Capítulo 5
Para empezar el 4to semestre de mi carrera. Llego un alumno famoso a
nuestra universidad.
Mateo Miramar se había inscrito al 6to semestre de la carrera de
Literatura. Había estado estudiando la carrera en línea, los últimos años.
Ahora planeaba tener más relaciones humanas para su próxima obra.
Estaba ansiosa por no verle. Y no sentirme mal por mis sentimientos, y
los de el.
Realmente lamentaba no poder hacer nada por el, lo lamentaba bastante.
Miramar era un año mayor que yo, así que probablemente, no lo vería. Y
me aseguraría de no encontrarme con el. Por una semana completa no me lo
encontré. Hasta que las Diosas me mandaron un castigo por haber sido tan cruel
con el.
—Hey!!! Cuidado!—Debía de aceptar que era mi culpa iba mirando que
Miramar no estuviera por allí.
—Lo siento.— El futbolista era grande… me dio demasiado miedo, pero no
lo demostré al contrario me hice la valiente.— Fue mi culpa.
—De hecho— Miro a sus amigos y cruzo una sonrisa.
—¿Por qué no pagas tu error con tu cuerpo?- Me dijo uno de sus amigos
—¡¿Tu por qué no te vas a la mierda?!- Le respondí hostilmente
—Pequeña perra…—Trato de golpearme.
—Oye tranquilo, no querrás meterte en problemas.- Se paro en frente mío
impidiendo mi vista hacia el gorila.
Me lleva… Miramar?!! ¡¡¿¿Por qué el??!! Por que no un profesor o hasta algún
nerd del club de química, algo que no fuera el.
—Vete a escribir tus novelas, ¡maricón!- Rió a lo alto, sintiéndose
bien de rebajar a alguien
Le soltó un golpe. Mando a volar a Miramar, y lo dejo en el piso. El se
incorporo rápidamente, y se puso a la defensiva enviando un golpe hacia el mas
grande, ya que el era bastante alto, no fue problema. Me quede intacta. Mis
pies no se movieron. Los amigos del grandote caminaron hacia el mientras
Miramar apenas se defendía contra el otro.
—¡Ella ya se disculpo!-Grito Miramar, desgarrando su aterciopelada voz.
—No quieras ser el héroe, esto no es una de tus novelas.- El grandote
estaba de un color rojo tomate y sus nudillos tronaban ansiosos de golpear a
alguien.
Comenzaron a patearlo. Miramar podía ser tan alto como un poste, pero
también era tan flacucho y débil como uno.
—¡BASTA, la policía ya viene en camino!— Les mostré el teléfono
celular.
—Ahhh… ya vamonos dejemos al maricón y a su amiguita- Se retiraron de
la arena de batalla, riéndose y sintiéndose autosuficientes. “Idiotas” pensé.
Se fueron y corrí a hincarme a lado suyo. Estaba gravemente herido.
—Hey!! Miramar… ¿Puedes pararte?—Le mire el rostro, estaba medio
consiente.
—Lo siento… no pude protegerte del todo. Soy inútil. Y encima quede
como un debilucho frente a ti.
—Imbécil eso no importa.- Le di un pequeño golpe en la mejilla para
hacerlo reaccionar, pero el se quejo y me di cuenta de que lo había lastimado
aun mas de lo que ya estaba.
Mi casa estaba cerca de allí a unas 3 cuadras, lo llevaría y le daría
los primeros auxilios. Si lo llevaba a un hospital. Se haría un escándalo. Lo
medio cargué hasta mi morada. Cuando llegué lo recosté en mi cama. Que
vergüenza, pero no podía recostarlo en mi sofá, por que era muy pequeño e
incomodo dormir allí (lo sabia por propia experiencia). Le di los primeros
auxilios y cure sus heridas. Después tome su celular y llame a su
representante. Le dije que si le podía avisar a sus padres que se quedaría
descansando en mi casa. Pero el me respondió con triste voz, informándome, que
el era su tío y lo cuidaba, por que sus padres había muerto hace 5 años. Yo no
lo sabía.
Lo deje dormido en mi cama. Y fui a la cocina, tome café pensando en lo
que me había dicho el hombre calvo y como el había sido tan idiota tratando de
ser el “salvador”. Me enfade por lo tonto que había sido.
El siguiente día tendría que ir a la escuela y a trabajar, era miércoles, y no podía faltar.
Tenia que ir a dormir… pero como lo haría si el estaba usando mi cama. Tendría
que dormir en el sofá que esta en mi habitación. Tendría que cuidar de el. Por
pura compasión.
Esa fue la primera vez que Mateo Miramar durmiera en la misma
habitación que yo.
Recuerdas ese día Matt, fue emblemático, siempre lo recordabas. Y
siempre me contabas lo que pensaste en aquel instante. Siempre esperaste que te
agradeciera por ello, pero siempre fui demasiado orgullosa y terca como darte
las gracias. Siempre fui muy estúpida. Lo lamento también por eso. Pero, oye
siempre reíamos cuando lo recordábamos. Te divertía el que yo me riera. Y hasta usaste tu patética historia en uno
de tus libros, recuerdas, aquel en el
que la chica les daba una paliza a los malos y el pobre chico quedaba como vil
tortilla en el piso. Fue divertido, en esos momentos revolucionaste, tus libros
y les diste un toque autentico de comedia, que solo nosotros podíamos vivir,
aun cuando leo aquel libro me rió.
Siempre quisiste ser mi príncipe en caballo blanco, pero nunca fue así,
más bien fuiste una carga para mi, pero nunca molesto, porque estoy segura que
yo fui lo mismo para ti, fue como sentirse bien cargando algo pesado, algo que
necesitabas, algo que te daba empujones cuando ya no querías caminar,
ciertamente, tener un novio o una novia en tu caso, es una carga, pero es una
carga, digna de soportar.
Cuando desperté, Miramar estaba frente mío viéndome, como todo un
pervertido. Me puse furiosa de que lo estuviese haciendo.
-¡¡¡QUE HACES ALLÍ PARADO!!! ¡¡¡VOLTEA
LA VISTA ANDA!!!- Y así lo hizo, volteo la cara, y se fue a ver sus cosas.
-Me voy. Perdona la molestia.- Tomo su mochila, y su chaqueta. Y se fue
cojeando.
-Ahhh!!- Me levante abruptamente de mi sillón- ¡No desayunaras, fuiste
herido ayer!- ¿¿¡¡Que le pasaba!!?? Acaso estaba loco. O algo por el estilo, o
es solo que estaba tratando de llamar la atención.
-Desayunare en mi casa, no esta lejos de aquí.- Se puso los zapatos, y
se levanto.- En serio lamento haberte molestado, no debiste de recoger a una
persona tan odiada por ti.- Miro al infinito melancólicamente.
-¡No me jodas! ¡Claro que te odio pero sigo siendo humana así que ve a
desayunar!- Le hice una seña con las manos, para que comprendiera mejor y le
señale el camino hacia el comedor.
-No...- Miro el piso- Yo no lo merezco, y mucho menos por que soy la
persona a la que odias. Nos vemos.
Y se fue así sin más. ¿Qué le sucedía? Hace un año se hubiese
entusiasmado de que siquiera la hubiese invitado a comer. Hombres.
En la semana, me sentí mal por lo que había pasado, y me comencé a inquietar
sobre ello. Y comencé a buscarlo, por que aunque no quisiera tal vez debía de
pedirle perdón por haberle gritado de esa manera. No me encantaba la idea, pero
decidí saltarme las fases de la agonía, para estar directamente en la
aceptación. Así, si le pedía perdón y el me “perdonaba” seria más fácil seguir
con mi vida.
Pero en cuanto el me veía, se iba corriendo. Huía, y eso no me gustaba.
Fueron 4 días completos de estar en el juego del gato y el ratón,
lamentablemente yo era el gato, aunque ser ratón se me daba más.
Comenzaba el invierno, y a helar. Estaba llenando una cubeta de agua en
el patio trasero de la universidad, para limpiar el club de literatura, cuando
lo vi, saliendo por la parte de atrás seguro para no encontrarse conmigo. Gruñí
a lo bajo.
-¡¡MIRAMAR!!- Grite hacia su dirección, pero paso enfrente mío
ignorando mi existencia. Tenia la cubeta llena en las manos.
Mi cuerpo estaba tan lleno de furia y frustración, que por puro
instinto le eché toda la cubeta encima.
-Nunca me vuelvas a ignorar, ¡cretino!-Le dije cuando lo vi empapado. Y
su cabello azabache, estaba repleto de gotitas de agua, sus ojos lapislázuli no
dejaban de verme, de repente se tomo los antebrazos con las manos, y pensé que
se iba a volver hacia a mi a gritarme. Era tan alto, que me dio miedo, pero mis
pies no se movieron del lugar, y en mi mente se dio espacio para pensar dos
veces lo que iba a hacer, y mi orgullo apareció en mi mente, diciéndome que no
fuera cobarde y lo encarara. Y entonces lo note. Miramar estaba temblando del
frío.
Minutos después nos sentamos en el escalón que iba hacia la puerta
trasera del gimnasio. Allí mismo estaba todavía el gran charco de agua, que se
convertía poco a poco en hielo.
-Lo siento- Dije sinceramente. Pero el no me respondió, cuando escuche
detenidamente, oí el sonido de la música a todo volumen proveniente de sus
audífonos, y pensé “este maldito de mierda”. Lo golpeé en el hombro y se
desequilibro volteando el rostro hacia a mi.
Se rió sordamente- Primero me mojas y después me golpeas.- Me miro
divertido, y su expresión hizo a mi sangre hervir.
-¡Ya dije que lo siento!- Lo mire cara a cara, y no aparte la mirada
orgullosa.
-¿A si? No te escuche.- Se metió un dedo en el oído, se quito el
audífono y me sonrió. Sentí como mi paciencia se acabo.
- Vete a la…- Lo pensé dos veces, el esperaba paciente a oír otro de
mis insultos por el que tendría que disculparme.- Siento haberte mojado y
golpeado. Y siento lo de la otra vez.
-¿Que parte de la “otra vez”?- Me dedico una sonrisa chueca, esperando
ver mi rostro contraído de furia. No quería repetir aquella parte.
- ¿De verdad quieres que te repita lo de la otra vez?- Le dije cuando
me pare de mi asiento y puse mis manos en mi cintura, lo mire con una fortaleza
de hierro. No podría conmigo, apostaba a ello.
-No, la verdad es que no- Se envolvió en la toalla de gimnasio que
tenia alrededor suyo, y miro hacia el piso.
-¿Qué es lo que quieres de mi?- Me señale con las manos, frunciendo el
ceño- ¿Qué necesitas? ¡¿Qué puedo hacer para volver a mis días tranquilos?!.-
Moví mis manos haciendo un gesto de “¿Qué?”. Lo mire detenidamente esperando
una reacción. Me decepcione, cuando note que no movía ni siquiera un pelo. Y me
dispuse a irme. Cuando di mi primer paso para tomar la cubeta e irme al club,
el tomo una parte de mi jeans y apretó para evitar que me fuera. Lo volteé a
ver, y relaje los músculos, el aún tenía la mirada baja.
- Solo quiero conocerte, Jade. Déjame ser tu amigo.- Un miedo infinito
vino a mi, como podía el ser mi amigo, si yo bien sabía lo que sentía por mi. Y
aun más cuando el solo ver su rostro me provocaba un odio demasiado grande.
-Por que piensas que puedes ser mí amigo?- Le dije honestamente, a los
ojos, cuando el alzo la mirada, seguro de si mismo.
-Por que te he estado viendo… No tienes amigos, caminas con la mirada
al frente, sin ver hacia tus lados, eres la mejor de tu facultad, y por lo que
me platicaron tus compañeros, eres “la reina del hielo” no es así?- Me miro,
inquiriendo en mi mente, tratando de hacerme caer con la mirada, de meterse en
mi mente con mirada curiosa.
“La reina del hielo” No me importaba lo que digieran, que me importaban
los demás, no necesitaba amigos, estaba bien conmigo misma, no necesitaba que
los demás se preocuparan por mi, no lo necesitaba, así estaba bien.
Y entonces sin previo aviso, las lágrimas comenzaron a caer de mis
ojos, y se me hizo un nudo inmenso en mi garganta. Esa tarde de hospital, en
tonos naranjas, yo solo quería quitarme el titulo de reina del hielo, y hacer
un amigo. Y lo que me fui a encontrar. ¿Por que… soy tan hipócrita con mis
sentimientos? Caí de rodillas y Miramar, me ofreció la mano, viniendo a mi como
el príncipe del caballo blanco. Yo no era la princesa a quien se le tenia que
aceptar, pero en aquel momento me pareció que si, y me acerque a sus brazos, y
llore en su hombro.
-Todos me tienen miedo, por que soy muy sincera. Todos, me temen y yo,
no se como tratar con esto…- Y lloré y lloré aun más. Y Miramar me ofreció sus
brazos todo ese tiempo, acariciando mi cabello tiernamente.
Me volví patética en un solo segundo y eso me destruyo el orgullo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario