Capítulo 8
-¡¡HEY!! ¡Gran beso!- Volteé la mirada hacia mi derecha de donde salía
de entre un montón de arbustos una mata de cabellos oscuros, y un par de ojos
color azul celeste. Identifique a Mariana Evans.
-Señorita Evans- Llame por instinto.
-Soy Ria. La señorita Evans es mi hermana… Aunque pronto ya no lo
será.- Giro los ojos. Se acerco a mí, y tomo el lugar de Miramar.
-Apuesto que Maty besa bien.- Dijo tomando de una botella de licor. La
mire aun con el corazón moviéndose como loco. No dije nada.- No le tengas
miedo- Le dijo al aire mientras veía el cielo, y bebía de la botella. Poco
después la bajo, y me miro a los ojos.- Yo era como tu, fría en todo momento,
pero… me apasionaban las historias de otras personas, de piratas y policías-
Sonrió y volvió a tomar un solo trago y bajo nuevamente la botella.- Solo que
me di cuenta, de que era hora de que fuera mi momento de vivir esta vida, mi
vida, sin tenerle miedo a los sentimientos- Levemente golpeo mi hombro y
sonrio- Déjate llevar por lo que dice tu alma.- Tomo un trago, y se levanto de
su asiento junto a mi, me volvió a sonreír.- Recuérdalo.- Y se alejo elegantemente
de allí.
Ahora todo estaba al revés, hace dos años, odiaba a Mateo Miramar,
ahora había un botón en mi, que el podía apretar y hacer que mi corazón sonara
al son de un rock rápido.
[Lapso de tiempo]
Poco a poco, más y más, el sentimiento de amor me fue consumiendo, poco
a poco, Matt fue haciendo algo en mi, fue creando pequeños interruptores, y
botones, que pudiera manejar a su antojo, conmigo de por medio, y poco a poco,
llegamos a un punto en el que todo fue felicidad, afortunadamente en esos momentos
no teníamos el conocimiento que eso llegaría a su final.
-¡¡Despierta!! Siempre es lo mismo contigo- Me veía obligada a pasar
por lo mismo cada mañana por los últimos 2 años, en los que Miramar y yo nos
habíamos unido cada vez más y un día sin darnos cuenta, terminamos viviendo
juntos en su casa. Acabo de terminar mi carrera, y ahora trabajo en una gran
empresa líder de esta ciudad, Miramar que termino sus estudios antes que yo, se
dedica a trabajar en sus novelas y en pequeñas historias publicadas quincenalmente
en revistas literarias, solo que como trabaja en casa le cuesta ser
responsable, y por ello me siento una madre con un niño de cuatro años.- ¡Vamos!
Despierta aun tienes trabajo que hacer- Le jale la cobija para que le diera
frío, y se levantara, tenía que tener cuidado de no tocarlo, puesto que el muy
pervertido quiere tener sexo cada hora del día, desde el maldito día en que me
quito mi inocencia.
Y por fin después de mucho pelear, abrió los ojos, y el una vez que
abría los ojos, no se volvería a dormir.
-Vamos Matt, levántate, y desayuna me tengo que ir a trabajar.- Le
rogué con la mejor amabilidad que conseguí. Se dirigió al baño, y me vestí de
los trajes que normalmente tenia que usar, mayas, falda, playeras y sacos, además
de los zapatos de tacón. Abrigada, por que en esa ciudad, siempre hacia frío. Escuche
su bostezo mientras se acercaba a mi, mientras me ponía la falda, aquí venía el
Matt pervertido.
-Vamos, linda, hoy no vayas a trabajar.- Beso mi hombro desnudo.
Mientras me abrazaba por la cintura.
-Sabes que tengo que ir a trabajar.- Abroche mi falda a la cintura. Y
el se despego de mi, sabiendo bien lo que contestaría a su insinuación. Se puso
las pantuflas y se dirigió a la cocina, probablemente a poner café.
Era lo rutinario, y así me gustaba, sin sorpresa alguna, con Matt a mi
lado en nuestro pequeño mundo, en nuestra casa, en nuestra vida. Me dirigí a la
cocina una vez, que termine de vestirme y arreglar mi cabello, Matt estaba
sentado en la barra de la cocina viendo por la ventana de la cocina justo a
lado de la cafetera, contemplaba la capa de nieve que cubría el jardín, lo
observe durante unos segundos, me pregunte el que me había pasado por la mente
cuando acepte esto, y reí.
-¿A que hora sales hoy? Es viernes, pasare por ti.- Sonreí.
- A las 6. Podemos pasar por comida china, y cenaremos aquí en casa.-
Propuse mientras tomaba una taza de café- ¿Qué tal va la nueva novela? Es la
ultima de una trilogía ¿no?- Matt miraba el café mientras reía y mordía el pan
tostado
-Si, va bien, solo que estoy un poco confundido con el final.-
Impaciente de saber en que terminaría la historia que había estado leyendo, me
acerque a Matt, y me recosté en su hombro.
-¿Y en que terminara?- Le hice ojitos, por que sabía que Matt adoraba
que lo hiciera. Me miro dulce y se acercó a mí, rozando nuestros labios.
-No te lo diré.-Beso la punta de mi nariz. Le hice cara y me aparte de
el. Mire mi reloj, y termine mi desayuno.
-¿Estas a tiempo?- Me pregunto cuando me levante del asiento junto a el.
-Si. No te preocupes- Tome mi bolso y me acerque a el. Le di un beso
fugaz y taconeé hasta la salida.
-Que te vaya bien- Me grito antes de salir.
-Siempre- Grite y llegué a la puerta.-¡Esfuérzate en la novela!
-Jade- Susurro por detrás mío. Volteé los ojos para verlo mejor.-Te
amo.- Sonrió débilmente.
-Y yo a ti.- Le correspondí y por un momento deseé no irme de allí.
Cubrí mi cuerpo con el abrigo, me envolví en una bufanda, y coloque un gorro
tejido en mi cabeza. Abrí la puerta y Salí, sin mirar atrás.
Siempre que abandonaba esa casa, me daba cuenta de lo feliz que era, y
al mismo tiempo de sentir felicidad me llegaba un miedo abrumante sobre lo que
podría llegar a perder, lo que puedo perder es lo que me hace feliz, y no
quiero que mi maldita suerte haga que se vaya.
Tal vez, ese fue el momento en el que comenzó todo, había veces que
pensaba que había sido mi culpa el que hubieses enfermado, había veces en las
que pensaba que si tal vez no te hubiese conocido, nunca habrías desarrollado
tal enfermedad, pero al final siempre me daba cuenta que no era así, que el
cáncer se lleva a gente buena y bondadosa como tu o niños inocentes que no
tenían por que haber muerto y dejado un hueco en una familia, una familia como
la que habíamos hablado tantas veces.
Estábamos Matt y yo sentados en el sofá, viendo series policíacas
después del atardecer, con un gran cobertor en los pies, la calefacción
encendida, la luz apagada, comiendo comida china, y nuestros cuerpos
compartiendo calor el uno al otro. En la solitaria habitación con solo un
televisor y monótonos muebles cafés y blancos, el sonido de las manecillas del
reloj, y el de la televisión, esa era nuestra definición de una cita, y no
estaba nada mal. Matt comenzaba a
quedarse dormido, el era muy perezoso, pero no le gustaba quejarse así que casi
siempre se guardaba sus comentarios.
-Matt, despierta, ¿quieres que nos vayamos a dormir?- Lo moví un poco y
el reacciono al instante.
-Ahhh!!...-Balbuceo- Se de algo mejor que podemos hacer una noche de
viernes- Se acerco a mi en un acto de lujuria y me beso apasionadamente, no lo
discutí con mi mente, estaba preparada para aquello, lo habíamos hecho ya
tantas veces que casi no importaba ya, solo había amor y lujuria, las dos caras
de la misma moneda. Matt me sostuvo entre sus brazos, y advertí que el
televisor se quedaría prendido.
-Miramar, la televisión.- Apunte con la mirada el aparato, y el tomo el
control remoto para apagarla. Nos fuimos de la mano hacia la habitación, donde
nos amamos.
“Es sábado, puedes despertar un poco tarde” me dije acomodándome una
vez más en el pecho de mi pareja, Miramar, no era musculoso, pero últimamente,
había notado que estaba un poco más delgado de lo que recordaba, de cuando lo
conocí, siempre había sido alto, pero no tan delgado, pase mi mano sobre su torso,
y observe que efectivamente el estaba más delgado, nuestra alimentación era la
misma de siempre, pero… entonces por que.
-Vamos sigue, sigue tocándome que me excitas.- Miramar balbuceo como el
buen pervertido que era, y siempre sería.
-MATT!!-Reclame- UHHGG pervertido!- Lo golpeé, y me volteé para
levantarme. Me puse la playera de Matt que estaba tirada en el piso, me quedaba
extra-grande y extra-larga, me sentía rara, como “aplastable” a su lado. Sonreí
al recordar nuestro primer encuentro. Me pare, pero me volví a sentar junto a
el, pase la mano por su cabeza, y el cerro los ojos, lo que me indicaba que
disfrutaba eso, a mi en especifico me gustaba su cabello, era tan liso y suave
como el de un niño pequeño, en concreto el parecía un niño pequeño, tomo mi
muñeca con su gran mano, y me miro tierno, pero al hacer contacto su piel con
la mía, note que estaba demasiado caliente, y trasladé mi mano a su frente, el
estaba hirviendo en fiebre.
-Tienes fiebre.- Lo vi preocupada.- Anda vístete para desayunar e ir al
hospital.
-No quiero, me siento mal.- Se escondió en la almohada.
-De seguro tienes gripa, vamos con el doctor. Anda.- Le quite la
almohada, y quedo contra el colchón.- Miramar! ¡Levántate!- Lo jale, pero a
pesar de ser un delgaducho era fuerte y mucho más alto que yo, así que no lo
pude mover.
Me cambie de ropa e hice e desayuno pero el no se levanto, sabía que no
estaba dormido solo, no quería levantarse, y pensándolo bien, el nunca diría
que se siente mal, si no fuera por que de verdad es así. Desayune, y lleve su
parte al dormitorio.
-Matt, traje tu desayuno.- Toque una parte de su frente que estaba
expuesta y no sobre el colchón.
-No quiero.
-¡No actúes como niño pequeño y come!-Ordene, y el se levanto, me
hinque allí junto a la cama. Su cara estaba roja y sudorosa, tenía los ojos
rojos del cansancio y se veía pálido. Comió débilmente, pero se termino todo, y
después noto que no le quitaba los ojos de encima, y paso una mano por mi
cabeza, le sonreí.
-Señora y Señor Miramar- El doctor nos miro con mirada exhausta de una
noche de trabajo- Pasen.- Nos pidió, abriéndonos la puerta del consultorio.
Le pidió a Matt que subiera a la vieja y exacta bascula, el peso, 67
kilos, por lo que yo sabia eso era muy poco para una persona que mide 183
centímetros. El doctor le pidió quitarse la camisa, y me miro antes de hacerlo,
sonrio y le correspondí.
-¿A presentado vomito?- Parecía que me preguntaba a mi, así que yo
conteste.
-No, pero le dio una fuerte fiebre en la mañana y le di un medicamento
para bajársela, doctor…- espere a que me volteara a ver- El esta últimamente
muy fatigado, y ha bajado de peso. ¿Puede que sea una infección?- Sabía una que
otra cosa sobre enfermedades, pero el solo pensar que Matt estuviese enfermo me
hacia estremecerme y que una capa de hielo subiera por mi espalda.
-Haré un par de análisis para que estemos seguros.- El doctor me sonrio
fugazmente- Por lo mientras esperen- Garabateo algo en una libreta, la firmo y
después arranco la hoja, dándomela.- Si la fiebre vuelve, déle esto. Pasen a
laboratorio a que le tomen muestra de sangre.- Matt se puso la camisa.- Y los
veré en una semana. Volvió a sonreírme mientras Matt bajaba de la colchoneta,
algo me dijo que esa sonrisa era algo malo, que ese doctor trataba de consolarme
con la mirada y con la sonrisa débil que me mostraba, como diciendo “esperemos
que no sea lo peor”. Matt llego a mi lado y dimos las gracias antes de salir.
Al salir del consultorio, Matt atrajo mi cabeza y la beso. Luego junto
su nariz a mi coronilla y me susurro.
-Todo va a estar bien- Frotó mi cabello y lo despeino. Posterior a eso
se puso lentes oscuros y el gorro de su chamarra, para que nadie le
reconociera, me tomo de la mano y salimos fuera del hospital.- ¿Qué te parece
si te invito un helado?- Sonrió mientras señalaba el carrito de congelados.
-¡Sabes muy bien que detesto lo frío!- Lo golpeé. ¡Con esta
temperatura, y él quería comer helado!- Sobre todo que tal si te hace daño.
Mejor vayamos a casa, que ya tengo hambre.- Miramar me miro como un niño
regañado y resignado.- ¡La semana que viene sea bueno o malo lo que diga el
doctor, te invitare un helado!- Le sonreí, y el como premio acomodo el gorro
tejido que llevaba en la cabeza, mirándome a través de los oscuros lentes, y a
pesar de eso, pude diferenciar el color azul lapislázuli de sus ojos.
Sonreímos, y subimos al auto.
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