domingo, 2 de marzo de 2014

Justicia: Capítulo 7

CAPITULO 7.

*Conversación en ingles*

-¿Cómo sigue tu mejilla?- Preguntó el jefe amablemente.
-Ya mejor. Al menos duele menos que un tiro.- Miranda rió.
-¿Y tu equipo? - La miró a los ojos.
- Alphonse dice que estarán bien en unos días. Aunque yo los veo mejor que nunca.- rio.
-¿Ya has hablado con Ted? - Miranda borró su sonrisa de la cara.
-Por ahora no quiere hablar con nadie. La mayor parte del equipo lo trata mal porque fue su culpa de que la misión se complicara.- Miranda bajo la mirada.
-¿Y tú qué piensas? - Francesco recargo los codos sobre la mesa y se inclino interesado por la respuesta de Miranda.
-Que cualquier error de mi equipo, es culpa mía.- Talvez debí de haberle dicho que se quedara en el helicóptero y que Luke fuera con nosotros.- Agitó su cabeza queriendo despejar sus ideas sin ningún logró.
-Ted es un tanto infantil. Como líder deberías de hablar con él sobre su comportamiento. No estarte con sentimentalismos innecesarios.- Francesco se levantó y miró por la ventana, ¿Por qué habré pensado que estaba siendo amable? - Su siguiente trabajo es en tres días. Te sugiero te encargues de unir a tu equipo para ese día.- Miranda observo el fólder beige sobre el escritorio, y lo tomó de mala gana. Observo la espalda de Francesco y se dirigió a la puerta yéndose muy dignamente. Francesco, se alegró de otra vez verla tan llena de ese orgullo que la hacia se quien era.

* *  *  *  *

Miranda se detuvo en seco frente a la habitación de Ted, se preguntaba cual sería la mejor forma de hablar con él, debería de imponerse como líder o ser su amiga, ¿Cuál de ellas, no tomaría como ofensa?

-¿Te quedaras más tiempo parada allí, o hablaras conmigo?.- La voz de Ted atravesó la puerta y llego a los oídos de  Miranda, ella abrió la puerta. Ted estaba sentado en su cama viendo hacia la ventana.
-Lo siento, no es mi intención molestarte.- Miranda puso sus manos detrás de ella, y camino hasta estar a su lado.- ¿Qué tal tus heridas?
- Han pasado dos semanas, es obvio, que ya estoy mejor.- No la miró, Ted tenía la cabeza gacha.
- ¿Bueno que tal tu orgullo? ¿Aún está herido?.  Miranda sabia que preguntar en momentos como ese.
- Un poco. Arruiné la misión, me ordenaste que me calmara, pero no te hice caso, me ordenaste que me quedara con Nikolay y Kouchi y fui tras de ustedes, por que creí que yo debía de estar allí, y por mi culpa ellos quedaron lastimados gravemente, si no me hubiese ido, hubiésemos terminado con los que estaban afuera, y el hombre ese no me hubiese dado una golpiza, los hubiésemos emboscado por atrás, y la misión hubiese sido un éxito, pero lo arruine.- Ted sonaba honesto y débil por primera vez en todo el tiempo que Miranda lo había conocido. Ella se sentó en frente de él, cruzando las piernas, y sosteniendo su cuerpo con sus brazos en el piso, lo miró al rostro.
-Usas mucho las variaciones de hubiera.- Miranda notó que Ted alzaba la mirada poco a poco, y lo miró a los ojos.- Usas mucho algo que no existe. Las cosas pasaron de una u otra manera, lo importante es que todos estamos vivos, y el niño salió ileso, eso es todo lo que importa. ¿Por qué no te disculpas con el equipo? Y te tratas de llevar bien con ellos, a pesar de tus problemas con la autoridad, y el compañerismo. Me encantaría no ser solo su líder, si no también tu amiga. ¿No te gustaría eso? - Miranda usaba una voz dulce y cordial, sus oscuros ojos convencían a Ted un poco más cada segundo.

- ¿Creen que Mira venga? - Nikolay preguntaba mientras jugaba poker en la habitación de Miranda.
-Yo creo que tiene que volver en algún momento a su cuarto… A menos que haya conseguido con quien tener sexo esta noche.- Maya soltaba una maliciosa sonrisa
-¡Estoy presente! - Con su plana voz un poco alzada de tono Ferdinand reclamaba.- Dos.- Mientras cambiaba dos de sus cartas. Teo, estaba recostado en el sofá detrás de él.- ¿Por qué no juega también usted? Señor segundo al mando.- Pregunto monótono.
-Porque son una bola de tramposos, en especial tu, mocoso.- Golpeo ligeramente la nuca de Ferdinand.
-¿Qué hay de ti Kouchi? No juegas.- Maya pregunto mientras ponía una carta en la mesa.- Una.
-No soy bueno en los juegos de cartas.- Contesto amablemente.
-¡Vamos Luke, deja de leer y ven a jugar! - Reclamo fuertemente Nikolay.
-Apostar, no esta en mis principios.- Dice mientras bebe una taza de té. Era increíble como todos cabían en la pequeña salita de la habitación de Miranda.
-¡Ya llegué!.- Anunció Miranda, con Ted detrás de ella.- Y traje al señor “no salgo de mi habitación”.- Miranda sonrio, pero todos pusieron caras largas cuando lo vieron entrar, el aire se espeso.- Tiene algo que decirles.- Empujo hacia delante a Ted.
-Ahh yyooo…-Balbuceo.- Siento haber arruinado la misión…-Ted sentía la abrumante amargura de el desprecio sobre él.- De ahora en adelante tratare de ser un equipo con ustedes.- Bajo la mirada apenado.
-¿Juegas .- Pregunto Maya
-¿Qué? - Dijo incrédulo Ted
- Que si juegas, poker. Vamos ven a jugar un rato con nosotros.- Dijo con una sonrisa en la cara.- ¡Tú también, Mira!
-No… les ganaría a todos.- Mientras Ted se sentaba a lado de Maya, todos rieron ante la declaración de Miranda. Y ella se sintió tranquila por primera vez desde hacia semanas. ¿De qué se tratara el nuevo trabajo?

* *  *  *  *

-Doctor… ¿Podría hablar un momento con usted?- Miranda se acercó lentamente al hombre frente a la chimenea, estaba tomando un café de fuerte olor y leyendo lo que parecía un periódico.
-Mira, claro.- Bajo el periódico y la miró con curiosidad.- ¿Qué sucede?
-Usted creerá que mi equipo está listo para ir a otra misión.
-Así que el jefe opto por enviarlos.- Dijo dando la vista al ardiente y carmesí fuego de la chimenea.
-¿Cómo dice?- Miranda sintió un estrujo lleno de curiosidad y cierto enojo. Aún no podía creer que aquel hombre le hubiese hablado de esa manera en la mañana.
-El jefe me preguntó lo mismo anoche, dijo que si ya estaban en condiciones, entonces los enviaría a un pedido. Aunque él se vea algo rígido de verdad que se preocupa por nosotros.- Miranda lo miró con gran incredulidad.- Tu equipo estará bien, tienen una gran líder.-Le sonrió dulcemente y Miranda trato de alargar sus labios para no parecer grosera.

Se despidió con una reverencia y se fue del recibidor ese maldito jefe, siempre con sus máscaras Miranda llego a la puerta de la oficina del jefe, donde se paró recta y tensa antes de tocar la puerta, trago saliva y sintió como su tráquea se expandía ante la acción, ¿qué es lo que iba a decir o hacer? Le reclamaría sobre algo que supuestamente no sabía, ¿qué responsabilidades tendría que cargar si entrase y abriese la boca como si nada?, bajo la mano, así como la mirada y se recordó a sí misma no hacer estupideces. Al final no tocó la puerta.

* *  *  *  *

En el interior del gimnasio, se escuchaba un ronco sonido, un golpe tras golpe, como si alguien de 80 kilos se callera una y otra vez, sin descansar sobre el piso, o si alguien botase un balón con demasiada fuerza, Teo se sentía constipado por la curiosidad, ¿Quién o qué producía tal ruido? Nunca creyó que alguien además de él, usara los sacos de arena, cuando se asomó para comprobar que tal vez era uno de los de la guardia personal del jefe, se dio cuenta de la pequeña y delgada silueta que se situaba delante de uno de los sacos, la líder de su escuadrón tenía las manos acogidas por una gruesa capas de vendajes que se coloreaban en un tono carmesí, daba patadas, y golpes, su frente estaba llena de sudor y su ligero y negro cabello lucia como recién lavado, soltó una risa inevitable al verla.

*Conversación en castellano*

- Mira… ¿qué haces aquí tan temprano?- Teo observo a su agotada líder, mirar hacia él, con ojos llenos de convicción, como si mientras estuviese golpeando el saco hubiese tomado una decisión, el rio a lo bajo.- ¿Algo de entrenamiento matutino?- Parecía divertirse viéndola de esa manera. Le aventó una de las botellas de bebida energéticas que llevaba en los brazos, ella la tomó habilidosa.
-¿Matutina?- Por un momento pareció olvidarse del mundo. Miro hacia la pared de su derecha y observo el reloj colgando en ella, eran las 5 de la mañana.- Pero… ¿Qué tan loca estoy?- Él la miró atento.- Eh estado aquí desde la una de la madrugada.- Rio nerviosa, como si alguien la fuera a regañar por ello.
- ¿No se dio cuenta del tiempo?- Él la miró divertido y confundido a la vez con ojos compasivos. Pero ella le regreso una mirada furiosa.
-Lo vuelves a hacer… A veces me hablas de tú y a veces de usted. ¿Podrías decidirte?- Miranda lo miró suplicante y autoritaria, como si fuese una orden.
-Bueno, es que no sé cómo tratarte.- Soltó una risa algo nerviosa, se puso la mano en la cara y miró al piso. Se agitó y de improviso se puso nervioso ¿qué pasa? Se preguntó a sí mismo, como si una vocecita en su cabeza le fuera a contestar.
-Puedes hablarme de tú. Los dos somos mexicanos, así que creo que somos “hermanos”.- Dijo con una sonrisa divertida y penosa en la cara.- ¿Vienes todas las mañanas?- Miranda lo miró curiosa, parecía que iba a practicar con el saco, pero no parecía listo para ello, a pesar de tener una gran masa muscular, no parecía que fuese diseñada para el boxeo.
-Es lo único que hay, que no sean maquinas, opte por intentar algo nuevo, y estoy enseñándome a mí mismo.- Sonrió, nuevamente nervioso, sentía que decía estupidez y media. Ella dio una media sonrisa.
-¿Quieres que te enseñe?- Teo levantó la mirada y la cabeza.- Aprendí artes marciales mixtas, pero primero las practique por separado, Esgrima, Kendo, Box, Taekwondo, Jujitsu y un sinfín de cosas.- Volteo la cabeza hacia el saco, y sonrió lentamente mientras estiraba la mano sobre la gruesa y áspera tela, parecía en extremo nostálgica.
- ¿Por qué aprendiste tanto?- Él la miro con clara preocupación.
- “¿Por qué?”… preguntas…- Ella alzo apenas un poco la cabeza mientras cerraba el puño encima de la tela.- Probablemente porque tenía miedo a que alguien me hiciera daño, si sabía cómo defenderme, entonces no habría problema.- Por un momento Teo creyó que vería a aquella chica que la mayoría ve como chico, por su duro carácter, llorar, pero no lo hizo solo soltó un fuerte y largo golpe que tiro el saco de su sostén, y desplazó un largo y fuerte sonido a través de la pequeña sala de box, ella atrajo su puño cerca de su pecho y lo miró, abriéndolo y luego cerrándolo intensamente, sonrió victoriosa.- ¿Te enseño?- La miró con un rostro de asombro más evidente de lo normal, con la boca abierta y los ojos hechos platos, parecía realmente impresionado con la fuerza de Miranda, se puso un recordatorio en mente “nunca molestar a Miranda”, la miró a los ojos, trago saliva y movió la cabeza de arriba para abajo.

* *  *  *  *
*Conversación en Italiano*

- ¿Escolta de un gran empresario?- Marie, parecía asombrada de lo que su jefe le proponía.
- Si no pueden o quieren hacerlo, solo díganlo. No pasara nada.- Sonrió.
- Lo sé Fran, solo que es raro que nos pidas algo como eso.- Estaba sentada, pero ya no de la manera relajada en la que estaba antes, si no estresada y lista para brincar.
- Además el otro equipo está a punto de salir a otra misión, no podemos simplemente irnos y dejarte aquí, solo y con todas esas familias tras nosotros, en este momento.- Stephan parecía ser el más tranquilo, pero también el más sorprendido.
- Normalmente cuidarte seria deber de Tamara.- Dijo Ángelo con rostro sublime
- O Al, siendo así no podemos dejarte aquí solo, aunque signifique negar una de sus órdenes sexto.- Álvaro continuo la oración de su gemelo, como si hubiesen estado coordinados para hacerlo así. La atmosfera de la habitación se puso pesada, por la nostalgia y el hueco causado por la ausencia de dos de sus compañeros. Francesco entrecerró los ojos, mirando a su guardia privada durante unos segundos, preguntándose si sería bueno, dividir a los dos grupos, algunos que se quedaran y los otros fueran a las misiones, pero esa mirada de ellos, de sus amigos, diciéndolo a gritos que no lo dejarían solo, sonrió un poco a la situación y se volteó a la ventana antes de que alguien lo viera hacerlo, puso sus manos atrás, y miró el patio.

- Como ustedes gusten.- Dijo aliviado, y un poco más tranquilo que antes.- Le diré al cliente, que busque otra opción.
- Fran, es la primera vez que estamos todos, después de que llegó la líder del escuadrón de Justicia, la chica tiene mucho tras ella, pareciese que carga mucho desde hace tiempo.- Marie parecía preocupada, de la seguridad de su jefe y de la de Miranda.- ¿Estás seguro que su pasado no le impedirá hacer las cosas?
- Ella ha pasado por más que todos nosotros. Además, su definición de Justicia encaja con la mía, sobre todo… está bien entrenada.- Sonrió nuevamente, esta vez sus mejillas se contrajeron un poco formando pequeños hoyuelos en los extremos.
- Jefe, usted… ¿qué tipo de sentimientos tiene por la chica?- Lo escucho con claridad, y supo que Ángelo, lo preguntaba en el sentido romántico.
- No seas idiota, es obvio que el jefe solo se preocupa por ella, como lo hace por nosotros, después de todo la conoció hace un mes.- Por un momento un flash de recuerdos invadieron la mente de Francesco, cuando Tamara le contaba sus aventuras con una niña terca e inteligente, cuando la vio en una foto por primera vez, cuando vio su historial, si esa noche en la que él estaba leyendo las tantas hojas de la historia de Miranda Santiago, esa noche en la que lloró, en la que deseo haberla protegido ¿qué es lo que se había roto esa noche? Y ¿por qué? ¿Qué era lo que había sentido cuando la vio en Venecia?
- Fran.- La voz de su amigo se abrió paso entre sus pensamientos y lo hizo retornar a la vida en realidad.- ¿Qué pasa? ¿Estás bien?- Miró el rostro de su amigo sintió una preocupación extrema.
- Estoy bien, solo que estas desveladas me mataran pronto.- Rio simpático para no alertar a sus amigos en la habitación.
- Bueno, para empezar lo harán más viejo, jefe.- Todos rieron, menos Marco que siguió atento.

De las sombras en el jardín, hacia donde miraba el jefe, encontró a Miranda caminando haciéndose bromas junto a Teo, y por primera vez los que se acercaron a la ventana como Marie, Marco y el jefe, observaron la brillante sonrisa de la líder del escuadrón de justicia.

Francesco sintió un retortijón entre su pecho y su estómago y su corazón,  la garganta se le hizo nudos, por el rabillo del ojo alcanzo a ver a su amigo Marco, sonrojado hasta el cuello, tanto que creyó ver sus lentes empañados. Francesco miro hacia abajo, mientras ellos iban desapareciendo constante iban hacia adentro de la enorme mansión.

- Parece que se llevan bien ¿no?- Marie sonreía un poco, mientras veía a Stephan por un lado y él le regresaba la mirada con una sonrisa, se atrajo el cabello detrás de una de sus orejas, bajando la mirada.
- Ojala no se lleven demasiado bien. No quiero que sus sentimientos arruinen las misiones.- Francesco lo dijo, pero no pudo evitar no sonar sincero. Ángelo cedió ante la presión que ejercía el jefe en cuanto a querer estar solo.
- Creo que es hora de desayunar, les prepararemos algo.- Dijo, mientras veía, con presión a su hermano.
- ¿Desea algo en especial, jefe?- Se vieron el uno al otro y luego vieron de improviso a su jefe volteando su cuerpo y vista hacia la habitación, por un momento sus subordinados parecieron ver el rostro triste de su jefe, pero al instante regreso la cara firme y decidida de él.
- Waffles con fruta.- Pidió con algo de felicidad en el rostro, por instantes se le quedaron viendo con algo de preocupación.
- Waffles… A la orden jefe.- Álvaro y Ángelo contestaron al unisonó, todos salieron de la oficina, como si la última frase hubiese sido la señal la señal de salida. Se quedó Marco, y veía mientras su amigo se sentaba en la gran silla detrás del escritorio.
- Podrías dejar de ser jefe si tú lo quisieras.- Volteo su cuerpo hacia su amigo y lo vio con preocupación.
- ¿Y quién se hará cargo de la familia? Recuerda, ahora soy el único descendiente de la familia Giglio.- Miro la foto con rostro melancólico.
- Podrías escoger a Stephan, o Marie.- Dijo mientras pensaba rápidamente que decir.
- Ellos están enamorados, no les podría hacer eso. No podría. Por eso me encargue yo de la familia, porque mi hermano menor estaba totalmente enamorado.- Sonrió, con honestidad.
- No puedes privarte de las cosas, solo por esto.
- Y ¿tú? Vi tu rostro viéndola, no me dirás que no quieres algo con ella.- Le dijo con una furia instantánea en la voz.
- No, yo no tengo oportunidad, me gusta como persona, no puedo pedir más que su amistad. En cambio amigo, deberías de saber que ella es lo suficientemente fuerte, como para no correr peligro en ello.- Dijo claro y conciso mientras le tocaba el hombro en señal de apoyo.- Que nada te impida ser feliz Fran.- Con esta última frase. Y dejo la habitación.
- Pero si hago eso, te impediré ser feliz, Marco.- Susurro sin esperar ser escuchado y puso sus manos recargadas en el escritorio y su barbilla recargada en ellas. Lo que ella era para él, un gusto, un enamoramiento, o simplemente un capricho indeseable ¿qué mierdas está pasándome? Condujo su cuerpo hacia atrás apoyándolo en el respaldo y desparramándose en la silla, poniendo sus manos sus ojos, esperando al llamado por el desayuno.

* *  *  *  *
 *Conversación en ingles*

- ¿De qué trata?- Maya estaba recostada en el sofá de una de las muchas salas de estancia de la mansión, jugaba su rifle.
- Hace un mes, un grupo de científicos que trabajan para una compañía en pro- del polo norte, viajaban en un barco cerca de la zona de icebergs, unos “piratas” se subieron a él, noquearon a todos en el barco y lo estrellaron, dejándolo a la deriva, después los aventaron en un lugar cerca de la costa al otro lado de donde estaban…- Miranda leía los papeles en el folder beige.
- Y quieren que los rescatemos.- Afirmo contento Ted, como si le hubiesen dicho que eso iba a incluir golpes y disparos.
- No, es algo más como una misión de bajo nivel. Lo único que tenemos que hacer, es ir al barco y recuperar la investigación de los científicos.- Dijo pasando la vista del folder a su equipo, la miraban aparentemente aburridos.
- ¿Estás de acuerdo en que es algo aburrido ir solo por las hojitas de datos de unos científicos?- Ted era el más desinteresado de todos ellos.- Podría hacerlo con una mano y un pie atados a la espalda.- Sonrió formidable.
- Creo que el jefe nos envía a nosotros porque es algo que solo nosotros podemos hacer.- Miranda miró al infinito, y luego dirigió su mirada a su equipo disperso en la habitación.- Si no fuese así, hubiese enviado a Stephan.- Los vio decidida a ir a la misión, ellos le regresaron la mirada confiando en su decisión.
- Usted es la líder.- Kouchi, no hablaba muy seguido pero lo hacía cuando era necesario. Miranda sonrió, y dirigió su mirada al fuego carmesí de la chimenea.
- Vayan a dormir, mañana hay que partir temprano.- Se levantó de un golpe y camino hacia la salida.
- Mira, debes de ir con Alphonse para que cure tus puños.- Teo parecía preocupado.
- Estaré bien.- Sonrió débil y se fugó hacia su habitación. Si era verdad, si el jefe los había enviado a ellos, era por algo. Entro a su habitación, y encendió la luz, cuando vio la ventana de la terraza abierta, se tensó y se alargó hacia la mesa de noche, de donde saco una pistola, miró la habitación con ojos analíticos.
- Saludos de la familia Caprittio*.- Dijo una voz detrás de ella, y sujeto la soga que la estrangulaba por el cuello, sentía como su respiración se cortaba, y los pulmones luchaban por oxígeno, Miranda abrió la boca con la esperanza de tomar algo de aire pero era inútil, sentía como la sangre se le iba a la cabeza, el arma había caído al suelo voy a morir, voy a morir… se desesperaba un poco más, cada segundo, no quería morir, no así y no cuando ya había conseguido un lugar seguro, agitaba los pies, sin saber qué hacer, golpearlo, pero ¿con qué? la cabeza se fijó en que su cabeza daba a la altura de la barbilla del hombre, mientras sus pies se jaloneaban de un lado a otro y sus pulmones estaban a punto de rendirse, puso sus últimas fuerzas en un movimiento de cabeza el más fuerte que pudo lograr, y al parecer era lo suficientemente fuerte como para hacer que el hombre aflojara la cuerda, y Miranda metiera sus dedos entre la soga y su piel, la jalo, y tomo las manos del hombre, enterrándole las uñas, y se inclinó hacia adelante haciéndolo caer bruscamente al suelo, Miranda se arrodillo junto a la pistola, y el hombre levanto su arma, apunto contra ella aún de rodillas, se miraron a los ojos, Miranda tenía los ojos tan duros como el acero, y hacían dudar al hombre, dejo el arma en el suelo otra vez.

-Levántate*.- El hombre quebró su voz, mientras se levantaba dos segundos antes de que lo hiciera Miranda. Ella levanto los brazos, y miró al suelo, comenzó a reír a lo bajo.
-¿Cómo le ha quedado la nariz a tu jefe?- Pregunto, retadora, alzando la mirada y hundiéndolo en la profundidad de sus ojos. Volvió a reír, el hombre la miro con furia extrema. En el momento en el que el hombre sonrió y tiro del gatillo, el sonido de un balazo se distribuyó por la habitación, Miranda se inclinó, tomo el arma, se acercó automáticamente al hombre, y le dio un gancho derecho en el hígado, y un golpe con la culata del arma en la cara, lo noqueo y cayó al suelo en un par de segundos. Miranda agitó su mano izquierda, para que el dolor se fuera, cinco segundos después llego Teo, abriendo la puerta desesperado con cara de susto y detrás de él llego el resto del equipo, agitados y preocupados, Maya se acercó a Miranda y la abrazo con extenso cariño y alivio, ella sonrió tranquilizadora.

- Mira ¿estás bien? ¿Qué pasó?- El jefe había llegado agitado.
- Si, solo un mal asesino de los Caprittio.- Sonrió relajada ante el hombre caído.- Todo está bien.



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