Capítulo 5:
Ganas
Troto hasta poco después de que la
noche entrara, me siento en mi banca favorita frente al mirador, veo el último
vestigio de luz en el horizonte. Tal vez haya sido mala idea después de todo,
los síntomas post-sexo me agotan fácilmente y cuando apoyo los codos en las
rodillas, no las siento.
Después de haberle propuesto
semejante barbaridad a Esteban, me sorprendí por lo mucho que se había
entregado, en cuerpo y alma a mí, como si me concediera todo permiso sobre su
vida, sobre su cuerpo, su corazón… y todo él. Debo de aceptar que me fascina la
idea, al mismo tiempo, no puedo aceptar prometer lo mismo.
Creí que lo haría porque Esteban es
perfecto, y aunque ahora solo quedan confirmaciones de su perfección, no puedo
evitar ponerme topes.
Paso mis manos por mi rostro, no está
sudado ni algo así, pero mis manos nerviosas parecen húmedas y me delatan
temblando casi imperceptiblemente. Cuando terminan en mi cara bajan, y coloco
la derecha bajo mi mejilla, y la otra la observo fijamente, allí está el anillo
brilla inmaculadamente, incluso se puede sentir su peso.
Sangre con sangre.
De manera decepcionada, regreso a casa caminando, es algo largo el trayecto,
pero espero pueda mejorar mi cara antes de ver a todos en el desayuno. Leo se
ha ido, como le propuse, eso hace que la transición sea mucho más cómoda para mí,
y para todos, pero una parte importante de mí se ha ido con él, y claro una
sangre deliciosa, que me mantenía satisfecha, pero creo que tal vez eso me
ayude a quitarme el vicio por su sangre.
El bullicio del desayuno es calmado,
se escucha solo una conversación en la mesa, Mao la segunda hija de Lili y Air,
es una chica adorable que me tiene mucho cariño por no decir admiración, y es
simpática, por tener facilidad al hablar. Cuando dice chistes todos reímos. Mi
lugar al frente de la mesa con Kael al otro lado, es muy bueno para escuchar la
conversación, esta familia no es mía, no contienen mi sangre o algo así, pero
ellos me adoptaron y con el tiempo los he ido aceptando, así que puedo decir
que soy parte de esta familia.
Después de desayunar me dirijo a mi
cuarto con la intención de bañarme, pero cuando llego, Esteban está detrás de
mí, lo único que nos separa es un umbral.
- ¿A dónde fuiste después de tan
maravilloso día? – Me pregunta poniendo su mano debajo del lóbulo de mi oreja.
Siento cosquillas.
- A correr un rato, últimamente
siento que lo necesito.- Admito, se que no tiene nada de productivo mentirle
respecto a ello. Pongo mi mano sobre la suya.
- Tú no necesitas nada de eso. Eres
perfecta.- Alimenta mi ego, y pone sus labios a unos centímetros de mí. Me
sorprende que aún no haga declaración alguna, después de la que yo le dí.
Cierro los ojos y dejo que su olor dulce me invada los pulmones, mientras me
besa lleva sus manos a mi cintura, me alza sobre el suelo, y enredo mis piernas
en su cadera. Mis manos revolotean en su cabello.
Su cabello es más oscuro que el mío,
y sus intensos ojos azules me petrifican en el instante, son un azul tan claro
que juraría parecen de plata fundida. Me tiene contra el muro, cuando cierra la
puerta y reacciono.
- Tengo asuntos en el cuartel.- Le
digo pero no deja de besarme.- Tengo que irme.- Me desenredo de él, con
constantes quejidos de parte suya.
Cuando tengo los pies en la tierra,
le doy un beso en la comisura de los labios, y me obligo a ir al baño. Me doy
cuenta, que mi cuerpo ya estaba listo, pero yo… si yo, lo hubiese querido… pero
no lo quise.
Cuando llego al cuartel, veo como
Wendy pavonea sus rizos naranjas frente
a Alexandro, toca uno de sus mechones una y otra vez, y alza los azules ojos
luciendo unas pestañas largas y contorneadas, Alexandro parece estarle
comentando algo. Doy vuelta en U en dirección a las escaleras y estoy a punto
de subir el primero cuando alguien me grita por mi espalda.
Giro en seco, su voz diciendo mi
nombre hace que sienta mi corazón en mi pecho, ¿hace cuanto no lo sentía allí?
- El líder me pidió que les avisará:
No podrán llegar están atendiendo un asunto en Rawlem. Hoy no hay
entrenamiento.- Me dice lo último mirándome a los ojos, siento que algo
caliente crece dentro de mi, nace en mi pecho y se riega a todas partes.
- Esta bien, gracias.- De todos modos tengo papeleo. Me dirijo
al armario de escobas al que se le puede decir oficina.
- Sophie… - Me llama nuevamente y me
quedo quieta. Le presto atención, mi mente imagina que me diga cosas, cosas
como las que Esteban me dice.- Cuidate, y felicidades por tu compromiso.- Su
tersa voz no tiembla, pero sus parpados caen en picada.
- Gracias.- Le susurro y sigo mi
camino.
Al llegar a lo alto de la escalera,
veo como se va en acompañamiento de Wendy, me siento cansada, y ya no tengo ganas
de mi armario de escobas.
Solo tengo ganas de gritarle a
Alexandro Ryuji que no estoy enamorada de Esteban.
Al cabo de unas horas termino con el
papeleo que se había estado acomulando debido a mi ausencia causa de los
entrenamientos. Deduzco que no habrá mucha gente en el cuartel, sin el líder
aquí, hay una pausa temporal y solo los que estamos retrasados con el trabajo
nos vemos obligados a venir, los demás lo toman como un día libre.
Sin embargo, a pesar de haber
terminado satisfactoriamente mi trabajo, me recargo en el respaldo de la silla
y estiro los brazos sobre el diminuto escritorio, observo que estoy sola como
hacia tiempo no lo estaba. Siempre había alguien acompañándome, y ahora que no
hay nadie, me parece que hay más aire que respirar, pero es pesado y frío.
Me siento incómoda, hasta conmigo
misma.
No quiero volver a casa porque se que
allí estará Esteban, y tampoco quiero ir al parque, ni a la casa de Marcus, ni
a ningún lugar, a ninguna parte, con ninguna persona, nada ni nadie. Suelto un
respingo cuando me encuentro pensando en Alexandro.
Los parpados se me cierran y de
pronto con su rostro en mi mente, y la imagen de él hiendose con Wendy, me
quedo dormida.
En mi sueño, estoy en casa y afuera
esta lloviendo, pero ignoro las gotas de agua y me centro en su mirada. Me
muerdo el labio, el sonido del anillo cayendo, y Alexandro Ryuji ofreciéndome
su alma entera.
Si solo fueras mío.
Cuando despierto, mi piel se tensa y
rebotó de la silla, y lo veo allí. Sentando frente a mi escritorio con uno de
mis libros en mano, y concentrado en mí, inquiriendo en mi reacción anterior.
- Es peligroso que se quede dormida
en un lugar público y sin compañía.- Me lo dice, pero no aparta la mirada del
libro.
- ¿Qué hora es?- Ignoro su comentario
anterior. No puede ser muy tarde porque si fuera así Esteban ya hubiese movido
cielo y mar para encontarme.
- Cerca de la una.- Cambia la hoja,
con un gesto elegante y sexy.
Me vuelvo a sentar, un poco más
tranquila, pero me enloquece la idea de que este aquí.
- ¿Qué haces aquí? – Le susurro por
fin, y me doy cuenta que se lo digo con cierta complicidad.
- Después de ir a almorzar volví por
un par de cosas, la descubrí dormida y decidi quedarme, al final de cuentas
debo empezar a acostumbrarme a protegerla.- Alza la mirada a mi, pero por
alguna razón me siento a la defensiva.
- Cualquiera podría ganar.- Le
suelto, un poco más grosera de lo que pretendía.
- No sea modesta, por favor.- Sus
parpados caen y observo sus pestañas, gruesas y largas, un chico no debería
tener pestañas tan bonitas.
Después de una eternidad –que en
realidad son unos minutos- se levanta y deja el libro en su lugar, voltea a
verme antes de acercarse a la puerta.
- Perdone si la moleste, solo cumplo
con mi deber. Si no necesita algo más, me voy.- Se gira y toca la perilla, pero
me levanto antes de que la gire, se gira en seco, abro la boca pero las
palabras se me atoran, me obligo a hablar.
- Me puedes hacer un favor.
El olor a dulce de fresa inunda el
departamento de color menta y café, es pequeño pero suficiente para una persona,
esta más limpio y ordenado de lo que pude haber imaginado.
- De aquí derecho, segunda puerta a
la izquierda.- Me dice, y descubro lo emocionada que estoy, el corazón me late
fuerte aunque me obligo a calmarme.- Sientase como en su casa.
Detrás de mi, escucho un corazón
fuerte y que va acelerado también. Giro mi rostro, sin dejarle de dar la
espalda.
- Gracias.- Y me dirijo a donde me
dijo.
Cuando llego a la habitación, el olor
dulce con algo de hombría entra en mis pulmones, no pensé que me enviara a su
habitación, pensé que sería una de huéspedes o algo así, le doy miradas a cada
rincón de la habitación, no es la gran cosa, pero es mi primer acercamiento a
una habitación que no sea mía.
- Lamento el desorden.- Dice detrás
de mí otra vez. Pero me doy cuenta que es modestia, todo tiene su lugar y esta
limpio.
Me quito los zapatos y la chamarra,
veo la cama antes de meterme en ella y me restriego la cara en el olor de
Alexandro, es delicioso y el sueño me pica. He encontrado un gran lugar para
pasar mis ratos libres.
- Llameme si necesita algo.- Apaga la
luz y se va.
Cuando le pedí que me ofreciera un
lugar en donde dormir en donde nadie me encontrara, no esperaba que me trajera
a su departamento, pero agradezco que fuera así.
FIN DEL CAPÍTULO 5
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