viernes, 26 de diciembre de 2014

Otoño: Capítulo 6

Capítulo 6:

Reto


- Con sus células podremos sintetizar medicamentos y tratamientos para las enfermedades de los humanos- Cuando Souchirou aún era joven, era muy guapo e inteligente y fácilmente se podía confundir con un nivel B. Hasta yo hubiese intentado algo con él, sin embargo cuando yo lo conocí, yo tenía una imagen algo infantil de puberta, apenas empezaba a favorecerme la belleza de la pre-adolescencia, aunque ya tenía algunos siglos encima, además él ya estaba casado con una nivel D –matrimonio al que todos se opusieron- y habían tenido un niño hacia años, el consejo les prohibio tener otro hijo, porque durante la gesta la madre había devorado cerca de 60 litros de sangre humana, el doble que las demás.

- Me alegra que mis células lo maravillen tanto, y que puedan ser de ayuda.- Le sonrió complacida.

Al fondo de la habitación hacía donde yo veía, tras la puerta que se abrió un poco apareció una cabellera ligera castaña que por un momento me pareció gris, unos enormes ojos de color verde claro, y unas regordetas y sonrojadas mejillas, un niño de menos de medio siglo de edad.

- ¡Alexandro!- Le grita Souchirou más enfadado de lo que pensé que podía estar.- ¡Te he dicho mil y una veces que no bajes aquí! ¡Anda, a con tu madre!

El niño cierra la puerta y obedece enseguida.

- Perdone la interrupción señorita, ese era mi hijo, no es muy educado, así que perdón.- Me dice avergonzado.

No le contesto porque me sigo grabando en la mente la imagen y el nombre Alexandro Ryuji.


Cuando despierto es por el gruñido de mi estomago, me siento en la cama y descubro algo efusivo dentro de mí, me siento de maravilla, con sencilla alegría, y pracmatica felicidad, estoy de buenas, y creo que nunca había dormido mejor en toda mi vida.

Me levanto con enegía y camino descalza hasta la cocina, veo a Alexandro sentado en un sófa de color rojo sangre y leyendo un libro, su silueta es atractiva, ya no tiene los cachetes regordetes como antes, me doy cuenta que sabe que estoy allí, pero lo ignoro y voy al refrigerador en busca de leche, la encuentro y me llevo la botella a la boca, me la termino en un segundo.

Cuando me dispongo a cerrar el refrigerador, me doy cuenta del olor a sangre “industrial”, bolsas de sangre con anticoagulante apiladas una sobre otra ocupando un rincón del refrigerador, pocas para un nivel D.

- ¿Sabe que esta no es su casa, verdad?- Casi me lo susurra, como si el no fuera el dueño.
- Me dijiste que me sintiera como en ella.- Lo siento detrás de mí, su respiración me produce cosquillas.
- Se ha terminado la leche que uso en la semana.- Me dice en tono asustado y agraciado.- En un segundo.
- Si… que pena.- Digo agitando cómicamente el envase. Me doy vuelta encarándolo y le aviento el envase contra el pecho. Le sonrio y me escabullo de su presencia.

Camino hacia la habitación con la intención de recoger mis cosas, mientras me grita “Pongase zapatos” paternalmente.

Regreso a la cocina, donde el sigue inspeccionando el envase vacio, y me voltea a ver cuando llego al frutero veo las manzanas y me da más apetito, tomo una la froto contra mi camisa y me la llevo a la boca, descubro que son dulces y deliciosas.

- Un nivel D necesita menos alimentos que un nivel A. ¿Por qué tienes tanta comida? –Le preguntó con el bocado en la boca, la manzana esta jugosa, corre algo de jugo por mi barbilla y lo limpio con mi manga.
- Me gusta comer, a pesar que no lo necesite tanto como… usted- Capto que por un momento quiso llamarme “tú” y me complace la idea de escuchar mi nombre de su sedosa y sensual voz.
- Ya te había dicho que esta bien que me hables de “tú”.- Trago.- Después de todo tenemos que acostumbrarnos.- Me acerco a la puerta y le giño el ojo. Salgo.

Mientras camino hacia casa, me siento como ebria de felicidad tan complacida conmigo misma como nunca lo había estado, entonces descubró que ese olor dulce a fresas aún sigue en mi cabello, y me importa un bledo que Esteban se entere, quiero que todos sepan que dormi en la cama de Alexandro Ryuji.


Cuando llego a casa entro a mis anchas por la puerta principal, y me ven desde la sala Air y Lily que platican sobre algo importante. Air me mira algo severo.

- ¿Dónde has estado? Te hemos estado buscando.- Se que se esta controlando para no gritarme.
- Solo quería estar sola un rato.- Trato de parecer algo nostálgica o indiferente pero la felicidad me traiciona y no puedo dejar de sonreír, así que me mira inquiriendo en mí.
- ¿Qué es ese olor?- Dice Lily, olfateando el aire que lleva mi aroma. Hace una mueca de asco.- Hueles raro.
- Comí algo de camino hacia acá.
- “Algo” ¿cómo qué? - Air se acerca a mí y me huele, hace el mismo gesto.
- Que te importa.- Borro mi felicidad. Choco su hombro con fuerza y subo las escaleras hacia mi habitación.

A ellos les parece poco apetitoso el aroma de Alexandro, pero para mí, es lo más delicioso que he olido.

Cierro la puerta de mi habitación y me recargo en ella, alzo el antebrazo hasta mi nariz y aspiro el olor de mi piel. Superficialmente esta el olor de Alexandro pero en el fondo esta el mío, y me complace la convinación, me resbalo sobre la imitación de madera y caigo al suelo, me acorruco en posición fetal.

¿Qué demonios estoy haciendo?

El anillo quema en la piel de mi dedo.

El tronido de la madera me saca de mis pensamientos, es Esteban que llama apresuradamente, grita mi nombre, intenta abrir y me desplaza unos centímetros antes de darse cuenta que estoy obstruyendo el paso.

- Cariño… levántate del suelo.- Me dice muy dulce y más calmado. Se acuclilla delante de mí, pero no le dirijo la mirada.- ¿Estas bien?

Levanto la mirada y descubró el semblante sereno de Esteban convertido en uno apresurado y sudado de la ansiedad. Tambaleo mi cabeza afirmando que estoy bien. Se deja caer en el suelo, donde cae elegantemente y lleva sus manos a la nuca y entre sus rodillas, parece calmarse en el instante.

Abruptamente alza la cara y me mira, yo hago lo mismo. Toma mi mano y cierra los ojos.

- Te he estado buscando en cada rincón del mundo. Rose y Kale fueron a buscarte a otros mundos y mis padres por la ciudad… ¿Dónde, dónde demonios te has metido?

Sin esperar una respuesta me abraza protectoramente, siento como mi pulso se acelera, pero no puedo evitar comparar este sentimiento con el que tuve cuando estuve en casa de Alexandro.

Se que Esteban capta el olor extraño en mi, pero no me dice nada y se limita a rascarse la nariz disimuladamente, y observarme aliviado.

Cuando Kael y Rose llegan a casa, me abrazan y sueltan pequeños regaños que no dejan de ser dulces y tiernos, me siento mal por haberlos preocupado, Rose me prepara un baño y conversa conmigo durante la ducha.

- Ese olor, antes de venir a casa quítatelo.- Me dice, no me pide explicación alguna, y no le doy más contestación que una mirada fugaz.

Me acuesto temprano, pero no tengo sueño, al rato de dar vueltas Esteban llega a mi lado y se acurruca hasta dormirse. Pero aún así doy vueltas sobre mis hombros, me reprendo a mi misma, no debería de volver a ir, no es algo propio de alguien que esta comprometida, ni de una nivel A, aún con todos los regaños, no me quito las ganas de volver.

Quiero dormir otra vez en su cama.


- Te reto.- Dice uno de los chicos a los que les soy indiferente.

Hacia un momento Marcus y Souchiro, nos han dicho que con el fin de entrenarnos en verdaderas luchas a las que nos enfrentaremos durante el siguiente reinado, podemos permitirnos retarnos entre nosotros. Como práctica. Pero no hay reglas ni limites en esta una lucha, como las verdaderas.

Alexandro lo mira, no hay mucha diferencia entre sus tamaños, de altura y en músculo, aunque Alexandro sigue siendo más agradable a la vista, aún más a lado de ese vampiro. Tiene el rostro anguloso y una nariz aguileña, a parte que su cuerpo es difícil de comprender, entre los músculos no se diferencia cada parte de él, que bien podría ser guapo, o lo fue.

Parece que Alexandro lo analiza durante unos segundos y llega a la misma conclusión que yo, porque alza una ceja casi imperceptiblemente y vuelve a su semblante fijo. Lo mira con desición y le señala el campo de lucha.

Marcus y Lyan están a mi lado y miran mi reacción, no les doy nada que estudiar detenidamente. Marcus comienza a decir:

- Norman, imagina que, la integridad de la asociación esta en peligro por culpa del hombre que tienes delante de ti, tu protector no esta, ha sido derrotado por él.- Hace una pausa en la que Norman piensa dos veces antes de darse cuenta que Marcus no le esta pidiendo una respuesta, si no una acción. Se coloca en posición y Alexandro se queda inmóvil, tan quieto que apenas se mueve para respirar.

Un movimiento suelta un sonido, y ambos están cerca el uno del otro, Alexandro detiene con la mano un puñetazo que tenía como destino su nariz, de un movimiento limpio gira la mano de Norman y lo tira con la espalda hacia atrás dando un golpe lo suficientemente duro como para cuartear el piso de la arena.

Norman parece aturdido por lo rápido del movimiento, pero no por el dolor que debio significar, Alexandro espera otra vez. El se levanta de un movimiento agil y se gira para verlo, se abalanza contra él con la intención de atropellar a Alexandro con su peso, pero el solo lo esquiva de manera elegante y le propicia una dura patada por la espalda, que me parece divertida y rio, dejo de hacerlo porque Marcus me mira regañándome. Norman se enoja, ahora su figura parece la de un toro rabioso al que le presentan una tela roja, suelta una ráfaga de golpes sin una dirección específica, solo hacia Alexandro, y él los esquiva como si lo viera todo a cámara lenta, Norman trata con una patada y nuevamente Alexandro la detiene esta vez con el antebrazo, usa la misma fuerza del enemigo para hacerlo dar vueltas en el aire antes de caer, Norman se acuclilla y trata de dar más golpes, pero otra vez es detenido esta vez, Alexandro lo tira y pone su peso arriba de él, jala su brazo hacia arriba torciendo el hombro y su pie contra la nuca de Reginal, esta inmóvil con el rostro en el suelo y las piernas tratando de dar patadas inútilmente.

Alexandro me ve, pero me quita la mirada de encima en seguida, y me doy cuenta que esa mirada era como si… me pidiera las siguientes órdenes.

Marcus da la señal del final, y Alexandro libera a Norman, le ofrece la mano para ayudarlo a levantarlo pero él lo rechaza con un rostro lúgubre, no es como si hubiese sido una pelea de vida o muerte, pero tal vez el lo ve así.

- ¿Acaso no es estupendo?- Me dice Marcus a un lado, giro mis ojos para verlo y lo descubro sonriendo, de la manera en la que un padre sonríe de orgullo por su hijo.
- Solo debes sonreír así por mí, papá.- Le dice Lyan con un puchero infantil en el rostro, Marcus le responde con una mirada cansada, me hacen reír.

Pero en cuanto giro mi mirada a Alexandro veo como esta con Wendy. Él bebe agua aunque no haya sudado, escucha lo que le dice Wendy, algo sobre un “gran espectáculo”, me parece una escena muy natural pero algo en mi hierve, trueno los dientes.

- ¡HEY, WENDY! ¿Una ronda? – Le guiño un ojo. Cuando me doy cuenta de lo que estoy diciendo es demasiado tarde para evitarlo. Y en cuanto lo hago la atención de todos se atrae como pajaros a migajas de pan.

Wendy me mira, y luego a Alexandro, su mirada me culpa es parecida a la que me propicio aquella vez en Roxqal. Me acerco al centro de la arena.

- ¡No quiero morir hoy! – Me dice riendo, pero eso me molesta y la miro insistente. Lyan obstruye mi campo de visión hacia ella y me dice:
- Si tanto quieres pelear, yo peleare contigo.- Sonríe de la misma forma en la que lo hace Marcus.

Se pone al otro lado de la arena y camina en círculos, me hace hacer lo mismo, la gente esta fascinada, pocas veces se me peleando contra alguien aún cuando sea algún tipo de práctica.

- Te recuerdo que es una pelea cuerpo a cuerpo, Sophie.- Me grita Marcus de lo más divertido, muchos no entienden a que se refiere, porque no me han visto nunca hacerlo.
- ¿Por qué no mejor me dices que lo deje ganar?- Le sonrió.

Lyan no sabe ni que lo golpeo cuando ya esta en el suelo, se que siente un dolor intenso, se levanta y me suelta golpes de los cuales esquivo. Logro conectar mi puño con su quijada y mi rodilla con su estomago escuchó como su aliento sale de sus pulmones.

Se inclina hacia adelante por el dolor, y entonces le susurro al oído.

- Esto es porque no me dejaste pelear con Wendy.- E igual de suave que se lo digo me contesta:
- La hubieses matado.

Le doy una patada en el mismo lugar que la última vez y sale volando tres metros lejos de la línea límite de la arena. Cuando lo hago estoy de espaldas hacia Alexandro y Wendy, giro un tanto mi rostro, y la miró el brillo de sus ojos se ha desvanecido, veo el miedo en sus labios temblorosos, pero sus ojos parecen decididos, ella quiere lo que es mío y no le daré la satisfacción de permitírselo.


Tardó unos segundos en darme cuenta que no me refiero al puesto de líder de la asociación, sino a Alexandro. 

martes, 23 de diciembre de 2014

Otoño: Capítulo 5

Capítulo 5:

Ganas


Troto hasta poco después de que la noche entrara, me siento en mi banca favorita frente al mirador, veo el último vestigio de luz en el horizonte. Tal vez haya sido mala idea después de todo, los síntomas post-sexo me agotan fácilmente y cuando apoyo los codos en las rodillas, no las siento.

Después de haberle propuesto semejante barbaridad a Esteban, me sorprendí por lo mucho que se había entregado, en cuerpo y alma a mí, como si me concediera todo permiso sobre su vida, sobre su cuerpo, su corazón… y todo él. Debo de aceptar que me fascina la idea, al mismo tiempo, no puedo aceptar prometer lo mismo.

Creí que lo haría porque Esteban es perfecto, y aunque ahora solo quedan confirmaciones de su perfección, no puedo evitar ponerme topes.

Paso mis manos por mi rostro, no está sudado ni algo así, pero mis manos nerviosas parecen húmedas y me delatan temblando casi imperceptiblemente. Cuando terminan en mi cara bajan, y coloco la derecha bajo mi mejilla, y la otra la observo fijamente, allí está el anillo brilla inmaculadamente, incluso se puede sentir su peso.

Sangre con sangre.

De manera decepcionada, regreso  a casa caminando, es algo largo el trayecto, pero espero pueda mejorar mi cara antes de ver a todos en el desayuno. Leo se ha ido, como le propuse, eso hace que la transición sea mucho más cómoda para mí, y para todos, pero una parte importante de mí se ha ido con él, y claro una sangre deliciosa, que me mantenía satisfecha, pero creo que tal vez eso me ayude a quitarme el vicio por su sangre.

El bullicio del desayuno es calmado, se escucha solo una conversación en la mesa, Mao la segunda hija de Lili y Air, es una chica adorable que me tiene mucho cariño por no decir admiración, y es simpática, por tener facilidad al hablar. Cuando dice chistes todos reímos. Mi lugar al frente de la mesa con Kael al otro lado, es muy bueno para escuchar la conversación, esta familia no es mía, no contienen mi sangre o algo así, pero ellos me adoptaron y con el tiempo los he ido aceptando, así que puedo decir que soy parte de esta familia.

Después de desayunar me dirijo a mi cuarto con la intención de bañarme, pero cuando llego, Esteban está detrás de mí, lo único que nos separa es un umbral.

- ¿A dónde fuiste después de tan maravilloso día? – Me pregunta poniendo su mano debajo del lóbulo de mi oreja. Siento cosquillas.
- A correr un rato, últimamente siento que lo necesito.- Admito, se que no tiene nada de productivo mentirle respecto a ello. Pongo mi mano sobre la suya.
- Tú no necesitas nada de eso. Eres perfecta.- Alimenta mi ego, y pone sus labios a unos centímetros de mí. Me sorprende que aún no haga declaración alguna, después de la que yo le dí. Cierro los ojos y dejo que su olor dulce me invada los pulmones, mientras me besa lleva sus manos a mi cintura, me alza sobre el suelo, y enredo mis piernas en su cadera. Mis manos revolotean en su cabello.

Su cabello es más oscuro que el mío, y sus intensos ojos azules me petrifican en el instante, son un azul tan claro que juraría parecen de plata fundida. Me tiene contra el muro, cuando cierra la puerta y reacciono.

- Tengo asuntos en el cuartel.- Le digo pero no deja de besarme.- Tengo que irme.- Me desenredo de él, con constantes quejidos de parte suya.

Cuando tengo los pies en la tierra, le doy un beso en la comisura de los labios, y me obligo a ir al baño. Me doy cuenta, que mi cuerpo ya estaba listo, pero yo… si yo, lo hubiese querido… pero no lo quise.


Cuando llego al cuartel, veo como Wendy pavonea  sus rizos naranjas frente a Alexandro, toca uno de sus mechones una y otra vez, y alza los azules ojos luciendo unas pestañas largas y contorneadas, Alexandro parece estarle comentando algo. Doy vuelta en U en dirección a las escaleras y estoy a punto de subir el primero cuando alguien me grita por mi espalda.

Giro en seco, su voz diciendo mi nombre hace que sienta mi corazón en mi pecho, ¿hace cuanto no lo sentía allí?

- El líder me pidió que les avisará: No podrán llegar están atendiendo un asunto en Rawlem. Hoy no hay entrenamiento.- Me dice lo último mirándome a los ojos, siento que algo caliente crece dentro de mi, nace en mi pecho y se riega a todas partes.
- Esta bien, gracias.- De todos modos tengo papeleo. Me dirijo al armario de escobas al que se le puede decir oficina.
- Sophie… - Me llama nuevamente y me quedo quieta. Le presto atención, mi mente imagina que me diga cosas, cosas como las que Esteban me dice.- Cuidate, y felicidades por tu compromiso.- Su tersa voz no tiembla, pero sus parpados caen en picada.
- Gracias.- Le susurro y sigo mi camino.

Al llegar a lo alto de la escalera, veo como se va en acompañamiento de Wendy, me siento cansada, y ya no tengo ganas de mi armario de escobas.

Solo tengo ganas de gritarle a Alexandro Ryuji que no estoy enamorada de Esteban.

Al cabo de unas horas termino con el papeleo que se había estado acomulando debido a mi ausencia causa de los entrenamientos. Deduzco que no habrá mucha gente en el cuartel, sin el líder aquí, hay una pausa temporal y solo los que estamos retrasados con el trabajo nos vemos obligados a venir, los demás lo toman como un día libre.

Sin embargo, a pesar de haber terminado satisfactoriamente mi trabajo, me recargo en el respaldo de la silla y estiro los brazos sobre el diminuto escritorio, observo que estoy sola como hacia tiempo no lo estaba. Siempre había alguien acompañándome, y ahora que no hay nadie, me parece que hay más aire que respirar, pero es pesado y frío.

Me siento incómoda, hasta conmigo misma.

No quiero volver a casa porque se que allí estará Esteban, y tampoco quiero ir al parque, ni a la casa de Marcus, ni a ningún lugar, a ninguna parte, con ninguna persona, nada ni nadie. Suelto un respingo cuando me encuentro pensando en Alexandro.

Los parpados se me cierran y de pronto con su rostro en mi mente, y la imagen de él hiendose con Wendy, me quedo dormida.


En mi sueño, estoy en casa y afuera esta lloviendo, pero ignoro las gotas de agua y me centro en su mirada. Me muerdo el labio, el sonido del anillo cayendo, y Alexandro Ryuji ofreciéndome su alma entera.

Si solo fueras mío.


Cuando despierto, mi piel se tensa y rebotó de la silla, y lo veo allí. Sentando frente a mi escritorio con uno de mis libros en mano, y concentrado en mí, inquiriendo en mi reacción anterior.

- Es peligroso que se quede dormida en un lugar público y sin compañía.- Me lo dice, pero no aparta la mirada del libro.
- ¿Qué hora es?- Ignoro su comentario anterior. No puede ser muy tarde porque si fuera así Esteban ya hubiese movido cielo y mar para encontarme.
- Cerca de la una.- Cambia la hoja, con un gesto elegante y sexy.

Me vuelvo a sentar, un poco más tranquila, pero me enloquece la idea de que este aquí.

- ¿Qué haces aquí? – Le susurro por fin, y me doy cuenta que se lo digo con cierta complicidad.
- Después de ir a almorzar volví por un par de cosas, la descubrí dormida y decidi quedarme, al final de cuentas debo empezar a acostumbrarme a protegerla.- Alza la mirada a mi, pero por alguna razón me siento a la defensiva.
- Cualquiera podría ganar.- Le suelto, un poco más grosera de lo que pretendía.
- No sea modesta, por favor.- Sus parpados caen y observo sus pestañas, gruesas y largas, un chico no debería tener pestañas tan bonitas.

Después de una eternidad –que en realidad son unos minutos- se levanta y deja el libro en su lugar, voltea a verme antes de acercarse a la puerta.

- Perdone si la moleste, solo cumplo con mi deber. Si no necesita algo más, me voy.- Se gira y toca la perilla, pero me levanto antes de que la gire, se gira en seco, abro la boca pero las palabras se me atoran, me obligo a hablar.
- Me puedes hacer un favor.


El olor a dulce de fresa inunda el departamento de color menta y café, es pequeño pero suficiente para una persona, esta más limpio y ordenado de lo que pude haber imaginado.

- De aquí derecho, segunda puerta a la izquierda.- Me dice, y descubro lo emocionada que estoy, el corazón me late fuerte aunque me obligo a calmarme.- Sientase como en su casa.

Detrás de mi, escucho un corazón fuerte y que va acelerado también. Giro mi rostro, sin dejarle de dar la espalda.

- Gracias.- Y me dirijo a donde me dijo.

Cuando llego a la habitación, el olor dulce con algo de hombría entra en mis pulmones, no pensé que me enviara a su habitación, pensé que sería una de huéspedes o algo así, le doy miradas a cada rincón de la habitación, no es la gran cosa, pero es mi primer acercamiento a una habitación que no sea mía.
- Lamento el desorden.- Dice detrás de mí otra vez. Pero me doy cuenta que es modestia, todo tiene su lugar y esta limpio.

Me quito los zapatos y la chamarra, veo la cama antes de meterme en ella y me restriego la cara en el olor de Alexandro, es delicioso y el sueño me pica. He encontrado un gran lugar para pasar mis ratos libres.

- Llameme si necesita algo.- Apaga la luz y se va.

Cuando le pedí que me ofreciera un lugar en donde dormir en donde nadie me encontrara, no esperaba que me trajera a su departamento, pero agradezco que fuera así.

Tengo ganas, de pasar mucho tiempo aquí.

FIN DEL CAPÍTULO 5 

sábado, 20 de septiembre de 2014

La mujer del ojo morado

Todos vimos el moretón fresco y morado en el ojo de la mujer, pero nadie le preguntó si había sido un accidente, dimos por hecho que no lo era. Porque dejaba caer mechones de su cabello teñido sobre él, temblaba cuando descubría que alguien la miraba, y veía a sus hijos pequeños con esperanza y cariño. Parecía que podía romperse si alguien le preguntaba sobre su ojo morado.