Capítulo 9
Me veía a mi misma con Matt en aquel sillón esquinero, junto al
librero, donde Matt me solía leer de vez en cuando, antes de dormir, sostenía
mi cabeza en su hombro, y leí en voz alta un libro suyo, o alguno de los que
gustábamos, me leía hasta quedarme dormida, después a la mañana siguiente
despertaba gracias al olor de los hot cakes o waffle que hacía y que además de
huevos cocidos era lo único que sabía hacer. Pero me encantaba, y gustaba de
acomodarme una camisa suya, para andar con su olor por la casa, me gustaban mis
pantuflas de peluche y que la calefacción estuviese prendida, me gustaba
desayunar con el y mirar por la ventana para ver el jardín lleno de nieve, de
una capa blanca y fría de nieve.
Cuando llego a casa de trabajar, me gusta poner mi bolsa junto a la
caja de notas, que no he abierto en años. Me gusta escuchar las listas de
reproducción que Matt siempre escuchaba y me gusta ver nuestro hogar, aun
brillante, limpio y hermoso como en aquel entonces. Cerrar los ojos y escuchar
tu voz decir “¡Bienvenida!” “¿Qué tal te fue hoy?” y sonreír ante mi nostalgia
por ti.
-… “¡¿Marco, no lo hagas, sabes lo que te pueden hacer?!” Le grito
desesperadamente a su amado. “Se lo que pueden hacer, pero ¡yo no puedo seguir
viviendo así! Esto también es por ti” Marco parecía exageradamente híper-ventilado,
y nervioso ante la situación, no podía controlar su mente y estaba confundido,
entonces en un instante en el que la adrenalina pareció sustituir la sangre en
sus venas. Y antes de tirar del gatillo susurro casi inaudible hacía Carmen “Te
amo” y se escucho el fuerte esta…
-¡¡¡Espera!!! ¡¿No entiendo asesina a su mejor amigo, por ella?! ¡Y
encima ella lo engaño! Pff ¡que estúpido!
-Vamos, Jady ¡cualquiera haría eso! ¡Él la había secuestrado! Para
violarla, yo hubiese hecho lo mismo.- Matt me tenia abrazada por el cuello y me
veía emocionado por la lectura, estábamos a 2 escasas paginas de terminar la
ultima parte de la trilogía más reciente de Miramar, la historia giraba
alrededor de un policía, que estaba enamorado y ella le correspondía, pero
había un montón de cosas que evitaban que estuviesen juntos, llevo 3 libros de
unas 300 o 400 paginas, para que por fin llegara el final, una boda o un
funeral.
-El único problema es que yo no soy guapa como Carmen- Me jacte de la
mujer morena y hermosa.
-Pero lo eres para mí, con eso me basta y me sobra.- Beso mi frente y continúo
con la lectura. Últimamente los libros de Miramar, eran más interesantes, y
mucho más compresibles para mi, aunque no del todo y llegaba al punto de
desesperarme por el final, por eso Matt se ofreció a leer para mi.
-Carmen tenía cerrados los ojos, y poco después escucho risas, si risas
provenientes de Marco y Víctor, reían estridentes la cabeza de la morena se
confundió “Qué esta pasando” Susurro con rostro incrédulo. “Esto es una broma,
cariño” los ojos de Marco se escondían tras las mejillas infladas por la risa
“Como que una broma?!” Carmen se desespero y agito sus manos de la apretada
soga que tenía en las muñecas, para descubrir que el sitio le daba ardor y
dolor y sus hombros exigían un descanso. “Todo esto empezó, por que mi mejor
amigo te daba miedo, ¿no es así? Arreglamos esto para darte a ver que si el de
verdad intentase algo, intentara esto, y que a mi no me importaría ni un comino
matarlo, si era por tu seguridad!” Carmen mostró un rostro incrédulo ante todo
y poco después rió con ellos, “Cariño desátame” le pidió al rubio y entonces el
se acerco aun sonriente para desatarla una vez hecha la acción, sobo sus
muñecas para después con la mano derecha dedicarle una cachetada a su futuro
esposo, Marco se quedo incrédulo, y detrás de el, Víctor rió y dijo: “Te dije
que se enfadaría, nunca le haces caso al buen Víctor”. Carmen abrazo el torso
de su pareja “Eres un idiota” Marco sonrio ante la declaración “Y lo peor de
todo es que te sigo amando”… Fin.
-¡¿Y ese es el famoso final?! ¡Eres un fraude!- Lo golpeé con el cojín
que tenía a la mano
-No quieres escuchar los agradecimientos.- Me impidió levantarme del
sillón.
-Solo si prometes que no son tan terribles como ese final.- El me
sonrio como con un “si, lo prometo”
-Le agradezco al oficial Daniel que me ayudo en mi investigación de
inteligencia policíaca y a mi editor y tío, a mis amigos de la isla que me
dieron tan brillante idea de final.- ¿Brillante?-
A la escritora Mariana Evans por ayudarme con la reacción de Carmen, y
principalmente le agradezco a mi hermosa novia Jade, que me apoyo durante todo
el proceso de escritura.- El rubor se me subió a la cabeza.
-Idiota- Lo golpeé con el cojín.
-¡Dilo! ¡Di que aunque sea un idiota me amas!- Sonrió enorme
-No, ¡imbécil!- Lo volví a golpear y me levante
-Jade.- Me llamo tranquilo y gire mis ojos hasta el.- Quiero chocolate
caliente.- Gire mi rostro hasta que su mirada choco con la mía, y le sonreí
débilmente, dirigiéndome a la cocina.
A él no le gusta lo dulce, pero le gusta mi chocolate.
A la mañana siguiente me desperté y me abrigue antes de salir a la fría
calle, y recoger el correo de los Domingos, entre el recibíamos, revistas
literarias, cartas, y de vez en cuando paquetes de parte de los admiradores de
Matt. Antes de tocar el frío metal del buzón, me puse un guante de cuero, y
abrí la pequeña puerta, había una pequeña caja, que definitivamente no era para
Matt, la tome, junto a las dos revistas, y a los 4 o 5 sobres. Camine sobre la
nieve, con mis botas de hule.
Deje los sobres en la mesita del recibidor y me dirigí a la cocina
donde estaría Matt, viendo por la ventana como siempre, con la laptop en la
mesa, una taza de café en su mano, y la mirada perdida en los mundos que
imaginaba, me miro con vista periférica, y al momento en que puse la caja
envuelta en papel café y seco, me volteo a ver, y regreso la mirada a la
ventana.
-¿Un paquete?- Dijo aun perdido
-Si, pero para mi. No dice quien lo envía.- Declare aun incrédula de
que la etiqueta digiera Miramar, Jade.- La gente suele confundir mi nombre,
solo por que vivo aquí.
-Me gusta como se escucha.- Bebió un sorbo de café, y luego dejo la
taza sobre la mesa, para escribir con largos y ágiles dedos.
-¿En serio?... Técnicamente aun no estamos casados.- Por un momento
sentí ruborizar mis mejillas, a Matt no le gustaban los planes a futuro.
-Deberías revisar tu calendario de vez en cuando.- Lo mire extrañada de
lo que decía, el volteo los ojos un rato, para después volver a su tecleo. ¿Mi calendario?
Abrí el papel con cuidado, para no cortar mi piel, y observe que debajo
del papel seco y café, estaba un colorido color verde, del color verde de mis
ojos, escudriñe de donde se habría el verde, y justo al encontrar la entrada,
vi la tarjeta, una tarjeta blanca y pequeña que tenia escrito en letra cursiva,
delgada e inclinada la frase “para Jade” mire a Matt, con ojos confundidos, y
el se sonrojo de solo una mejilla, aun sin apartar los ojos de la pantalla.
La caja contenía otra caja pero de terciopelo, larga y delgada, antes
de abrirla volví mis ojos a mi novio, se veía estresado y un poco avergonzado,
lo que me pareció tierno, la caja abría por un seguro automático el cual
apreté. Dentro de la aterciopelada caja color negro se encontraba una piedrita
verde, con una orilla color dorado, en forma de gota, se me iluminaron los ojos
al ver tan hermosa que era, y de repente me ardieron.
Cuando volví mi vista al lugar de Matt advertí que no estaba allí, lo
sentí poner una mano sobre mi cabeza, desacomodando mis castaños cabellos.
-Hoy son 8 años desde que te conocí por primera vez.- Lo mire
conmovida, y luego a la pequeña esmeralda que alce para ver de cerca, cerré los
ojos sin creer lo feliz que era. Matt me quito la joya de mis manos, y la
coloco alrededor de mi cuello, la abrocho y beso mi nuca. Para después susurrar
un “Gracias” tiernamente. Tape mi rostro con mis manos, y me vi en la penosa
situación de llorar de felicidad.
-Dime que nunca me vas a dejar.- Susurre.
-¿Por qué tendría que dejarte? - Acaricio mi mejilla suavemente, casi
rozando mi piel, como si me fuera a romper. Suspire.
-Solo… no lo hagas.- Voltee mi rostro para no tener que verlo a los
ojos, y verme reducida nuevamente.
-Me haces feliz.- Dijo, y tomo la piedra colgante de mi cuello.- ¿Te ha
gustado tu regalo? - Pregunto con la vista centrada en la esmeralda. Me acomode
en la almohada de Matt, la que olía a su shampoo.
-Me encanto. Gracias.- Dije sin siquiera voltear mi rostro a el. El
teléfono sonó, Matt estiro su largo brazo, para alcanzarlo, tomarlo y acercarlo
a su oído.
-Diga.- Dijo serio con voz masculina.- Kale, ¿que hay hermano?...-
Después escucho atento, y sonrio tibiamente.- Me has ganado. Si es sábado,
entonces estaremos allí. Claro, nos vemos adiós.- Lo próximo fue el sonido del
botón de colgar. Matt me miro entusiasmado con el teléfono en mano.- ¿Vamos a
la playa? - Lo mire incrédula durante un segundo.
-¿En esta época del año? - Pregunte con el ceño fruncido.- ¿Qué te ha
dicho Kale?- Concluí
-Que se van a casar.- Dijo al tiempo en que se estiraba para dejar el
teléfono en su lugar. Por un momento me sentí ruborizar.
-Bien por ellos.- Nos sonreímos mutuamente, y me calle el comentario
sobre la frase que había dicho Matt “Me has ganado”.
-Matt, a comer.- Grite a lo alto de la escalera, para que en la
habitación, él escuchara. Espere su respuesta unos segundos, pero no la escuche,
así que subí, pero no estaba allí, y me dirigí al estudio. Lo vi desde la
puerta, tumbado en el escritorio, con la laptop frente a el, y la música a todo
en los audífonos que tenia en los oídos. Llegué por detrás, y puse mi mano en
sus oscuros y suaves cabellos, los frote, como el los hace con los míos, le
quite uno de los audífonos, y lo abrace por el pecho, recargando mi barbilla en
su hombro.- Hora de comer.
-Iré en unos minutos.- Traducción: “Iré en cuanto pueda” Bese su mejilla,
y el abrazo mis manos.- Bien… vamos.- Me respondió dolido de tener que dejar su
inspiración para otro momento.
Se sentó en su lugar de siempre y me vio servir un plato de sopa
caliente, y un vaso de agua de naranja, se los puse frente a él y me serví, me
senté frente a él, se asombró por el plato frente a él y comió como si nunca
hubiese probado la sopa de fideo con pollo. Sonreí suavemente, no sabía cuántas
veces en mi vida, había pensado, que él en realidad parece un niño, hizo
contacto visual conmigo.
- Cariño, sé que me amas, pero si me miras así, no sé si aguantaré no
llevarte a la cama.- Soltó una de sus sonrisas despreocupadas y brillo el
lapislázuli de sus ojos como si fueran negros.
- Sucio.- Me volví a mi sopa, comencé a comérmela, pero sin romper el
contacto de mi mirada furiosa, con la divertida suya. Siempre me volverá loca,
con sus ojos clavados en mí, adivinando lo que siento y pienso.
Después de comer, lave ropa y él la doblo. Para cuando cayó la tarde
una tormenta de nieve afectó la electricidad, y solo nos permitió hacer cosas a
la luz de velas. Nos dignamos a sentarnos en el sofá con las piernas cubiertas
por un cobertor de lana, y con las laptop’s para trabajar, él en su libro, yo
en cosas de la empresa, esperamos horas a que la luz regresara, pero no lo hizo
y las velas se iban consumiendo. Un hombre de la compañía de luz llego tocando
las puertas y diciendo que la luz no regresaría hasta mañana, porque los
fuertes vientos habían tirado un poste de la luz.
Y entonces sucedió, la calefacción se comenzó a enfriar, y fue el
momento en el que lamente no tener una chimenea en casa, mi cuerpo comenzó a
temblar poco a poco y mi nariz y mejillas a ponerse rojas, Matt rio al verme y
soltó una de sus chuecas sonrisas.
- ¿Frío?- Reímos, cerré la laptop, la deje en la mesa de centro y me
acerque a él, subí mis pies al sofá y los puse junto a sus muslos, me paso un
brazo sobre mis hombros y froto mi hombro calentándome con la fuerza de la
fricción, mientras mis manos las frotaba entre ellas y el colocaba su nariz en
mi frente, su respiración cálida rozaba mi cara, el cuerpo de Matt siempre
había sido de temperatura alta. Besó mi frente y nos quedamos allí en silencio
mientras escuchábamos la nieve golpear las ventanas.
No recuerdo cuando Matt me llevo a la cama y me recostó allí cubierta
por 4 cobertores, abrazada a su cuerpo y sin una pizca de frío en mi cuerpo,
miré hacia arriba donde su rostro estaba dormido totalmente, con los parpados
cubriendo sus hermosos ojos, y los labios entre abiertos, sentí algo que jaló
la piel de mi cuello, y admiré la esmeralda tan brillante y limpia, ojala
Miramar no me hubiese regalado algo que me recordara mis ojos, si no, a los
suyos, los ojos que tanto me encantan ver y apreciar.
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