domingo, 28 de diciembre de 2014

Otoño: Capítulo 7

Capítulo 7:

Anónima

- ¿Cuánto tiempo se van esta vez?- Me pregunta cuando me ve en la puerta de su casa, solo lleva unos pantalones sueltos y una camisa que deja ver su piel bajo ella.
- Unos cuantos meses.- Froto mi nariz para calentarla.

Desde que nos conocemos no hemos estado mucho tiempo juntos como la familia que Rose desea que seamos, a veces vienen un tiempo y luego se van por años. El tiempo en los diferentes mundos no corre igual de rápido que aquí, así que para ellos son meses, para mí años. Como miembro del consejo y aprendiz de líder no puedo moverme mucho de aquí, pero ellos tienen “negocios”, Esteban tiene una empresa de abogados, y Lily y Air suelen ir a lugares devastados buscando vidas que salvar, Ai y Robert residen en un lugar acogedor con pocos humanos a la vista intentando tener una niña, y todos los demás… ¿dónde están todos los demás?

Cuando me dejan aquí sola, no me gusta estar en casa, una casa demasiado grande para mi sola me hace sentir horriblemente vacía, así que desde hace mucho huyo a la casa de Marcus donde siempre me han alojado, pero…

- No puedes quedarte aquí. Los otros aprendices pueden verlo mal.- Me regaña, aún cuando me ve en su portal congelándome. Nunca ha sucumbido a mis caprichos.
- Solo este día, prometo irme al atardecer.- Le sonrío
- ¿Tienes los dedos cruzados en la espalda?.- Me dice, detesto que me conozca tan bien.- Tienes una casa, si quieres puede ir Naomí a quedarse contigo.- Ahora trata de ablandarse y consolarme.
- No querrá ir, si no va Lyan.- Le digo.
- Te lo presto también.- Me sonríe, ¿cómo puedes ser tan tú?

Afortunadamente escucho los tacones de la siempre bien vista Anabelle la esposa de Marcus, que por si fuera poco me adora.

- Por favor.- Le pido en tono sincero y un poco patético, Anabelle me escucha y abre la puerta más para que la pueda ver.
- ¡So! – Me abraza dulcemente y la saludo.- ¿Por qué estas afuera con tanto frío? Pasa, adelante.
- Gracias Annie.
- Llegas justamente a tiempo para la cena.- Me sonríe y me toma de la mano.- ¡Nao, Sophie esta aquí! – Grita a lo alto de la escalera.- Cariño lleva su mochila a su habitación.- Le avienta la mochila a Marcus y me lleva a rastras al comedor. Marcus sonríe irónico y yo le enseño la lengua pavoneándome.
- ¡So!- Naomí me salta encima.- ¿Cuánto tiempo será? – Me dice cuando me tiene cara a cara.
- No sé, no me han dicho.- Me encojo de hombros, y vemos a Lyan bajar las escaleras pesadamente.
- Espero que te sientas mal y me hayas hecho algunas galletas.- Me dice desde lo alto.
- He traído, pero no para ti.- Le digo enseñándole una caja de galletas, que en realidad yo no hice.

Los licántropos suelen basar su dieta en carne animal, la humana esta en contra de la ley a menos de que se tenga un permiso especial del líder de la asociación y sean órganos creados artificialmente a los que llamamos “carne industrial”. Por suerte, cuando vengo a cenar, Anabelle me coce la carne, pues ellos la comen cruda o muy poco cocida.

El comedor de los Lycan se llena de un olor a sangre animal todas las madrugadas.

- Escuchen.- Dice Marcus al término de la cena.- Sophie no se puede quedar, estaría mal respecto a los demás aprendices.
- Yo soy tu hijo, y no se ve mal.- Le dice Lyan, pero al instante se arrepiente, Marcus saca chispas.
- Esta bien, me iré a casa.- Le digo, se cuando aceptar un no.
- ¿Así nada más? ¿No vas a hacer berrinche ni nada parecido?
- ¿Quieres que lo haga?
- No, definitivamente no.
- Entonces iré a tu casa.- Dice Naomí.
- Entonces yo también.- Reafirma Lyan.
- Para nada, no quiero que hagan cachorritos en mi casa.- Les sonrío, pero Marcus y Anabelle los ven firmes.- Me las arreglare yo sola.

La familia Lycan, siempre han sido aliados míos, desde Magnus, el primer licántropo en la tierra y al que conocí. Los roces entre nuestras razas nunca han sido cosas de nosotros. Aún cuando fui amante de Marcus, Anabelle que en ese entonces era una niña tal vez demasiado pequeña para saber las razones por las que su hermano desaparecía largas horas conmigo, siempre fue amable y me trato como una hermana mayor a la que le pidió consejos respecto a su futuro esposo. Me cuesta trabajo comprender la dulzura de esta mujer, pero no la razón por la que al final Marcus supo lo que tenía que hacer.

Paso el día con ellos en la habitación de Naomí, tiempo en el que hablamos de cosas banales, como mi horrendo armario de escobas y el vestido celeste que llevaba anteriormente, comentamos sobre la noche roja que se acerca –una vez cada diez años se permite que los vampiros y licántropos nivel A y B, hagan contratos de sangre con humanos codiciosos de belleza y eternidad - como cada década me pregunta si participare, y como cada década le dedico un rotundo “no”. No se cuando exactamente nos quedamos dormidas, pero lo que me despierta es el sonido del piso crujiendo y el colchón quejándose de un peso más, Lyan entró en la habitación y se acostó a un lado de Naomí, de reojo y sin buenas razones para abrir los ojos, veo la silueta de dos cuerpos convertidos en uno, en un solo abrazo sin la necesidad de la lujuría, les basta conectar sus pieles para estar bien consigo mismos. 

Por la tarde y como prometí vuelvo a casa y esta todo solo, me siento como cascarón vacío. Al rato comienza a llover y a relampaguear, me acuesto y decido dormir, pero solo logro dar vueltas de un lado a otro por horas, y me pongo a pensar ¿Cuándo fue la última vez que dormí bien? La respuesta llega en automático, en casa de Alexandro. Con la intención de liberar tensión y despejar mi mente, me cubro lo mejor posible, tomo un paraguas y salgo a caminar.

Me paso la escena por la cabeza una y otra vez, y no encuentro la forma en la que vine a parar aquí. Estoy mojada y friolenta bajo un paraguas en frente del complejo de apartamentos de Alexandro, pensando ¿qué diablos estoy haciendo aquí?

Escuchó pisadas detrás de mí.

- Señorita.- Me dice.- ¿Qué hace aquí?

Esta totalmente empapado en ropa deportiva y se ve que viene de una carrera nocturna.

Me deja pasar sin mucha explicación y el olor a fresas inunda mis pulmones otra vez.

- Puede bañarse si quiere, secare su ropa.- Mi mira a los ojos, esta totalmente empapado y sus pestañas se han unido entre ellas.
- Sophie.- Se gira y pienso que es la primera vez que me presta atención de verdad.- Llámame Sophie, por favor.- Su semblante no cambia, por un momento pienso que me echara.
- El baño esta por aquí, Sophie.- Siento como si mi corazón hubiese estado en un coma un largo tiempo hasta que con su voz diciendo mi nombre, hace que vuelva a latir fuertemente.

Mientras estoy en la ducha examino el baño, un lugar de blanco inmaculado, por alguna extraña y desconocida razón me emociona ver el shampoo que usa, y usarlo en mi cabello. Cuando abro la puerta veo que ha puesto un par de prendas afuera, a los pies de la puerta, me la pongo aunque me queda extremadamente grande.

Mi corazón se pone como loco y mi estómago se emociona tanto que estruja mis demás órganos. Camino hacia la pequeña sala que tiene y lo miró sentado como la primera vez que estuve aquí, en el sófa rojo que arruina la consistencia de su departamento leyendo un libro y con la mirada fija y concentrada en las palabras, entrecierra los ojos, no quiere voltear.

- Gracias por el baño.- Le digo, llevo el cabello mojado cayendo por mi espalda y lo seco poco a poco con una toalla que llevo en manos.
- No fue nada.- Me doy cuenta que sigue empapado.
- Tal vez deberías de tomar uno también.- Le digo con la voz queriéndoseme cortar. Mírame.
- No se preocupe por mí…- Deja las palabras al aire, como si fuera a decir algo más.

Camino hacia él. Me siento a su lado y subo los pies al sofá.

- Supongo que ya no tienes más de esa deliciosa leche.- Inclino algunos grados mi rostro para poder verlo a la cara, pero se remueve y gira el rostro.
- Compre unos litros más, están en el refrigerador.- Me toma por sorpresa y la boca se me seca.

Una eternidad de silencio.

- ¿Qué estas leyendo? – Decido romper el hielo otra vez, pero su rostro no se mueve ni nada. Estiro mi brazo para arrebatarle el libro, pero lo único que hace es levantarse y evadir el contacto.
- Creo que es hora de que vaya a tomar ese baño.- Huye hacia el baño y me quedo en silencio el resto del tiempo.

Veo el libro tirado en la alfombra y lo levanto, no es un libro de literatura es una recopilación de personas de la asociación, el volumen de “vampiros”.

Voy directo a la R y esculcó hasta encontrarlo “Ryuji, Alexandro”

La leyenda “Mestizo nivel D”, se encuentra junto a una foto suya, en la que no pasa de los 200 años y mira fría y firmemente hacia la cámara.

Después al querer dejar el libro en la mesa, tiró un recorte y me doy cuenta que soy yo, cuando tenía muchos menos años y apenas Rose se atrevía a presentarme ante la sociedad, estoy sentada en una silla que me queda enorme, vestida de blanco inmaculado y con Kael y Rose a mi lado, recuerdo esta foto, la tomaron poco después de ser creada la asociación y fue publicada en una revista con el título “la joven princesa de la noche”.

Rebuscó hasta llegar a mi nombre donde la colocó, junto a una foto más actualizada mía, ¿dónde quedo la niña pequeña? “Donde nadie la pueda encontrar” me pregunto y contesto a mi misma.

Leó toda la información que se recopilo mía, pero el campo de “procedencia” esta en blanco. Una vez alguien me dijo que se puede saber mucho de alguien por el lugar de donde proviene, por su hogar.

Entonces llego a la conclusión de que soy anónima. No vengo de ninguna parte, ni voy a ninguna.



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