sábado, 20 de septiembre de 2014
La mujer del ojo morado
Todos vimos el moretón fresco y morado en el ojo de la mujer, pero nadie le preguntó si había sido un accidente, dimos por hecho que no lo era. Porque dejaba caer mechones de su cabello teñido sobre él, temblaba cuando descubría que alguien la miraba, y veía a sus hijos pequeños con esperanza y cariño. Parecía que podía romperse si alguien le preguntaba sobre su ojo morado.
miércoles, 30 de julio de 2014
Otoño: Capítulo 4
Capítulo 4:
Razones
- ¡Hey
Sophie!- Naomí viene detrás de mí, con Lyan de la mano. Los veo, ella trae la
revista de chismes más conocida, les suelto una sonrisa cansada.
- ¡Todo el
mundo lo sabe! Estoy muy feliz por ti. Sangre con sangre.- Me sonríe, veo sus
colmillos, son grandes y afilados, mucho más gruesos que los de vampiro.
- Creí que
estabas interesada en el mestizo.- Lyan se ríe de la misma forma que su padre.
- Si… tal vez
solo era pasajero.- Aún veo la mirada de Alexandro, cada día antes de dormir.
- ¿Cómo le
dices así? Es tú amigo…- Naomí mira a Lyan igual de divertida.
- “El ataque
de los licántropos”, que buena escena, ¿la estuvieron ensayando mucho? – Les
digo soltando una sonrisa más sarcástica de lo que hubiese querido.
- Más o
menos, ahora se supone que digas “¿Es tú amigo? ¿Cuéntame, te ha comentado
cosas sobre mí?”.- Lyan trata de imitar una voz femenina con sus gruesas
cuerdas vocales, mientras parpadea constantemente agitando sus pestañas. Me
hace reír a carcajadas tanto como a Naomí.
- Soy una
mujer comprometida.- Les enseño mi mano izquierda, en el dedo anular llevo un
anillo de plata con piedras brillantes y gigantes incrustadas. Dentro tiene
grabado, “hasta encontrarte”. Presumo
orgullosa el anillo, pero me siento pesada y el sueño me golpea duro.
- Vaya, ¿no
eres algo vieja para tener un anillo así? – Naomí se acerca a mi mano, y se
siente envidiosa, lo sé porque mira a Lyan con un berrinche en los ojos.
- ¿De verdad?
¿Uno así?...- Al ver que Naomí lo apuñala con un “tacaño” en la mirada, traga
saliva y sonríe.- Pero es de plata…- Le dice tratando de salvar su pellejo.
Mientras
pelean con miradas. Me detengo a mirar hacia abajo, me emboscaron en el piso de
arriba desde donde se ve el área de entrenamiento. Alexandro sube y baja los
fuertes brazos, alzando una y otra vez las pesas gigantes. Cuando termina se
sienta y se limpia la cara con la camisa que lleva, veo su abdomen y un vuelco
en el corazón hace que me estremezca más de lo que quisiera, me sonrojo, me
mira, y nuestros ojos hacen conexión. Bajo la mirada y luego la dirijo hacia
los cachorros de lobo que pelean sobre los costes de una relación.
Tardo varios
minutos en regular los latidos de mi corazón, me repito a mí misma es un mestizo.
- Los genes
no se mandan, concejal Rimers.- Marcus parece algo molesto. Sangre con sangre, es algo que nosotros los pura sangre nos
tomamos muy en serio, y no solo nosotros, las personas esperan conservar la
sangre porque es lo más conveniente, y lo más razonable.
- Y el amor
tampoco.- Le contesta, es una concejal humana que pelea mucho los derechos de
las asociaciones interraciales.- ¿Cuál es el fin de la asociación entonces? No
es unirnos como seres hijos de la Tierra.
- El factor
destacado no se encuentra en ello.- Hablo por primera vez en media hora de la
junta semanal del consejo.- No es un delito que haya amor entre seres de
diferente raza. Pero si lo es que haya un producto de ese amor. Creo que debe
de saberlo perfectamente, un hijo de vampiro o licántropo es algo que mata a
una madre humana, y cuando un vampiro y un licántropo logran crear un producto,
las consecuencias genéticas son horrendas, un ser así causa más dolor vivo que
muerto. Esas son las razones, concejal. Debemos de prevenir este tipo de
asuntos.- Mueve su boca intentando rebotar lo que le acabo de decir, pero no lo
hace, y se limita a una mueca.
- Bien hecho
hoy en la junta del consejo.- Me dice Marcus después de salir de la sala, nos
dirigimos hacia el área de entrenamiento.- Creo que si has mejorado en estos
meses.
- Bueno,
tenía que pasar.- Le sonrió algo cansada, bostezo lo más discreta posible.
- A
propósito, mis cachorros me han hablado de la esperada boda. Siéndote sincero
no pensé que realmente lo fueras a hacer.- No me mira, parece que esta algo
nervioso.
- Si, bueno,
será dentro de unos años.- Confieso… y hacerlo me parece lo más cansado que ha
pasado. Quiero llegar a casa y dormir.
- Creo que
vas muy bien, apuesto a que pronto te desharás de todos esos inútiles
compañeros tuyos.- Me lo dice con un todo confiado y agraciado, me mira y se
que lo dice sinceramente.
- Uno de esos
inútiles compañeros míos, es tu hijo.- Me río. Entramos al área, los aprendices
ya están calentando y Lyan hace payasadas que hacen a Naomí reír a carcajadas
alocadas, los demás se ríen discretamente, solo Alexandro aún esta concentrado
en correr.
- A veces no
quiero creerlo.- Baja la mirada algo decepcionado del comportamiento del
muchacho.- Te juro que si no tuviera esos ojos, lo desacreditaría como mi
hijo.- Nos reímos.
Cuando la
presencia del líder se siente en la sala, todos mantienen la cordura, Naomí se
acerca y le da un beso en la mejilla como saludo a su padre, quien le responde
con una caricia en el hoyuelo de su mejilla sonriente.
- ¿Puedo
quedarme? – Le pide sin mirarlo a los ojos. Una regla de lobos, me parece que
solo si quieres una pelea, no debes de mantener el contacto visual mucho
tiempo.
- Esta vez
no, princesa.- Le dice cariñoso.- Espéranos en casa.- Le ordena, y ella se
despide con la mirada y una pequeña reverencia. Sus pasos suenan cuando se
aleja de la habitación.
Me le quedo
mirando durante unos segundos, los pequeños pasos resuenan en el pasillo, la
delgada y blanca silueta se mueve sin elegancia y dulcemente, la melena en
rizos dorados revolotea de un lado a otro mostrando su elasticidad. Naomí. El
tiempo pasa demasiado rápido, de repente ella es tan mayor, y yo me quedo tan
joven.
Nuevamente un
repiqueteo suena en mi cráneo, estoy cansada. Marcus advierte que estoy ida, y
pasa la mano frente a mi cara para que reaccione, me sonríe cuando ve mi mirada
ya concentrada en su sonrisa. Avanzamos hacia los demás.
Alexandro está
parado junto a su padre, se ve alto y fuerte aún junto a su progenitor. No sé qué
pensar sobre mis venas dilatadas permitiendo el paso a la euforia, y de
improviso esa mirada otra vez. Hacemos conexión otra vez, pero veo su mirada
bajar hasta mi anular izquierdo, bajo la mirada avergonzada. Siento como si el
anillo estuviese quemándome la piel y quiero quitármelo.
- Quiero
informarles que el ganador del derecho al título de Protector, ya ha sido
escogido y con honores. Alexandro Ryuji.- Pasa al frente con semblante duro y
hace un breve saludo con el rostro, hay unos cuantos aplausos y murmullos, Lyan
le dedica un pulgar firme y alto, y Wendy una sonrisa temblorosa, detecto un
pellizco de enojo, algo me molesta. Marcus golpea la espalda de Alexandro
creando un sonido sordo.- Felicidades muchacho. Te lo ganaste.- Sonríe.
El entrenamiento
sigue y no hay más anuncios en todo el día. Después de dos horas, Marcus nos
deja ir.
Antes de
salir de allí Souchirou me atrapa y me saluda con una reverencia, evita el
contacto visual como la mayoría de los vampiros, u otros, de hecho la mayoría
de las personas evita el contacto visual conmigo.
- Señorita,
le pido una disculpa por el malentendido anterior.- Me dice, veo a Alexandro
acercarse detrás de su padre.- Solo envié a este niño a que observase un poco
su trabajo, no quería incomodarla.- Dice otro par de cosas, pero no las
escucho, la mirada de Alexandro otra vez me quema en el fondo.
- No tienes
que preocuparte por ello Souchirou, me alegra que tomes buenas decisiones sobre
tu hijo.- Desvió la mirada y propongo salir antes de que diga otra cosa.
- Buenos
días, señorita sangrienta.- Me dice a modo de despedida. Me paro, pero no digo
nada, solo continuo mi camino.
- ¿Qué pasa?
– Sostiene mi mejilla en su mano. Uso de almohada el brazo de Esteban tengo
sueño pero no me quiero dormir, no estoy lo suficientemente cómoda, y él se está
empezando a dar cuenta.
- ¿Qué opinas
de Alexandro Ryuji?- Le suelto sin más.
- Es un
mestizo, ¿qué puedo pensar sobre él?- Se ríe, sin saberlo me encuentro
sonriendo.
- En serio.-
Mi mente se aclara, me empiezo a sentir más ligera que hace unos momentos.-
Sobre… no lo sé… ya tiene asegurado el puesto de protector.
- Debe de ser
bueno.- Me dice enarcando las cejas.- Tendré un par de charlas con él.- Suelta
una sonrisa encantadora, baja la mano de mi mejilla a mi hombro.
- Tiene mucho
gen demoniaco.- Le confieso, ¿de verdad me he fijado en eso?
- Su abuelo
materno mordió a su abuela materna, su madre es mestiza, él es mestizo, sus
hijos serán mestizos. Si me lo preguntas, su padre tenía mucho potencial como
para estar con una nivel D.- El dulzor de Esteban rasguña mis sentidos.
¿Qué pasaría si una nivel A, como yo, junta sus
genes con un nivel D, como él? No lo digo, porque Esteban me daría
80 buenas razones para no volver a decir cosas así. Es mi deber proteger la
sangre.
- Sangre con
sangre.- Le susurro con nuestros labios a unos centímetros. Me besa y paso mis
manos por la piel de su espalda. Cuando muerdo su labio para despertar mi
hambre, él se aparta esperando a que ataque a su hombro o a su cuello, pero
simplemente me veo en sus ojos.- Enamórame, enamórame hasta el punto en que
nunca vuelva a dudar de nada.- Le suelto.
Despertar es
una molestia, capto el sol ocultándose detrás del horizonte, miro hacia mi lado
donde está Esteban con facciones duras pero suavizadas por el sueño. Me levantó
y me visto.
Ya no hay más
sol, pero la luz naranja aún no se termina de disipar. Troto por el parque
esperando disipar las ideas de mi cabeza, no tengo mucho éxito.
Desesperadamente
balaceo mi cabeza con pensamientos que me hagan cambiar de rumbo, cambiar de
sentimientos, de solo recordar lo que me convenza.
Trato de
darle razones a mi mente para amar a Esteban. HHola amar a Esteban. mi
mente. me convenza. ientos que me hagan cambiar de rumbo, cambiar de sentimientos,
de solo
jueves, 17 de julio de 2014
Nostalgia: Capítulo 12
Capítulo 12
- Matt…- Le digo, tomó la mano que cuelga de mi hombro, y entrelazo
nuestros dedos, por un momento nos detenemos, agacha la cabeza hacia a mí, y yo
estiro el cuello hacia él, el azul lapislázuli de sus ojos parece negro como el
agua del mar, sus mejillas está coloradas por embriaguez, y me mira con
intensidad. Por un momento, olvido lo que quería decirle.
- Eres hermosa.- Confiesa poniendo su mano libre en mi mejilla, la pasa
por mi mejilla.- ¿Ya te pedí que te cases conmigo? – Suelto una sonrisa
nerviosa, y agacho la mirada, sé que mi rostro ahora es color tomate.- Jade, no
creo haberte dicho lo mucho que adoro el rubor en tu rostro.- Jala mi cara
hasta que esta frente a él.- Y el color de tus labios cuando los frunces
evitando reír, tu nariz respingona y delgada, tu cabello castaño, y… Oh Dios,
esos ojos, ¿por qué tienes ojos tan corrosivos? ¿Por qué se endulzan tanto
conmigo?... Mírame a los ojos el resto de nuestras vidas.- Sin quererlo una
lagrima se corre de mi ojo, la limpia como todo un caballero.
Me besa, y me hace estremecer, todo mi cuerpo se siente holgado y más
que relajado, baja las manos hasta mi cintura, y me empuja contra su cuerpo,
mis pies ya no tocan la arena. La boca de Matt, normalmente tiene un sabor
agridulce, ahora es completamente ácida por el alcohol ingerido. Paso mis manos
hacia su cuello, y me cuelgo de su estructura alta, paso la mano que no carga a
mis zapatos por su cabello, adoro su cabello.
De puntas en sus zapatos, sin necesidad de que yo toque la arena,
reímos y nos sentimos las personas más felices del mundo, somos un par de
tontos riéndonos de la vida.
Siento la suavidad de la sabana contra mi piel desnuda, la habitación
esta oscura, y defino que aún es de noche y no he dormido mucho, busco a lado
mío con mi mano, porque mi vista aún es borrosa, no encuentro nada, paso mis
dedos por mis labios, me parece que están hinchados, y parcialmente adormecidos,
me hago el cabello hacia atrás, y no lo veo a mi lado, me estremece el miedo
durante unos segundos.
Escucho el tecleo de sus largas manos en su computadora, me flexiono
para ver el final de la cama, está sentado en el piso, recargado en el colchón
y escribiendo como poseído. Me muevo hacia él, sin dejar al desnudo mi piel,
recargo mi cara en su hombro y lo observo concentrado, parece todo un hombre
cuando hace ese semblante, apasionado por su arte y enamorado de las letras.
Sonríe cuando me descubre admirándolo.
- Me usaste.- Le espetó. Suelta una sonrisa inmensa y me mira.
- Yo nunca haría eso, linda.- Lo dice con sarcasmo. Junta su nariz con
mi frente.
- Y entonces ¿por qué no estas dormido? En lugar de estar escribiendo
como poseído.- Le dedico una mirada incrédula. Vuelve a reírse.
- Tengo la cabeza llena de ideas, no las puedo dejar allí.- Me besa la
frente en manera de disculpa. La acepto.
Me quedo junto a él y admiro su expresión hasta que los ojos se me
cansan y me vuelvo a dormir.
Cuando despierto estoy abrazada a su torso, en el mismo lugar donde me
quede, y tengo por almohada uno de sus brazos, su cuello está en un ángulo que
me permite ver su mentón, siento un impulso de besarlo y lo obedezco. Abraza mi
cabeza cuando descubre lo que estoy haciendo. Discretamente respiro
profundamente y obtengo su aroma, es delicioso. Su nariz está en mi coronilla,
y presiento que está haciendo lo mismo conmigo, que yo con él.
- Muero de hambre.- Dice al rato.
- Yo también…- Afirmo, el estómago me duele.
Alcanza el teléfono y llama para que nos traigan el desayuno. Nuestras
pieles están pegadas a causa del calor que generamos, me siento extraña con
ello, pero no incomoda, así que no nos separamos hasta que alguien toca la
puerta, Miramar se viste rápidamente y yo huyó al baño. Le da la propina al
hombre que nos lo trajo, y en cuanto sale de la habitación, yo lo hago del
baño.
Miramar me está esperando en la puerta, y me sonríe riéndose de nuestra
complicidad, quiero aguantar la risa, pero no puedo.
- Jade, tienes que quitarte la sábana, o prefieres que yo te la quite.-
Dice pasando la mano por la tela.
- Puedo hacerlo yo solo, gracias.- Le enseño la lengua.
Me dirijo al armario y tiró la sábana al piso, mi corazón late tan
rápido que pienso que moriré de un paro cardiaco, la mirada de Miramar se fija
en mí, en mi espalda desnuda y mis piernas, cuando giro el cuello para verlo,
descubro que barre mi cuerpo con la mirada. De improviso me siento mujer.
Me meto al armario donde me pongo un vestido color amarillo y salgo
totalmente vestida, él ahora está en la mesa que hay del otro lado de la
habitación esperándome para poder comenzar a desayunar, me siento, me hago el
cabello hacia atrás y mi estómago gruñe cuando huelo el omelette de huevo con
champiñones y jamón.
Lo apuñalo con el tenedor, y me llevo un cacho a la boca, Miramar toma
un trago de café, y me mira ostentosamente, le sostengo la mirada durante todo
el desayuno.
- ¿A dónde quieres ir hoy?- Me dice pasando lentamente sus dedos por el
tenedor de su omelette, el suyo solo tiene algo de perejil.
- ¿A dónde me quieres llevar hoy?- Le contesto.
Gira el rostro hacia la pared, y suelta una sonrisa irónica, me gusta
su sonrisa. Espera a que despegue la boca del vaso de jugo de naranja del que
bebo para dirigirme la palabra otra vez.
- ¿Qué te parece un día de campo?- Me dice y después bebe de su café.
- Querrás decir “un día de playa”
- Un día en mi lugar favorito, con mi persona favorita, haciendo lo que
más me gusta hacer: verte a los ojos.- De repente los vellos de mi nuca se
erizan y la cabeza me tumba al ritmo de mi corazón.
Quisiera volver a esos días, cuando estaba con Matt, cuando era feliz
simplemente por existir en el mismo mundo que él, yo… quisiera volver a esos
días de felicidad.
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