los chicos, ¿qué hay de las chicas dóciles a las que sedujiste para quitarles toda su juventud?
- ¡Lo siento, nací así! – Recuesto mi cabeza en la mesita. Naomí siempre me hace sentir peor, no sé ni porque le cuento mis traumas a ella.
- No sé So, tal vez, este es diferente, incluso haz dejado tu mal hábito de oler a todo quien se te acerque.- Levanto el rostro.
- Culpa de tu padre.- Olores suculentos, deben ser buscados.- El me enseñó a hacerlo, durante nuestra juventud.- Entre otras cosas.- Me sorprende que a ustedes no.
- Mi madre no soporta que ande oliendo todo, y le prohibió enseñarnos.- Refunfuña.

Regreso a mi posición erguida. Le doy un sorbo a mi café.

El ruidoso aparato de comunicación -Cominet-  hace un sonidito en mi bolsillo.

“Reunión de consejo. Cuartel de Azyter.”

- Hay una reunión del consejo.- Digo, frunzo mi ceño. Me fastidia.
- Yo le aviso a Rose.- Me dice, sabiendo la rutina y dándole un sorbo a su café.
- Gracias por el café.- Le digo tomando el último sorbo.

Tomo el deslizador, y me dirijo lo más rápido posible al cuartel de Azyter.


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